-Unas lucecitas rojas se encendieron a los lados de la gran puerta, acompañadas de una molesta alarma. Los hombres se prepararon para actuar y los centinelas de Samus acercaron el dedo al gatillo. El capitán Williams retrocedió disimuladamente y se coloco detrás del cabo, lo más cerca posible a la puerta de salida. La caza recompensas calibraba fríamente la velocidad de reacción de los soldados, los ángulos muertos en los que colocarse para tener despejada las espaldas, las torretas que posiblemente se encontrasen ocultas y el tamaño de la criatura que podría salir de aquel agujero. Los científicos observaban excitados las diversas ventanitas que se disparaban en sus ordenadores, como si se tratase de un juego de niños y él, con la mirada perdida, salió de la habitación con paso firme y los puños fuertemente apretados.

"Por fin"…

Las barras aceradas comenzaban a retroceder, produciendo un fuerte eco metálico y levantando una imperceptible corriente al romper el hermetismo del cierre. El brillo de las paredes quedo eclipsado por el polvo. La enorme lámina de metal profirió un quejido abrumador y, después de que las barras se hubiesen retirado por completo, se elevo entrecortadamente del suelo. La oscuridad que dejaba verse a trabes del hueco parecía alimentarse de la luz artificial de las lámparas fluorescentes y la corriente se hizo más intensa. Al cabo de un minuto, la puerta quedo completamente abierta y era imposible ver en su interior.

La expectación por parte de todos no hacía más que aumentar y un silencio incomodo se apodero de ellos… pero antes de que nadie dijese o hiciese nada, el sonido de un interruptor se dejo escuchar a lo lejos y un parpadeo de luces descubrió un largo pasillo que curvaba hacia la izquierda.

El hombre se ajusto la corbata, que ocultaba parcialmente bajo la bata blanca. Era bajo y robusto. Transmitía confianza y su pálida tez reflejaba las horas dedicadas al trabajo en el laboratorio. Sus ojos negros parecían brillar de entusiasmo a través de las gafas graduadas y su mirada se perdía entre pensamientos. "Por fin…" Decía para sus adentros.

Ella seguía esperando su oportunidad… estaba excitada, pero su cuerpo no tenía la capacidad de transpirar, ni un corazón que delatase nerviosismo al palpitar… siempre fría…

A medida que se acercaban, el eco de los pasos resonaba por las altas paredes con más intensidad y, pasada la curva, se hicieron visibles a los ojos de los soldados.

El capitán, al distinguir el aspecto de la segunda figura, se adelanto torpemente y se dispuso en primera fila para ser él quién los recibiese. Sus mejillas habían enrojecido más de la cuenta y su aspecto, con la mandíbula desencajada y casi babeando, se semejaba más que a un hombre a un cerdo. El sudor se acumulaba en los pliegues de su piel y le hacían proferir un hedor pegajoso e inmundo.

A Samus le costó reconocerla. Hubiera preferido un gigantesco monstruo nativo de Zebes a ella, que a su parecer, era por lo menos tres veces más peligrosa.

-¡Es un placer volver a verle doctor! –Dijo Williams con cierto interés. Quiso estrecharle la mano pero él la había retirado justo a tiempo. Su mirada porcina se volvió para fijarse en el cuerpo de la joven. -¿Y quién es la belleza que le acompaña? Nos ha tenido a mí y a mis hombres un buen rato esperando, lo menos que puede hacer es darnos una breve explicación.

-Las máquinas quirúrgicas del laboratorio necesitan un programa patrón para dirigir sus automatismos y eso es precisamente en lo que ha estado trabajando mi equipo–Dijo, sin siquiera mirarle a los ojos y con una expresión sombría.

El capitán no entendía nada de ciencia ni de cualquier cosa que necesitase pensar demasiado, así que se dedico a asentir tontamente con la cabeza.

La mirada del hombre, por un instante, se entrecruzo con la de Samus y una sonrisa maliciosa se dibujo en su rostro. Habló de nuevo. –Es necesario mantener su sangre pura durante la extracción, lo que traducido a su lenguaje vulgar significaría que no podemos suministrarle ningún tipo de sedante. Así que espero que usted y sus hombres estean capacitados para transportarla al cuarto de intervenciones, aunque tenga que ser a trozos…

Se adelanto presuntuoso y confiado hasta situarse a un metro y medio de Samus. Esta vez se dirigió directamente ella:

-Baya baya… supongo que nunca te hubieses imaginado en esta situación. Siempre has sido muy valiosa… lástima que no consiguiésemos hacernos con tu material genético cuando aun eras miembro de la Federación, nos habría facilitado las cosas… pero ese hombre… Adam Malcovich. Siempre estaba pendiente de ti, no podíamos acercarnos demasiado sin que sospechase algo, y si él se enteraba de nuestros propósitos echaría por tierra todo el proyecto. Es una suerte que haya muerto… aunque se llevase con él todos los metroides inmunes a las bajas temperaturas que tanto nos constara crear…

A Samus se le encendió la mirada cuando escucho el nombre de su estimado comandante en boca de alguien tan miserable. Si se hubiese dejado llevar le hubiera destrozado el cráneo de un golpe.

-… y cuando abandonaste este lugar para convertirte en caza recompensas, tus servicios eran nuestra única arma eficaz contra los Piratas Espaciales, por lo que no tuvimos otra opción más que ayudarte. –Hizo una breve pausa en la que su media sonrisa se hizo ver aun más cínica. –¡Entiéndelo! Tu cuerpo comparte, no solo material Chozo… ¡si no también metroid ! ¡Eres un ser único!

Cada batalla, cada victoria que has conseguido nos ha aportado la información y medios necesarios para revolucionar nuestro arsenal tecnológico, aunque a veces hayas sido tu misma la responsable de destruirlo… ¡pero eso no ha significado nada! mantenemos deslocalizado más de lo que podrías llegar a imaginar. Nuestros recursos superan ahora por mucho al de los Piratas y ahora que ellos no están, no tenemos rival.

"Algunas criaturas se aprovechan del poder de otras para capturar a sus presas. Mientras observava a esa bestia repugnante, sentí que me había utilizado"

Aquel hombre poco se diferenciaba de los monstruos a los que tanto tiempo había perseguido y exterminado.