¡Buenas a todos! Aquí traigo la segunda parte de este fic, aunque no sé si os la esperábais jiji. ¡Espero que lo disfrutéis y si tenéis alguna sugerencia, mi buzón está abierto! Un besín para todos.
Nada más pasar el umbral de la puerta y perder la mirada de Shiro sobre ella, Allura aceleró el paso lo máximo que pudo, aunque sin llegar a correr ya que el ruido que ello habría causado habría delatado su posición en caso de que Shiro quisiera seguirla y, en ese momento, no se sentía preparada como para que éste fuese a buscarla para pedirle explicaciones por lo que acababa de hacer. En realidad no había sido más que un beso en la mejilla, ¿verdad? No, ella sabía que no era verdad. Estaba segura de que ambos lo sabían.
No se detuvo hasta que creyó estar lo suficientemente lejos de la cocina, acabando por llegar a la sala de mandos sin siquiera haberlo pensado. Lo más probable era que Shiro pensara que había ido a su habitación y en el caso de querer buscarla, habría ido allí, por lo que en esa sala estaba ''segura''. Se paseó por allí con tranquilidad, disfrutando del apacible silencio que inundaba la estancia y que tan escaso era cuando todos estaban despiertos. No era que no le gustase lo animado que estaba todo cuando todo el mundo estaba despierto sino que... Era algo distinto, y eso le resultaba agradable.
Ya que estaba en el lugar, aprovechó para comprobar que todo estaba en orden; que nadie de Galra los hubiese rastreado, que no hubiese ninguna señal de socorro o auxilio o que no hubiese algún tipo de astro en proceso de chocar contra su nave. Una vez realizadas aquellas comprobaciones, se sentó en el suelo, a los pies de los mandos que solía utilizar ella. Estaba mucho más tranquila que antes, pero continuaba escuchando a su corazón latir fuertemente dentro de su pecho. Era como si para éste el tiempo se hubiese detenido en el instante en el que había besado a Shiro; como si aún lo estuviese haciendo, como si él siguiera ahí con ella.
Se encogió sobre sí misma y abrazó sus propias piernas, colocando así la frente sobre sus rodillas mientras soltaba un profundo suspiro. Esperaba que no le estuviese dando a aquél acto las mismas vueltas que le estaba dando ella. Deseaba que lo hubiese interpretado como un gesto de cariño inocente, porque si trataba de hablar con ella para pedirle explicaciones, de verdad que no sabía qué le diría.
No supo cuánto tiempo estuvo allí de esa manera, inmersa en sus pensamientos, en sus sentimientos. Ni siquiera escuchó cuando las puertas de la sala se abrían y daban paso a unas pisadas que avanzaban de forma ligera y segura hacia ella, con cuidado de no resultar demasiado brusco para no alertarla. Con suavidad, echó sobre los hombros de Allura una manta para rodearla con ella y arroparla. En ese instante, Allura levantó la cabeza rápidamente, casi sobresaltada, y el ver el rostro de Shiro a escasos centímetros del suyo no ayudó demasiado a que se tranquilizara.
—¡Shiro!
¿Cómo era posible que la hubiese encontrado? Lo más lógico era que la hubiese buscado como mucho en su habitación y se hubiese marchado... Pero no, no había sido así. Le tenía ahí delante, con un dedo sobre sus labios sonrientes para indicarle que no gritase tanto, lo que provocó que ella se llevase una mano al rostro para taparse la boca, entendiendo lo que le decía. El hombre se sentó a su lado mientras que ella se envolvía por completo en la manta, ocultando así su cuerpo casi por completo, dejando visible tan solo sus ojos y parte de su cabello. No sabía qué decir ni cómo actuar, pero tenía que admitir que no se sentía incómoda. El aura serena que emitía el contrario tenía ese efecto sobre ella. Además, no parecía tener la intención de interrogarla o de pedirle explicaciones; parecía simplemente querer estar allí con ella, disfrutando de su compañía.
Transcurridos unos minutos, la alteana se apartó la manta, lo que llamó la atención de Shiro. Él pensó que quizás quería marcharse, pero nada más lejos. Allura pasó la manta por el cuerpo de Shiro para arroparle también, ya que la tela era lo suficientemente grande para los dos y se acurrucó un poco más junto a él. El paladín no perdió ni un segundo e hizo lo mismo, agarrando con una mano el otro extremo de la manta y pasando su brazo libre por la espalda de ella para atraerla aún más. Una vez acomodados, ella apoyó la cabeza sobre el hombro ajeno, levantando la mirada para poder mirarle con una pequeña sonrisa en los labios y él apoyó la cabeza sobre la de ella, dejando antes un beso en su coronilla que duró varios segundos; segundos en los que a la princesa pareció parársele el corazón.
Parecía que ninguno quería mediar palabra para no romper aquella atmósfera tan agradable que habían creado. O, simplemente, no sabían qué decir para romperla, por lo que preferían quedarse en silencio. Sin embargo, no podían quedarse allí eternamente y ambos lo sabían. Por ello, Shiro subió la mano que tenía en la espalda ajena para acariciar suavemente la mejilla de ella y así llamar su atención.
—Ve a descansar... —Susurró, deslizando su rostro hasta la frente de ella. Allura levantó el suyo, consiguiendo que sus labios rozaran el mentón de él.
—Vamos...
Lentamente, se fueron levantando. Shiro lo hizo primero y una vez lo estuvieron ambos, volvió a arropar a la princesa, lo que la hizo sonreir por la dulzura de sus actos. Comenzaron a caminar y la joven deslizó una de sus manos fuera de la manta para rozar su dorso con el dorso de la ajena, llamando así la atención del contrario. Él correspondió a ese roce y finalmente acabaron entrelazando los dedos.
Tras varios minutos caminando, llegaron a la habitación de Allura y se detuvieron en la puerta, uno en frente del otro pero con las miradas desviadas. Ninguno quería dejar ir al otro pero no sabían cómo decirlo; aunque el hecho de que sus manos no se hubiesen soltado aún daba que pensar al otro.
—¿Quieres quedarte un rato?
—Por favor.
Al fin, el silencio fue roto y para ambos resultó ser un gran alivio. Ella quería que él pasara y él quería pasar. Los dos sonrieron y pasaron al interior de la habitación. Shiro nunca había estado en aquél lugar, pero tal y como pensaba, era mejor que las habitaciones que ellos tenían. Con ello no quería decir que las habitaciones que ellos tenían eran malas, sino que la suya era algo más lujosa por así decirlo. El espacio era bastante grande, así como lo era también la cama, la cual era lo que más resaltaba, también porque estaba situada en el centro.
Avanzaron hasta ella y Allura dejó la manta a los pies de la cama, soltando por ello sus manos, aunque poco tardó en volver a agarrarle, esa vez de la muñeca y le guió hacia uno de los lados de la cama. Apartó las sábanas y se sentó, echándose a un lado para que él también pudiese sentarse y eso fue lo que él hizo, cubriéndoles después a ambos con las sábanas. El paladín besó el dorso de la mano de la princesa y ésta seguidamente acarició la mejilla del paladín, esbozando una pequeña sonrisa.
Ambos se tumbaron y buscaron la posición más cómoda, aunque Allura se las ingenió para que Shiro acabara entre sus brazos y con la cabeza apoyada sobre su hombro. Eso consiguió poner algo nervioso al hombro, ya que estaba demasiado cerca de ella, consiguiendo incluso escuchar los latidos de su corazón. Si ella tenía intención de que durmiera de esa forma, en ese momento podía afirmar que no lo conseguiría ni de broma. Estaba demasiado nervioso pero a la vez a gusto. Era una contradicción en sí misma, pero no tenía otra manera de expresar cómo se sentía.
Por otro lado, ella quería que se relajara, que olvidase todo lo que esa cabecita pensante no dejaba de recordarle incansablemente. Quería olvidar todo lo que su propia mente le gritaba en esos momentos sobre sus sentimientos; quería que ambos lo olvidasen todo y se centraran solamente en lo que ambos tenían delante. Con sus manos, acariciaba tanto su espalda como uno de sus brazos, con suavidad y ternura. La luz de la habitación era escasa, pero podía ver de reojo que Shiro estaba con los ojos cerrados y su rostro se mostraba en calma.
—Cuando quieras puedes marcharte... No quiero retenerte contra tu voluntad. —Susurró, intentando que en su voz no se reflejase el leve temor que sentía al pensar que podría estar allí reteniéndolo contra su voluntad.
—Solo me marcharé si tú lo deseas... —Respondió él, abriendo al fin los ojos, alzando así la mirada para poder verla. Si ella lo deseaba o se lo permitía, no se marcharía de allí, por muy agitado que estuviese su corazón o por muy poco que fuese a dormir por esa razón.
—Entonces tendrás que quedarte aquí toda la noche...
El corazón de Shiro dio un vuelco por haber escuchado de sus labios justo lo que estaba pensando. Como para reafirmar las palabras que ella había dicho, llevó su brazo a la cintura de ella para atraerla más hacia él y de esa forma también retenerla junto a él. Allura sonrió por ese gesto y no puso ninguna objeción.
Y, a diferencia de lo que Shiro pensaba, finalmente acabó quedándose profundamente dormido. Todas sus preocupaciones parecían haber ido esfumándose lentamente, consiguiendo entrar en un estado de verdadera y profunda tranquilidad. Cuando él quedó dormido, Allura continuaba despierta, por lo que sintió un sentimiento de satisfacción recorrerla por haber podido conseguir uno de sus objetivos. Ya tendrían tiempo de hablar sobre todo lo ocurrido. En cualquier caso, lo más importante es que seguían estando juntos y ambos estaban bien.
A la mañana siguiente, el paladín despertó con un sentimiento de tranquilidad que hacía mucho que no sentía. En un primer momento no fue consciente de nada, pero en cuanto pasaron unos minutos recordó lo que había ocurrido y el hecho de que lo último que recordaba era haberse metido en la cama con Allura. Abrió los ojos por completo y comprobó que así era. Allí, frente a él, tenía a una princesa profundamente dormida. A Shiro le pareció una escena muy tierna y no pudo evitar sonreír. Sin embargo, como no sabía lo tarde que era o si por algún casual alguien había ido a su habitación a buscarle, decidió que lo mejor sería salir de allí lo antes posible, pese a que fuese lo último que quisiera hacer.
Con mucho cuidado para no despertarla, se soltó de su abrazo y salió de la cama lentamente, arropándola bien después para que no pasara frío. Se inclinó sobre ella y dejó un tierno beso en su mente para, al separarse, encontrarse con la somnolienta mirada de la princesa.
—Buenos días... —Susurró él, apartando un mechón de cabello de su rostro.
—¿Ya te marchas? —No pudo evitar soltar un bostezo mientras hablaba y Shiro esbozó una gran sonrisa por la ternura que ello le inspiró.
—Sí, pero tú puedes descansar un poco más...
Allura hizo una mueca de desagrado, como si se tratara de una niña pequeña a la que le estuvieran diciendo que no podía seguir estando con su peluche favorito. El hombre se inclinó para poder besar de nuevo su frente, intentando que quitara aquella mueca de su bello rostro, pero en ese mismo instante Allura lo alzó y sus labios acabaron rozándose de forma inintencionada. Ambos se mantuvieron quietos durante unos segundos, sin saber lo que hacer pero, finalmente, él dio el paso y juntó sus labios por completo, dejando sobre éstos un tierno beso al que ella respondió inmediatamente.
Tras ese beso y un par de caricias por parte de ambos, Shiro se apartó y salió de la habitación, con la felicidad abriéndose paso en su rostro. Dio un par de pasos por el pasillo, pero al segundo escuchó un carraspeo a su espalda. Sobresaltado, se giró, rezando para que solo hubiese sido su imaginación, pero se encontró con un Keith que le juzgaba con la mirada.
—Yo...
—No hace falta que trates de inventarte alguna excusa, no me la voy a creer de todas formas. —Se adelantó a decir el menor, lo que provocó que las mejillas del paladín negro adquirieran cierto tono rojizo.
—¿Podrías...?
—¿No decir nada? Tranquilo, no soy como Lance. No diré nada.
Ante esa declaración, Shiro se sintió algo más tranquilo, aunque no demasiado, y se marchó con rapidez por el pasillo para llegar a su habitación.
—¿Qué rayos pasa conmigo? —Dijo el paladín azul, avanzando por el pasillo hacia su compañero.
—Nada, que eres imbécil. —Respondió Keith, dándose la vuelta y volviendo por donde había venido el de tez morena.
Y así, el día comenzó con un atacado Shiro y un confuso Lance y todo por culpa de Keith. Aunque, por su parte, Shiro realmente esperaba que Keith se mantuviese con la boca cerrada y no le dijese nada a nadie, incluida Allura ya que no quería ni imaginar cómo se pondría si se enteraba de que le habían atrapado saliendo de allí.
