MÉTODOS

-¿Qué tal la misión?- Sasuke estaba frente a la puerta de la chica y aún le sostenía la mano.

-Ha sido bastante simple- su actitud parecía sospechosa, pero estaba decidida a darle el beneficio de la duda.

-He estado pensando, Sakura, y creo que sería conveniente que dejaras tu entrenamiento médico- la ninja dio un paso para atrás, estaba confundida.

-¿Por qué?- una sonrisa de incredulidad estaba en su cara.

-No creo que sea un entrenamiento muy útil. Además podríamos pasar más tiempo juntos-

-¿No es muy útil?, creo que no entiendo muy bien. Este entrenamiento es para mí y yo lo considero necesario- intentaba mantener la calma.

-Creo que es un desperdicio de tiempo-

-Es mi tiempo el que desperdicio-

-Deberías enfocarte en mejorar tus habilidades-

-Gracias por el consejo, pero creo que seguiré con mis planes- Estaba frustrada con ese hombre.

-Como quieras- Sakura sonrió tan falsamente como pudo y lo dejó ahí.

Subió a su habitación, se acostó contra su almohada y gritó tan fuerte como pudo. Su voz era ahogada y cuando se cansó de gritar mordió la tela y felpa que cubrían aquel cojín, aún así no era suficiente, terminó por destripar la felpa y encontró un alivio momentáneo. Estaba frustrada, más que eso, estaba más cerca de ser un energúmeno que una persona; estaba desesperada, conocía a la perfección la solución a su estado de ánimo, y sin embargo, algo le impedía hablar con Sasuke, esperaba un milagro, por otro lado estaba su sensei, ¿por qué había intentado molestarlo aceptando las atenciones de su compañero y actual pareja, desde cuándo le importaba demostrar algo que con trabajos existía?, ¡patético!

Se sentó en su cama y vio el desastre que acaba de hacer, el relleno de la almohada esparcido por toda la habitación y el peor de los males era que ahora no tenía en qué recostar la cabeza por las noches. Estaba a punto de romper en llanto, pero comenzó a reír y no había sido voluntario, no había nada gracioso en su situación, pero ahí estaba ella riendo a carcajadas como una autentica lunática.

Cuando su crisis hubo pasado y recuperó la cordura decidió salir a resolver su situación. Intentó llenarse de valor para no arrepentirse, la actitud tan interesada en ella se había desvanecido con la sugerencia tan egoísta que había pronunciado, cómo se había atrevido a ser tan mezquino.

Salió a la calle y respiró el aire frio que azotaba las calles, el día estaba de lo más nublado. No le gustaba ese clima, no tardaría en llover y no había mucho que hacer cuando eso pasaba, quedarse en casa esperando a que al cielo se le ocurriera abrirse y al sol aparecer. Aceleró el paso luchando contra el fuerte viento que deseaba llevarla en sentido contrario, no tardó en darse cuenta que hubiera sido mejor llevarse dejar por el insistente viento, parecía haberla querido prevenir de lo que estaba frente a ella.

Sasuke estaba a pocos metros y acariciaba el rostro de Ino, estaba ligeramente inclinado hacia ella, su amiga un poco sonrojada no daba un solo paso hacia atrás. Un sentimiento de traición la hizo retroceder un paso, no era una escena demasiado íntima para armar un escándalo pero no había nada de inocencia ni compañerismo allí.

Levantó el rostro, con la barbilla en alto, pisó fuerte y camino fingiendo toda la seguridad que, unos segundos antes, había perdido. Caminó paso a paso, ignoró el llamado de su amiga que intentó atraerla, apresuró el paso y los dejó atrás. Dejó atrás los dos años juntos, la relación que siempre deseó, los sueños que alguna vez embargó y el futuro que más de una ocasión creyó tener en la mano. Era el fin de todo.

Siguió su camino sin rumbo alguno, pero debía aparentar que conocía la dirección de sus pasos, que no estaba en absoluto perdida como se sentía, porque de haber tenido la opción habría vagado hasta encontrar su corazón y sus ilusiones, no había tiempo para eso.

-¿Todo está bien, Sakura?- Tsunade estaba frente a ella sorprendida de verla irrumpir en el despacho Hokage sin aviso.

-Sí… No…- había sido el primer lugar en el que pensó, pero no sabía que hacer ni decir –Será mejor que me vaya-

-¿Sasuke está bien?- esa pregunta la detuvo antes de salir.

-Él está bien- Le daba la espalda, sonrió pero algunas lágrimas comenzaron a resbalar. Claro que él estaba bien, su compañero no estaría ni cerca de sentirse tan devastado como ella se sentía ahora. Era lo más angustioso, saber que su infelicidad no era motivo de preocupación para Sasuke. Eso pasa siempre con el que se aferra más, y esa había sido ella.

Sintió que una mano llegó a su hombro y lo apretó con afecto.

-Lo lamento Sakura- había una compasión en su voz, que solía ser fuerte, que la conmovió. ¿Realmente despertaba tanta pena?

-También yo- secó el llanto y se giró hacia su maestra –Estaré bien-

-Lo sé- no eran mujeres de muchas palabras y realmente que no las necesitaban. Tsunade sabía de la fortaleza, no sólo física, sino espiritual que su misma alumna aún desconocía, pero estaba segura que esa separación le ayudaría a verlo, no es que se alegrara de la situación tan penosa por la que atravesaba Sakura, pero confiaba que a pesar de todo era y sería lo mejor. –Ve a descansar. Mañana continuaremos con tu entrenamiento, a menos que hayas cambiado de idea…-

-No. Hoy más que nunca quiero seguir mejorando- La Hokage vio un destello de fortaleza que comenzaba a asomarse en medio de tanta aflicción.

Sakura salió de la torre Hokage con más orgullo que fuerza, decidió evitar el camino principal que conducía a su casa, no quería encontrarse con Ino, sobraban explicaciones por ahora, así que atravesó el bosque en busca de paz y soledad. No era su mejor día, ni el mejor de los climas, los relámpagos habían comenzado a iluminar el negro cielo, pero aún así se detuvo en medio del bosque y sentándose sobre el frío césped contempló el paisaje silencioso que tenía frente a ella y meditó.

No estaba molesta con su amiga, quizá se sentía un poco traicionada de que aceptara la presencia, del que en aquellos momentos aún era la pareja sentimental de su amiga, estaba segura de que ella no habría actuado de la misma forma, pero se podía culpar a una mujer que hacía años estaba enamorada del novio de su mejor amiga, su conducta, sin duda, que estaba dominada por ese intenso amor pero no la justificaba. Era difícil encontrarle una explicación que no ofendiera la confianza que Sakura había depositado en Ino.

No podía culparse a sí misma menos, estaba claro que había obtenido lo que merecía. Ojalá hubiera tenido la sensatez de colocar su corazón en un lugar más seguro, pero, es que acaso ¿alguien tiene esa capacidad, habrá algún ser en la tierra que se enamore con inteligencia?, si había alguien que supiera el secreto para lograrlo, Sakura imploraba que lo divulgara a los cuatro vientos.

Se recostó sobre el césped y sintió que una frescura invadió de a poco su cuerpo.

-Pescarás una gripe si te quedas ahí acostada- Kakashi estaba frente a su alumna, la observaba curioso de saber que la había llevado hasta ahí.

-Supongo que tiene razón- su joven alumna se sentó y abrió los ojos ligeramente, él pudo notar lo enrojecidos que estaban.

-Es un buen día, no deberías pasarlo aquí acostada y sola- no era muy bueno cuando se trataba de confortar a alguien, jamás había sido su fuerte.

-¿Un buen día?, pero si está nublado-

-Son los mejores días- contradijo él con una sonrisa.

-No lo creo, no se puede hacer más que quedarse en casa-

-A eso me refiero- la inocente expresión de Sakura ocasionó que una carcajada saliera de la garganta de él. Era tan tentadora su ingenuidad. –Vamos, comenzará a llover en cualquier momento- la joven aún luchaba por entender el comentario de su sensei, así que no tuvo tiempo de negarse a obedecerlo.

Caminaron por el bosque, el cielo seguía de lo más ennegrecido y relámpagos lo iluminaban cada vez más frecuencia, algunos truenos interrumpían el silencio y retumbaban haciendo un eco siniestro. Kakashi veía como la kunoichi se estremecía ante el rugido del cielo, se abrazaba así misma y frotaba sus brazos.

-¿Le temes a los truenos, Sakura?-

-No son mi elemento favorito- la joven saltaba ante cada relámpago y trueno. Era gracioso que comentara eso cuando era el elemento natural que él manejaba.

-Podría hacerte cambiar de opinión- Sakura lo observó de nuevo confundida.

-Creo que está jugando conmigo, sensei- sentenció sacudiendo la cabeza.

-¿Quieres probar?- la duda no abandonaba el rostro e la joven, así que ignorando la falta de respuesta de su alumna procedió a realizar unos sellos y después surgió de sus manos un luminoso rayo que atrajo la total atención de Sakura, sus ojos brillaban de asombro y una sonrisa de lo más curiosa estaba en su tierno rostro. Kakashi se sentía orgulloso, jamás había utilizado sus habilidades para impresionar a una chica, y no pensó necesitarlo, pero era claro que Sakura, su joven alumna, era una excepción.

Estuvieron quietos, la ninja observaba llena de asombro ese pequeño y luminoso rayo y Kakashi estaba complacido de despertar tanta fascinación en ella. Ambos estaban tan concentrados en sus propias ideas que ignoraron las primeras gotas de lluvia que se filtraban a través de los árboles.

-Es asombroso- Sakura seguía perdida en la luminosidad de aquel jutsu, lo veía como si fuese magia por lo que su rostro se veía tan inocente como jamás lo había visto. Inconscientemente esa escena se quedó en su memoria, quizás porque era la primera vez que despertaba en una mujer ese tipo de sensaciones, tan inofensivas.

-Ha comenzado a llover- le susurró acercándose suavemente a ella, no quería romper el encanto pero deseaba menos que su alumna cogiera un refriado, ¿de dónde venía ese repentina preocupación tan poco común en él?

-Ojalá yo pudiera hacer algo así- suspiró y se alejó. El ninja terminó su jutsu y ante la mirada desilusionada de Sakura, el pequeño y luminoso rayo desapareció. Esa técnica había sido su única fuente de luz por lo que la obscuridad no tardó en rodearlos.

-Pensé que no te gustaba este elemento- le dijo orgulloso de haber cambiado su opinión. La lluvia continuaba cayendo insistentemente, pero no era más que una leve llovizna, molestaba más de lo que mojaba.

-Pero ese fue un truco interesante- la voz de su alumna aunque suave parecía desanimada. Kakashi creyó saber lo que ocurría.

-No es tan importante ¿Sabes?, eso de dominar un elemento- cuidaba el tono de su voz, trataba de reconfortarla pero sabía que quizás la ninja podría ofenderse. Era un tema delicado.

-¡Claro que lo es! Es una gran habilidad que demuestra cuan fuerte eres- ella sonreía amargamente, casi reía. No le gustaba verla de eso modo, tan empequeñecida ante sus propias habilidades.

-Creo recordar que Tsunade-sama no domina ningún elemento-

-Pero es que ella es especial, es una sennin…-

-Tú también eres especial- en seguida se arrepintió de haberlo dicho, no porque no lo creyese, estaba seguro de sus palabras, sino porque había sido una frase muy íntima.

-Me alegra saber que piensa así, sensei- ella le regalaba una sonrisa franca, sincera. Fue todo lo que bastó para quedar en paz consigo mismo, para estar seguro de que podía repetírselo en cualquier momento y cuando ella lo necesitara escuchar. Él ninja le devolvió la sonrisa y se acercó a ella un poco más, sus brazos se tocaron pero ninguno se alejó, estaban cómodos con su cercanía.

Así era hasta que la lluvia azotó con fuerza, parecía increíble la tempestad que caía sobre ellos, sobre todo por la rapidez con la que el clima había cambiado; claro que se esperaba lluvia pero la manera tan repentina de empaparlos hasta los huesos era desconcertante. Como un golpe de mala suerte.

-¡Sígueme!- le gritó Kakashi por encima de la tormenta, como suele suceder, el sonido de la lluvia parece opacar a cualquier otro. Para estar seguro de que lo siguiese la tomó del brazo y la guió a través del bosque. Los árboles no ofrecían refugio alguno, nada pudo ni podría evitar la empapada en la que estaban, su ropa comenzó a pesar más, el agua se acumulaba en la tela y parecía ralentizarlo. Giró para asegurarse de que su alumna se encontraba bien, ella lo seguía con la cabeza gacha, como para cubrirse de las gotas que se estrellaban contra su rostro, no eran suaves gotas de lluvia, por el contrario el agua se sentía como pequeñas piedras de lo más molestas.

Aún con todos los agobios por los que atravesaban, Kakashi no se arrepentía de haberse detenido para charlar con su alumna. La había visto a lo lejos, allí en medio del bosque recostada, pudo haber pasado de largo, ni siquiera hubiera notado su presencia; pero sus pies lo guiaron incluso antes de que sus pensamientos terminaran. Estaba frente a ella y hubiera dado lo que fuera por saber lo que por su mente pasaba, pero cuando vio sus ojos enrojecidos le dio una ligera idea y se llenó de frustración. Estaba cansado de verla en esa situación, pero también la compadecía y en lugar de estallar de cólera le habló con tanta paciencia como su joven e ingenua alumna lo merecía.

Ahora la guiaba en medio de la tormenta hasta el primer refugio que encontraran, y ya tenía uno en mente.

-Será mejor que entremos- abrió la puerta y esperó que ella entrara.

-Pero es su casa, sensei- Sakura tenía los ojos abiertos llenos de sorpresa, como si estuviese en la entrada del infierno. Su pelo caía en sobre sus hombros y por las puntas caían gotas de lluvia, estaba empapada hasta los huesos, ambos lo estaban. –Yo no puedo entrar a su casa- repitió convencida.

-Sakura, tu casa queda demasiado lejos, la única forma de llegar será nadando- la ninja observó la cascada que caía sobre ellos y mordió su labio; en ese momento supo que había ganado. –Por lo menos hasta que aminore- no tenía nada en mente, sus intenciones eran las mejores así que no entendía su negativa.

-Supongo que tiene razón- a pesar del frío del clima, Kakashi notó un ligero sonrojo en sus suaves mejillas, o así la veía. Entraron en pleno silencio y cuando la puerta se cerró la reserva de ambos no hizo más que aumentar. La falta de palabras era tan abundante como la oscuridad.

-Te traeré una toalla- dio un paso pero chocó con su alumna, estaba fría y mojada pero su olor seguía siendo tan dulce como siempre. –Lo lamento- no se alejó, la tomó con suavidad del brazo y suspiró pesadamente. No había pensado claramente al invitarla a pasar, su mente se había mantenido alejada de su alumna y cualquier sensación que despertaba pero ahora a solas, en oscuridad absoluta y con el clima que imploraba calor, todo se complicaba.

-Tengo frío- ella no se apartó, no rechazaba el contacto entre ellos y eso era lo más peligroso. Su tono era tan inocente que lo tentaba y lo hacía olvidar el frío por el que pasaba.

-Eso se puede arreglar- sabía que trataba de seducirla, su tono de voz era más ronco y su respiración se aceleró. Esperó su respuesta, quizá ella saldría corriendo, quizás era el único que luchaba por controlarse.

-¿Qué se puede hacer en un día lluvioso?- la voz de Sakura era tan suave que le provocó un escalofrío, esa pregunta aceleró el ritmo en su pecho y tragó con fuerza. Era placentero que recordara esa pregunta.

-¿Quieres averiguarlo?- le susurró en el oído, sintió el cuerpo de la joven estremecerse en sus manos. En ese momento sólo se concentraba en ella, sus manos sólo podían sentirla, su respiración inhalaba su aroma, escuchaba la respiración y no recordó la turbulenta relación que Sakura mantenía con su compañero, no pensó en lo impropio que podría resultar todo, en lo complicado que se podría volver todo. Cuando la tenía tan cerca su mente le pertenecía, su imaginación volaba y todo el cuerpo se encendía. Pero tenía que tener su consentimiento absoluto así que volvió a preguntar -¿Quieres averiguarlo, Sakura?- la ninja no contestó pero movió la cabeza afirmativamente. –Necesito que respondas-

-Sí- respondió con voz temblorosa y no muy convencida. Eso tenía solución.

Con las yemas de los dedos recorrió su rostro, lo acarició y escuchó un como la joven respiraba lentamente. Su piel era suave, como lo había imaginado, estaba fría, húmeda por la lluvia. Se acercó de nuevo a ella, tanto como pudo, como su cuerpo se lo permitió; hundió su nariz en su cuello y aspiró su aroma.

-¿Estás segura?- le susurró contra su cuello, su labios rozando la piel.

-Sí- respondió inmediatamente, una sonrisa maliciosa apareció bajo la máscara; la bajó con rapidez y besó el fino cuello de su alumna. Recorrió cada centímetro con la lengua, presionaba contra el pulso de la joven, succionó ligeramente cuidando no dejar marca. Sus manos estaban en su nuca intentando acercarla más a él, quería absorber cada gota de ella. Estaba tan embelesado en saborear su piel que no reparó en los suaves gemidos que Sakura emitía. Cuando escuchó esos sonidos todo su autocontrol se fue al diablo.

-Será mejor que te quitemos esa ropa, está empapada y podrías resfriarte- tan concentrado estaba en ella que olvidó que él también estaba empapado. Enganchó los pulgares en la falda de la joven y la bajó, estaba fría pero su piel seguía tersa. Sintió el borde de las bragas, también mojadas, la tomó por las caderas y la pegó a él. La joven dio un respingo al sentirlo.

-Sensei…- Antes de que siguiera hablando el ninja la besó con fuerza, con derecho, exploró su boca. Saboreó su lengua con la de la kunoichi, quien intentaba seguirle el ritmo. Besaba como un ángel, era dulce y excitante. La desesperación de ambos subió, el beso era más fuerte. Kakashi no deseaba otra cosa que fundirse en ella.

Levantó su blusa hasta sacarla por completo, su piel seguía fría, sus sostén mojado y temblaba ligeramente por el clima.

-Tienes frío…- la abrazó para calmarla pero estaba vestido aún por lo que seguía empapado.

-Un poco- su voz era tímida, parecía cohibida de estar semidesnuda frente a él, aunque por la oscuridad absoluta no era capaz de verla, lo cual era una verdadera lástima pues estaba seguro de que debía verse absolutamente hermosa.

-Arreglaremos eso- la cargó entre sus brazos ante un pequeño grito de sorpresa de su alumna. Sabía que su ropa seguía mojada pero era lo menos importante. Subió con ella en brazos por las escaleras, estaban en silencio y Kakashi no quería un ambiente tan tenso entre ambos, quería que se relajara y disfrutara de la situación.

-Parece que seguirá lloviendo- una sonrisa franca salió de la garganta del ninja. No había pensado que el clima fuera un valioso tema de conversación, pero allí estaba con su alumna semidesnuda entre sus brazos, con ropa empapada, con la sangre hirviendo y hablando del clima.

-Eso parece Sakura. Creo que tendrás que esperar un poco para ver salir el sol de nuevo-

-Creo que puedo esperar- una débil luz se filtraba, la suficiente para ver el cuerpo luminoso de su alumna. Apresuró el paso hacia la habitación.

Cuando entraron dejó con mucho cuidado a la ninja de pie junto a la cama, prendió la pequeña lámpara que descansaba en un mueble. La luz lo iluminó todo en menos de un instante, frente a él estaba su alumna, en bragas y sostén, con el pelo aún mojado, con la piel fría y un poco erizada, la vista baja y las manos entrelazadas con cierta timidez. Se veía jodidamente hermosa y sensual, esa era su naturaleza. Pero seguía demasiado tímida.

Se acercó a ella y levantó su rostro, iba a darle la oportunidad de parar, por más necesitado que estuviera de ella no sería tan egoísta; la vio directo a los ojos y se sorprendió de ver la mirada pasional que ella le dirigía, sus ojos brillaban de pasión y eso despertó cada sentido de su cuerpo; ahí estaba esa sensualidad que él quería ver.

La besó en la frente con la máscara abajo, Sakura parecía querer capturar cada detalle de su rostro y se lo permitió. Ante la mirada atenta de la joven comenzó a desvestirse, las prendas seguían pesadas por la lluvia por lo que se sintió aliviado de quitarlas. Su alumna lo veía expectante, ocasionalmente bajaba la vista avergonzada pero segundos después lo veía de nuevo, mordía su labio pero mantenía su boca ligeramente abierta, un rubor estaba instalando en sus mejillas. Cuando terminó quedó en ropa interior, solo en bóxers que no tardarían en estorbarle pues un gran bulto se mostraba erguido y firme.

Sakura sentía su cuerpo arder, frente a ella estaba su semidesnudo sensei, sus brazos bien trabajados, su pecho que parecía duro como piedra y su abdomen bien marcado. Intentaba que su mirada no siguiera más abajo pues no sería capaz de controlar el evidente sonrojo que ya la cubría. Su corazón parecía querer salirse de su sitio, sentía el pecho duro y el vientre hecho una maraña de sensaciones. Lo vio acercarse hacia ella y se encontró ansiosa de tocarlo, sus labios se unieron; se encontraron ansiosos y desesperados del otro. Sakura disfrutaba de los labios de su sensei, eran firmes y parecían encajar perfectamente con los suyos. Su lengua se enredaba con la suya, la acariciaba y recorría con tanto derecho que la intimidó ligeramente. Sus manos bajaron por todo su cuerpo que parecía derretirse entre las manos de su sensei, eran fuertes y seguras; la exploraba y acariciaba, una cálida sensación de su vientre se deslizó entre sus piernas. Trataba de no avergonzarse de lo que sentía, pero era su sensei quien la tenía entre sus brazos, quien la había desnudado y que ahora la besaba con tanta pasión que sus piernas temblaban. Pero seguía siendo un hombre que le sacaba más de una década, alguien que la había visto crecer y la instruyó en sus años de formación, era difícil de creer la situación en la que estaba.

Kakashi quería más, la tomó de la cintura y la guió hasta la cama, se sentó en el borde con ella encima, sus suaves piernas alrededor de su cadera. Ese contacto tan íntimo lo encendió, dibujó una línea de besos hasta el cuello de su alumna, la escuchaba gemir suavemente y continuó con su trabajo. Sus manos recorrieron su espalda, rozó la línea de sus bragas y las estiró ligeramente, siguió su camino hacia abajo hasta sus piernas; la apretó más contra él.

Se sentía embriagado de la joven, de cómo su suaves manos presionaban sus brazos como expresión de cuanto disfrutaba de sus caricias, estaba excitado y disfrutaba de las sensaciones tan placenteras que lo recorrían. Cuando los labios de la joven mordieron ligeramente su hombro un ronco gemido salió de su garganta, lo besaba y acariciaba con la lengua y Kakashi apenas podía creer que estuviera experimentando sensaciones así, que una joven tan inocente despertara algo tan primitivo en él.

Sus manos se concentraron en el sostén de la chica, batalló un momento pero lo desabrochó, gimió de nuevo cuando sintió la espalda desnuda y a su merced. La giró para quedar sobre ella, la luz mostraba su pecho desnudo, el rostro sonrojado de su alumna, su mirada pasional, sus labios hinchados y su respiración agitada.

-Te ves hermosa- le susurró lambiendo los labios, preparándose para deleitarse con la piel tan exquisita de la joven. Besó de nuevo su labios, se presionó contra sus caderas, sintió su cuerpo vibrar y corresponder al balanceo de sus caricias. Era un roce de lo más placentero. Bajó sus labios hasta el pecho de su alumna, lo besó, lo mordió ligeramente y lo acarició para placer de ambos. Sacaba ahogados gemidos de la joven que lo tomó por el cabello y presionaba más contra ella. Succionó su pecho hasta dejar una pequeña marca. Era increíblemente bella y sensual. Siguió bajando hasta su vientre, cada centímetro de ella era perfecto, era placentero, tanto que, como había predicho, el bóxer comenzaba a estorbar. Terminó de bajar y sacó las bragas de la chica, la admiró unos segundos completamente fascinado de lo que veía, totalmente desnuda, su pecho firme que subía y bajaba rápidamente, sus manos aferradas a las sábanas de la cama, era un deleite para la vista y para cada sentido. Tragó duro, ella era definitivamente sensual. Levantó el vientre de la chica y lo besó a la altura de ombligo, siguió la línea natural de su cuerpo, llegó a la entrepierna de la chica dejando un rastro de besos, no se detuvo ni un segundo; saboreó totalmente y con derecho a suave y húmeda intimidad de su alumna, quien gemía sin restricciones, oía su fuerte respiración y veía como se aferraba a las sábanas, movía la cadera en suaves vaivenes. Era un placer para ambos, porque ella era exquisita, por lo que lo veía, escuchaba y saboreaba era celestial. La sintió temblar ante sus caricias y llegar al orgasmo; eso era sólo el comienzo. Volvió a subir, depositó, por cada centímetro, un beso; estaba deleitándose con esa mujer. Estaba seguro de jamás haber tenido tanta embriaguez por una amante.

Separó las piernas de la preciosa joven, se colocó sobre ella y besó sus cálidos labios, el frío había quedado atrás, muy atrás; sus labios fueron bien recibidos sus lenguas se tocaron y acariciaron con pasión. Recorrió el cuerpo que tenía entre sus brazos, con su pesar tuvo que alejarse para sacar el estorboso bóxer. Su miembro se mostraba firme y duro. Sakura lo atrajo hacia ella, se mostraba decidida y ansiosa, tal como él se sentía. Se tomó unos segundos para verla a los ojos, involuntariamente se llenó de ella, de su inocente rostro, de sus ojos jades que brillaban luminosos, de su cabello revuelto que caía sobre su cara y lo retiró.

Con cuidado comenzó a entrar en ella, estaba húmeda y lista para recibirlo. Era un roce excitante, era tan placentero que involuntariamente gimió roncamente, era un sonido que casi no reconoció, era primitivo y complaciente. Las manos de Sakura se enterraron en su espalda invitándolo a presionar más y así lo hizo. Comenzó a moverse con más ritmo, el balanceo suave de las caderas presionándose, la fuerza que se ejercía, los sonidos y gemidos, el golpeteo de sus cuerpos.

El ninja aumentó el rito y la fuerza, la besó y mordió ligeramente. Su cuerpo era pequeño en comparación con la de él y permitía una unión mucho más íntima. Kakashi luchaba por controlarse, quería mantener un ritmo que les permitiese disfrutarlo más, no quería terminar tan pronto y estaba segura que Sakura tampoco; aminoró la velocidad, sintió y saboreó cada balanceo, las piernas enredadas en su cadera, alargó tanto como logró ese ritmo suave y complaciente.

-Sensei, por favor- ese tono necesitado, contra su oído fue como miel entrando en su sistema, era terciopelo que se deslizaba en su entrepierna. Sabía o que suplicaba porque él también lo deseaba.

-¿Qué quieres princesa?- de dónde había salido ese cariñoso sobrenombre. Se mordió la lengua para no repetirlo.

-A ti- respondió segura y con el mismo tono seductor.

-Pero si ya me tienes- admitió dejando el control a un lado. Añadió velocidad de nuevo, la misma fuerza, el ritmo y las embestidas.

Una fina capa de sudor los cubrió, el cuelo de su amante desprendía un aroma delicioso, su rostro estaba sonrojado y pequeñas gotas de sudor aparecieron en su frente, el cabello rosa le cubría la cara y lo retiró con cuidado, debía verla en todo su esplendor.

Fue así, con movimientos cadenciosos y constantes, con besos lentos, alientos encontrados, aromas mezclados y caricias fuertes que llegaron al éxtasis. Ambos sintieron como se llenaban del otro y disfrutaron hasta el último segundo.

Kakashi se acomodó al lado de ella, intentado recuperar el oxigeno que había perdido, su pecho subía y baja irregularmente; mantenía los ojos cerrados, se inundaba con as imágenes de lo que acababa de suceder intentando grabarlas en su memoria.

-¿Estas bien?- se giró para verla, ella le devolvió la mirada segura y luminosa.

-Lo estoy- y besó su mentón pero se sentó sobre el colchón.

-¿Te vas?- de pronto se sintió aterrado de quedarse solo, sin su suave y delicada presencia, sin su fragancia o su graciosa voz.

-¿Aún llueve?- le preguntó como si fuera la pauta para poder quedarse. El ninja se levantó desnudo y se asomó por la ventana. El cielo estaba despejado, las estrellas brillaban como si jamás hubiese llovido. Un pinchazo de desencanto lo invadió, ella se iría cuando lo supiera.

-¿Llueve?- repitió la pregunta una joven a su espalda. Kakashi tomó una cobija y se giró para responder.

-Sí- mintió. Su alumna se encogió de hombros y se dejó envolver en la cobija y en los brazos de su sensei, se recostaron juntos y se acobijaron del frío, completamente cómodos el uno con el otro, con la cercanía y con la intimidad que entre ellos había surgido. Sakura se acurrucó contra su pecho desnudo y compartió su calor- Aún llueve princesa- le repitió.