Aquí está la segunda parte del capítulo, espero resolver muchas de sus dudas. ¡Qué lo disfruten!
-Ahora puedes irte, piensa bien lo que realmente desea tu corazón y vuelve mañana a la misma hora con tu respuesta.
Arrietty solo pudo asentir con la preocupación pintada en el rostro. Se levantó acompañada del ser Sin Cara, que la dejó en la puerta como la noche anterior. Después de una leve inclinación de cabeza en señal de despedida camino de manera autómata a su casa. Esta vez nadie la estaba esperando, todos estaban muy cansados y aunque no del todo, había recuperado la confianza de sus padres, así que en silencio para no despertarlos se dirigió a su cama y se acostó, aunque dudaba mucho que pudiera dormir, no considerando lo que tenía que pensar, esa propuesta era toda la esperanza que tenía y sin embargo…
- ¿Realmente quiero ser humana? - se preguntó en voz alta.
Esa había sido la propuesta de Zeniba, con su magia podía ayudarla, pero debía ser un deseo real de su corazón, sólo así podía funcionar, por eso debía estar completamente segura de lo que debía hacer… ¿Cómo tomar una decisión así? Ser humana significaba abandonar a sus padres, su vida, todo lo que había sido hasta ese momento, sin embargo, también le daba la oportunidad de un nuevo comienzo, de estar con Shō, pero, ¡solo eran niños! ¿Cómo podría considerar una vida a su lado? Con sorpresa se dio cuenta que sí podía, que deseaba que la larga vida que Shō se merecía, pudiera pasarla con ella… Estuvo despierta hasta muy tarde, y cuando finalmente consiguió conciliar el sueño, tuvo pesadillas, muchas pesadillas: respecto a la operación, respecto a su decisión, y cuando el sol comenzó a salir ya estaba despierta contemplando el infinito.
- Has madrugado - comentó su padre al llegar con ella.
- Sí… Yo… - dudó - nada papá, enseguida iré.
¿Qué debía hacer? Necesitaba desesperadamente el consejo de su padre, una palabra de aliento de su madre, pero no se atrevía a contarles la verdad, había causado ya tantos problemas, si supieran lo que su corazón albergaba en ese momento solo podían sentir más decepción… Con súbita sorpresa recordó que Shō probablemente estaba preparándose para la cirugía, confiando en que todo saldría bien, mientras ella era un manojo de nervios y solo podía sentir dudas y confusión.
Ese día fue sumamente raro, parecía ir más rápido y al mismo tiempo era tan lento, ante la incertidumbre de la salud de Shō, su propia inseguridad sobre qué decisión debería tomar, sus miedos y la angustia de ver a Zeniba… Una vez más pasó el día callada y distraída, sin atreverse a ver a sus padres a la cara, mil pensamientos la atormentaban, pero no había considerado realmente la oferta y la hora de la verdad se iba acercando cada vez más…
¿Qué debía hacer? En menos de una hora Zeniba la estaría esperando, pero aún no tenía una respuesta, estaba aterrorizada y no había nadie que pudiera ayudarla, no podía comer y aunque sus padres la observaban con preocupación durante la cena, no levantó su mirada del plato y ellos no dijeron nada, después de todo creían que ella aún se sentía culpable. Faltaban diez minutos y Arrietty sentía que su pecho estallaría a causa de los rápidos latidos de su corazón, su nerviosismo era palpable, sus dedos hormigueaban, así se llegó la hora acordada... Y pasó.
Eran solo cinco minutos más de la hora, pero Arrietty sentía que era una eternidad, no sabía qué hacer y pronto esos cinco minutos se convirtieron en diez y los diez en veinte. Su padre la mandó a dormir y ella no tuvo más remedio que irse a acostar, sintiendo como si su corazón pesara una tonelada, con culpa y remordimiento por su cobardía… ¿Cómo podía dormir? En cuanto se acostó empezó a llorar, primero sollozos breves, tratando de mantener la calma y no hacer ruido, pero pronto no pudo ocultar su pena y los sollozos se convirtieron en un llanto desesperado, mientras pensaba en que Zeniba ya no la estaría esperando y nunca sabría el destino de Shō, más lágrimas cayeron en su almohada, hasta que sintió una mano cálida en su hombro: era su padre.
Ni siquiera pudo decirle algo, simplemente se arrojó a sus brazos y lloró largo y tendido, él no preguntó nada, la dejó llorar hasta que recuperó la calma, pero una vez que estuvo tranquila, se dio cuenta que el momento importante había llegado, debía decirle toda la verdad a sus padres.
- Papá yo… Debo decirles algo a ti y a mamá… Yo… - comenzó pero era demasiado complicado.
- Intenta explicármelo con calma - la animó su padre sin presionarla.
Y así lo hizo, le contó todo: sus deseos egoístas de ver a Shō otra vez, el encuentro con el Sin Cara y Zeniba, la propuesta, su inseguridad y su miedo… Ya no podía seguir viéndolo a los ojos, había considerado dejarlos y se sentía llena de vergüenza, pero su padre tomó su cara con su mano y la obligó a mirarlo.
- Hazlo - fue lo primero que dijo, ante la mirada de incredulidad de Arrietty.
- Pero papá… - intentó protestar pero su padre no la dejó.
- Yo tuve la fortuna de encontrar a tu madre en este mundo tan grande y esperaba que Spiller fuera lo mismo para ti, pero me doy cuenta que no… Pero ya has encontrado a alguien que sí, no quiero que pases tu vida arrepentida si lo dejas.
- Siempre serás nuestra hija - interrumpió su mamá que había estado escuchando en silencio desde el lugar donde dormía - y siempre te querremos, pero lo principal es que seas feliz.
- Mamá… Papá… Yo…
- Anda - dijo su padre - sécate las lágrimas y corre.
Arrietty asintió con fuerza y se levantó, abrazó a sus padres con fuerza y salió corriendo, sonriente porque sus padres la habían comprendido, preocupada porque hacían más de dos horas que Zeniba la esperaba y tenía miedo de que fuera demasiado tarde, pero ya no podía parar, corrió y corrió hasta que llegó a la casa. Estaba todo muy obscuro, las luces apagadas y no había señales del Sin Cara, por supuesto, era demasiado tarde y de nuevo las lágrimas vinieron a sus ojos, lo había arruinado todo, ya no podría ver a Shō, ya no le quedaba nada… Se dio la vuelta para regresar a su casa cuando escuchó un suspiro muy familiar.
- ¡Estás aquí! - exclamó al ver al Sin Cara.
Él solo asintió y le pidió con señas seguirlo. Parecía un deja vú de la primera vez que había ido, cuando solo tenía tristeza. Entraron a la casa, que seguía sin luces encendidas y cuando volteó a ver al Sin Cara para preguntarle el por qué, descubrió que estaba sola. ¿Qué debía hacer? Caminó a tientas en la oscuridad, cuando la voz de Zeniba le dijo:
- Tardaste menos de lo que esperaba.
- ¡Zeniba! ¿Dónde estás? ¡Lo siento mucho!
Entonces el fuego de la chimenea se encendió y Arrietty pudo ver a Zeniba de pie junto a ella y solo pudo empezar a llorar otra vez. El gesto de Zeniba no mostraba ira, pero Arrietty se sentía demasiado avergonzada por todo, por llegar tarde, por dudar, estaba abrumada por las emociones de ese día, preocupada por Shō, y la bruja la dejó expresar todo.
- Tranquila pequeña - le dijo luego de un rato - necesitarás energía para lo que viene.
- ¡Sí! - exclamó y asintió fervientemente con la cabeza.
Sígueme entonces.
Entraron en un cuarto pequeño, lleno de frascos de colores, los colores más alucinantes que alguna vez hubiera visto. Contempló asombrada todos los estantes, mientras Zeniba buscaba entre ellos y cuando regresó, vio que traía una botella pequeña, del tamaño justo de Arrietty, con un líquido verde claro.
- Vas a beberte esto - le indicó Zeniba - cierra los ojos y piensa en tu deseo, piensa en lo que esperas y no los abras hasta que te lo indique.
Arrietty asintió sin dudar, ya no habría más dudas en su corazón ni en su mente. Tomó la poción que realmente era insípida, cerró los ojos y pensó en Shō, en que quería ser feliz, quería verlo, quería ser humana… De pronto, hubo un gran destello casi la hizo abrir los ojos pero se contuvo, hasta que Zeniba no le diera la indicación, no los abriría. En realidad, no sintió cuando su cuerpo empezó a cambiar, simplemente cuando pudo abrir los ojos, el suelo estaba muy lejos de su mirada.
- Está hecho - dijo Zeniba sonriéndole de nuevo enigmáticamente, como la primera vez que la vio.
Arrietty se contempló las manos, se tocó la cara… Era la misma, nada en ella se sentía diferente, pero lo era, por supuesto que sí. Sin poder contenerse se abalanzó sobre Zeniba y la abrazó con todas sus fuerzas, ahora podía hacerlo, ahora tenían el mismo tamaño. La bruja se sorprendió ante tal muestra de afecto, pero sonrió y correspondió al abrazo.
- Muchas gracias - le dijo entre sollozos.
- Y ahora pequeña, hay alguien a quien debes buscar - repuso Zeniba.
Arrietty la soltó, asintió y se limpió las lágrimas, sabía que sus padres estaban bien y ahora lo que más necesitaba saber era cómo se encontraba Shō. Dudó, no sabía cómo podría encontrarlo, pero ya no quería molestar a Zeniba, había hecho mucho por ella y de ahora en adelante tendría que arreglárselas sin su ayuda.
- No me has causado ninguna molestia pequeña - le dijo Zeniba contestando a sus pensamientos no expresados - solo espero que vengas a visitarme con él en cuanto se recupere.
Una vez más Arrietty solo pudo asentir emocionada. Zeniba le indicó cómo debía llegar al hospital en el que Shō se encontraba, después de eso le dio otro gran abrazo y la animó a irse. Con decisión y sin voltear atrás salió de la casa y comenzó a seguir su camino… ¿Qué pensaría Shō cuando la viera? Optimista y sonriente siguió su camino.
¿Qué les pareció la manera en que Zeniba ayudó a Arrietty? Le di muchas vueltas al asunto antes de poder decidirme a la que consideré la mejor solución, espero que les guste. También quiero decir que aunque al principio dije que serían dos capítulos nada más, me gustaría explorar un poco más la parte del reencuentro, por lo que vendrá un tercero... Ojalá me hagan saber sus opiniones sobre esta pequeña historia, me harían muy feliz. ¡Muchas gracias por leerme!
Fuyuka.
