Todo los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi.


Hermanos.

Capítulo II: Modales.

Su estómago gruñó por tercera vez en la noche. Inconscientemente se lo apretó, no te preocupes pequeño, ya falta poco para comer...

Habían hecho una larga caminata de horas y horas. Sesshômaru insistía en que si quería poder defenderse más adelante debía entrenar, o no sería más que un inútil debilucho (precisamente lo que era en ese momento). Después de semejante entrenamiento, Inuyasha no aguantaba más, su estómago le pedía a gritos que se alimentara, y es que nada más de pensar en comida se le hacía agua la boca... Disimuladamente miró a su hermano mayor: estaba impasible como siempre. Su rostro era serio y calmado, no se le notaba ni ansiedad, ni nada, cosa que era demasiado extraño. Es decir, en todo el tiempo que ambos habían estado juntos, Inuyasha podía jurar que sólo lo había visto comer unas... cero veces. ¡Cero! ¿Acaso los demonios no necesitaban alimentarse? No, definitivamente todo ser vivo necesitaba algo de comer, y estaba seguro de que su hermano no era la excepción. Dios, cuanto daría por verlo derretirse ante un bocado de comida.

Otro ruido extraño provino de su estómago. ¡Diablos ya no aguantaba más!

— ¿Cuánto falta? —gimió. Moriría si no probaba algo en los próximos cinco minutos. Pero Sesshomaru, como siempre, sólo le ignoró y volteo el rostro hacia otro lado. Inuyasha dobló los ojos y bufó—. Bien, si no me lo quieres decir tendré que ir a preguntar... —e hizo el ademán de ponerse de pie, pero al recibir la mirada iracunda del mayor se quedó de piedra.

—No seas impaciente —habló con tono duro—. Agradece que estos... humanos —pronunció la palabra con bastante repugnancia— te darán alimento. No cualquiera acoge a un demonio y un mitad bestia en su casa.

Pero eso a Inuyasha le importaba muy poco.

—Pues esto es tú culpa —dijo y Sesshômaru alzó las cejas—. En serio, si me hubieras cazado algo en el bosque no estaríamos en estas.

—Hmp. ¿Por qué habría de servirle a un híbrido? Si quieres comida búscala tu solo.

Nuevamente Inuyasha dobló los ojos. ¿Por qué su hermano tenía que ser taaaaan extraño y molesto? De verdad, ¡ese tipo no podía ser familiar suyo! Ugh, se las daba de muy serio y "hablador" (hablador entre comillas porque apenas y abría la boca) con ese cuento de "si quieres comida búscala tu solo" o "yo no le sirvo a un híbrido". Ah, pero bien que había buscado una casa de aldeanos en donde aceptaran darle comida, así que después de todo, sí, le estaba sirviendo a un híbrido. Y el muy idiota ni cuenta se daba, o quizá no le importaba...

Antes de que Inuyasha protestara otra vez, la señora de la casa llegó con dos bandejas llenas de suculentas comidas. El olor, oh el olor era simplemente celestial.

La mujer dejó un plato en frente de Inuyasha, a quien casi se le salen los ojos, y otro en frente de Sesshomaru. Al final inclinó su cabeza en forma de respeto (más para el mayor que para el menor, pues el primero daba un aspecto mucho más letal) y se marchó sin decir una palabra.

— ¡A comer!

Y en menos de lo que canta un gallo, Inuyasha se encontraba devorando sus alimentos como todo un salvaje. Trozos de comida volaron por allá, otros cayeron por allí. Incluso no se daba cuenta de que varios pedacitos se le quedaban enredados en el pelo. ¡Y es que ni siquiera se molestó e utilizar los palillos, sino que comía con las garras!

De repente, el menor se sintió observado, y cuando alzó la vista vio a su hermano mayor penetrándolo con la mirada, de hecho, estaba más serio que de costumbre.

Con las mejillas a punto de reventar por tanta comida que almacenaba (parecía una ardilla), habló, escupiendo uno que otro arroz: —Mm, ¿no piensas comer lo tuyo?

Sesshômaru miró asqueado su bandeja.

—Odio la comida de humanos.

El hanyô abrió los ojos como platos. ¡Estaba loco! Si la comida de humanos era de las más deliciosas que existía.

— ¿Entonces qué comes? —inquirió, aun con la boca llena.

—Eso no es de tu incumbencia —dijo y simplemente apartó la mirada.

— ¡No me digas! —Jadeó el otro, acusándolo con el dedo—. Tú comes niños, ¿no es así? Oh, yo pensé que eso era un mito, pero de verdad los demonios comen humanos. ¿Sabes? Eso es asqueroso, por primera vez agradezco ser un híbrido —y en medio de su parloteo se detuvo y se puso de pie violentamente—. ¡Un momento! Ahora porque soy mitad humano no te vaya a dar por querer devorarme.

Sesshômaru no podía creer que de verdad estuviera escuchando tales ridiculeces. ¿Es que acaso podía ser más patético? Comer humanos... si apenas y podía aguantar su horrible hedor, ¿cómo diablos iba a tocarlos? ¡Qué desagradable!

—Deja de hablar estupideces.

Y por primera vez en la corta vida de Inuyasha, este presenció cómo su hermano tomaba delicadamente los cubiertos, cogía un pequeño trozo de carne y se lo introducía elegantemente en la boca, para luego masticarlo sin hace ruido alguno.

—Dios santo... este tipo definitivamente no puede ser familiar mío —masculló para sí mismo y luego sonrió, arrogante—. ¿Te digo algo Sesshomaru? Eres todo un princeso.

El otro no soltó más que un "hmp" y cerró los ojos, orgulloso. Inuyasha se encogió de hombros y volvió a lo suyo, sin saber que su hermano mayor aún tenía algo más por decir: —Y se dice príncipe, no princeso.


¿Continuará?


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