Otro día como todos los demás, yo debía estar de íe temprano, perfectamente arreglado y realizando todos los deberes, además de ayudar a mi hermanita con su vestido del día, pero después de pasar un día en su lugar, yo estaba satisfecho siendo un sirviente para ella, ayudándola, protegiéndola y sirviéndole, pero sin perderle el dulce amor de que era mi hermana menor.
Yo todos los días, al aterdecer, me fugaba de mi casa, con un papel dentro de una botella de cristal, y me iba al puerto para lanzar esa botella al mar, era una costumbre, por una leyenda, una leyenda que decía "lanza tu deseo al mar con tu fé y esperanza y algún día este se hara realidad", y eso era lo que yo hacía todos los días sin faltar.
Pero un día, mi hermanita me descubrió cuando iba saliendo, y haciendo pucheros me ordenó el permiso para acompañarme al mar, yo solo sonreí tímidamente y le dije que si, solo que iríamos a pie y que desde la casa hasta la costa eran más o menos veinte minutos caminando, ella se quedó pensando un poco y entró corriendo a la casa, pidiéndome que la esperara, yo asentí y me quedé cerca de la reja que protegía a la mansión.
A los pocos minutos, ella bajó con un sencillo pero lindo vestido blanco, haciendo juego con un sombrero de paja para cubrir su fina piel de los rayos solares, sonriente tomó mi mano e indicó que nos fueramos, devolví la sonrisa y ambos empezamos a caminar hacía el puerto, mientras platicábamos de algunas pocas cosas, como nuestros sueños, anhelos y fantasias como "yo dominare al mundo" o "me construiré una casa de chocolate puro" y cosas por el estilo, típico de nosotros que nos gustaba jugar.
Al llegar a la costa, tuve que quitarme mi gabardina amarilla para que no se mojara con el agua del mar, acto seguido me quité las botas y subí un poco mis pantalones para que no se mojaran mucho, Rin asustada y sorprendida me tomó del brazo, ella sabía que no podía nadar por la fruta del diablo.
-¡Len, no!, ¡Recuerda que tu no puedes nadar!-Exclamó asustada, y forzándome del brazo para que no me moviera, yo solo reí un poco y le dí unas palmaditas en la cabeza.
-Tranquila Rin, yo se que no puedo nadar, y no lo voy a intentar, yo no estoy loco, solo me acercaré un poco a la orilla para dejar esto.-Expliqué mostrándole la pequeña botella de cristal.-¿Acaso no conoces la leyenda?-Pregunté.
-No, cuéntamela Len-Me suplicó, mientras ella se sentaba en una piedra un poco grande y plana, se cruzó de piernas y me miró atenta, escuchando lo que yo decía.
-Es bastante simple hermanita, cuenta la leyenda que, si tienes fé y esperanza, lances tu deseo al mar, en una nota dentro de una pequeña botella de cristal, es por eso que siempre desaparezco a estas horas, yo incansablemente siempre vengo a dejar mi deseo al mar, y parece que el mar es como una madre cariñosa, cumplé mi capricho siempre.-Dije convencido.
-¿Y cuál es tu deseo, Len?-Preguntó intrigada Rin.
-Mi deseo es que la señorita Rin tenga pechos grandes.-Dije bromeando y riéndome un poco.
Rin se escandalizó y soltó un pequeño grito, el rubor se hizo presente en su rostro, además con sus manos cubrió un poco sus pechos, y empezó a llamarme depravado y cosas por el estilo, yo solo reí divertido pero sin perder la postura, si la había asustado, tras una ultima pequeña risa le indiqué que guardara silencio con mi dedo índice y le guiñe el ojo.
-Es broma hermanita, mi verdadero deseo es verte sonreir todos los días, que tu seas feliz es mi felicidad y mi deseo que me es cumplido día a día.-Expliqué.
Ella se quedó pensando unos momentos y sonrió como enternecida, me acerqué al mar, la fría agua salada tocó mis pies, pero se sentía refrescante, me agaché un poco y dejé la botella en el mar, las olas poco a poco se llevaron la botella con mi deseo adentro, me dí vuelta pero fui sorprendido, pues Rin se abalanzó hacía mi en un abrazo.
-Si quieres que yo sea feliz, solo quedate junto a mí Len, tu eres la razón por la que yo sonrió todos los días.-Dijo ella.
Yo quedé sorprendido por unos momentos, pero sonreí y abracé a Rin, a pesar de que ella era una persona fría y déspota con los demás, conmigo era muy amable, comprensiva y dulce, por una parte eso me gustaba, pero por otra no, pues así solo se haría de enemigos, de los cuales yo la tendría que defender.
-¿Rin, deseas intentar esto?-Sugerí refiriéndome al deseo.
-¡No necesito intentar algo tan trivial como eso!-Dijo algo egoísta-Además, todos mis deseos serán cumplidos por ti, ¿no es así Len?Dijo eso ultimo dulcemente, me quedé estatico un segundo y después sonreí asintiendo a sus palabras.
