Sabor a culpa.
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Fantasías.
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Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.
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Él era consciente de que ya podía parar, que podía dejar de penetrarla una y otra vez, pero ahora simplemente no quería hacerlo. Después de ese encuentro extraño en el recibidor, su lucidez había vuelto y pudo ver en los ojos de Hinta y su sonrojo avergonzado que ella también se encontraba lucida. Sin embargo habían continuado besándose, esta vez lento y sin prisas, con calma habían llegado hasta la cama donde él supuso dormía el feliz matrimonio Uzumaki, eso no lo detuvo, era extraño el placer que le causaba estar en la cama de su amigo, con la mujer de su amigo, y no solo eso pues ella era tan ardiente, su piel quemaba y sus caricias eran como fuego, era sensual y su rostro inocente, era una combinación excitante problemática y encantadora.
Se besaron intensamente por unos minutos, enredando sus lenguas, deleitándose en el dulce sabor del otro, de pronto ella se separó un poco y lo miró expectante, como si Shikamaru pudiera leer su mente se puso de pie, la observó y acarició desde su cuello hasta el ombligo, tomó sus caderas y de un solo movimiento la giró con algo de fuerza, le levanto el trasero hasta dejarla apoyada en sus cuatro extremidades, con un dedo se cercioró de que ella estuviera lista, y vaya que estaba lista, clamando por él. Con delicadeza la penetró y ella curvó su espalda gimiendo despacio un delicioso Shikamaru-kun.
Terminó dentro nuevamente, sabiendo de antemano que ella estaba satisfecha, se dejo caer sobre la cama, manteniendo la distancia, la bruma que había cegado a ambos ya se había disipado por completo y ahora sentían algo extraño, nada de culpa, no, más bien eran unas ganas enormes de abrazar al otro, pero no sabían si aquello era correcto, si sentir algo cálido y no ardiente en el pecho era normal.
-Bueno-dijo Shikamaru sentándose en la cama- creo que debo irme- su expresión era parecida a la tristeza, como si quisiera quedarse- me necesitan en el trabajo- omitió conscientemente el nombre de Naruto pero vio como ella se tensaba- tranquila- le sonrío de forma sensual y ella sintió estremecerse de nuevo- serás mi pequeño, dulce y problemático secreto- Hinata se sonrojo y asintió tímidamente.
Cuando el Nara iba a ponerse de pie ella lo detuvo y lo atrajo hasta su cuerpo, olfateando su piel.
-Shikamaru-kun deberías darte un baño antes de ir a la torre- sentir el cálido aliento sobre su piel lo hizo desear tomarla de nuevo, esta vez más despacio para que repitiera su nombre una y otra vez. Olfateo uno de sus brazos y sintió la sangre agolparse de nuevo en su miembro, el olor dulce de Hinata estaba impregnado en su piel, hubiera querido que no fuera necesario, pero tenía que hacerlo. Beso a Hinata en los labios y bajo por las escaleras a recoger sus ropas, los recuerdos golpearon su mente y entonces supo la razón de aquello, Sakura lo había drogado por accidente y al parecer a Hinata también.
Miró el reloj, habían pasado más de 2 horas, Naruto estaría buscándolo ya, se vistió tan rápido como se había desvestido y desapareció en una nube de humo.
Hinata se quedó sola, por el momento no pensaba en su esposo, claro que no, aún sentía ese fuego en ella, acercó uno de sus brazos hasta su nariz y sintió el masculino olor de Shikamaru llenarla, ella no se daría un baño, de cualquier forma Naruto no llegaría a casa.
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Había pasado una semana desde aquel extraño encuentro y debía admitir que cuando vio a Naruto en la oficina apurado y sin notar su ausencia de más de dos hora se sintió un poco mal, pero extrañamente no demasiado.
Su rutina había sido la misma, el rubio no se había dado cuenta o probablemente ya lo hubiera mandado lejos o peor aún, ya lo habría molido a golpes. Al parecer el también sería el secreto de Hinata, a la cuál había estado evitando conscientemente y, no por nada era un genio, sabía que ella también lo evitaba.
El evitar verla no hacía que su mente no pensara en ella, todo el tiempo la recordaba, todo el tiempo pensaba en su aroma, en su blanca piel. Esa noche en particular pensaba en ella con más fuerza, era su día libre y se la había pasado encerrado en su casa. Mantenía los ojos cerrados y pensaba en la blanca muchacha clamando su nombre, un movimiento acompasado de mano lo acompañaba en cada momento de aquellos recuerdos, de repente sintió el aroma de Hinata llenar sus sentidos y una cálida mano que no era la suya tomo su miembro para acariciarlo, abrió los ojos y se deleito viendo a la chica, con aquel vestido ligero con el que alguna vez intentó seducir a Naruto, sin decir nada se dejo acariciar.
Ella se detuvo, le dio la espalda sentándose sobre él, penetrándose lento, su nivel de excitación subió al ver su redondo trasero deslizarse sobre su pene lento y tranquilo, esas eran sus posiciones favoritas, ¿cómo lo sabía ella?, tal vez lo había deducido, él era un flojo al que le gustaba observar, y aquella visión era por mucho deliciosa.
Hinata giró su rostro y se quedaron mirando de forma intensa, hasta que ella cerró sus ojos con fuerza, al parecer en el climax del orgasmo, cuando supo que ella había terminado se dispuso a acabar, pero antes de que pudiera hacerlo Hinata se puso de pie y comenzó a correr divertida, el vestido que llevaba se levantaba de vez en vez dejando al la vista sus hermosos glúteos.
Cansado de perseguirla hizo los sellos para su jutsu de imitación de sombras y la detuvo, ella pareció excitarse un poco más y él también, los dos caminaron a la par y en un momento estuvieron a solo un par de pasos de distancia, el subió su mano hasta la mejilla de Hinata y como si de un espejo se tratara la mano de ella imitó el gesto, la distancia entre ellos se perdió por completo, cerro los ojos y justo cuando iba a besarla nuevamente sintió que algo lo golpeaba.
-¡Shikamaru!- una muy molesta rubia lo agitaba y abofeteaba, el se despertó un poco incómodo y se aclaro la garganta.
-¿Qué diablos pasa Ino? Es mi maldito día libre- ella lo soltó y se alejó.
-Vístete rápido, iremos a BBQ- salió azotando la puerta de su habitación, vaya forma de interrumpir ese magnífico sueño.
Se levantó con pereza, había quedado con Ino que iría y no podía fallarle a su mejor amiga, además claro que ella no dejaría de fastidiarlo.
Suspiro con algo de frustración, llevaba muchos días con sueños así, a veces dormía y a veces le pasaban mientras estaba despierto, esa situación comenzaba a ser problemática, por ahora no haría nada, luego pensaría en una infalible estrategia para salir de ese asunto.
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Hinata estaba sola de nueva cuenta en su casa, desde que tuvo aquello con Shikamaru Naruto estaba más lejos que nunca, por un momento temió que ya lo supiera, que no fuera el problemático secreto del encantador de sombras.
Todos sus temores se fueron cuando Naruto llegó esa tarde a casa para comer algo y la miró, besó y trato tan dulce como siempre. A pesar que apenas unos días atrás estaba deseando ser tomada por su esposo, ahora mismo esperaba que se fuera y la dejará sola como siempre, pensaba que si la tocaba algo malo pasaría. Por fortuna el rubio se excuso diciendo que tenía mucho trabajo, Hinata le dio un beso de despedida y ahora estaba completamente sola, subió a su habitación y se dejó caer sobre su enorme cama, como marea tranquila que cepilla la orilla los recuerdo de Shikamaru volvieron a su mente, ahora se la pasaba fantaseando con él, comenzó a imaginarse al hombre mirándola con deseo, acercándose sigilosamente y abrazándola por la espalda, mientras le susurraba al oído que era su dulce secreto, lo imaginó estimulando sus clítoris como si tocara una increíble canción con la guitarra, ella misma hacía ese movimiento pero en su mente el moreno lo hacía por ella.
Ella se concentró en su humedad, en lo caliente que estaba, recordó el aroma de Shikamaru y terminó dejando sus dedos húmedos. Realmente extrañaba a Shikamaru, necesitaba sentirlo dentro de ella, se sentía tan caliente que estaba a punto de ir a buscarlo cuando alguien tocó la puerta.
Bajó a toda prisa y se sorprendió, aunque ella estaba deseosa de tener sexo con Shikamaru verlo en su puerta la descolocó, se sonrojo sin poder evitarlo, desde aquel día que no lo veía lucía más guapo que antes, más interesante que antes, mucho más sensual que antes.
-Hola Hinata- para su mala suerte no venía solo, todo el equipo 10, Lee, Ten-Ten, Sakura, Sai, incluso Sasuke y sus propios compañeros de equipo estaban en la puerta- vinimos por ti para ir a la BBQ, también por Naruto- Ino sonrió ajena a todo el revuelo que había en ella, asintió lentamente apartando la vista de Shikamaru.
-Naruto volvió a la torre- tomó su abrigo, salió y cerró la puerta tras de si, había olvidado esa cita pero en realidad tanto tiempo libre hacía que no tuviera pendientes en el hogar.
-¡Iremos por él, no te preocupes!- dijo Lee y sus ojos se volvieron dos llamas- la llama de la juventud arde con fuerza en Naruto-kun, no podrá negarse a convivir con camaradas- ella ya no escuchó los desvaríos de Lee pues el quedó demasiado adelante de la comitiva de ninjas que iban a por el rubio.
No supo si Shikamaru lo hizo a propósito o si ella misma lo había provocado inconscientemente, pero ellos dos iban caminando a la par, sonrojados y en un silencio agradable, iban cerca, lo suficiente para que sus manos se rozaran con cada movimiento, se miraron a los ojos largo rato, tocándose tiernamente, Hinata nunca imagino que un contacto así de trémulo fuera tan emocionante, podía sentir como su vagina se ponía húmeda y caliente, expectante, esperando más. Para Shikamaru aquello era el cielo, había anhelado tanto tocar su suave piel de nuevo que ese simple roce le pareció lo más erótico del mundo, sus pantalones se apretaron, la sangre en su pene se estaba juntando, clamando por más.
Llegaron a la torre, y Hinata fue asignada para la misión de sacar a Naruto de ese lugar, batallo un poco pero los refuerzos llegaron, Sakura, Ino e incluso Ten Ten hicieron tal escandalo que Naruto cedió un poco, pero accedió al fin cuando Sasuke lo tomó de mala manera por las solapas de su abrigo y lo amenazó de muerte.
Los 12 de Konoha se dirigían a la BBQ, divertidos, hablando de cualquier cosa, a pesar de que Naruto iba con ellos, Hinata y Shikamaru siguieron caminando en silencio, tocándose de forma suave y discreta, intercambiando miradas de complicidad y deseando que esa noche nunca acabara, que pudieran estar así, inmersos en un mundo donde el otro estaba cerca.
