El silencio antes de una batalla dejaba escuchar los latidos del corazón de Kagome.
Se encontraba en la entrada de la aldea de la anciana Kaede. Todas y cada una de las cabañas estaban deshabitadas, mojada la madera de cada una por la inminente lluvia. Nubarrones casi negros cubrían el cielo, rayos iluminaban frecuentemente la escena. Con el arco en mano, tomó la primera flecha. Flexionó su brazo, tensando cada parte de su cuerpo. El viento revolvió su cabello y sus ropas, la perla se aproximaba rápidamente. En el centro del bosque comenzaba a sonar el zig zag de un cuerpo moverse, junto a miles de arboles destrozándose a su paso.
Estaba aproximándose a un ritmo fugaz, con un campo de protección de gran poder. Los ojos de Kagome se abrieron.
KAGOME - uno... dos... - "Tres" - ¡AHORA, INUYASHA! - Gritó.
En ese instante, Kagome lanzó la flecha hacia el bosque mientras Inuyasha saltaba desde un punto alejado con Tessaiga en manos. Con un solo movimiento el viento cortante salió disparado junto a la flecha sagrada de Kagome. Tras la explosión varios arboles salieron disparados ante el impacto de los dos poderosos ataques. De los arboles destrozados salió un hombre con figura desagradable, con cabellos negros y ojos rojos como la sangre, envuelto en un campo de energía. Inuyasha y Kagome miraron hacia su dirección mientras este caminaba a paso despreocupado a su encuentro. La miko del futuro tomó otra flecha y la sujeto fuertemente a su arco, tensando de nuevo la punta hacia su objetivo.
INUYASHA - Sigues mostrándote con ese campo de energía... Naraku. - Dijo, con una mirada asesina. - ¡Eres demasiado cobarde para luchar sin protección!.
El nombrado comenzó a reir de forma maléfica, mirando al hanyou blandir su espada contra el. Fue entonces cuando todo comenzó a tomar otro camino.
NARAKU - Puedes quedarte tranquilo, que no tengo intenciones de matarte. No todavía. - Volvió a reír, mientras centraba su mirada en Kagome. - Es a ella a quien quiero.
Kagome se quedo atónita al escuchar sus palabras, concentraba toda su energía en la flecha que sostenía fuertemente. Otro fuerte rayo hizo alumbrar la escena.
KAGOME - ¡Deja de decir tonterías, Naraku! - Soltó su flecha, con una gran energía espiritual. - ¡MUERE DE UNA MALDITA VEZ!
Los tentáculos de Naraku salieron a la luz, comenzó la verdadera batalla. Inuyasha corría, saltaba y esquivaba ágil cada tentáculo que quería aplastar su cuerpo, cortando cuantos sean posibles para abrirse paso hacia el cuerpo de Naraku. El Hanyou maligno miraba con burla como la barrera rechazaba la flecha en segundos. Lanzó cinco tentáculos hacia donde se encontraba la miko del futuro, pero esta deshizo a todos en cuestión de segundos con dos de sus flechas. Kagome corría rápido, lanzando cada flecha que tenía hacia varias partes del cuerpo de su contrincante. Un tentáculo voló a su encuentro, a lo que ella con una agilidad desconocida saltó sobre el y corrió. Se encaminaba con la flecha lista para atinarle mas de cerca a Naraku. Este sacó otro tentáculo de su cuerpo y golpeó a Kagome en el abdomen, haciendo que esta cayera al suelo alejándose de su arma. La adrenalina había unido fuerzas con la ira y ahora comenzaba a servirle de consuelo al cuerpo de la joven. Se levantó sin dificultad, observando con odio el rostro de su enemigo. Estaba preparada para correr hacia su cuerpo y atacarlo con sus propias manos.
En ese instante, el hiraikotsu de Sango salió volando hacía el cuerpo de Naraku. Kagome pudo percibir poderes de pergaminos sagrados pegados a el. En un segundo tenía a la exterminadora a su lado, mirándola con una mirada amistosa. En una batalla mortal, la lealtad es lo que mas vale, cuando estas a defendiendo a tus verdaderos amigos.
SANGO - No creías que les dejaríamos esto solo a ustedes, ¿No?. - "padre, compañeros, Kohaku... Prometo vengarlos. ¡Prometo acabar con todo esto!" pensó, fijando nuevamente la mirada en su hiraikotsu.
Cuando el boomerang hizo impacto contra la barrera, esta fue destruida por un corto momento. Inuyasha Aprovechó la abertura abierta por Sango. El viento cortante comenzó a salir de Tessaiga.
Era el momento indicado, era el momento preciso, este era el momento perfecto.
INUYASHA - ¡KAZE NO KIZU! - y el viento cortante fue directo hacia la abertura.
El ataque de Inuyasha fue seguido por un bastón sagrado cubierto de pergaminos sagrados, Inuyasha vio como Miroku se posicionaba a su lado.
Fue ese momento cuando otro rayo alumbró la escena.
Naraku, que confiaba ciegamente en sus movimientos, se sorprendió temeroso al ver como el hiraikotsu de la exterminadora humana hería su campo de energía. "Es imposible, es solo una humana sin poderes sobrenaturales. ¡No puede ser!" Pensó. No pudo volver a pensar, al ver el resplandor en el cielo gris. Giró sus ojos hacia el cielo, la lluvia dejaba de atormentar sus cuerpos. Fue entonces cuando escuchó el grito de Inuyasha. Sus ojos miraron sorprendidos y temerosos como el viento cortante se dirigía directo a la brecha que la exterminadora había hecho.
Cuando quiso volver a recuperar el poder el campo, fue demasiado tarde.
El ataque fue demasiado rápido, destruyendo primero lo que restaba del campo. Los últimos cortes del Kaze no Kizu desmembraron el cuerpo desprotegido del medio demonio. Naraku miraba horrorizado como su cuerpo era desmembrado por el ataque que le habían propinado al estar... ¿Distraído? Sus ojos buscaron en el cielo a una mujer, buscaba su transporte en forma de pluma donde debía de estar su sirvienta y su corazón. La desesperación anestesiaba el dolor que le provocaba el viento cortante, intentando por todos los medios regenerarse lo mas pronto posible. Las partes de su cuerpo salieron despedidas por doquier, las ropas cayeron al suelo como figuras inertes. Su cabeza, todavía consiente giró hacia los pies de una mujer. Sus ojos rojos como el fuego y su negro cabello recogido con plumas blancas en decoración. Llevaba algo en brazos, envuelto en ropajes blancos.
Kagura miró con desprecio la cabeza de su creador. Había pasado tantas noches cautiva, condenada a servir a ese detestable Hanyou durante los combates que ni el podía combatir, incapaz de tomar decisiones por su cuenta, incapaz de ser libre como el viento. "Por fin seré libre. Por fin seremos libres." Pensó, dibujando una gran sonrisa en su rostro.
KAGURA - Supongo que, este es el adiós. - Kagura tomó su abanico y agarró al ser que sostenía en manos con los dedos. Era el corazón de Naraku, el bebé que ella tuvo que cuidar. - ¡Muere, Naraku! - Lanzó una cuchilla de su abanico.
La sangre cubrió el rostro de Naraku, viendo con horror como su corazón era despedazado por las cuchillas de la Yokai. "Acaso este es mi destino..." A su mente, el rostro de una sacerdotisa de mirada fría y calculadora nublo todos sus pensamientos. "Kikyo... Perdoname." Pensó. A pesar de que sus sentimientos habían sido removidos de su cuerpo, en su nuevo cuerpo experimentó el nuevo sentimiento hacia esa sacerdotisa. Simplemente no pudo evitar amar a esa mujer, tan buena y pura, tan servicial y valiente. Su corazón latió por ultima vez con el ultimo sentimiento que pudo detectar en su amargo interior. Naraku dejo de forcejear contra el presente, declarándose derrotado desde el momento que el hiraikotsu destruyó su barrera. Con sus únicas fuerzas el rostro de Naraku se volvio tranquilo y pacible. Una pequeña sonrisa de sus labios manchados de sangre floreció. Su cuerpo comenzó a reducirse a cenizas. "Se siente cálido y tranquilo... Esto es estar en paz..."
El viento se hizo presente, llevándose los restos de Naraku. Todos miraron como una gran nube gris corría por el viento. Por fin todo lo que ellos han soñado se ha convertido en realidad, todo por lo que habían luchado con fervor había dado frutos. La tormenta acabó, desplazando las nubes del sol. Un latido de corazón desconocido se oyó en el pecho de una Yokai.
KAGURA - Siempre supe que sería yo quien matara al engendro de ese bebé. - Dijo, con una media sonrisa en su rostro. - Ahora, por fin soy libre. - Miró hacia todos los demás. - Y supongo que ustedes también están satisfechos. ¿No es así?
Todos se habían quedado en sus posiciones, mirando como el cuerpo de Naraku de deshacía poco a poco. La sensación de seguridad volvió a sus cuerpos, pero aun así no podían reconocer que habían ganado. Era un imposible, una gran sorpresa. Voltearon a escuchar la voz de Kagura, totalmente en shock. La miko del futuro la miró por unos segundos con los ojos entrecerrados, luego mostró una deslumbrante sonrisa. Sin pensar, corrió hacia donde se encontraba la Yokai. El fuerte abrazo que le dio hizo que se sobresaltara, pero aun sin apartar a Kagome. Ahora ya nadie estaba en guerra con nadie, nadie tenía que matar a nadie por culpa de quien sabe quien. Ya todos estaban en paz con ellos mismos y las peleas habían finalizado. ¿Qué cosa podría ser mejor?
KAGOME - Gracias, Kagura. - Se separó de ella, mostrando una sonrisa. - Sin ti no habríamos podido.
La Yokai la miro desconcertada. "Esta... Kagome... ¿Me ha abrazado?..." . En su vida jamas había recibido una muestra de cariño u afecto de parte de nadie. Ahora, por ese momento tal vez, se sintió querida. Sus ojos se humedecieron mientras mostraba una sonrisa. Asintió con la cabeza.
El viento volvió a chocar contra sus rostros, olfateó el aroma a flores que traía consigo. Oía los latidos de su corazón, apreciando cada uno de ellos dentro de su cuerpo. Cerró sus ojos, inclinando la cabeza hacia atrás. Se dejó llevar por el viento, un cálido viento con aroma a flores.
Inuyasha volvió a la normalidad a Tessaiga, dirigiendose a un punto alejado de sus amigos. Sango y miroku se miraban, los dos tomados de la mano. La exterminadora miraba con los ojos llenos de lagrimas a su amado monje mientras este apretaba sus manos suavemente. La felicidad irradiaba del cuerpo de Sango, cubriendo todo su ser como si fuera un aura.
Pensó en Kohaku, sabiendo que pronto recobraría la memoria y vendría a ella por si solo. Volvió sus pensamientos hacia el monje que tenía al frente, que la miraba con ojos llenos de amor y felicidad.
Las tan esperadas lagrimas corrían de sus ojos hasta sus mejillas, presa de la felicidad del momento se lanzó a los brazos de Miroku. Sin esperar, comenzó a besar sus mejillas, su frente y su nariz. El monje impaciente agarró con sus dedos el mentón de la exterminadora y tomó sus labios en un beso lleno de amor y pasión. Esperando resistir cualquier rechazo de Sango de su parte, pero no hubo ningun rechazo, solo una respuesta inmediata a su inesperado beso.
Kirara se paró en frente de Sango, mostrando en sus dientes la perla de Shikon completa. Sango se separó de su amado monje y la tomo entre sus manos. "Esto... Ya no puede ser problema..." pensó. Era rosada y brillante, tan perfecta... Tan hermosa y apocalíptica.
Kagome miraba con ternura como sus amigos se demostraban el amor y la unidad que ella había percibido en ellos todo este tiempo. Buscó con la mirada a Inuyasha, pero no estaba por ninguna parte. Su rostro mostró una mueca de confusión cuando notó algo blanco en el bosque, levitando suave y tranquilamente. Al cabo de unos segundos pudo darse cuenta que era una de las serpientes de Kikyo. La sonrisa desapareció tan rápido como había aparecido.
