El karma de mi vida eres tú

Capítulo 2: Bajo el mismo techo


-¿Te encuentras bien?-

-Sí-

Nuestras manos, aún juntas y confusamente cómodas decidieron separarse, pude observar como endureció la mano al alejarla y el silencio más incómodo tomo posesión del momento a pesar de todo el ruido externo de la ciudad y los autos.

Debo admitir que tiene el rostro perfecto, pero luce desdichado y al juzgar por su auto, pobre no es, en aquel momento sentí como si mis pensamientos hubieran quedado al descubierto, ya que, puso fin al contacto visual bruscamente.

-Me temo que debo llevarte a ver un médico-

-No es necesario, estoy bien-

-Debo insistir, un golpe puede traer severas consecuencias-

Subí al auto con desgano, sorprendida por haber cedido tan rápido, de pronto la escena en el auditorio regreso a mi mente como si de un relámpago se tratara y provocó que mis mejillas tomaran un color rojizo, observé al hombre de reojo mientras conducía y el silencio nos invadió nuevamente.

-La-lamento lo sucedido, no debí burlarme de su nombre y mucho menos mencionar a sus padres…-

Noté como arqueó una de sus cejas a la par que sus ojos me miraron por una ráfaga de segundo, pero no recibí respuesta alguna.

El auto se detuvo frente a una lujosa casa o debería decir mansión; algo muy difícil de conseguir en Tokio, donde el espacio es tan valorado como el oro. Las rejas que servían de entrada se abrieron al presionar un botón dentro del auto, el jardín era tan amplio como los del campus pero cien veces más hermoso, hubiera querido recorrer el verde pasto a pie, contrario a ello el auto se detuvo nuevamente, pero esta vez frente a la entrada de la casa.

Las puertas se abrieron y ambos bajamos del vehículo, un hombre de aproximadamente unos 60 años salió a recibirnos con una sonrisa en los labios.

-Hajime-San, bienvenido a casa. Tal como me ordenó el doctor está esperando a la joven-

-Gracias-

-Pensé que iríamos a una clínica- Protesté

-La chica tiene razón, conozco a este hombre desde que nacimos y en 25 años jamás he visto a una dama ingresar aquí con él, o no ¿Hajime-Kun?-

-Te estás sobrepasando en tus comentarios, Okita-

-Eh, yo solo quería saber si podía unirme a la diversión con ustedes- sonrió pícaramente el joven de ojos verdes

Saito Hajime, conocido como el descendiente directo del capitán de la tercera división del Shinsengumi no es la clase de hombre que debes tomar a la ligera, lo conozco sólo unos minutos y ya me desagrada por completo. Creo haber leído sobre él en alguna revista de actualidad, donde contaban su gran parecido con el mencionado personaje histórico, su familia se encargó de hacer perdurar el apellido generación tras generación, pero no estoy segura de porque le han puesto el mismo nombre, y al parecer es uno de los más jóvenes y prestigiosos abogados del país.

Nunca pensé, ni en mi más loco sueño o pesadilla que lo conocería de esta forma tan accidentada, dos veces en el mismo día. Sin embargo, no me desilusiona en absoluto su manera de ser tan reservadamente altiva, con una casa como esta debe creerse el gran personaje.

Sus ojos azulados me hicieron una seña para seguirlo hacia otra habitación, caminamos por un largo pasillo y subimos por una escalera hermosa e interminable, al llegar el médico se encontraba frente a nosotros y me pidió que tomara asiento sobre la cama, tras examinarme por unos minutos se acercó al dueño de la casa y murmuró cerca a su oído, le dio una hoja, hizo una reverencia y se marchó.

El hombre tan seguro de sí mismo, quedó pensativo unos segundos antes de dirigirme la palabra.

-El doctor Matsumoto, ha sido el médico de mi familia por muchos años y tiene mi entera confianza, al parecer quiere tomar unas radiografías mañana temprano y me ha pedido que no te muevas de éste lugar hasta entonces-

-¿Qué? Pero yo me siento perfectamente bien, debes estar bromeando si crees que pasare la noche aquí-

-Infortunadamente, no es una broma-

Me pareció continuar verlo mover los labios calculadoramente, pero no comprendía ni la más mínima vocal que emitían, el sonido de la puerta al cerrarse terminó por hacerme reaccionar.

La habitación era tres veces más grande que la mía, cuidadosamente decorada con finos gustos y sin duda estaba sentada sobre la cama más suave y acogedora que halla probado, sólo tocar las sábanas es una invitación a caer rendida directo a los brazos de Morfeo.

Pude notar frente a mí un cuadro, era una fotografía envuelta en la gama del blanco y negro con ligeros toques amarillos brindados por el siempre generoso tiempo, miré el rostro de aquel hombre y el oscuro kimono que traía puesto, su espada atada a un costado de su cintura. No había duda al respecto.

-Si no supiera quien es, creería que son gemelos…-

Tocaron la puerta delicadamente, lo cual dio paso a una mujer de mediana edad y uniforme, traía un pequeño maletín consigo, lo abrió y me indicó que ahí encontraría lo que necesitaba para cambiar de ropa y estar más cómoda.


-Te vi intentando sobornar al médico-

-Nunca pierdes nada de vista. Digamos que te estoy dando un pequeño empujón, pudiste llevar a la chica a una clínica pero extrañamente preferiste traerla a tu casa, admítelo Hajime-Kun, algo te atrajo de… ¿Asahi-Chan?-

-Te equivocas, la golpeé con mi auto y estoy siguiendo el procedimiento formal para evitar problemas mayores-

-Descuida, me tomé la libertad de averiguar su nombre por ti, al menos pídele su número-

-No pienso llegar tan lejos- Pronunció el final de la discusión y se retiró camino a la habitación de su huésped por una noche


Toqué la puerta más de 3 veces, al no escuchar movimiento alguno me decidí a entrar, no necesité dar más de 2 pasos para percatarme de que ella se encontraba dormida, traía puesta la ropa con la que llegó. Sentí un ligero remordimiento al dejarla de esa forma, así que me acerqué cautelosamente y la cubrí con el cobertor de la cama.

Aún ahora, en la tranquilidad de mi oficina me pregunto por qué lo hice, no podría afirmar que algo en su manera tan despreocupada de ser logró llamar mi atención, aunque con ello no niego que sea una compañía tolerable.

-Nadie se había atrevido a hablarme de esa forma…- Murmuró Saito mientras abría una vitrina y sacaba un delicado haori celeste de aquel lugar, con media sonrisa en los labios observó la sencilla tela tomar lugar entre sus dedos -¿Qué harías tú en mi lugar?-


Hola! espero les haya gustado este capítulo S2 he perdido la noción del tiempo escribiendolo y eso es una buena señal ¿no creen? :D espero sus reviews, gracias!