¡Buenas! Les trigo la continuación de Recuerdos de Juguete. Esta vez, he tratado de hacerlo algo más largo. Sin embargo, me gustaría que me dijeran si este tamaño más o menos va bien o sigue siendo demasiado corto :/
La verdad, me considero una persona a la que le gusta la brevedad a la hora de escribir, por eso no me doy cuenta y voy desarrollando las cosas muy rápido.
En esta ocasión, las cosas se empiezan a revolver bastante. Se abren varios enigmas y se cierran muy pocos.
La personalidad de Naruto, como dije en algún lado, no es como la pintan casi siempre en las relaciones yaoi. Ni hablar. Naruto es Naruto en este fic. Con su carácter a prueba de bombas y con una capacidad innata para sacar de quicio a Sasuke Uchiha XD
Y esto último tiene mucha más trascendencia en el fic de lo que os imagináis.
Notas importantes:
- Distrito Amagumo. Estó vendría ser en español "El distrito de las nubes de lluvia"
- Nº 42. Este número en Japón es de muy mal augurio porque se lee muy parecido a "prepararse para morir"
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Capítulo 1º: Un memorándum como huésped
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Hizo un esfuerzo por no dejar de mirar el cielo mientras caminaban. Uno, dos, tres tropezones con los bordillos de las aceras y severos reproches por parte de Sakura no lograron impedirle que apartara la vista de un negro firmamento de Tokio que lucía sin estrellas. Anduvieron ambos estudiantes por nuevas calles menos transitadas hasta hallarse totalmente perdidos.
—¿Dónde estamos? ¿No se suponía que la casa estaba por aquí? —inquirió Sakura.
Naruto desvió entonces la mirada hasta la maleta color chocolate que llevaba colgando a un costado y sacó de ella una revista enrollada y carcomida por los bordes. Ojeó algunas de las páginas y dejó de pasarlas cuando encontró el mapa que buscaba.
Su mirada quedó un instante clavada en el papel.
—¿Qué?
—Creo que el taxista que nos trajo hasta aquí nos la ha pegado bien —comentó con irritación—. ¡Estamos a cuatro manzanas!
—¿A cuatro manzanas?
—¡A cuatro malditas manzanas!
Tanto Naruto como Sakura reprimieron algún que otro taco en voz baja. De saber que estaban tan lejos, nunca se habrían entretenido tanto curioseando partidas de ajedrez en el parque. Ahora, con una temperatura que oscilaba entre los siete y diez grados, una noche espesa y una prisa rayana en lo acuciante… sólo podían hacer una cosa:
Correr.
Y muy rápido.
Aprovechando el poco tráfico de aquellas tranquilas calles residenciales de Tokio, tanto el chico de pelo rubio como la chica de pelo rosa echaron a correr por el asfalto. En sus rostros, una mueca híbrida de molestia y diversión se fue dibujando gradualmente con cada coche que sorteaban y cada valla que saltaban. El ritmo era salvaje, por su puesto. La potencia, más ligera. Sin embargo, todo comenzó tan rápido como había empezado cuando el cansancio hizo acto de presencia en la tercera manzana.
—Ne… Naruto… ¿Crees que llegaremos a tiempo…? —a Sakura le costaba bastante hablar, pero Naruto pudo captar la preocupación que había en su voz y rápidamente asintió con una sonrisa de circunstancias.
—¡Por su puesto! No nos hemos metido la mudanza del siglo para que ahora un casero nos deje toda la noche a la intemperie —levantó una mano en alto e hizo lo mismo con la de Sakura—. Esta será la última carrera.
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Eran casi las once y media de la noche para cuando dieron con el distrito que buscaban. Parados en una bifurcación centrada por una monstruosa biblioteca que curiosamente estaba abierta, Naruto y Sakura consultaron el mapa unos instantes.
—Distrito Amagumo nº 42. ¿Eso es a la izquierda o a la derecha?
—No sé, no se lee bien…
—Izquierda —respondió una voz a sus espaldas.
Con sobresalto, Naruto se encaró a un hombre joven alto y trajeado que llevaba unas gafas de pasta y un chupa-chups en la boca. ¿Sería por casualidad el bibliotecario? Por las pintas que llevaba, posiblemente. Por lo del chupa-chups… posiblemente no.
—¿Vais a hospedaros en esa vieja casa? —preguntó el hombre con asombro—. Creo que tendréis la suerte de ser los únicos huéspedes —sonrió levemente. Naruto no supo distinguir si era una sonrisa verdaderamente amable u otra de compasión.
—Sí —se apresuró a decir Sakura—, pero tenemos mucha prisa; si llegamos tarde el casero se enfadará y nos dejará fuera.
—Gracias…
—Kamijou Ryota.
—Muchas gracias, Kamijou-san —dijo Naruto concluyendo con una ligera inclinación de cabeza.
—¡Gracias! —gritó Sakura a todo pulmón mientras se alejaban a marchas forzadas por la calle de la izquierda.
Segundos más tarde, un retazo de luz de luna iluminó los cristales falsos de las gafas de Ryota. Con un suspiro de satisfacción, arrojó las gafas de plástico a la papelera más cercana para luego exhibir una sonrisa peligrosa entre dientes.
—De nada, chicos —murmuró.
Acto seguido, también tiró el chipa-chups a la papelera.
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El número 42 del Distrito Amagumo resultó estar bastante escondido. Como buen rebelde puede afirmarse que se resistió a aparecer, que luchó hasta el final para no ser encontrado. Sí. Hasta El Final, con nombre propio y todo, porque ni Naruto ni Sakura recordarían jamás una búsqueda tan larga y fatigante.
Ambos rieron de júbilo cuando se adentraron por la puerta oxidada de la verja y atravesaron un jardín caótico y enmarañado para descubrir una gigantesca casa de estilo indefinido. Con un golpe seco de nudillos, Naruto golpeó repetidas veces el portón principal.
Esperaron pacientemente a que unos pasos se acercaran desde el otro lado de la madera. Con un giro y cuarto de llave y un gutural crujido, la puerta se abrió lentamente.
—Ya era hora, hasta los cuervos están durmiendo ya —les espetó una voz rígida y cortante desde el interior de la vivienda.
Sakura agachó la cabeza avergonzada. Naruto murmuró una disculpa mientras hacía lo mismo.
—Pasad —continuó hablando el casero. Los dos estudiantes de Okinawa no le llevaron la contraria y pasaron dentro—. Está un poco oscuro, encenderé una luz.
La luz parpadeó dos veces antes de encenderse por completo y mostrar la vista de un agradable recibidor al mismísimo estilo japonés. Sentado en el bordillo de la zapatera, un joven de lacio pelo negro y oscuros ojos grises los observaba con resignación.
—Justo lo que intuía —habló para sí llevándose una mano a la cabeza—; me va a tocar hacer de niñera de dos mocosos.
A los dos mocosos se les calló la mandíbula al suelo por recibir semejante shock.
—¡Tú! —estalló Naruto apuntándolo con un dedo acusador—. ¡Eres el tío flipado del parque!
—Bravo.
—¿Cómo puede ser que esta sea tu casa?
—Cuestiones de herencia familiar, claro.
—¿Cómo es que has llegado antes que nosotros?
—Pues con algo llamado metro.
El joven de pelo rubio guardó silencio. ¿Por qué tenía que ser el destino tan cruel? De las cientos de casas de huéspedes que había en Tokio, ¿por qué justamente habían tenido que ir a parar a ésta? Estar bajo la supervisión de un tipo tan seco y altanero no era lo que se diría "un verdadero placer". No obstante, ¿qué podía hacer él para remediarlo?
¿Ignorarle?
¿Seguirle el rollo como a un loco?
¿Meterle una paliza?
—Gracias por acogernos —la lista mental de soluciones poco factibles de Naruto se rompió cuando Sakura se dirigió al joven casero—. Prometemos no causarte problemas durante nuestra estancia. ¿Verdad, Naruto?
—No.
Su rotunda negativa fue rotundamente ignorada por los otros dos.
—Tú habitación está en el segundo piso. ¿Puedes con la maleta, o necesitas ayuda? —se ofreció el chico de pelo negro.
—E-estoy bien, gr-gracias —tartamudeó con color rojo furioso en sus mejillas—. Pero aún no nos has dicho tu nombre.
—Me llamo Uchiha Sasuke.
—Haruno Sakura.
—Encantado.
Sakura pasó al lado de la esbelta figura del moreno con un suspiro encandilado y recorrió lo que sería el salón. Ascendió con la pesada maleta escalera arriba y dejó solos a los dos nuevos enemigos declarados.
—¿Tienes doble personalidad, Sasuke? —preguntó Naruto con suspicacia.
—No te importa —gruñó molesto al ver que se tomaba tantas confianzas.
—Hace un momento nos llamaste mocosos otra vez, y ahora vas de príncipe encantador con ella —señaló con la cabeza el piso de arriba—. ¿Qué diablos pasa contigo?
—Te repito que no te importa. No es asunto tuyo.
—Sí que lo es.
Bastaron esas simples palabras para que el rictus congelado que mostraba el Uchiha se derritiera en forma de sonrisa torcida y acusadora. Naruto apretó fuertemente los puños cuando oyó la risa mullida de Sasuke. ¿Estaría realmente loco? ¿Sería verdaderamente bipolar?
¿Sí?
¿No?
Sí a la una, sí a las dos…
—No me digas que tienes miedo de que te quite a tu novia.
¡Adjudicado!
—Sakura no es mi novia, sólo una buena amiga.
—Entonces deberías largarte de aquí antes de que me haga con tu buena amiga.
Naruto iba a replicar algo. Se lo pensó dos veces y cambió de táctica.
—No me caes nada bien —sin darse cuenta, había agarrado a Sasuke por el cuello de la camisa—. Y no hace falta ser muy listo para saber que yo tampoco soy de tu agrado. Antes estaba pensando en qué hacer para no partirte esa cara de témpano que tienes, pero creo que lo mejor será dejarlo todo claro desde el principio.
—Sorpréndeme.
—Bien. Nosotros ya hemos pagado la estancia de un año en esta casa, por lo tanto, no pienso largarme por muy tentadora que suene la idea. Por tu parte, creo que vas a seguir siendo igual de capullo hasta el final de tus días, así que no me voy a molestar en batallar contigo. Lo único que te aviso, y escucha porque no voy a repetirlo, es que como le hagas el más mínimo daño a Sakura, ni el cepillo podrá recoger del suelo todos tus dientes. ¿Comprendido? —soltó de un tirón.
Sasuke desvió la mirada hacia un punto inexistente pero no dijo nada. Sus labios se habían contraído en una fina línea y su rostro apetecía aún más pálido que nunca. Nadie en el mundo podría saber qué es lo que pasaba por la cabeza de aquel extraño joven en ese momento. Nadie. Por que nadie entendía nada. Y si nada se entiende, nada se sabe.
—Me voy a mi habitación —dijo casi inaudiblemente.
Se soltó suavemente del agarre del rubio y subió las escaleras, perdiéndose en la penumbra y dejando solo a un Naruto confundido.
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…
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Ni si quiera se molestó en pasar por su habitación.
Con la mente enturbiada por el giro que habían dado los acontecimientos, siguió subiendo escalones como un autómata hasta llegar al ático. Abrió una de las dos puertas que había y se introdujo en riguroso silencio dentro de la buhardilla.
La cruda oscuridad que allí le esperaba le hizo sentirse mucho mejor. Sentía cómo su organismo se libraba lentamente de una fuerte presión y cómo sus ojos secos se hidrataban un poco. Con un movimiento fatigado, se dejó caer en un sillón de cuero color ahumado que estaba virado hacia unas cortinas corridas del mismo color.
Encendiendo un cigarrillo que había en la mesilla que tenía al lado, Sasuke dejó caer su cabeza hacia atrás a la vez que le daba una calada. Los ojos inmutables de un oso de peluche que descansaba en una estantería lo miraron con una aprensión y un resentimiento tan frágil como el fino hilo de humo que desprendía su tabaco.
Con el pasar de los minutos el cuerpo del cigarrillo se fue consumiendo, pero su mente aún se mantenía clavada en la imagen de la persona que había convertido su vida en un borrador de lo que debería haber sido. El hermano al que una vez quiso, aunque no recordara por qué, y que destruyó su vida por completo.
Ahora no le quedaba nada. Vivía en una cáscara vacía. Sólo un crudo deseo de venganza lo mantenía en pie.
Una sed de venganza que de pronto se había avivado en su corazón.
Aún así, todavía había sido una sorpresa comprobar que las ganas de despedazar a aquel hombre se habían acentuado en algún rincón de su subconsciente. Sasuke desconocía la razón, pero algo le decía que tenía mucho que ver con el chaval que había interrumpido descaradamente su partida de ajedrez y que ahora tenía como huésped dentro de su propia casa.
Esas largas miradas que dedicaba cuando estaba pensando en algo que requería concentración, la seguridad con la que parloteaba… y esa tez bronceada a la que le sentaba tan bien el color negro. Verdaderamente, todo ello le molestaba. Se le revolvían las tripas con tan sólo pensar en lo mucho que le recordaba ese chico a su hermano Itachi.
"Nosotros ya hemos pagado la estancia de un año en esta casa, por lo tanto, no pienso largarme por muy tentadora que suene la idea." Eso había dicho.
Genial.
Ya no sólo tendría que hacer de niñera, sino también hacer un esfuerzo extra por controlar el odio que ahora brotaba de él como sangre de una herida abierta sin torniquete.
Maldiciendo en voz baja su suerte, Uchiha Sasuke perdió la consciencia.
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ToBeContinued...
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¡Ta-chán! Espero que os haya gustado.
Las cosas pintan muy mal. Os lo aseguro.
¡Y eso que es el comienzo!
En fin, espero que me respondáis a eso del tamaño, que ando perdida en el páramo xD
Un abrazo,
Coelum
