Capitulo uno. ¿Qué ocurre?

Año 2004. JUNIO. ITALIA.

Acababa de cumplir los dieciséis años. No me podía quejar, la vida me sonreía. Era un Italiano sexy, al cual ninguna chica giraba la cara en el instituto. Mi padre, Carlisle Cullen, era un gran empresario. Siempre me había contado historias de cuando él era pequeño y como llegó a ser el empresario que era hoy. Mi padre siempre me había dicho lo importante que era la familia y que siempre debíamos estar unidos.

Por ese mismo motivo, me encontraba en esa situación. Mi madre, Esme Cullen, había venido a recogerme al instituto. Los negocios no iban demasiado bien últimamente y habían vendido mi coche y el de mi padre. Mamá aparcó junto a la acera y abrió la puerta del coche.

-Buenas tardes, hijo mío.- Me senté a su lado y besé su mejilla.- ¿Como te han ido las clases hoy?

-Han estado bien.- Miré por el espejo y sonreí al ver a Bianca.

-Esa chica siempre te sonríe.- Mi madre arrancó el coche y tosió para llamar mi atención.

-Es hermosa.- Dije al fin.- Pero sabes, que no esta dentro de mis planes estar con chicas.

-Lo has dicho demasiadas veces.- Ella me sonrió.- Primero están tus estudios y las chicas vendrán luego.

-Así es.- Abroché el cinturón de seguridad.- Debo aplicarme, para llevar la empresa de papá cuando crezca.

-Sabes que tu padre está muy orgulloso de ti.- Aparcó frente la empresa.

-Lo sé, mamá.- Abrí la puerta y bajé del coche.

Mamá y yo nos dirigimos a la última planta donde estaba el despacho de papá. Al llegar arriba, escuchamos unos gritos provenir de su despacho. Mi madre cogió mi mano y me dio un apretón. Con paso firme me arrastró hasta la puerta y la abrió de golpe.

-¡¿Que esta pasando aquí?- Mi madre miró a mi padre y a un hombre de cabellos negros.

-¡Cara!- El hombre de cabellos oscuros abrió sus brazos.- Che bella questi. (Querida...Qué hermosa estás)

-¿Que esta pasando, Aro?- Mi madre lo miró enfadada.- ¿Que son esos gritos?

-He venido a por lo que es mío.- Aro me señaló.

-¡No!- Mi padre se levantó del asiento y corrió hasta abrazarme.- No te lo puedes llevar.

-Mio fratello (Hermano mío)- Aro abrió sus brazos y separó a mi padre de mi.- Hicimos un trato. Yo costeaba tus deudas y tú me las pagabas.

-Aún no he reunido el dinero.- Negó con la cabeza y se acercó al escritorio.- La empresa sigue bajando y no puedo hacer nada.

-Puedes darme a tu hijo.- Aro me señaló.- Él pagará tus deudas.

-¿Papá?- Miré a mi padre confuso.- ¿Que deudas, de que está hablando?

-Sácalo de aquí, Esme.- Mi padre abrió la puerta.- No deberías haber entrado con él.

-No lo permitas, Carlisle, no lo permitas.- Mi madre estaba llorando.- Solo es un niño, no ha estado con ninguna mujer nunca.

-¡Virgen!- Aro me miró con malicia.- Oh si, creo que si pagará tus deudas.

-¡Iros!- Mi padre nos echó del despacho.

Mientras caminábamos hacía el ascensor, mi madre, no dejaba de llorar y abrazarme. Al llegar abajo, me di cuenta por primera vez, que faltaba mucho personal en al empresa. Entré en el coche en silencio y miré a mi madre de reojo. Ver a aquel hombre en el despacho de mi padre y escucharlo hablar así, me habían puesto muy nervioso.

Cuando mi madre aparcó el coche en casa, bajé sin mediar palabra. Aquello no lo entendía y mucho menos la importancia de que yo fuera virgen. Cuando entramos en casa, mi madre me abrazó y los dos caímos al suelo. Hacía más de cuatro meses que ya no teníamos a gente del servicio en casa y aún así, mi padre aseguraba que las cosas estaban mejorando.

-Perdonanos.- Ella besó cada rincón de mi rostro.- Perdonanos.

-No se de que estáis hablando.- Levanté el rostro de mi madre entre mis manos.- Mamá, explicámelo.

-Verás.- Mi madre se levantó y me llevó con ella hasta el sofá.- La empresa empezó a ir mal hace dos años. Ese hombre que has visto, es tu tío Aro.

-¿Mi tío?- Pregunté asombrado.- No sabía que tuviera un tío. Además, es moreno y no se parece en nada a papá.

-Son medio hermanos por parte de padre.- Esme me abrazó.- Él es de la mafia. Cuando a tu padre empezó a irle mal el negocio, acudió a él para que lo ayudara económicamente.

-Pero no entiendo porque le va mal.- Apreté mi mandíbula hasta que mis dientes chirriaron.- Los sistemas de seguridad siempre han sido un buen negocio.

-Las tecnologías cambian.- Mi madre acarició mi mejilla.- Tu padre estaba a punto de cerrar un trato muy importante para una empresa. Todos los sistemas de seguridad iban a ser instalados muy pronto, pero en el último momento el dueño se echó atrás.

-¿Y?- Apreté la mano de mi madre.- Siempre habrá otras empresas donde instalarlos.

-Las cosas no son así de fáciles.- Mi madre se levantó del sofá.- El pedido ya estaba hecho y solo quedaba firmar y montar. Eso nos llevó a la ruina.

-Y ahí entra Aro.- Asintió.

-Tu padre fue en su busca y él le pagó todos aquellos gastos. Después de aquello, la empresa que se llevó al cliente de tu padre, se apoderó de la ciudad. Poco a poco hemos perdido todo.

-Papá debe pagarle.- Miré por la ventana.- Pues vendamos la casa y el coche. Dejaré el instituto y trabajaré.

-Las cosas no son así de fáciles.- Mi madre me abrazó de nuevo.- Con ese dinero no tendríamos ni para empezar. Aro se ha quedado la empresa, pero ya no vale nada.

-¿Y que va a pasar?- Observé como mi padre llegaba en ese instante en un coche negro.

-¡Carlisle!- Mi madre corrió hasta la puerta.

Al abrir la puerta, mi padre apareció junto a Aro y dos hombres más vestidos de negro.

-Lo siento mucho.- Carlisle abrazó a mi madre.- Perdoname, hijo.

-Nos llevaremos al muchacho.- Aro me señaló.- Él pagará vuestras deudas trabajando para mi.

-Nos os lo llevéis.- Mi madre cayó de rodillas al suelo.

-Solo lo tendré hasta que pague.- Aro me cogió fuertemente del brazo haciéndome daño.- Es guapo y tiene porte.

-No nos hagas esto.- Mi padre se acercó a su hermano.- Llevame a mi, acaba con mi vida, pero deja tranquila a mi familia.

-¡No!- Solo de pensar en aquello, mi estómago se revolvió.- Si me comprometo con usted ¿Los dejara en paz?

-¡Claro!- Aro me sonrió con malicia.

-Esta bien, iré con usted.- Miré a mis padres.- Os quiero. Nos vemos pronto.

-No.- Mi madre me abrazó y besó.- No lo hagas, no sabes donde te estas metiendo.

-Solo sé que si voy con él, os dejarán en paz.-Me despedí de ellos.

Miré a mi alrededor y en ese instante me di cuenta de cuanto mal había a mi alrededor. Faltaban muchas cosas en la casa que antes no me había dado ni cuenta, incluso mis padres estaban demacrados. Cuando Aro cerró la puerta, suspiré profundamente y sentí que mis ojos empezaban a picarme ¿Que me esperaba en su casa?

Aro me adentró en el coche de un empujón y no me dejó darles un último adiós ¿En que trabajaría? Durante el trayecto, no pude ver donde me llevaba. Los cristales de atrás eran completamente negros y no veía el camino. Tras un largo camino, al fin el coche se detuvo. Pude escuchar un ruido de metal y supe que una vaya se estaba abriendo. Al parar de nuevo, una mano tiró de mi brazo haciéndome daño.

-Ya hemos llegado.- El hombre de negro me empujó escaleras arriba.

Al alzar mi vista, pude ver una infinidad de coches de lujo aparcados en aquel gran jardín. La mansión era realmente enorme y un escudo de piedra formaba una fuente en medio. Había hombres por todas partes y mujeres de gran belleza acompañadas por ellos.

-Entra.- Mi tío me dio un empujón y entré en la mansión.- Llevarlo a mi despacho.

-Si, capo. (Jefe)- El hombre grande de negro, me arrastró hasta subir unas escaleras de piedra blancas en forma de caracol.- Aro Vulturi te dará una buena vida.

El hombre que me llevaba arrastras rió y tras él también lo hizo otro hombre.

-Es virgen.- El rubio se acercó a mi.- Así que le enseñará Sulpicia. Menuda suerte tiene.

-¿Me enseñará qué?- Miré con los ojos como platos a esos hombres.

-A ser un buen prostituto.- El moreno empezó a reír a mandíbula batiente.- Si no ¿para que crees que estas aquí?

Cerré la boca y sentí como mi corazón se aceleraba. Un prostituto. Eso era un hombre que se acostaba con mujeres por dinero. Miré horrorizado la puerta de roble oscura. Negué con la cabeza un par de veces y pedí por favor que no me apretara tanto el brazo.

-No seas quejica.- Me riñó el rubio.- Primero vas a darte una buena ducha y a vestirte como toca.

Cuando la puerta se abrió, pude ver a mujeres casi desnudas andando libremente por aquella sala. A la izquierda había un par de hombres semidesnudos y un joven que parecía tener unos cuantos años más que yo. Me empujaron hacía otra puerta y me encerraron allí.

La habitación estaba oscura y no se escuchaba nada en absoluto. Pude sentir como mi corazón se volvía a acelerar. Escuché un ruido extraño y me encogí en lo que parecía un rincón de la habitación. Cuando al fin me calmé un poco, me di cuenta que era mi propia respiración la que emitía esos ruidos extraños.

Cerré fuertemente los ojos. En ese mismo instante la puerta se abrió y un fuerte perfume me invadió las fosas nasales. La luz se encendió y una risa suave se escuchó por la sala. Al levantar la vista, que realmente impresionado. Delante de mi se encontraba una mujer muy hermosa y desnuda.

Me levanté despacio cuando de sus labios salió mi nombre. La mujer se presentó como Sulpicia y se acercó despacio. Su fina piel tocó mi rostro y susurró claramente al hombre que había detrás de ella, que yo, era un niño.

-Mucho trabajo.- Dijo la mujer.

-Es tu sobrino.- Y el hombre rubio rió.

-No lo es.- La mujer miró al hombre con rasgos de furia.- Es medio sobrino de Aro. No lleva mi sangre y mis hijas no son sus primas, casi ni se tocan.

-Bueno.- El hombre abrió la puerta.- Me marcho, que aproveche el festín.

-Gracias James.- El hombre salió y cerró con llave.

-No.- Dije cuando se acercó lo suficiente como para tocar mis ropas con su piel desnuda.

-Solo dejate llevar y aprende rápido, si no, lo pagarás muy caro.- Ella me arrastró hasta la cama y me sentó de golpe.

En ese momento solo recé, para que las cosas salieran bien y acabaran pronto. Tragué en seco y dejé que ella acercara mis manos a sus pechos. Aquella piel era suave y sedosa. Mi corazón empezó a latir ferozmente en mi pecho y sentí que mi boca se secaba.

-Me haces daño.- susurré sintiendo las lágrimas juntarse en mis ojos.- Por favor.

La mujer rió a la vez que volvía a clavar sus uñas en mi brazo. Me empujó dejándome recostado sobre la cama y se sentó a horcajadas sobre mi cuerpo.

-Hoy solo vas a saber lo que es una mujer, así que calmate que te estas poniendo demasiado rojo.- Y rió de nuevo contra mi cuello.

Sulpicia cogió mi mano y acarició de nuevo sus pechos, haciéndome sentir lo duros que estaban sus pezones. Tras gemir en mi oído, deslizó mis dedos hasta su centro y acarició sus pliegues. Sentí sus fluidos mojar mis dedos y aquello me produjo una arcada. No es que no me gustaran las mujeres, si no que me consideraba un niño con dieciséis años y nunca había estado cerca de ninguna muchacha.

-Por favor.- Supliqué una vez más.

-Esta bien.- Ella se apartó de mi cuerpo.- Hoy te dejaré en paz porque acabas de llegar, pero preparate para mañana.- Se levantó cogiendo una bata y me dejó allí solo a oscuras.

Me encogí sobre mi mismo y pedí al cielo que aquello solo fuera un mal sueño ¿Por qué a mi? Dejé caer mi cabeza contra la almohada y los ruidos cesaron a mi alrededor.