2. Cautiva

Los pitidos de las máquinas respiratorias y del monitor que registraba la tasa cardíaca por fin permanecían estables. Con visible cansancio Rennie pudo relajarse. Esta vez, la guardia se había pasado. El lobo estaba en condiciones tan desastrosas que de no ser por su velocidad sobrenatural, no hubiera sobrevivido. Aún así, no pensaba que le hubiese hecho un favor, todo lo contrario, pero si se negaba, más inocentes caerían.

Con curiosidad, pudo al fin fijarse en su paciente. Era enorme, su pelaje era de un suave color chocolate que caía sedosamente hasta las patas, también de color chocolate, fuertes y gruesas. Era un animal magnífico con un aura de fortaleza y potencia. Cualquier naturista se daría cuenta que no encajaba en ningún patrón genético. Aunque pasara por ser de la familia "Lupus", contaba con la gracilidad propia de los primates.

Así que esto era un hombre-lobo.

-Vaya, parece que el chucho te gusta-Con voz arrastrada Demetri, el vampiro más insoportable de la guardia, entró en el pequeño laboratorio. El único santuario que Rennie tenía.

-¿Qué quieres?-Rennie intentó que su voz no mostrara nada. Por experiencia sabía que controlar las emociones y fingir indiferencia era la mejor, la única, arma contra los Volturi.

-Una despedida... sabes me voy a investigar, a hacer un reconocimiento en la zona de los Cullen.-Se acercó a ella, hasta que casi la rozaba. Ella aguantó la bola de angustia de su garganta.-Pensé que tal vez estuvieras interesada, en un interludio.-Su voz se convirtió en un susurro lascivo.

Rennie se apartó de él y se centró en el lobo que descansaba sobre la camilla.

-Tengo que estabilizarle, Aro quiere que esté despierto lo más pronto posible.-Su voz sonó tranquila y eficiente.

-Así que quieres hacerte la indeferente gatita-Gorjeó y ella volvió a sentir el asco y el frío que la acompañaban cada vez que lo veía-Pero no podrás huir de mí tan fácilmente. Aro aún quiere tener herederos y los híbridos como tú son los únicos que tal vez puedan procrear. Además-bajo la voz que adquirió un tono más acerado-no hay nada que me guste más que una llorona.

Rennie tuvo que acudir a todas sus fuerzas para no contestarle, para no matarlo en el acto, pero sabía que era inútil. Ella era mestiza y su fuerza no era tan potente como un miembro de la guardia que además seguía "el canal normal de alimentación". Su plan de huida tenía que esperar unos días más. La llegada del lobo lo había trastocado, pero pronto escaparía de ellos. Con la mayor frialdad le contestó.

-Qué tengas un buen viaje- "Y que te pateen en el culo" pensó.

-Ciao, amore-Señaló teatralmente y se fue.

Luchando contra el miedo, volvió a la mesa y puso más tranquilizantes al animal.
Quedó fascinada por su rápida capacidad de curación, aunque le supuso algún problema cuando los huesos se unieron de forma errónea y tuvo de volver a romperlos. Afortunadamente no despertó.

Los días pasaron, como siempre, como gotas idénticas de lluvia y fue una alegría contar con el animal, con su pelaje suave y... su encantador calor. Era como tener una estufa cerca y ella solía leer cerca de su cama, mientras le acariciaba el lomo.

Durante el tercer día de vigilia, ella estaba en su rutina común, leyendo unos anales médicos cuando notó el cambio. El lobo empezó a temblar sin razón aparente, mientras que ráfagas de calor salían por los poros de su piel. Su figura se desdibujaba y de pronto, el pelaje fue sustituido por curtida y bronceada piel. Con un grito, un hombre se despertó.

Rennie estaba tan embobada por el cambio que no vió el peligro que corría. El hombre la atacó. Se abalanzó hacia ella, como el lobo herido que ella había curado antes y sus manos fuertes le rodearon el cuello con tal fuerza que un humano normal ya hubiera muerto.

Aterrorizada, ella sólo pudo rezar por morir pronto. Mientras perdía la consciencia abrió los ojos y los clavó en los enfebrecidos y animalísticos de él. Los ojos verdes de ella miraron a los ojos castaños de él, que sorprendido paró el aprentón.

Pero ya era tarde. Ella cayó desfallecida en el suelo.