Límite entre padre e hija

Cap. 2 Les presento a mi hija

Se levanto, más cansado de lo que nunca hubiera creído, solo había transcurrido una semana desde la llegada de su hija, y creía que en cualquier momento caería ante la personalidad hiperactiva que esta poseía, los únicos momentos para descansar que él los creía así era cuando se iba a su trabajo, y la verdad era que el grupo de vagos con los que tenía que compartir oficina no le hacía descansar nunca.

Tal vez por eso era que por las mañanas hacia todo lo más rápido que podía y se despedía como si nada de ella, dejándola solo en casa, pues ella había llegado no en tan buen momento y suponía que no hacía nada en el día, más que ver televisión y comer un poco. Además, por muy difícil que se le hiciera había decidido que no se encariñaría con ella.

Rin lo había notado, sin embargo, lo acreditaba al hecho de que no había pasado demasiado tiempo con su padre, por lo que aun le tomaría tiempo acostumbrarse a tenerle a su lado. Aun así, había algo que le molestaba, el tener que quedarse sola en casa de seis a seis, sin nada emocionante que hacer. Salió de la casa, para caminar como lo hacía en las mañanas, algunas vueltas a la manzana y volver, pues aun no se aventuraba a ir mas allá pues no recordaba el camino.

Bajo las escaleras, llegando dos pisos más abajo de donde ahora vivía, al momento que escuchaba un horrible sonido de algo cayendo por todo el edificio. Asustada se acerco hacia donde lo escucho, encontrándose con que uno de los apartamentos tenia la puerta entre abierta, y escuchaba varios gritos provenientes de ella.

–¡Tenemos que irnos! – se termino de abrir la puerta mostrando a una chica más alta que ella, de largo cabello azulado –. ¿Quién eres?

–Solo pasaba por aquí – respondió de inmediato, pues eso no se lo esperaba.

–¡Gumi, le conoces! – grito la chica, que parecía mas apurada que antes.

–¡Déjala pasar, no importa! – Rin se sintió incomoda, y más cuando la de cabello azul prácticamente le empujo adentro del edificio.

Se dedico a seguir a la chica, eso en definitiva no solía pasarle en Londres, donde ella vivía. Llego a la sala, donde otras dos chicas estaban, una de cabello corto verde y otra de cabello rosado largo, demasiado. El escenario era algo apocalíptico, pues entre las tres intentaban llevar una batería, que de por sí ya estaba desarmada, había un bajo a medio guardar en un estuche y una guitarra encima de un sofá, con algunos de sus complementos a su lado. La de cabello verde le lanzo una mirada, dejando lo que hacía para observarla de pies a cabeza, algo confundida.

–¿Dime, le conoces? – pregunto la de cabello rosa.

–Se me hace conocida – respondió, de manera lenta –. Se parece al amigo de mi vecino, el que vive unos pisos arriba

–Ah, estás hablando de mi papá – sonrió Rin, al ver como la chica asentía.

–No sabía que tuviera una hija

–Es que no vivo con él – desvió su mirada –. ¿No las estoy molestando?

–No lo haces, pero la verdad necesitamos mover esto al estacionamiento

–No se preocupen, puedo ayudarles.

No era como si tuviera otra cosa que hacer, por lo que ayudarles no le quitaría tiempo. Tomo la batería con ayuda de la chica de cabello rosa, mientras que las otras dos hacían hasta lo imposible por arreglar el bajo y la guitarra. Al salir bajaron todas esas cosas por las escaleras, fue difícil, aunque no como lo esperaban, y al final subieron todo a la parte de atrás de una camioneta. Rin estaba a punto de despedirse y volver al apartamento de su padre cuando las chicas le retuvieron, agradeciéndole.

–¿Que pretenden hacer? – pregunto Rin a las chicas.

–Como pensaras, tenemos una banda – procedió a explicar la de cabello verde –. En realidad, comenzamos hace apenas unos meses

–Ensayábamos en el apartamento de Gumi – siguió la de cabello rosa –. Pero los vecinos comenzaron a quejarse por el ruido

–Así que nos trasladamos, a una parte donde no nos molestaran

–¿Quieres venir con nosotras? – completaron las tres, al mismo tiempo.

Rin solo asintió, creyendo que tal vez podría ser amiga de las chicas.

Subieron a la camioneta, Rin y la de cabello verde atrás, mientras la de cabello rosa en el copiloto y la de cabello azul conducía.

–Aun no te preguntamos tu nombre, el mío es Gumi – le sonrió la chica –. Yo toco el bajo

–¡Ah, y yo la guitarra! – grito la que conducía, asustando a las demás –. Me llamo Miku

–Por simple lógica sabrás que yo toco la batería, me llamo Luka

–Bueno, me llamo Rin, y me alegra conocerlas.

Miku iba a gritar algo más, sin embargo se contuvo ante los ruegos de sus amigas, pues según ellas no querían morir en un accidente automovilístico, por lo que resignada se digno a conducir como una persona normal, con lo cual Rin tuvo la oportunidad de ver la ciudad en donde vivía su padre, que era muy diferente a su ciudad, el cielo estaba despejado, de un azul muy claro, las nubes se veían blancas y esponjosas, y aunque el ambiente era fresco no sentía la necesidad de llevar una sombrilla a donde fuera por miedo a una llovizna repentina, como solía presenciarse todo el día donde vivía.

Además, estar con esas chicas que apenas conocía no le daba miedo, las personas de Japón parecían agradables, y tal vez eso le servirá para dejar de pensar en su padre, así fuera por un momento.

Al llegar a lo que parecía una zona un poco alejada del departamento, pero aun así en la zona central de la ciudad, alcanzo a ver a lo lejos la entrada a un edificio, alto y grande, que fácilmente tendría cuarenta pisos, asustándose un poco, pues la verdad no creía que fueran a un lugar a un mejor, se imaginaba una bodega, alejadas de a quien le pudiera molestar el ruido.

Entraron sin problemas, pues a la seguridad del lugar pareció no importarle en lo más mínimo que un auto lleno de niñas llegara al lugar. Miku se estaciono, bajando su guitarra mientras que Gumi bajaba su bajo y les daba órdenes a unos hombres de subir la batería al doceavo piso, Rin por su parte se dedico a seguir al grupo de chicas.

Llegaron a la recepción, siendo saludadas por todos aquellos que se atravesaban en el camino, subieron a un ascensor casi al final del pasillo y subieron a doceavo piso. Siguieron caminando hasta llegar a lo que parecía ser un cuarto, pero al abrir la puerta era casi del tamaño de uno de los departamentos de donde Vivian, la pared del fondo no existía, era un gran ventanal que daba el panorama hacia la ciudad, a sus lados dos grandes cortinas rojas, había unos sillones y en el centro una mesita pequeña, habían extensiones por todos lados, unos amplificadores y cables para todos, la batería de Luka ya estaba en el lugar, junto con algunos papeles esparcidos con algunas canciones y también dos pedestales, uno para la guitarra y otro para el bajo.

–Gumi, hermoso lugar – Miku saco su guitarra, para cambiarle las cuerdas.

–¿Como hicieron para pagar un lugar así? – inocentemente pregunto Rin.

–Esto es una compañía discografía – sonrió Gumi –. Es de mis padres

–Ah – suspiro Rin, tratando de comprenderlo –. ¡Esto es tuyo!

–¿Eso lo explica todo, no? – Luka hablo a lo lejos, sentada en uno de los sillones.

–¿Si los padres de Gumi son dueños de una compañía discográfica, por qué no son famosas?

–No es que no queramos – hablo Miku, colocando su guitarra en el pedestal –. Es que aun no podemos

–Somos tres personas, y con los instrumentos que tenemos solo se nos ocurre algo como Heavy Metal

Rin también llego a pensar lo mismo, de hecho, le pareció que esas tres chicas eran demasiado lindas para terminar de rebeldes en una banda de Heavy Metal por todo el mundo, y mucho menos si cantaban en japonés, para Rin era mejor si cantaban en ingles, y no era que el japonés no sirviera para el Rock, pero era más común escucharlo en ingles.

–La verdad, pensamos en agregar una nueva persona a la banda, pero con algún instrumento más suave

–Como un piano – Rin sonrió, colocándose frente a ellas.

–Yo sé tocar piano, puedo ayudarles cuando lo necesiten

–¿Y no te gustaría formar parte de la banda? – en ese momento Rin se arrepintió de haberlo dicho.

–No puedo, no creo que a mi padre le guste – mintió con lo primero que le vino a la cabeza.

–Puedo convencer a tu padre, por eso no hay problema – alzo los hombros Gumi.

¿Convencer a su padre? No había problema, él ni sabía que estaba "en contra" de que formara parte de esa banda, el problema es que Rin no quería ilusionarles, después de todo ella no vivía en Japón, ella vivía en Inglaterra.

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Un sonoro bostezo se escucho por todo el lugar, atrayendo la atención de las personas a su alrededor, las cuales simplemente se dedicaron a observarlo como si fuera lo más interesante del lugar. Aquella mañana había pasado de manera lenta, sin ninguna distracción o por lo menos trabajo decente, solo mucho papeleo de su empresa que prácticamente lo habían terminado hace unos días, lo que provocaba un ambiente de aburrimiento y monotonía en su oficina, al igual que en él y sus amigos.

Aunque para todos esa oficina era sinónimo de apatía, con todas sus paredes blancas, con las típicas macetas de solo hojas, cuatro escritorios con libros y papeles en gran cantidad sobre ellos, pero lo único que tenía a su favor era el gran ventanal desde el cual se podía ver parte de la ciudad, aunque estuvieran en el quinto piso y todos los pisos tuvieran el mismo ventanal. En esa oficina se encontraba un chico de cabello azul, con una taza de café entre sus manos, sus piernas apoyadas en su escritorio mirando el techo le lugar como si fuera lo más interesante. A su lado había otro chico de cabello grisáceo, con su cabeza y sus manos apoyados en su escritorio, respirando calmadamente, se notaba que él llevaba una o dos horas durmiendo, en la misma oficina aunque en una esquina había otro chico, de un largo cabello morado, como era costumbre en él tecleaba cosas en su Notebook, y por ultimo en ese lugar se encontraba el jefe de los tres, un chico rubio de semblante serio, sentado en su escritorio, con su mirada puesta en el ventanal.

Aquel pequeño grupo de cuatro personas conformaban los abogados de la empresa, y uno de los grupos más importantes de esta en una de sus actividades principales, hacer todo el papeleo que concernía a los contratos que la compañía discográfica hacia con todas los artistas que pertenecían a esta.

–Buenos días – había entrado una mujer castaña a la habitación, con algunos portafolios en las manos.

–¿Sucedió algo secretaria Meiko? – pregunto despreocupado Len.

–Solo el mismo grupo de chicas a molestarles – dijo la castaña, sonriendo –. Les aviso porque vienen en el séptimo piso

Meiko abandono la oficina mientras un molesto Len pensaba las cosas, ese grupo de tres chicas siempre iban a molestarles en el momento mas inoportuno, aunque debía admitir que no estaba haciendo nada, por lo que la presencia de esas niñas tal vez no sería la peor.

Se levanto de su lugar, acercándose a Kaito y bajando sus piernas del escritorio, lanzándole un portafolio a Daisuke en la cabeza para que despertara y cerrando de golpe la Notebook de Gakupo, todo al mismo tiempo. Y no era para molestarles, es que debían ser los profesionales que ellos debían mostrar al público, no un grupo de vagos.

La puerta de cristal se abrió, mostrando a las tres típicas niñas que le iban a molestar casi una vez a la semana, junto con una chica nueva, una que casi hace desmayar a Len, pues era su hija.

–¿Durmiendo como siempre? – dijo Gumi, sentándose en un asiento del lugar.

–La frente roja de Daisuke lo dice todo – sonrió Miku, sentándose al lado de Kaito y mirando algunos papeles.

–Bueno, Len me volvió a golpear con algo – se quejo el de cabello gris.

–Agradece que esta vez no es un vaso y no estás mojado en café – Gakupo le respondió, causando que las chicas sonrieran.

–¡Eso solo sucedió una vez! – se volvió a quejar Daisuke, algo apenado.

–¿Len estas bien? – le susurro Kaito a su amigo, quien parecía haberse quedado en un coma repentino –. No dejo de pensar que la chica nueva tiene cierto parecido contigo

–No lo menciones, nadie más se ha dado cuenta – casi le cayó con el tono amenazante que utilizo.

–Len, tenemos algo que hablar contigo – dijeron las tres chicas al mismo tiempo, tomando a Rin de los hombros y colocándose frente a él, como si fueran un escuadrón.

–¿En qué te metiste esta vez? – le susurro Len a su hija, asustándole, pues ella aun no le había visto enojado.

–¡Es la chica que necesitamos para la banda! - Miku le miro, a punto de llorar –. ¡Sabe tocar el piano!

–¡Pero ella dice que no le dejas! – siguió Luka actuando como Miku.

–¡Por favor háblenlo! – termino Gumi con su no muy elaborado plan.

Él no era quien para negarle algo Rin, los pensamientos que cruzaban su cabeza en ese momento eran muy sencillos, los dos eran un total desconocido para el otro, si Rin quería salir a una discoteca a bailar y tomar alcohol, él la dejaría, porque sentía que no tenía derecho alguno sobre ella, además él no había desarrollado esa sensación de familiaridad que un padre tiene con su hija, porque él nunca la conoció, él no tuvo la capacidad de estar con ella, y en ese momento, sentía que tampoco lo tenía.

Incomodo por las miradas que le lanzaban las chicas, y aun más por las que sus amigos le lanzaban, tomo a Rin por una de sus manos, saliendo de la oficina y caminando por el pasillo, alejándose lo suficiente como para que no le escucharan como para que tampoco le vieran.

–¿Que es todo eso de unirse a la banda? – Len frunció el ceño –. ¿Cómo que no te lo permito?

–Por error les dije que sabía tocar el piano, y dijeron que me necesitaban – la chica bajo su mirada, cerrando sus ojos –. No les quiero decir que no vivo en Japón, la mejor idea que tuve fue decir que no me dejarías

–¡Gumi es la hija del dueño, me despiden si no te permito participar en esa banda!

–¡Yo no sabía que trabajabas aquí, desde que llegue hace una semana actúas como si no existiera para ti!

Ese parecía ser uno de los puntos débiles de Len. En su interior quería pensar que podría llegar a formar algo con esa chica, algo como veía a otros hombres con sus hijos, pero no la lograba tolerar, había un pasado fuerte que conllevaba poder aceptarla, y él no estaba preparado, no en ese momento.

–De acuerdo, haz lo que quieras – dijo, suspirando el chico –. Yo trabajo y tu juega con tu banda, aun así, creo que deberías decirle que eres de Inglaterra

–¡Gracias Papá! – le recorrió un impulso le abrazarle, que fue rápidamente reprimido.

–Me gustaría que dejaras de decirme papá – se quejo Len, ante la mirada escéptica de su hija –. ¿Qué? Yo te digo Rin

La rubia no tuvo tiempo de responder, pues sus recién hechas amigas aparecieron, llevándosela de nuevo a su estudio, aunque Rin dudaba de poder responderle algo, su comentario le había dolido, ¿Si no le podía llamar papá, como se debía dirigir a él de ahora en adelante?

Len por su parte volvió a la oficina, más confundido de lo normal por la charla que había tenido con Rin, sentía que debía darle una explicación más solida de sus acciones, pero no quería hacerlo en donde trabajaba, y mucho menos de forma apresurada, de la noche a la mañana no iban a tener la mejor relación, eso igual lo sabía.

Entro a la oficina, siendo rodeado de inmediato por sus amigos, comprendiendo que no solo a ella debía darle una explicación, ya que se había hecho de luz pública que tenía una hija, suponía que a ellos también debía explicarles algunas cosas.

–No se esperaban que tuviera una hija – sonrió Len, aunque después se pregunto el por qué lo había dicho así.

–¿Por qué nunca la habíamos visto? – hablo Kaito, alzando una ceja –. ¿Es alguna clase de súper estrella que debe estar escondida?

–Pues si continua con lo de la banda, créeme que si – pensó Gakupo, al momento que sentía que se desviaban del tema principal –. ¿De dónde salió de tu hija?

–¿De dónde crees? – frunció el ceño, señalando la parte baja de su cuerpo.

–Hasta hace unos minutos creíamos que eras virgen – Len rodo los ojos, de eso hace mucho –. ¿Daisuke, tú no sabes nada?

–¡Por que debería saber algo! – grito, nervioso –. ¡Yo no sé todo sobre Len!

Eso no logro convencer a nadie, Daisuke era malo mintiendo, pero Len en especial había notado que tal vez él si sabía algo, pero no se lo preguntaría estando frente a los demás, podría llegar a sufrir un colapso nervioso, eso ya le había pasado una vez.

El rubio suspiro, sentándose de nuevo en su escritorio, pasando por alto las preguntas que de nuevo sus amigos estaban haciendo de su hija.

–Basta, no quiero habar más de ella – exigió, molesto.

Y no es que no quisiera hacerlo, el problema es que así como ella no sabía nada de él, él no sabía nada de ella.