Capítulo 2:


19 de febrero de 2009. Renville, Dakota del Norte.

Edward POV.

Las despedidas de mis dos amigos habían sido casi trágicas. La rubia esposa de Emmet era una pilota de avión, la cual debía presentarse en 2 días en Wisconsin para un entrenamiento de ataque aéreo. Se abrazaron tan fuerte que creí que llorarían, pero no fue así, se despidieron como un par de soldados, fríos, con un apretón de mano y despidiéndose cordialmente como los militares lo hacemos, con una mano sobre nuestras frentes.

Por otro lado, Jasper acunó el rostro de su pequeña esposa entre sus manos y le besó el rostro con una ternura que casi me hace llorar a mí (nótese el sarcasmo). Ella le sonrió y le susurró unas palabras que él respondió con una sonrisa para finalmente despedirse.

Yo venía solo.

El día anterior pasé a casa de mi madre para despedirme de ella y nada más.

Yo no tenía tiempo de cursilerías baratas, de tener una novia o esposa y sentar cabeza. No, claro que no, por eso era militar. A mis 27 años era un hombre solitario, tal cual siempre dijo mi padre: Nacimos solos, y solos morimos.

Abordamos el avión CASA C212 que nos llevaría a nuestra meta que era Forks, una pequeña ciudad escondida entre los bosques que nos ayudaría en el entrenamiento de los mocosos.

Con los chicos habíamos quedado en que Emmet entrenaría a los chicos de 14 y 15 años, ya que era el que más experiencia tenía con mocosos porque tenía un hijo de 7 años. Jasper se ocuparía de los chicos de 16 y 17, los más rebeldes, ya que mi querido amigo tenía un genial don para controlar hasta al más desalmado. Finalmente yo me ocuparía de los jóvenes de 18 y 19, los más adultos y los que creen tener una opinión y una postura firme, las cuales hecharé abajo sin ningún remordimiento.

Lo bueno era que ya teníamos todo planeado. Primero nos dividiríamos, y luego de algunos días, comenzaríamos a atacarnos entre nosotros, simulando ataques enemigos, solamente a defensa personal. En estos "simulacros" habíamos acordado también participar nosotros, de esa forma, los chicos lo tomarían más real, y no se amedrentarían de defenderse de alguien más grande.

Mañana, a primera hora, comenzaba el entrenamiento, asi que de momento, era mejor descansar. Me acomodé en la silla-cama y cerré mis ojos ante la atenta mirada de mis compañeros, que al parecer, hicieron lo mismo.


20 de febrero 2009, 04:35 AM. Forks, Washington.

BPOV

El traje de Seth había llegado ayer por la tarde. El maldito típico uniforme de camuflaje verde y un casco pintado de la misma forma, unas botas negras altas y una mochila grande de excursión. Junto a todo esto, venía una nota donde pedían cosas para la supervivencia, como una navaja suiza, un abrelatas, fósforos, latas de comida, una tienda de campaña, entre otras cosas.

Mi madre lloraba desconsolada mientras mi hermano dormía aún. Sabía que era su responsabilidad, y aunque no quería ir, dijo que lo haría.

Fui al baño y me miré directamente al espejo pensando en la estupidez del maldito general Cullen. ¿Cómo demonios pensaba que niños de 14 años debían ir a la guerra? ¿Acaso el muy desgraciado no tenía hijos? Esto era demasiado, desde el momento en que un niño toma un arma, deja de ser un niño, destruyendo sus sueños, su infancia, su futuro, para convertirse en un asesino.

Tenía rabia, muchísima. Mi hermano no tenía que ir a la guerra, no tenía que pasar por eso. En cambio yo, sí podía hacerlo, sí podía tomar un arma, si podía manchar mis manos, dejar mi futuro. Yo sabía defensa personal, había practicado durante muchos años deportes y artes marciales para darle en el gusto a mi padre y así darle la tranquilidad de que defendería a mi familia, y eso era exactamente lo que haría por mi hermano.

Registré el primer cajón del baño y encontré lo que quería: una vieja tijera oxidada.

Con lágrimas en los ojos, miré por última vez el cabello que caía por mi espalda hasta mis caderas, y lo corté… sobre mis hombros, corté un mechon por aquí, otro por allá, y no me importó. Si era necesario pelarme, lo haría, por Seth, lo haría todo.

-¿hija? ¿isabe….?¡ Cariño, que te has hecho! –oí la voz de mi madre adentrarse al cuarto del baño mientras yo dejaba caer la tijera a mis pies. El lavabo estaba lleno de pelo, cortos largos, ahí estaba mi cabello, el cual cuidé durante tantos años.

-Nada, mamá… -respondí en un hijo de voz.

-Hija, ¿por qué has hecho esto? ¿Es por lo Seth? Mi amor… No debiste desquitarte con tu cabello, la culpa la tiene los malditos de los militares, no tú. –ví de reojo como tomó la tijera del piso y suspiró entre sollozos.

-No mamá, hice esto porque Seth no irá a la guerra. –levanté el rostro y me miré al fin al espejo. Había quedado horrible, unos cabellos mas largos, otros mas cortos, carajo…

-¿A que te refieres, hija? –ella no entendía, estaba confundida por mis palabras. Di la vuelta y la encaré.

-Yo iré a la guerra, mamá, no Seth. Yo tomaré su lugar en unas horas más. –y oí como la tijera volvía a caer al suelo.


20 de febrero 2009. 05:49 AM. Afueras de Forks, Washington.

EPOV

Estabamos en la tienda de campaña las que habíamos levantado con Emmet y Jasper.

Escuchamos como los chicos comenzaban a llegar, mas aun no nos asomamos para recibirlos.

-Hey, Jasper, ¿estás preparado para enfrentarte a todos esos mocosos que no quieren estar aquí? –preguntó divertido Emmet.

-Claro que sí, Emmet. Esos chicos serán patriotas, lucharán por su pais y por nosotros. –respondió siempre seguro mi amigo.

-¿Y tú, Edward? –me miró con una mirada pícara.

-Listo para echar abajo todos sus malditos sueños de niños. Los transformaré en hombres, a todos. –respondí con dureza. Sí, sabía que estaba mal, pero de esa forma a nosotros nos trataron cuando entramos a la milicia, rompieron nuestros sueños, nos inculcaron ideas no propias de nosotros, las cuales terminamos por entender y hoy defendíamos con nuestras vidas. Esto era lo correcto. No que esos mocosos fueran por la vida emborrachándose, conduciendo ebrios y teniendo sexo. Debían madurar, ser hombres, hombres de bien.

-Hey, Masen, te estoy hablando –salí de mi ensoñación cuando escuché la voz de Jasper, quien estaba de pie cerrando su chaqueta de camuflaje. –Quedan tres minutos para salir, alístate.

-A su orden, Subalterno. –respondí con sarcasmo, recordándole su posición.

Tomé mi chaqueta y me la ajusté al cuerpo. Apreté lo mejor que pude mis botas beige y arreglé las correas que sostendrían mis armas: una en cada pierna, un cuchillo en la parte trasera de mi cinturón, mi navaja suiza en la bota, un pequeño alambre en la otra. Finalmente, entre nosotros terminamos por acomodar las correas en nuestras espaldas y pechos las cuales sostendrían el fusil de asalto y bajo este, las largas tiras de balas. A diferencia mía, ellos llevaban sus fusiles a mano al estar una "autoridad" con ellos.

Miré el reloj que apuntaba las 5:59 AM, para cambiar inmediatamente a las 6:00 AM.

Me posicioné en la entrada de la campaña, y ambos suboficiales a mis costados. Sin esperan un segundo más, salimos de la tienda de campaña marcando el paso hasta detenernos en la gran muchedumbre de chicos y grandes que estaba frente a nosotros.

Todos voltearon a mirarnos y la gran mayoría agacharon sus cabezas. Sí, eso era lo mejor de ser un Oficial Superior de los Estados Unidos…


BPOV

Llegué a las 5:59 AM al lugar indicado. Mamá me había traido, me pidió prudencia, y que por favor, me cuidara.

Ella misma arregló mi cabello en lo que se podía, no quedó tan corto, incluso parecía tener estilo, aunque eso ahora no importaba.

Aunque mi madre se opuso, con algunas vendas para lesiones, apreté mis pechos, los cuales tampoco eran grandes, pero necesitaba ocultarlos. Además, había hecho un estilo "doble fondo" en la gran mochila, donde metí… bueno, metí un montón de tampones en sus respectivos envases.

Llevaba todo lo que habían pedido, una tienda de campaña individual, un saco de dormir, latas, y ese monton de cosas. Sin contarles que dentro de esa maldita lista, venía escrito sagradamente como debíamos venir el día de la presentación: pantalón dentro de las botas, las cuales por cierto eran dos tallas más grande que mi pie, teniendo que ponerme 4 calcetines en cada pie, el casco bien puesto y sujeto,. En el cinturón debía venir la daga, y dentro de los bolsillos delanteros guardar la navaja suiza, fósforos, algunos cordones y alambres… ¿para qué carajo necesitaría cordones y alambres?

Mis pensamientos se vieron interrumpidos, aparte por el peso casi insoportable de la mochila que era casi tan grande y pesada como yo, por la aparición de tres sujetos en frente de la tienda de campaña más grande.

Dos sujetos vestidos con trajes militares de camuflaje verde musgo, con sus respectivos rifles o fusiles o como se llamen. Uno era rubio y el otro tenía el cabello negro azabache. Ambos eran altos y corpulentos, en especial este último. El otro sujeto, supuse sería su superior, pues venía con las manos atrás y la cabeza en alto, mirándonos a todos como si fueramos escoria. Era alto, corpulento pero no tanto como el grandote de su derecha, su cabello era de color cobre y estaba completamente despeinado, lo podía incluso ver a través de la boina que llevaba puesta.

El rubio bajó el arma y dio un paso en frente, junto a su superior, metió dos dedos a su boca y silvó fuertemente callando los suaves murmullos que se escuchaban.

-Todos al frente, ¡Ya! –gritó de pronto y todos los chicos se pusieron hombro a hombro, con la cabeza en alto.

Al quedar metida entre la multitud, terminé pro quedar fuera de la línea, y para mi pésima suerte, delante de ella. Todos me miraban con espanto, y creo que mi cara no era la mejor.

Tragué en seco y volteé a mirar a mi superior.

-He dicho al frente –me miró directamente a los ojos y juro que ví mi vida pasar por delante de mis ojos.

Tardé en espabilar, y tomé mi lugar en medio de dos tipos más altos que yo, agachando mi cabeza.

-Nuestro Superior Masen se dirigirá a ustedes. –sentenció el rubio y dio un paso atrás. Claro, ahora faltaban que aparecieran trompetistas y anunciaran su discurso.

El cobrizo comenzó a moverse paralelo a la fila que habíamos formado, mirándonos a todos y cada uno.

-Frente en alto. –dijo con una voz extremadamente ronca y… perturbadora. Escuché el sonido de los cascos y todos miramos el frente, mirando cada uno de sus movimientos.

Este tipo daba miedo, pero aún así era guapo… Demonios, ¿Qué estas diciendo, Bella? Ahora eres un hombre, al menos compórtate como uno y no te vuelvas gay tan rápido.

-Señor Swan –escuché su voz y mis piernas temblaron. Estaba frente a mi, con sus manos atrás mirándome seriamente. Carraspeé lo más suave que pude para poder enronquecer mi voz sin ser descubierta.

-¿S-sí? –muy bien, si mantenía la boca cerrada, probablemente no habrían problemas.

-¿Por qué está aquí? –maldito desgraciado…

-Para defender nuestra ideología política, mi superior. –respondí desafiándolo con la mirada.

-Oficial, Swan. –me corrigió, me dio la espalda y casi suspiro aliviada. De pronto volteó rápidamente y en un solo movimiento me tomó el brazo y me hizo una maldita llave, quedando de pecho al piso y con el sobre mi espalda. Solté un jadeo de dolor y quise llorar. Pero no lo hice, porque probablemente esto no lo hubiese soportado mi hermano.-

-Esto… -susurró en mi oído e hizo que me estremeciera- Es lo que todos ustedes, malditos bastardos, es lo que tienen que aprender. –se alejó de mi casi con asco y mientras yo me levantaba escuchaba sus palabras-

-Esto no es un jodido campamento de verano, todos ustedes, mocosos, vienen aquí a defender su país, porque si no lo hacen, vendrá ese maldito cabrón al cual ustedes conocen y veneran como Aro Vulturi, y los matará, a todos ustedes y luego a sus familias –carajo, este hombre está haciendo que este apunto de orinarme…- Ese desgraciado planea un golpe de estado una vez los mate a todos ustedes, ¿y saben por qué sólo a ustedes y a nosotros no? ¡Porque ustedes en estos momentos no valen nada! ¡Son maldita escoria! ¡Cuando aprendan a ser hombres de verdad, vulturi vendrá por ustedes y los torturará hasta que supliquen! ¡Siquiera suplicando lograrán sobrevivir! –a estas alturas ya me había levantado y miré nuevamente al hombre que ahora nos gritaba.

-¡Son todos ustedes unos malditos mamones! –volvió a gritar, esta vez refiriéndose a un grupo de niños de 14 años. –¡Y ustedes, mocosos, aquí van a aprender lo que es ser un hombre, aquí no está su bendita madre para tenderles la cama ni tenerles la comida caliente! ¡Aquí si es necesario matar, lo harán, porque para eso estamos aquí, para pelear! –cerré los ojos y escuché como uno de los pequeños sollozaba.

-¡Y te callas, estúpido marica! ¡No vienes aquí a orinar los malditos pantalones que tu madre te cosió! –le gritó directamente al pequeño. Sentí que la rabia me carcomía y quise gritarle… Cuando abrí la boca para dejar en su lugar al maldito cabrón, la voz del grandulón de pelo negro nos interrumpió-

-Permiso para hablar, Superior –dijo mientras juntaba sus pies y miraba hacia el frente.

-Concedido, subalterno McCarthy –respondió mientras se alejaba del chico y se ponía de nuevo frente a todos nosotros.

-Son las 615, le recuerdo que a las 620 se dividirán los grupos, y a las 630 nos marcharemos.

-Entendido, McCarthy. –luego se dirigió nuevamente a nosotros. –De esa forma todos ustedes, pedazos de mierda, deben dirigirse, no solo a mi, sino a todos sus superiores. –bufó por lo bajo- Dividiremos esto por grupos etareos.

Me sorprendí al escuchar esto, ¿por edades? O sea… Que los niños sufrirán probablemente con este demonio de pelo cobrizo. Apreté mis puños y traté de tranquilizarme.

-Subalterno Whitlock. –dijo de pronto el superior y el rubio, enfundó su fusil en su espalda, dio un paso adelante del cobrizo y miró la fila de principio a fin.

-Dieciséis y diecisiete años, formen una fila aparte a la izquierda perpendicular a la principal –rápidamente los chicos hicieron lo dicho y el Subalterno les hizo frente.

-Subalterno McCarthy –prosiguió el cabrón, digo, cobrizo. Me preparé para irme con el, supuse que el gran señor querría seguir humillando a los más pequeños, pero me sorprendió cuando dijo.

-Catorce y quince años, formen fila aparte perpendicular a la derecha perpendicular a la principal – cerré mis ojos casi inconcientemente. Demonios, digame por favor que ese Lucifer no me iba a entrenar.

-Y los de dieciocho y diecinueve, irán conmigo. –maldita sea, yo estaba en el medio, frente a él, mirando sus ojos esmeraldas… Esperen, ¿esmeraldas? Ya estaba amaneciendo y recién pude apreciar el color de sus ojos… Así como sus pómulos, su nariz, sus labios… Oh, carajo, era un verdadero Lucifer*.


EPOV

Luego de dividir las escuadrillas, que resultaron no menores a 50 hombres, hicimos que desarmaran el campamento que habíamos hecho con anterioridad y nos separamos.

Ya le había tomado bronca al pendejo de Swan por no prestarme atención y desafiarme con la mirada. Ya lo veré cuando le quiebre la nariz o un par de dedos…

Nos adentramos en lo más profundo del bosque, fue una caminata de casi 4 horas, hasta que encontré lo que necesitaba: un pantano y bichejos. Sonreí ante mis ocurrencias… ¿Querían comer? Pues aquí encontraríamos unas exquisitas tarántulas, lagartijas y serpientes que comer.


Aquí des dejo el segundo capítulo :) Agradezco a quienes hayan leido, sí, en serio, son las mejores.

Creo que no lo hice antes, pero si quedan dudas, la historia es completamente mía, y los personajes de Meyer :) En fin, mil besos por llegar hasta aquí!

Las adoro!