Muchísimas gracias por todos las reviews! La verdad no pensé que fuera a gustar tanto ^^. Intentaré actualizar cada 3 días (más o menos).

Castle no me pertenece.

Capítulo 02:

Un ruido más que molesto luchaba a capa y espada por sacarla a la fuerza de los brazos de Morfeo. ¿Cuánto habría dormido? ¿Dos horas? ¿Tres? Obviamente no eran suficientes.

Se obligó a incorporarse para apagar el despertador y volvió a recostarse en la cama, mirando al techo. Debería estar prohibido madrugar los lunes. Y los martes. Y los miércoles...

Cogió el móvil. Una llamada perdida de Lanie de la noche anterior. Un mensaje de Josh diciendo que quería volver a verla. Bufó. Había salido con el médico un par de veces, las mismas que se habían acostado, pero ella no quería una relación. No entraba en sus planes. Tendría que darle largas hasta que se cansara.

Finalmente se levantó y fue a la cocina. Marcó el número de su mejor y casi única amiga mientras se servía un vaso de zumo.

- ¿Kate? ¿Eres tú? ¿De verdad? ¿Después de sólo 7 horas desde que te llamé? ¡Es un nuevo récord!

- Hola a ti también, Lanie – dijo riéndole la broma.

- ¿Estás en casa?

- ¿Dónde voy a estar si no?

- Pues en casa de alguien más, obviamente.

- Ya te dije que anoche no iba a salir.

- ¿Y qué? Seguro que tienes "amigos" a montones a los que no les importaría que durmieras con ellos.

- ¿Lo dices por alguien en especial? - preguntó sabiendo el interés de Lanie en conseguirle pareja. Josh sólo era el último de la larga lista de tíos que le había presentado en los últimos 3 años.

- No...

- Mejor, porque me voy a ir a correr ahora mismo.

- Pero...

- Nos vemos en cuanto haya un caso.

- Pero yo quiero saber...

- Hasta luego, Lanie.

Colgó, dejó el móvil sobre la encimera y se encaminó a la habitación a ponerse la ropa de deporte. Una buena sesión de footing acabaría de despejarla del todo.

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Las puertas del ascensor se abrieron en la cuarta planta, y la detective Beckett se vio envuelta en un ir y venir de inspectores, oficiales uniformados, papeles, informes, conversaciones y murmullos. Demasiada actividad para un lunes a primera hora.

Se dirigió directamente a su zona de trabajo, delante de la oficina del capitán. Espósito y Ryan ya estaban allí. Hacía ya tres años que había formado equipo con ellos, y aún se asombraba de lo distintos que eran, como el agua y el aceite. Tan diferentes que se compenetraban a la perfección. Ellos y Lanie eran su única familia, sus hermanos en todos los sentidos que importaban. Se protegían los unos a los otros y, aunque pocas veces lo dijeran en voz alta, se querían de verdad.

Ambos levantaron la cabeza del escritorio cuando la oyeron llegar.

- Hola, jefa – dijeron a la vez. Beckett sonrió. En realidad no era la jefa de nadie. De hecho, y aunque ellos eran 4 años mayores, todos tenían el mismo estatus de cara al capitán.

- Hola, chicos. ¿Se puede saber a que viene tanto alboroto? - preguntó sentándose en su mesa.

- Nikki Heat. Ayer volvió a actuar – respondió Espo.

- ¿En serio? ¿Qué fue esta vez? ¿Otro robo?

- Intento de violación. Sorprendió al tipo y le dio una buena paliza. Cuando lo trajeron, prácticamente suplicó que lo encerraran en una celda.

- ¿Dijo algo más?

- Martínez le preguntó por Heat, pero sólo supo decir que pegaba muy fuerte y que tenía la voz distorsionada por algún tipo de dispositivo electrónico. Lo mismo que las otras veces.

Beckett asintió. Jonathan Martínez llevaba casi un año al frente de la investigación abierta de la enigmática mujer, pero no había avanzado nada.

- ¿Quién llamó a la policía? - fingió interés profesional.

- Uno de los camareros fue a sacar la basura y los vio peleando – dijo Ryan -. La justiciera se fue dos minutos antes de que llegaran al lugar, obviamente.

- ¿Y la víctima?

- La chica está bien. Asustada, pero bien. Ella se ha negado a decir nada sobre Heat.

- Es comprensible – afirmó el irlandés -. Seguramente cree que le debe la vida.

- ¿Y qué tal tu fin de semana? - Espo cambió de tema muy sutilmente.

- Normal. Nada nuevo que contar – no preguntaron nada más. Pocas veces lo hacían. Y ella lo agradecía. Así no tenía que mentirles.

El resto de la mañana la pasaron entre informes y tazas de café malo (el único que tenían allí), dado que llevaban una semana entera sin casos nuevos y aprovechaban para rellenar los expedientes de los anteriores.

Poco antes de la hora de comer, le tocó rellenar el informe de Johanna Carter, asesinada en el gimnasio que frecuentaba. Intentó mantenerse serena, separar los sentimientos que ese nombre le provocaba de su labor administrativa, pero no fue capaz. Los recuerdos de aquel 9 de enero la invadieron con fuerza antes de poder levantar sus muros.

Una cena a la que su madre no llegó. Un policía delante de su casa. Una noticia devastadora. Una niña de 11 años que se quedó huérfana de madre, y poco después también de padre. Las casas de acogida a las que tuvo que ir después...

Sacudió la cabeza y se levantó con rapidez de la silla. Dejó el informe en la mesa de Espo con un simple "haz este tú, voy al tailandés de la esquina" y fue directa a las escaleras.

El moreno cogió la carpeta y murmuró "Johanna" para que Ryan entendiera. El irlandés asintió. Ninguno de los dos conocían las circunstancias de lo que atormentaba a Beckett, pero sí sabían los hechos que habían desencadenado todo. Y la muerte de una madre es algo que nunca se olvida.

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Estaba segura de que los sonidos molestos tenían un complejo con ella. ¿Es que nunca se podía despertar por sí misma?

Agarró el móvil y descolgó sin ver quién era.

- Beckett. Sí. Vale. Estoy ahí en 20 minutos.

Ahora sí miró la pantalla. Las 11 de la noche. Resopló. ¿Es que los asesinos no podían tener un horario un poco menos malo? Se había ido de comisaría a las 4, después de acabar el papeleo. Había llegado a casa, se había quitado los tacones y se había echado en la cama sin más. Y aún así todavía se moría de sueño.

Mientras se cambiaba de ropa, pensó en lo que le había dicho Espo por teléfono. Una mujer joven con dos tiros en el pecho. Su novio la había encontrado al llegar al apartamento donde vivían ambos. No tenía pinta de ser un caso difícil. El uso de un arma de fuego solía significar premeditación, así que tendrían que buscar enemigos o alguien que tuviera algún motivo para hacerle daño.

Pero Beckett no sólo se dejaba llevar por los hechos. Su instinto era muy importante para ella y la había salvado más de una vez. Y algo le decía que este asesinato era especial. Que le traería más de un quebradero de cabeza.

Gracias por leer x)