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¿Amor platónico?

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Disclaimer: Los personajes de esta historia son propiedad de J.K. Rowling y la Warner Bros. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.

Parejas: la principal es el pedido de la "festejada" (Mirels por su cumpleaños en 2006 XD) Tom Riddle/James Potter, y agrego unas secundarias: Sirius Black/Severus Snape, Lucius Malfoy/Remus Lupin (Ya saben porque… ¬¬´) Rodolphus Lestrange/Frank Longbottom y un ¿yuri? Lily/Narcissa (implícito)

Advertencias: En este fic voy a escribir muchísimas locuras que se me ocurrieron durante este tiempo. Espero que no enloquezcan por ellas. O.O Va atener MUCHO embarazo masculino.

Aclaraciones de lectura:

-Letra normal: dialogo, relato.

-Letra en cursiva: pensamientos de los personajes.

-N/A: notas de autora.

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Capitulo 2: Antes de ahora.

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-Flash back-

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-Tom Riddle.- murmuró casi sin poder creérselo. Mas una sonrisa de satisfacción se dibujaba en su bonachona cara.

Estaba buscando un nuevo profesor para la materia de Defensa Contra las Artes Oscuras y estaba más que sorprendido de encontrar el currículo de ese joven entre los postulantes. Eso sería interesante.

Los demás también eran excelentes postulantes, pero a él le interesaba en particular ese chico. En el pasado creyó que no hizo suficiente por él que necesitó más de su atención, pues bien, ahora se daba esa oportunidad.

Dos días pasaron y Albus Dumbledore tenía hoy una entrevista con el joven de aproximadamente 32 años de edad. Unos suaves golpes a su puerta le anunciaron que ya había llegado. Lo invitó a pasar. Estaba bastante sorprendido ante la figura imponente frente a él, podía percibir la magia negra a su alrededor, más eso no cambiaba la decisión que ya tenía tomada. Esa era su oportunidad de redimirse con ese chico, en sus manos estaba sacarle esas locas ideas de su cabeza.

-Siéntate, Tom.- sonrió amablemente.

Estuvieron charlando varias horas acerca de lo que el joven Riddle esperaba con ese trabajo. Dumbledore estaba seguro que sus intenciones eran otras, pero ni siquiera eso lo amedrentaba. Tom no sabía en lo que se metía al querer dar clase a esos adolescentes. Sonrió malicioso, tal vez ni siquiera él seria el encargado de cambiar a Tom sino sus propios alumnos.

-Bien, Tom. Me has convencido. El puesto es tuyo.- sonrió y extendió su mano para que el Slytherin se la estrechara.

Tom lo observó receloso. Ese viejo siempre lo desconcertaba. Pensaba que le iba a costar mucho más el tener que convencerlo para que le diera el puesto. Pero no, ya lo tenía y esa sonrisa en el rostro de su ex-profesor no le gustaba nada.

-Bien, gracias, director.

-Oh, llámame Albus, por favor. Ahora somos colegas.- guiñó un ojo.

Tom carraspeó sintiéndose incomodo ante esa amabilidad, definitivamente ese viejo loco se traía algo entre manos.

-Está bien, Albus. ¿Cuándo empiezo?

-Mañana mismo, los chicos están sin profesor ahora. No es bueno eso que tengan horas libres. Te espero mañana, Tom.

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-Esto es increíble…- murmuraba rabioso mientras caminaba delante de sus otros tres amigos, que prudentemente estaban alejados de él- Segunda semana de clases y ya estoy castigado por su culpa…

-Te dije que no era prudente hacer esa broma estando Remus con nosotros, Padfoot.

-¿Por qué me hechas la culpa a mí? Fuiste tú el de la idea.- recriminó el otro.

-Pero sabes que no debemos hacerlo frente a Moony. Sobre todo teniendo en cuenta que pasado mañana es luna llena.

James, Sirius y Peter miraron como Remus Lupin caminaba a grandes zancadas hasta el despacho de Minerva McGonagall, la Jefa de la Casa de Gryffindor. Es que en esa mañana no habían podido resistirse estando Snivellus solo en medio de un pasillo, así que lanzaron uno de sus hechizos levitadores para que la estatua que estaba cerca suyo cayera. Con lo que no contaban es que Filch los pillara en plena travesura, eso sin contar que Severus no estaba solo, Lucius Malfoy, Antonin Dolohov y Rodolphus Lestrange estaban tapados por una columna. En resumen, Filch no tuvo piedad y los termino castigando a todos. Y las serpientes no estaban contentas por ello.

-Bien.- dijo Minerva mirando severamente a los ocho chicos. La casa de Slytherin estaba sin Jefe por el momento, así que Albus le había encargado a ella que repartiera los castigos como mejor le pareciera.- El Señor Black y Snape deberán ir al laboratorio de pociones, el profesor los espera para encargarles su castigo.- Severus y Sirius se fulminaron con la mirada y fueron juntos hacia las mazmorras.- Potter y Dolohov se quedaran aquí para ayudarme, Pettigrew y Lestrange a la Biblioteca y ustedes dos Lupin y Malfoy Salón de Trofeos, a limpiar sin magia.

Así cada uno se repartió para sus quehaceres. Siendo el más enfadado Remus por los leones y Lucius por las serpientes. ¡¿Como le encargan hacer a él trabajo de elfo doméstico?!

-Esto es culpa de ustedes.- siseó venenosamente cuando estuvieron dentro del Salón.

-Olvídame, Malfoy.- gruñó.- Yo no tuve nada que ver, si quieres enojarte hazlo con Sirius y James.

Lucius enarcó una ceja ante el tono del (en apariencia) apacible león. La verdad, para él, de toda esa panda de despreciables seres que eran los Gryffindors el único rescatable de todos era ese chico. Nadie más, ni siquiera Potter o Black que eran sangre pura.

Ignoró su castigo y se sentó elegantemente en un butacón que allí había. Saco un paquete de cigarrillos y encendió uno dispuesto a esperar a que pasara la hora. Vio como Lupin lo miraba con los ojos y la boca abiertos como tratando de decirle algo. Él lo miró con sus típicas miradas de desprecio. El castaño bufó y procedió a limpiar los trofeos.

-Yo no voy a limpiar tu lado, Malfoy. Y si me preguntan voy a decir que no trabajaste.

-No te he pedido que me cubrieras, Lupin.

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Salón de pociones

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Sirius hizo una mueca al ver el frasco que tenía ojos de sapo. Que feo era todo eso, la verdad es que a él las pociones no lo atraían en nada. Él no tenía la paciencia necesaria para recolectar todos los ingredientes y cortarlos en esos pequeñísimos trocitos o medir la cantidad precisa de algún polvo o un líquido. Ni mucho menos eso de estar revolviendo quince veces para un lado y tres para el otro. Bufó exasperado.

-Ponte a trabajar, Black.- gruñó Severus.

Sirius le dedicó una sonrisa burlona y acomodo con elegancia su largo cabello negro-azulado. No vio como esa acción causaba un suave sonrojo en el pelinegro a su lado. Volvió su atención a los ingredientes que tenía que rotular, pero estos no le sonaban de nada. Miró como Snivellus lo hacía casi sin pensar y como sus ojos negros brillaban emocionados al hacerlo. Todos sabían que Snape era un genio en esa materia, el favorito del profesor. Siendo sincero esa era la única habilidad admirable de esa serpiente para Sirius. Eso sin contar su delgado cuerpo y esa sonrisa sarcástica que hacía estremecer a Black cada vez que la veía.

-Snivellus…- llamó y recibió una mirada fulminante por ello.- Yo no sé que mierda es todo esto…

-No te voy a ayudar, mugroso.

-El profesor dijo que no saldríamos de aquí hasta que no termináramos con lo de este mueble. Si no me ayudas nos quedaremos hasta tarde.- sonrió socarrón.

Severus gruñó e inspiró hondo para calmarse.

-Está bien.- siseó.- Presta atención entonces.

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Estaban en la clase donde comúnmente se dictaba defensa, habían recibido la notificación de que esa mañana tendrían un nuevo profesor. La compartían con Slytherin. Como casi todas sus materias en ese 6to año, ideas del director, para fomentar la "unión" de las Casas.

Y no sabía que tan unidos iban a terminar todos al finalizar el año.

Albus entro sonriente seguido de Tom. Los alumnos miraron curiosos al profesor, parecía muy joven y era muy lindo. Aunque su rostro estaba bastante serio y sus ojos eran muy fríos.

-Mis queridos alumnos, éste será su nuevo profesor de DCAO, el Señor Tom Riddle.- anunció Dumbledore.- Pero no solo eso, a partir de hoy es el nuevo Jefe de la Casa de Slytherin.

Los chicos de esa Casa lo miraron asombrados por ello. Los Gryffindors no pudieron evitar hacer una mueca de desdén. Parecía muy serio y por lo visto no sería bueno caer bajo un castigo impuesto por él. Eso lo anotaron mentalmente los Merodeadores.

James Potter se encontraba mirándolo fijamente. Era atractivo, sin duda y había algo misterioso en él que lo atraía. Vio como el profesor barría con la mirada la clase y sus ojos se conectaron. Sin poder creérselo muchos sentimientos se vieron reflejados en esos ojos para ambos. James sonrió con chulería y Tom se vio en la obligación en desviar la mirada. No supo porque esa sonrisa lo incomodó sobremanera.

Albus Dumbledore sonrió al notar ese gesto. Interesante…

-Bueno, Tom. Te dejo con los chicos de sexto.- sonrió y miró a la clase.- Espero que traten bien a su profesor chicos.

-No lo dude, director.- dijo James ocasionando que más de la mitad de la clase lo miraran sorprendidos. ¿Eso había sido una insinuación?

Albus sonrió pícaro antes de salir del aula. Tom tragó saliva audiblemente y recompuso su máscara de frialdad. Miró a sus alumnos y empezó con su discurso del primer día exponiendo sus expectativas para con ellos. Los chicos comprobaron que iba a ser difícil poder tener la nota máxima con él, era, como habían pensado, muy exigente.

-James Potter.- llamó cuando llegó a su nombre en la lista.

-Aquí profesor.

Levantó su mirada y se encontró nuevamente con los orbes avellanas y esa sonrisa de superioridad que lo confundía. Miró su escudo. Tsk, Gryffindor tenía que ser.

-¿Qué te traes, Prongs?- susurró Sirius con el ceño fruncido.

-¿Está lindo el profe, no?

Sirius observó con ojos crítico al docente. Se encogió de hombros.

-No es nada del otro mundo…

-No lo es para ti.- sonrió misteriosamente.

-¿Quieren callarse?- siseó Remus.- No quiero otra detención por su culpa.

-Lo sentimos, Moony.- musitaron los otros dos al unísono.

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-¿No vas a tu castigo?

-No, McGonagall me dijo que seguiré con mi castigo recién mañana, porque Lupin esta en la enfermería por no se que.- respondió desde su cama.

-Hoy es luna llena.- murmuró Severus pensativo.

-¿Qué dices?

-Nada, Lucius. Nos vemos.

Cuando llegó a las mazmorras vio que Black ya lo estaba esperando con un frasquito en las manos, su rostro mostraba claro aburrimiento. Se tomo su tiempo para poder apreciar la belleza de ese chico. No eran muchas las oportunidades que tenía, porque la mayoría de las veces debía de mostrar el desprecio que supuestamente le causaba. No entendía en que momento su odio pasó a ser… ¿amor? Tampoco estaba seguro de eso, pero sabía muy bien que odio ya no era. Bufó irritado, habiendo tanto chico y chica linda y accesible, él se fue a fijar en el peor.

-Al fin llegas.- masculló Sirius.- ¿Esto que tengo son patas de escorpión negro?

Severus se acercó ceñudo y observó el frasco en las manos de su enemigo. Enarcó una ceja.

-Cerca, son patas de cangrejo negro. Se diferencian por las diferentes articulaciones. Estas tienen tres, las de escorpión tienen cuatro, ¿vez?

El Gryffindor miró ceñudo el frasquito e hizo una mueca.

-Si.

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-Oye, Pettigrew.

Peter levantó la cabeza del libro que estaba desempolvando y se extrañó de ver algo incómodo a su compañero de castigo.

-¿Qué pasa, Lestrange?

-Eh…- carraspeó.- ¿Longbottom sigue con su novia esa que es un año mayor que nosotros?

Parpadeó confundido al notar el ligero sonrojo del Slytherin.

-No, ellos terminaron a finales del año pasado. Alice dijo que Frank no cumplía sus expectativas o algo así. Quedaron como amigos. ¿Por qué lo preguntas?

-Por nada en especial. Y si le cuantas a alguien de que esta conversación existió, te hechizaré. ¬¬

-Eh… no hay problema, Lestrange.

¿Y a este loco que le pasa?

-Dime una cosa, Dolohov. ¿Qué tal es su nuevo Jefe de Casa?

Antonin miró enarcando una ceja a Potter. Era la primera vez que hablaban desde que empezaron ese castigo hace una semana. El dichoso castigo iba ser por un mes entero, ya que la profesora estaba indignada por que la travesura había sido al iniciar el curso. Tal vez quería que se esperaran aunque sea un mes antes de empezar con las bromas…

-Es bueno.- se encogió de hombros.- Yo personalmente no he hablado con él, no podría decirte mucho.

-Parece bastante serio y frío. ¿No sabes si está casado?

Entrecerró los ojos mirando enfadado el león. ¿Qué creía que era él? ¿Su fuente de chismes?

-No, no está casado.- siseó.- Y deja de fastidiar con esas preguntas tontas, Potter.

James sonrió. A pesar de que tenía muchas preguntas que quería que le respondieran la principal ya la sabía. No era casado y eso era lo único importante por ahora.

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Ya solo faltaban dos días para que sus castigos terminaran y Lucius se encontraba detallando con la mirada a Remus Lupin. Como siempre, él estaba sentado en una esquina con uno de sus costosos cigarrillos prendidos en una mano. Ese era el único invento muggle que soportaba. En su Mansión no podía fumar así que, cuando venía a Hogwarts, lo hacía cada vez que podía. En las mazmorras, solo lo hacía en su habitación ya que no le apetecía que sus compañeros (a excepción de Severus y Rodolphus) supieran de su vicio. Aunque tampoco eso estaba fuera de control, fumaba casi dos cigarrillos por día.

En el castigo aprovechaba para hacerlo ya que no le importaba que Lupin lo supiera, además se aburría sin hacer nada. Limpiar no era opción. Notaba que el humo incomodaba al Gryffindor y ya sabía porque. Por muy increíble que sonara él se había… preocupado por el castaño y decidió ir a la enfermería para averiguar que pasaba con él. Lo encontró algo lastimado, pálido y débil. Pudo oír una conversación entre sus amigos y eso hizo crecer una sospecha en él. Solo faltaron atar un par de cabos y hacer ciertas averiguaciones para dar con el diagnostico de lo que le pasaba a Lupin.

La verdad es que al principio se había aterrorizado, pero ahora eso cambió. Por muy loco que sonara eso hizo despertar cierto interés en él. No por nada decían que los Malfoy eran de gustos excéntricos. Su hermano Elías era un ejemplo, ya que se había casado con un muggle de color, que ni siquiera sangre sucia era. Es decir, NO era mago.

Pero lo que ahora importaba era que iba a hacer con esa información. Podía extorsionar al Gryffindor con divulgar su secreto si no cumplía sus fantasías con él. Pero la verdad era que no quería forzar nada… necesitaba que fuera por acuerdo mutuo. Que Lupin lo deseara.

-¿Puedes apagar eso? Me molesta.

-¿Perdón…?- estaba tan metido en sus pensamientos que no lo había escuchado.

-Que lo apagues.- miró su mano.- Me molesta.

Lucius sonrió de lado y se acercó hasta el castaño. Levantó con delicadeza su mano y lo apagó en la copa que el chico estaba limpiando. Los ojos de Remus se abrieron de la sorpresa y luego dibujo un gesto de clara indignación.

-¿Acaso estas loco? Acabo de limpiar eso.- siseó.

-Tú me pediste que lo apagara. No dijiste donde.

-¡Era obvio que no debió ser ahí!

-Bien, lo siento. ¿Qué puedo hacer para que me perdones?- la mirada lujuriosa que acompaño esas palabras hizo estremecer a Remus. Recién allí noto que tan pegados estaban sus cuerpos y se alejó ruborizado.

-N-No hace falta que hagas nada.- murmuró dándole la espalda al rubio.

Lucius sonrió malicioso y se acercó al otro chico casi pegando su pecho por la espalda del león.

-¿Seguro…?- susurró contra su oído, pudo percibir perfectamente el estremecimiento de Lupin.- Se me ocurren muchas cosas que puedo hacer para que perdones mi falta.- adelantó una de sus manos y rodeó la cintura del chico con ella.

-No hace falta, en serio.- musitó sin poder creerse lo que estaba pasando. Lucius Malfoy estaba coqueteando con él.

-Insisto.- susurró. Acercó su boca hasta la oreja del otro y la mordisqueó ligeramente. Busco colar una de sus manos entre la camisa del castaño y pudo acariciar un poco de piel. Bajo su boca hasta el cuello y comenzó a besarlo y chuparlo, obteniendo un jadeo por parte del Gryffindor.

-Ma-Malfoy… ¿Qué haces?

-Te beso, ¿no es obvio?- murmuró mientras desprendía unos botones de la camisa del otro. Para tener más piel que tocar.

-¿Por qué…?

-Porque me gustan los lobos.

La reacción fue inmediata. Remus se soltó bruscamente de la deliciosa caricia y encaró a Lucius con un evidente temor en sus lindas facciones.

-¿Có-Cómo dices?

-Yo sé tu secreto.- hizo una mueca al ver el terror en los bonitos ojos dorados.- Pero no voy divulgarlo si es que eso te preocupa. Será nuestro secreto.

-¿Y que piensas pedirme a cambio?- masculló. Claro, que Malfoy se fijara en el por puro gusto era demasiado bueno para ser verdad.

-Nada. No voy a amenazarte con decirlo si no estas a mis servicios o algo por el estilo. Aunque si quiero comprobar algo…

-¿Qué?

-Leí en un libro que los licántropos son muy salvajes en la cama.- sonrió lujurioso.

-Déjame en paz, Malfoy.- masculló ruborizado.- No soy un juguete, así que no vas a comprobar nada.

-¿Seguro que no puedo?- enarco una ceja y miró la evidente erección que presentaba Remus en esos momentos.

Lupin se ruborizó aún más y volvió a darle la espalda a Malfoy para empezar a abotonar su camisa. Sintió como Lucius rodeaba su cuerpo con sus manos y detenía sus acciones.

-No seas vergonzoso, Remus.- ronroneó.- Podemos pasarla muy bien… yo también necesito descargarme.- acentuó sus palabras pegando su entrepierna por el trasero del castaño y Remus pudo notar que el Slytherin estaba tan excitado como él.

No contestó, ya que su mente estaba atenta a los ligeros besos que recibía en toda la extensión de su cuello y, sobre todo, en esa mano que volvía a colarse entre sus prendas, pero esta vez buscando su miembro.

-¿Qué me dices…?

-¿Tengo opción?

-No.- sonrió.

Remus también sonrió y volteó la cabeza para poder intercambiar su primer beso (pero no el último) con esa serpiente.

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Salón de pociones

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-Dime que es esto.- dijo Severus plantando un frasco con un líquido viscoso frente a Sirius.

Sin llegar a un acuerdo previo, Severus había decidido enseñarle a reconocer ingredientes a Black. El Gryffindor no se quejaba, había encontrado que todo eso le resultaba interesante después de todo. Y, por muy loco que pareciera, le divertían esas horas de castigo compartidas con Snivellus.

-¿Babas de caracol?- la sonrisa de Severus lo sorprendió. Esa era diferente a la que él estaba acostumbrado a ver, le resultaba… bonita.- ¿Acerté?

-Si, al parecer no eres tan retrasado, Black.- siseó.

-Debe ser porque tú eres buen profesor.- se encogió de hombros.

Snape se atragantó con su saliva y miró alucinado al otro chico. ¿Acababa de recibir un halago de Sirius Black?

-Hey, ¿sigues aquí, Snape?- dijo pasando una mano frente a los ojos negros.

-Eh…- parpadeó volviendo a la realidad.- ¿Qué decías?

-Que si estas son escamas de Anaconda.

Severus se ruborizó por haberse perdido en sus pensamientos al notar lo agradable que sintió ser halagado por el chico que le gustaba. Estaba muy aliviado de que Black no lo hubiese notado.

-No, son de cobra. Las de Anaconda son más grandes.

-Oh…

Tuvo que morderse los labios para no sonreír ante lo tierno que le pareció el puchero de decepción que hizo Sirius al saberse equivocado.

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-Moony… ¿Eso que tienes en el cuello es lo que yo creo que es? ¬¬

-Eh…- se ruborizó.- No, es solo que me lastimé al afeitarme.

-Si tú lo dices…

-¿Y que era lo que querías decirnos, James?- preguntó Peter.

-En realidad quiero pedirles algo.- sonrió.

-¿Qué cosa?

-Quiero que me ayuden a reunir información acerca del profesor de DCAO.

-¿Algún interés en especial?- preguntó Remus enarcando una ceja. Indudablemente era un gesto copiado de su novio secreto desde hace un mes, Lucius Malfoy.

-¿Tú que crees?

-Es un profesor, Prongs.- advirtió Remus al ver el brillo en los ojos de su amigo.

-Y eso lo tengo bien sabido, Moony. Solo quiero conocer un poco más de él… no te preocupes.

Tom suspiró agitando su cabeza. Otra vez venían a él ese recuerdo. El rostro sonriente de ese Gryffindor lo estaba torturando desde que lo viera por primera vez en clase. Para él no había pasado desapercibido el sutil coqueteó que llevaron esas palabras. Por eso se sintió algo… decepcionado. Si, aunque no quisiera admitirlo, lo decepcionó saber que el chico era un sexsimbol en el colegio. Tenía fama de acostarse con todo aquel estudiante bonito que se le insinuara. Tenía en su haber diferentes relaciones con los más lindos de todas las Casas, a excepción de la que él era Jefe. Parecía ser una regla para él, como para el resto de su grupo… Los Merodeadores, no tener relaciones con la Casa enemiga. No sabía si eso le gustaba o no.

Y justamente tenía en sus manos el ensayo que pidió para esa semana. Su letra era horrorosa, pero se notaba que la Defensa Contra las Artes Oscuras era un tema que lo apasionaba. Él podía dar crédito de ello al ver lo dedicado que era en hacer sus deberes y como prestaba atención a todo lo que decía en clase. Cada vez que explicaba algo su mirada brillaba con una curiosidad casi infantil. Sonrió ante ese recuerdo. No le quedó de otra que poner un orgulloso 10 como calificación, aquello era perfecto. Y no iba a bajar la nota por tener esa letra ilegible.

-¿Todo bien, Tom?

Dio un respingo al oír al voz de su jefe tan cerca suyo.

-Si, si, Señor. ¿Por qué lo pregunta?

-Estabas sonriendo de manera extraña.- comentó con los ojos azules brillando divertidos. Como si estuvieras enamorado…

-Solo es satisfacción por leer los excelentes trabajos de mis alumnos, Dumbledore.-dijo seriamente, pero se podía apreciar un ligero sonrojo en sus mejillas.- ¿Necesitas algo?

-Nada serio en realidad. Solo pasaba para preguntarte si es que te estas adaptando bien a tu puesto de profesor de Defensa. Y como dices que estas satisfecho con el trabajo de los chicos, veo que va todo bien.

-Si, todo está excelente.

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Un mes después

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-Longbottom…- carraspeó, su voz había sonado un tanto ansiosa. Y eso no era lo que quería demostrar.

-¿Lestrange?- Frank enarcó un ceja.- ¿Qué pasa?

-¿Cuándo vamos a reunirnos para hacer el trabajo de Encantamientos?

Frank frunció el ceño. Ahora lo recordaba, el profesor les había puesto una tarea conjunta el día de ayer. Sonrió como solo él sabia hacerlo. Frank era de mediana estatura, no era gordito, pero tampoco era flaco, se podría decir que estaba unos cinco kilos por encima de su peso normal, su cabello era castaño, ojos marrones y tenía una sonrisa encantadora, se le formaban pequeños hoyuelos a los costados de los labios cuando lo hacía y eso era algo que a Rodolphus lo enloquecía.

-Podemos hacerlo cuando quieras, solo dime cuando y donde.

El posible doble sentido de esa oración no pasó desapercibido para la mente libidinosa de Rodolphus Lestrange y tuvo que inspirar varias veces para alejar ciertos pensamientos de su cabeza.

-¿Esta tarde antes de la merienda en la Biblioteca?

-Seguro.- sonrió.- Allí estaré.

La tarde llegó demasiado rápido para el gusto de los nervios de Rodolphus. El podría parecer un chico muy frío e inexpresivo, incluso más que el mismísimo Príncipe de las Serpientes, Lucius Malfoy. Y, en cierta medida, eso era cierto, pero todo eso quedaba de lado cuando se trataba de temas del corazón para el ojiazul. Y es que Frank Longbottom era para él el amor que deseaba tener a su lado. Ese Gryffindor lo traía loco desde que lo conoció en el Caldero Chorreante cuando tenían siete años de edad. En ese tiempo era gordito y a él le pareció la cosa más bonita que haya visto en su vida. Como un osito al que le hubiese gustado achuchar entre sus brazos. Fue amor a primera vista, sin lugar a dudas. Ahora, ya que ambos estaban solteros, Rodolphus veía su oportunidad. En primero le pareció que eran muy jóvenes para iniciar un romance, en segundo la muerte de su padre había trastocado todo su mundo, en tercero él entró al equipo de Quidditch y creyó prudente dedicar todo su tiempo a ser el mejor para obtener la Copa para su Casa (que al final no se pudo gracias a Potter), en cuarto se dejó llevar por lo que decían los demás y aceptó ser novio de Bellatrix Black, una sangre pura y Slytherin de clase alta, como él… Ese error lo pagaría con creces en quinto. Fue en ese año donde su Frank se puso de novio con Alice (N/A: No se su apellido ¬¬) y eso hizo que su corazón se encogiera. Se torturaba viendo al chico de lo más feliz con la rubia. Eso lo tuvo tan triste que descuido el Quidditch, sus deberes y su relación con Bella. Tanto que casi lo echan del equipo, lo reprendieron por sus notas y Bellatrix lo dejó porque no le prestaba atención que ella requería, eso último fue lo que menos sintió, la verdad.

Ahora caminaba hacia la Biblioteca tratando de reunir el valor suficiente como para confesar de una buena vez sus sentimientos para poder tener a Frank a su lado. Ambos estaban libres ahora y no debía de desaprovechar esa oportunidad de oro. Por muy Gryffindor y de clase media que fuera el otro.

Se sentó en una de las mesas vacías del lugar a esperarlo. Poco falto para verlo entrar comiendo una rana de chocolate con una actitud infantilmente golosa. Eran esas actitudes del chico las que lograban sacarle unas sonrisas de ternura poco comunes en él.

-Hola, ¿llevas mucho esperando?

-No, acabo de llegar.

-Bueno, entonces. ¿Quieres?- ofreció un poco de su rana con una de esas sonrisas amables de él.

-Solo si me lo das con tu boca…

Pestañeó confundido y comprobó que lo que acababa de decir no lo pensó sino que lo dijo en voz alta. La cara sorprendida y ruborizada de Frank era prueba de ello. Estoy muerto.

-Bueno…- dijo Frank sonriente.- podría hacerlo, pero no creo que eso le agrade a la Señora Pince.- miró de soslayo a la Bibliotecaria que se encontraba mirando ceñuda a unos niños de primero que estaban haciendo más alboroto de lo necesario.

Y esta vez fue Rodolphus quien se ruborizó. Tragó saliva.

-¿Qué quieres decirme con eso? ¿Qué estarías dispuesto a… hacerlo?

-Si.- sonrió tímidamente.

Rodolphus sintió cierta parte de su cuerpo reaccionar ante esa simple afirmación.

-¿Lo dices en serio?

-¿Tú hablabas en serio hace un momento?

Lestrange clavó sus ojos azules en los marrones del otro, pudo percibir cierta ansiedad y miedo ante su respuesta. No se lo pensó más, esta era su oportunidad.

-Hablaba muy en serio.- dijo seriamente.- Solo aceptaré ese pedazo de rana de chocolate si me lo das de tu boca.- sonrió de lado.

-¿Vamos a otro lugar entonces?

Compartieron una sonrisa de complicidad y salieron a paso apresurado de la Biblioteca.

Continuará…

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Notas finales: ¡¡¡Hola!!!

Este chap y algunos más explicarán más o menos como se dieron las otras parejas. Este fic está lleno de locuras, así que no se sorprendan por lo que pueden llegar a encontrar.

¿Frank es un poco inhibido, ne? Jejeje… XD

Es un total de 5 chaps y espero que tengan gusto de ellos XD

¡¡¡Gracias Angeli por betear este fic!!!

¡¡¡Nos leemos!!!

Atte: Uko-chan!

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