Disclaimer applied.

Capítulo dedicado a Nina Keehl. Disfrútalo, te adoro.


Segunda parte


El timbre sonó al mediodía.

Seto Takuma no tardó en abrir la puerta. Sonrió; ya esperaba su visita.

─Así que ya estás en Tokio, Koushuu ─dijo.

Frente a él, lo miraba un rubio de más de 1.80 de altura y con un cabello desarreglado que sobre cubría sus ojos. En realidad, no se podía decir que había cambiado en nueve años si no fuera por las firmes líneas en su rostro que ya lo definían como un adulto y las delgadas patillas debajo de sus orejas.

─No esperaba que siguieras viviendo aquí, Taku. Es un alivio haberte encontrado ─respondió al cátcher.

Takuma se alzó de hombros y se hizo a un lado para permitirle la entrada a su amigo de la infancia.

─A algunos no nos fue tan bien en el deporte, ¿sabes? Continué la universidad y ahora manejo la empresa de mi padre... ¿No vas a pasar? ─agregó al ver que Okumura no se movía.

─No. En realidad, quisiera caminar un rato. ¿Te molesta? ─inquirió desviando la mirada.

─Por mí no hay problema, pero tus maletas… ─Comenzó a señalar, mas el rubio lo interrumpió:

─Estoy bien.

Takuma volvió a sonreír. Cuando ese hombre tenía urgencia por hacer o hablar algo, no permitía que nada le quitara tiempo.

Ni siquiera en temas que no solían platicarse, Okumura había permitido que sus emociones permanecieran ocultas.

─Creo que soy gay ─soltó a los doce años mientras almorzaban en la escuela. Takuma tardó unos segundos en absorber lo que su amigo había dicho.

─¿Estás bromeando?

─No. ¿Te molestaría si lo fuera? ─cuestionó mirándolo a los ojos.

El chico se ruborizó. No era eso, sino que no entendía qué respuesta buscaba que le diera. Sólo era un poco diferente a la mayoría de la población, ¿no es así?... A menos que…

─No estoy interesado en ti si es lo que piensas ─aclaró Okumura.

Takuma suspiró.

─Entonces supongo que no hay problema. Pero ¿por qué lo sospechas? ─preguntó interesado. Quizá había besado a otro chico… aunque eran un poco jóvenes para esa experiencia. ¿Había sido un manga yaoi lo que lo llevó a pensar eso?

─Ayer descubrí a mi hermano mayor viendo pornografía.

Definitivamente, ese chico no conocía la discreción. Takuma se mordió un labio para ahogar una carcajada.

─¿Y?

─Antes de que mi hermano me corriera de su cuarto, no pude dejar de verlo a él, al chico de la pantalla; pero casi estoy seguro de que había una mujer en el video. Mi mente sólo recuerda a ese hombre, y me gustó.

─Oh… ─contestó Takuma, sorprendido. No era como si él tuviera mucho interés en la pornografía, pero admitía que no podía ignorar a una mujer hermosa cuando pasaba cerca de él─ Eso explicaría por qué rechazas a cada chica que se te acerca y por qué no te interesa ver a las chicas en gimnasia.

─No lo había pensado… Tiene sentido ─corroboró el cátcher antes de cortar la carne en su plato─. Esta tarde el entrenamiento termina a las seis, ¿cierto?

Y así, Okumura solía cambiar el tema de conversación sin importarle lo lejos que estuvieran ambos ejes. De este modo, Takuma comprendió que Okumura no era definido por sus preferencias sexuales y que en realidad no importaba.

Por supuesto, Okumura tampoco le prestó mucha atención a ese hecho. Nunca fue del tipo que exponía su sexualidad ni del que la ocultaba. Empero, jamás se vio en la situación de ejercer o no su sexualidad hasta que ingresó a Seidou.

─¿Sabes cómo contactarlo? ─inquirió Seto al momento de sentarse en una banca de madera cerca de un parque infantil─ A Sawamura Eijun, me refiero.

Okumura frunció el entrecejo ligeramente.

Como jugador de béisbol, tenía su propio concepto sobre profesionalismo en el campo. La seriedad de cada jugada era primordial para él, por lo que no podía admitir que los jugadores hicieran tanto escándalo innecesario. No podía permitir, ni quería hacerlo, que un cátcher tan poco serio dirigiera un equipo como lo era Seidou.

Pero para su mala suerte, ambos tipos de jugadores se encontraban con frecuencia en el campo, enfrentándose a otros equipos. De no haber sido porque el pitcher era realmente bueno y sus lanzamientos lucían tan suaves y duros al mismo tiempo, habría apoyado a Asada para que pudiera subir al primer equipo y derrocara a Sawamura como pitcher de remplazo.

…Había sido una lástima que ese pitcher, tan confiable como relevo, fuera tan escandaloso y tan engreído…

No obstante, a pesar de todos esos errores en Sawamura, a pesar de tantos defectos en su personalidad, simplemente no podía dejar de mirarlo cada vez que lanzaba una bola. Lo cierto era que mientras permaneciera callado, podía pasar por un excelente pitcher en el que todos podían confiar.

La seriedad con la que Sawamura ejercía cada movimiento en el montículo, lo verdadero en su mirada, la confianza en el guante que recibía sus lanzamientos… qué deseos de ser él quien sostuviera ese guante… Con tremendo pitcher, con esos sentimientos guardados en ese cuerpo tan flexible, con ese fuego mostrado en esa expresión… ¿qué se sentiría estar frente a él? ¿Qué experiencia se podría obtener en ese lugar?... ¿Qué clase de cátcher tendría que ser para obtenerla?

"Conocerás a Sawamura una vez atrapes para él" le había dicho el capitán. Sawamura Eijun entonces no era un simple pitcher ruidoso y prepotente, entonces él era algo más.

─¿Y bien? ¿Cómo son los lanzamientos de Sawamura-senpai? ─preguntó Takuma esa noche en la que por primera vez pudo atrapar algunos lanzamientos del pitcher.

El rubio apretó los puños y sintió cómo su sangre hervía. Cada lanzamiento suyo tenía una vida distinta, no sólo era la velocidad o la dirección; no, todos ellos eran Sawamura. Tan distantes, tan firmes, tan variables…

Cada lanzamiento era sencillamente…

─Excitante ─farfulló con los dientes apretados y la mirada al frente.

Sin poder evitarlo, recordó al cátcher titular, a Miyuki Kazuya. Sus habilidades debían estar a la par de las de Sawamura si él podía agarrar todo lo que Sawamura lanzaba. ¡¿Por qué él no podía hacer lo mismo?! ¡¿Qué lo hacía inferior?!

¡Él quería, más que nunca, ser el cátcher de Eijun Sawamura! ¡Su cuerpo lo pedía, sus manos se aferraban a ese deseo, su corazón palpitaba sólo de pensar en la segunda ocasión en la que lo tuviera de frente, luciéndose sin saber todo lo que tenía su cuerpo, su alma! ¡Tenía que alcanzarlo, tenía que ser digno de él!

Su corazón trazó un único objetivo: debes superar a Miyuki Kazuya, debes ser mejor para él; sólo así obtendrás el derecho de disfrutar de él.

─Eh, otra vez estás gruñéndole a Miyuki-senpai, ¿cierto? No es a mí, ¿verdad? ─inquirió Seto algo preocupado.

Okumura no respondió.

Durante los siguientes días, él esperó que Sawamura se olvidara de esa noche y continuara con su insana obsesión hacia Miyuki; nunca pensó que sucedería lo contrario, que Sawamura lo buscaría para lanzar o al menos para calentar. Nunca imaginó que sus sonrisas se dirigirían a él y que sus palabras lo describirían mejor de lo que él podía hacerlo. No esperó verlo tan ansioso como él… Era como si de algún modo compartieran el mismo deseo de volver a lanzar juntos.

De alguna manera, le agradaba saber que no era el único que se sentía de esa manera. Porque sin importar que Sawamura no había dejado de ser el parlanchín jugador sobre el montículo, podía ver cada día lo mucho que se esmeraba para alcanzar su propia meta. Ya fuera corriendo con una llanta a rastras o abanicando más de doscientas veces al día, Okumura podía ver en él al siguiente ace de Seidou. Tendría que esforzarse más o no podría alcanzarlo…

Su mente frecuentemente se dirigía a ese deseo, por lo que cuando por fin el entrenador le aseveró que planeaba subirlo al primer equipo, supo que podía aspirar a más. Supo que, si había conseguido esa meta en tan poco tiempo, entonces podría conseguir algo más. Quería conseguir algo más.

Consciente de que su cuerpo aún no era tan resistente como los de sus senpai, se dirigió esa noche al gimnasio de la escuela y ahí encontró a Kanemaru, el compañero de cuarto de Takuma. Parecía que él había terminado pues se limpiaba el sudor del cuello con una mano y sostenía una botella de agua en la otra; empero en cuanto divisó al cátcher de primero, sonrió.

─Ah, Okumura. Sawamura y Takuma me han contado muchas cosas de ti ─dijo en tanto éste se acercaba a una de las máquinas, indeciso sobre cuál ocupar primero─ Tus hombros son muy fuertes, pero si quieres alcanzar a Miyuki-senpai debes probar con las ligas que…

Sin esperar más palabras, Okumura se acercó a donde Kanemaru indicó. El rubio de segundo sonrió.

─Te pareces a él, ¿sabes? A Sawamura.

─¿Eh? ─inquirió con cierta molestia. Ni siquiera recordaba la última vez que había alzado la voz; era imposible creer que de alguna forma podría siquiera tener alguna similitud con ese pitcher.

─Él era despreciable en primero, se esforzaba más que cualquiera de nosotros y no podía soltar lo que deseaba… Bueno, quizá todavía es todo eso; pero antes no había apreciado lo que eso significaba: sus deseos de superarse eran mucho mayores que los nuestros y eso lo hacía un jugador muy peligroso. ─Rió─ Yo tendría miedo si estuviera en el lugar de Furuya.

─¿Y eso qué tiene que ver conmigo? ─insistió Okumura. Si acaso había entendido bien, Kanemaru acababa de llamarlo despreciable, presumido y terco.

─Quizá, en el fondo, Miyuki está un poco asustado por ti. ─Se alzó de hombros─ Debe ser problemático tener a otro como Sawamura en la posición que él ha defendido toda su vida. ─Se dio la vuelta y caminó a la salida─ No hagas ese ejercicio por más de diez minutos o tendrás dolores al dormir. Y ve a lavarte después.

Okumura asintió apenas, interesado en lo que le había dicho de Miyuki. Tenía que aferrarse a ese pensamiento para continuar con su camino. Si sacaba a Miyuki de la titularidad, entonces tendría el derecho y la habilidad de atrapar los lanzamientos de Sawamura… Podría sentirlo de nuevo… Esa excitación…

Perdido en sus recuerdos y anhelos, entró a su habitación. Lo primero que sus ojos vieron fue a un Sawamura recostado en la alfombra de la habitación, con un libro en las manos y una almohada debajo de sus brazos. Su rostro y sus ojos se iluminaron en cuanto lo vieron entrar.

─¡Ha vuelto! ¡Ha vuelto! ¡El chico lobo ha vuelto! ─exclamó con alegría, como si no lo hubiera visto en semanas.

Okumura se obligó a tragar saliva para deshacer el nudo en su garganta generado por dicha efusividad. Asimismo, las palabras de Sawamura y su sola presencia en la habitación, indicaban que estaba acompañado de alguien más.

En su ya típica posición, Miyuki lo miró con interés. Ahí estaba él.

─¿Están teniendo una de sus clases cátcher-pitcher, como siempre? ─inquirió un poco molesto, dirigiéndose únicamente a Sawamura. Porque, claro, Sawamura sólo iba a esa habitación para ver al chico de lentes.

─No, no, hoy no ─respondió el emotivo muchacho.

─¿Entonces por qué estás aquí? ─insistió quizá un poco ilusionado. Si se había emocionado al verlo, entonces podría ser que lo estuviera esperando a él.

─Escuché una interesante noticia sobre ti, Okumura ─respondió Kazuya. ¿Y a él quién le había hablado?─ Así que, aparentemente, le dijiste al entrenador que tú no serás el cátcher de Sawamura hasta que seas promovido al primer equipo, ¿cierto?

Y ahí estaba. Sawamura no se había podido guardar nada; todo tenía que decírselo a él. Era su promesa, era algo entre ellos dos, ¿por qué tenía que meterlo a él?

A pesar de que Sawamura quiso lucirlo frente a Miyuki, éste consiguió voltear las cartas. De nuevo, Miyuki volvía a tener su atención. Las expresiones de Sawamura, antes dulces y agradables, se tornaron molestas y avergonzadas; ése era el efecto que Miyuki imponía sobre él. Y esta vez, no podía decir que lo hacía para que Sawamura mejorara; sólo importaba ridiculizarlo frente a su kohai, frente al chico que evidentemente lo admiraba.

Esa persona no merecía a Sawamura, no merecía sus atenciones, sus lanzamientos y ni siquiera su visita. Esa persona no sabía apreciarlo, no podía ver lo que tenía enfrente.

Él no tenía derecho de apropiarse de la titularidad. Pero Sawamura era tan idiota que no lo percibía y, más que eso, había olvidado la presencia de Okumura. Por supuesto, aún no era del primer equipo…

Su coraje volvió a crear un aura imponente que atrajo a la batería. Su lengua vibraba dentro de su boca, provocando que emergiera un sonido similar a un gruñido… No sabía cuánto tiempo llevaba haciendo eso…

─Ustedes, senpai, están en el primer equipo; así que desde su lugar, yo debo lucir tan tímido e insignificante que podrían confundirme con una partícula de polvo de estrellas ─espetó sin cuidar que sus celos se marcaran en esas oraciones.

Sawamura no tardó en responder, agitado:

─No, no, no es así como te vemos. Tú ya destacas y eres bueno cachando… y también asustando…

─Pero yo… ─Continuó, tratando de ignorar a su senpai de segundo─ No planeo detenerme sólo en el primer equipo ─Miró fijamente a Miyuki, lanzando todas sus opiniones sobre él en una mirada, en un tono de voz─. Estoy completamente decidido a robarte tu puesto de titular.

Una sonrisa de confianza apareció en Miyuki.

─Oh, ¿en serio?

Porque ese hombre, tan cómodamente sentado, no tenía ningún derecho sobre Sawamura; no podía abusar de él o tratarlo como lo hacía. Nadie podía hacerle eso a un pitcher de su calidad, a una persona que no dejaba de sonreírle, de mirarle con todo su apoyo...

No. No se detendría hasta merecerlo, hasta obtener incluso más que sus lanzamientos…

─Qué divertido… ─musitó el capitán, ajeno por completo a las verdaderas intenciones de su nuevo rival.

Sawamura rió, emocionado.

…No, no se detendría hasta obtener todas las sonrisas, risas y sentimientos de ese pitcher…. Hasta obtener, incluso, su corazón. Porque Kanemaru tenía razón: él tampoco sabía rendirse en cuanto se fijaba un objetivo y ahora, su objetivo era él; era todo lo que tuviera, fuera e hiciera ese pitcher que le robó decididamente su amor.

...

─No, busqué en las listas de todos los equipos y no pude encontrarlo. No tengo la más mínima idea de dónde pueda estar ─respondió Koushuu a la pregunta de Takuma.

Éste se pasó una mano por el cabello. Desde un principio, la relación entre esos dos había sido un poco problemática aun eliminando el asunto de Miyuki.

─Creo que todavía tengo el teléfono de la casa de Kanemaru-senpai; se divorció hace algunos años, quizá regresó con su madre. Él debe saber algo de Sawamura.

Koushuu asintió, agradecido. Si tan sólo hubiera tenido una dirección, habría ido hacia él sin dudarlo.

Seto lo miró durante unos segundos: podía ver la urgencia en sus ojos.

Rió.

─Es curioso, ¿no lo crees?

─¿Exactamente qué es curioso? ─respondió Okumura.

─Que lo busques de esta forma cuando antes eran tan cercanos.

Okumura no respondió. En su lugar, pensó en la certeza de esas palabras.

Desde antes de que Miyuki se graduara, Sawamura por fin había conseguido portar el número del ace. Okumura, entre tanto, también había conseguido su cometido. La prueba para obtener la titularidad compartida había sido fortalecer los lanzamientos de Toujou; como resultado, consiguió permanecer en el montículo hasta la séptima entrada en un partido contra Teito, en la semifinal del verano.

Miyuki, con una sonrisa de desdén en el rostro, aceptó la decisión del entrenador.

Y aunque en la final, contra Inashiro, Miyuki participó más de la mitad del partido, fueron las instrucciones de Okumura quienes cerraron el partido con una ventajosa victoria. El equipo se sentía seguro: aunque Miyuki se graduara, Seidou contaría con un excelente cátcher que no los decepcionaría.

Sawamura, feliz y presuntuoso, rodeó con un brazo el cuello de Okumura y rió feliz. Narumiya, del otro lado del campo, soltó una carcajada y le gritó a Miyuki que habían encontrado un reemplazo suyo demasiado pronto. En la salida, pese a lo esperado, ambos ya estaban charlando sobre los resultados del partido. En realidad, todos lo sabían: lo que fuera que el destino deparara, esos dos volverían a encontrarse.

El resto del verano, la titularidad del receptor se compartió para llegar triunfantes hasta la final de las Nacionales. Los promotores de Seidou estaban encantados con los resultados que los muchachos les daban: equipos profesionales entrevistaban quincenalmente a algunos jugadores. Kuramochi fue el primero en ser firmado, seguido de Miyuki, que se decidió por Los Gigantes de Yomiuri. Nori, sorprendido por la propuesta, se sonrojó cuando tras un juego completo sin carreras y sólo cuatro hits, Los Búfalos de Hyougo le entregaron la petición de unirse a su equipo.

Sin embargo, la sorpresa vino cuando fueron los de segundo los que recibieron tales propuestas. Haruichi, a diferencia de su hermano, se vio con más de tres oportunidades para ingresar a un equipo el siguiente año. Abrumado, rechazó todas las propuestas y se encerró en su bateo y fildeo lejos de las cámaras.

Eijun, al ver la primera petición cerca, gritó a los cuatro vientos que no vería nada hasta no terminar ese verano con un trofeo en las manos. Okumura le aconsejó que no fuera tan ruidoso frente a los buscadores de talentos; Sawamura respondió que sólo quería jugar béisbol, que no le importaba dónde fuera.

─En ese caso, quédate en Tokio. Así estaremos juntos, senpai ─respondió Okumura.

Sawamura se sonrojó, como casi siempre que Okumura lanzaba ese tipo de comentarios. Después, se dio la vuelta y empezó a farfullar en voz baja. El cátcher miró al pitcher alejarse y, más tarde, toparse con un Kuramochi que lo golpeó por haber tirado accidentalmente su bebida.

Lo supo desde el principio: Sawamura no era como ellos… Sawamura era como él…

─Entonces así están las cosas, ¿no, Koushuu? ─cuestionó Seto en una ocasión, después de que Okumura ayudara a Sawamura a estirarse. Caminaban hacia las aguas termales del hotel, sin ninguna compañía.

─¿Respecto a qué? ─respondió sin alterarse. Seto sonrió.

─Podrá ser que ellos no lo entiendan, pero… ¿Es lo que parece? Sawamura-senpai… Él te gusta, ¿cierto? ─inquirió con un tono ligeramente sugerente.

Koushuu se detuvo un momento; el segunda base lo imitó, esperando su respuesta.

"Gustar", qué palabra tan rara. Cuando la escuchaba, recordaba las películas de terror o las leyendas urbanas con las que su hermano solía asustarlo cuando pequeño. Cuando él se refería a que algo le "gustaba", era porque se sentía bien con ello, porque era quizá "entretenido". Así, limitaba esa palabra a algo banal, a algo que incluso podía cambiar si encontraba un defecto en ello. Sus gustos podían cambiar apenas viera una grieta en esa perfección… Y desde que había visto a Sawamura en Seidou, encontró tantas grietas en él que no era posible contarlas.

Su efusividad, el volumen natural de su voz o incluso sus expresiones tan fáciles de leer eran cosas que Okumura sencillamente no admitía en sí mismo. Sawamura era una combinación de todo lo que le agradaba en un jugador de béisbol y todo lo que le exasperaba en una persona normal; si bien poseía habilidades dignas de representar en un cuadro artístico, también mostraba actitudes que sólo se encontraban en niños de diez o menos años.

En realidad, cada vez que pensaba en Sawamura, podía ver el paquete que él era… Y aunque reconocía que existían tantas imperfecciones en él, no podía alejarse de él ni de cada una de sus manías. Al principio, creyó que se trataba de que su mente estaba ocultándolas para enaltecer sus buenos modos de beisbolista; pero más tarde, cuando se descubrió mirando algunos videos con el pitcher, supo que podía tolerar su presencia aun si no era para fines deportivos. Sawamura estaba sentado a su lado, charlando con esa estúpida sonrisa en el rostro y esos estúpidos ojos brillantes, y él no se sentía incómodo ni con deseos de salir de ahí.

Quería estar ahí, quería estar con él. Pero no era porque le "gustara" … Eso era…

─Te equivocas, Taku ─dijo al fin─. No es "gustar de él", sino "querer de él"[1]. Yo quiero todo de él.

Takuma se sorprendió un poco por la honestidad de Okumura. Incluso en esas situaciones, aun cuando se trataba de un camino que nunca había recorrido, él simplemente ponía las cartas en la mesa tales y como eran. Así era Koushuu y así sería como Sawamura lo conocería tarde o temprano.

Durante esas semanas, el equipo de béisbol de Seidou tuvo una gran actividad al ser entrevistado por televisoras y revistas. La fiebre de Seidou se contagió por todo Japón; las actividades escolares se vieron presionadas por los compromisos sociales y los chicos de tercero se vieron obligados a cargar con sus materiales de estudio incluso en las entrevistas.

El tiempo que no lo ocupaban en los juegos, en los entrenamientos o en las entrevistas, lo ocupaban para dormir. Empero, Sawamura no perdió el ánimo ni las fuerzas: al menos tres noches a la semana, visitaba la habitación donde se hospedaban Kazuya y sus habituales compañeros de cuarto, con el pretexto de hacer menos solitarias las noches del capitán. No obstante, Miyuki y Kimura podían ver que al único a quien Sawamura veía en esa habitación era al cátcher de primer año. Okumura también podía notarlo: ya fuera con un tablero de shoogi en los brazos o una revista donde hicieran mención del rubio, Eijun se sentaba en su cama y charlaba por al menos dos horas con él.

De no ser porque Kuramochi irrumpía con una patada a la habitación, alegando que el entrenador lo regañaría si Sawamura no regresaba a su cuarto antes de las once y media, seguro que incluso habría caído dormido en las almohadas de Koushuu apenas llegara la media noche.

Como se esperaba, Seidou pudo vencer a los campeones del torneo, Komadai. Ese año, Seidou cargaba con un equipo muy bueno, por lo que el partido fue una verdadera pelea de titanes.

Nori fue el pitcher cerrador y Okumura su cátcher; ambos fueron entrevistados apenas concluyó el partido. Okumura pudo ver, detrás de todas las cámaras, a Sawamura sonriéndole como si hubieran ganado el torneo mundial… Qué deseos tan fuertes por hacer a un lado a todo aquél que le estorbara en su camino para mirar de cerca aquella sonrisa, aquella luz en sus ojos…

─¿Okumura-kun? ─repitió el reportero que lo entrevistaba. El aludido respondió a la mirada de éste y contestó la pregunta hecha.

A pesar de que parecía que todo había terminado por ese verano, no pudo hablar con Sawamura a solas hasta el camino de regreso a Tokio. Las celebraciones y las burlas no les permitieron siquiera una partida de shoogi sin que alguien los interrumpiera o se llevara a alguno de los dos para una entrevista o llamada.

Por suerte, Seto consiguió que el asiento a un lado de Okumura permaneciera desocupado hasta que Sawamura por fin subió al camión. Y sin perder tiempo alguno, el zurdo se sentó y sonrió al muchacho que miraba por la ventanilla.

─Extraño correr con la llanta, ¿tú no, chico lobo? ─dijo Sawamura con un tono innecesariamente melancólico.

─Sí. Extraño correr contigo ─corrigió el rubio─. Pero el entrenador dijo que llegaremos a una última entrevista y luego dormiremos.

Eijun rió ante el aburrimiento en su voz.

─Deberías sentirte agradecido, has obtenido un gran reconocimiento en tu primer año… Ahora que lo recuerdo, también a Miyuki-senpai le hicieron un artículo cuando estaba en primer año… ─Se rascó la barbilla.

Okumura apretó los puños al tiempo que sentía cómo su cuerpo temblaba de coraje. Ese chico no había llegado a las Nacionales en su primer año, apenas había rozado la final del torneo de verano; no había comparación. Ahora sí lo había superado, tenía que haberlo superado. Okumura no se había valido de la lesión de nadie para resaltar como cátcher. Lo había conseguido, ya había formado una batería con Eijun sin sentirse inferior…

Pero entonces, ¿qué le molestaba en ese comentario?

─¡Ey! ¡Si sigues gruñendo, me iré de aquí! ─advirtió Sawamura, asustado. Okumura volteó a verlo, sin siquiera percatarse de si seguía gruñendo o no. Eijun se mostró sorprendido─ ¡Vaya que eres voluble! ¡Buen chico!

─No soy un lobo ni mucho menos un perro. ─Se quejó─ Y tampoco soy la copia o el remplazo de Miyuki-senpai ─agregó antes de volver la mirada a la ventanilla.

─Oye, lo de "chico lobo" es de cariño. Y nadie piensa que seas el remplazo del capitán… Si me lo preguntas, quizá Harucci sea el próximo capitán; tú eres muy pequeño todavía. ─Le sonrió. Okumura lo miró con cierta molestia─ ¿Qué? ¿Dije algo malo? ¡¿Harucci te cae mal?!... ¿O será por Haruo, su demonio interno?

─¡Sawamura, cállate! ─Le gritó Kuramochi dos asientos atrás.

─Si tuvieras que lanzar una última vez, ¿quién sería tu cátcher ideal, Sawamura-senpai? ─preguntó Koushuu ignorando sus estúpidas deducciones.

Los ojos de Sawamura se iluminaron de inmediato.

─Chris-sensei… ─musitó.

Okumura dejó escapar otro pequeño gruñido antes de recargar la cabeza en la ventanilla, desilusionado.

─¿Eh? ¿Te has enojado, Okumura? ─inquirió Sawamura acercándose a él. El cátcher se tensó al sentir el calor de su piel a unos centímetros de la suya─ ¿Chico lobo?

─Lanza conmigo al regresar, Sawamura-senpai ─pidió Okumura después de girar el cuello para que su nariz rozara con la de Eijun.

Su corazón palpitó con fuerza, su pecho dolía, sus pensamientos se vaciaron, sus manos se aferraron a su pantalón y sus labios permanecieron ligeramente separados.

Los ojos de Sawamura eran tan grandes, tan brillantes, tan transparentes… Su alma, sus sentimientos, su vida estaban en ese par de enormes ojos cafés que no parpadeaban a causa de la sorpresa. Sus pestañas, lisas, oscurecían aún más esas pupilas, como si le dieran un matiz lleno de lujuria, de perversión… de excitación…

Qué deseos de tocarlo, de tenerlo, de acariciarlo… Qué deseos de hacer lo que ni siquiera tenía idea de cómo hacer… Qué deseos de, en primer lugar, besarlo… Besarlo hasta que esa luz en sus ojos dejara de existir, hasta que esa perversidad se extinguiera… De besarlo hasta que ya no quedara más en él…

─¡Agh! ¡Estás muy cerca, Okumura! ─exclamó de repente Sawamura antes de alejar el rostro y volver la espalda al respaldo.

─Tú fuiste el que se acercó ─respondió el muchacho desviando la mirada, con una diminuta sonrisa de victoria. El rubor en las mejillas de su senpai de nuevo había sido provocado por él.

─¡Eso fue porque tú te enojaste injustamente, chico lobo!

─Eijun-kun, cierra la boca: quiero dormir. ─Lo regañó Haruichi a un lado de Kuramochi. Vaya lugar que habían escogido ambos.

Esa tarde en el camión fue la primera vez que se vieron tan cerca, que se sintieron con tanta claridad, que se sintieron tan ansiosos el uno por el otro… La primera experiencia que desencadenaría lo que guio su futuro a un terrible desenlace, a más de una década de esperanzas inculcadas en un pasado que apenas pareció existir en pestañeos e indirectas… Que pareció alimentarse de bromas en el baño y miradas discretas en el comedor; de entrenamientos a solas y de consejos a puerta cerrada; de suaves caricias sobre las manos cuando nadie miraba y de un beso robado en la privacidad de la noche… De una promesa nunca hecha, pero siempre mantenida.

─Regresemos, Taku ─dijo al fin Okumura tras un momento de silencio. Su amigo apenas lo miró de reojo─. Si yo no puedo encontrarlo, entonces él lo hará. Eijun me encontrará.

Seto ladeó la cabeza, preguntándose desde cuándo lo llamaba por su nombre de pila y sin ningún sufijo. Sonrió: eso no tenía importancia; si Koushuu estaba seguro de que tarde o temprano volvería a ver a Sawamura, entonces tendría que creerle.

─Claro. ¿Quieres pasar a comer algo? ─preguntó mientras se ponía de pie. Okumura de inmediato lo imitó.

─No, sólo quiero un vaso de agua.

Takuma asintió.

Caminaron casi en silencio, con algunos comentarios de por medio. Seto no preguntó sobre lo ocurrido en Corea ni sobre sus planes en el futuro. Con una carrera prácticamente arruinada por los rumores y un escándalo en su espalda, sería difícil que algún equipo quisiera contratarlo aunque sus números fueran tan buenos. Incluso, si lo pensaba, Koushuu aún tenía sus maletas cargando, por lo que quizá significaba que no tenía un lugar donde quedarse.

─Eh, Koushuu, seguro que vas a rechazarlo; pero si quieres, puedes ocupar mi casa hasta que… ─Empezó a proponerle mientras se acercaban a su hogar, mas se detuvo al ver cómo Okumura detenía repentinamente sus pasos.

Sus maletas cayeron al suelo, sus ojos se abrieron asombrados, su rostro palideció y sus labios se entreabrieron en una mezcla de sorpresa, dulzura y tranquilidad.

─¡¿No ves nada, idiota?! ¡Es sólo una maldita ventana, por el amor de…! ¡Kazuya, no te muevas, joder! ─exclamó la voz de un pitcher rubio que se sostenía sobre los hombros del antiguo capitán de Seidou.

─¡Estoy cargándolos a los dos, Mei! ¡¿Acaso crees que son un par de niños de seis kilos?! ─respondió el cátcher con los dientes apretados─ ¡Sawamura, deja de moverte así! ¡Ya tocamos el timbre; si no abrió, significa que no está!

─No hay puerta trasera, ya le di la vuelta a la calle ─dijo una tercera voz. Se trataba de una muchacha de cabello rubio que respiraba acompasadamente─ ¡Sawamura-kun! ¡¿Ves algo?!

─Miñi, miñi, miñi, miñi… ─farfulló a gran velocidad el aludido por los tres anteriores.

Okumura sintió que su aliento era robado por ese hombre. Sobre los hombros de Mei, se podía ver a un muchacho de cabello castaño que se esmeraba por ver a través de una de las ventanas de la casa de Seto. Esa espalda, ese cabello y sobre todo ese estúpido plan –que seguramente era de su autoría– lo delataban…

─¡Koushuu! ─gritó Sawamura, desesperado, a la ventana. El aludido tragó saliva.

─¡Ah, imbécil! ¡No seas tan ruidoso! ─gritaron Miyuki y Mei al mismo tiempo.

─Mírame, mírame, mírame ─susurró Okumura sin siquiera poder alzar la voz.

─¡Koushuu! ¡Koushuu! ¡Koushuu! ─exclamó una y otra vez, atreviéndose a colocar las manos en la ventana.

─¡Sawamura! ¡Basta! ─gritó Miyuki desde abajo, esforzándose por no caerse─ ¡Voy a bajarlos!

─¡Koushuu! ─Volvió a gritar Sawamura, apretando los puños.

Sin poder soportarlo más, Koushuu se dejó caer de rodillas al suelo. Su voz… ésa era su voz… Ése era él, ese chico era él… Eijun… Lo había encontrado.

Después de tantos años, después de tantos secretos, él estaba ahí, gritando su nombre a los cuatro vientos, sin importarle el mundo o sus propias inseguridades. Ahí estaba él, ansiándolo, buscándolo, arrastrándose para encontrarlo…

Okumura apretó los puños, apenas permitiendo que un par de lágrimas se deslizaran por su rostro.

─¡Eh, Sawamura-senpai! ¡Mira acá! ─llamó Seto justo en el momento en el que Mei bajaba de los hombros de Miyuki.

Y como si de un interruptor se tratara, los cuatro implicados miraron al sujeto que había atraído su atención. Los ojos de Sawamura, brillantes como siempre, enormes, cálidos, irremplazables, se fijaron de inmediato en el chico arrodillado que no podía siquiera parpadear; en el chico que jadeaba, incrédulo de lo que pasaba, de lo que veía… de a quién veía.

─Koushuu ─musitó Sawamura antes de saltar de los hombros de Narumiya, dándole una pequeña patada en el proceso, para correr hacia él.

Corría, corría como siempre debió hacerlo: sin dudas, sin nada más que el simple deseo de correr hacia él.

Y justo antes de que llegara, Koushuu se levantó y recibió en sus brazos al chico que tanto le hacía sentir…

Por fin, por fin estaba en casa.

*/*/*/*/*

"¿Cómo ser valiente? ¿Cómo puedo amar cuanto temo caer? Pero mirándote solo, todas mis dudas de alguna forma desaparecen. Un paso más cerca… He muerto todos los días esperando por ti. Cariño, no tengas miedo de que te haya amado por mil años; te amaré por otros mil más."

Fragmento en prosa de la canción "A thousand years", de Christina Perri versionada por Matt McAndrew. (Traducción)


[1] En Japón, existe una diferencia entre 好き(suki), que significa "gustar" y 恋 (koi), que significa "amar". Sin embargo, este "amar" se refiere a un amor pasional, un amor que más que dar, pide. Es un amor un tanto egoísta si se le quiere ver de ese modo, a diferencia de 愛 (ai) que es un amor romántico que se centra en dar; este tipo de amor es el que compone al "amor verdadero" de algún modo.

Okumura, en esta oración, se refería al amor koi (恋); es decir, al amor que busca más del otro, al amor pasional.

[°|*|°|*|°]

Nota de la autora:

¡Tadáh!

Ahora sí: ¡qué viva el amooooor! *Baila la macarena*

Pero bueno, antes de eso pasaron muchas cosas. Sí, un par de ellas fueron escenas del manga narradas por mi mano; y es que simplemente no puedo ignorar el shippeo que se generó en mi interior por esos momentos. Como dato curioso, comencé a escribir esta parte cuando acababa de salir la RAW del ochenta y ocho. Dioses... Ya salió el noventa y yo apenas publicando esto. Qué vergüenza, qué sad. Y eso que hubo una semana de descanso. DIOSES.

En fin. Nos vamos a la última y más zukhulenta parte. ¡Gracias por leer!