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Capitulo 2: La llave

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-Si. Voy a vivir con ustedes - murmuro el pelirrojo, sin apartar la vista de aquella azulina mirada.

La joven enfermiza sonreia, incluso rio con su timbre agudo.

-Me agrada tu buena voluntad, Ichibi-san. Ino-chan te mostrara tu habitacion.

Mientras el pensaba en el sueldo de 60 000 yenes, y el trabajo que igual podia ser interesante, ¿por que a quien no le gustaria conocer detalles sobre la vida del kage mas joven de la historia? Aquel que murio igualmente joven y fue un orgullo para su nacion entera, a pesar de su retorcido pasado. Pensaba todo aquello mientras seguia los pasos de la muchacha. Ella debia de tener a lo mucho unos 18 años. Y el shinobi no la seguia con la vista, mas bien la seguia con el oido, el sonido de su ritmico taconeo y el susurro de la tela de su corta falda. Realmente, y sin pensarlo, estaba ansioso por volver a mirar aquellos ojos de cielo. Caminaba cautelosamente tras de ella, aun sin haberse acostumbrado a la escasa luz del lugar, por no decir nula. Tal vez serian alrededor de las 8 de la noche, y el que todas las ventanas por las que pasaban se encontrasen cubiertas con persianas no ayudaba en nada. Mas aquello cambio, cuando la joven Ino deslizo la puerta de la habitacion donde Ichibi se quedaria, un espacio acogedor y con todo lo necesario para estar. Con un amplio ventanal con balcon al patio trasero a través del cual se filtraba la luz del alumbrado publico del exterior.

-Aqui es su cuarto. Lo esperamos a cenar dentro de una hora - anuncio la rubia platinada, antes de retirarse con aquel ritmico taconeo y ese balanceo de caderas sin que el pelirrojo hubiese podido ver nuevamente su rostro, solo su estilizada silueta.

Corrio la puerta lentamente detras de si, al tiempo en que dirigia la mirada hacia el balcon de la habitacion, cuya amplia puerta corrediza de cristal se encontraba sin persianas o cortinas algunas. Sus labios se curvearon sutilmente mientras se acercaba a dicha puerta, observando la bella vista del jardin trasero de la casa, igual de agradable que el que ya habia contemplado. Tomo asiento en el comodo tatami entre las suaves sabanas de seda blancas, paseando su mirada aguamarina por la habitacion, el tapete de lana roja, los muros adornador por bellas molduras doradas y motivos tipicos japoneses en colores crema y oliva, un pequeño sillon de terciopelo rojo, junto a una mesa de noche de madera con una pequeña lampara a su disposicion, asi como un estante sobre esta con algunos polvientos libros y pergaminos encima.

Camino hacia la otra puerta corrediza del lugar, y al hacerla a un lado se encontro con un baño privado: una elegante tina de madera solida, un retrete blanco y un lavabo del mismo color. Se detuvo ante el gran espejo que estaba colocado sobre el lavabo, con marco de madera. Fruncio suavemente el ceño, moviendo sus inexistentes cejas, la piel blanca de su frente carecia de cejas. Sus labios un poco alargados de palido color se abrieron y exhalaron, empañando el vidrio del espejo frente a el. El pelirrojo cerro sus ojos aguamarina por unos instantes, y para cuando volvio a abrirlos el espejo se habia desempañado. Se paso una mano por los rebeldes cabellos, deslizandola seguidamente por su rostro, tanteando su perfil recto con sus alargados dedos, paseando por sus delgadas mejillas.

-Ino - murmuro el de ojos aguamaria, exalando y causando que el espejo frente a el volviese a empañarse.

Regreso a la habitacion y se recosto en el tatami. Se fumo dos cigarrillos mientras dibujaba formas con la mirada en el blanco techo de la habitacion. Luego se levanto, acomodo su camisa y peino sus cabellos con ayuda de sus dedos.

Salio del cuarto, tratando de recordar el camino que habia recorrido hasta aquella habitacion. Se vio tentado por dejar la puerta abierta, para que la luz que provenia del alumbrado publico que entraba por la amplia puerta corrediza lo guiara en la oscuridad, mas desistio de hacerlo, tambien pudo tomar la lampara de mesa, mas no lo hizo, sabiendo ya que esa casa siempre se encontraba a oscuras. Avanzo con cautela, propia de cualquier shinobi, ademas no necesitaba la luz, pues pronto su mirada se acostumbro a la oscuridad del lugar, pudiendo reconocer formas entre la penumbra. Descendio por la escalera lentamente y, al llegar al ultimo escalon entre la oscuridad puso divisar los ojos del blanco conejo de la enfermiza muchacha, que practicamente salio saltando del lugar.

Logro divisar a Ino de pie frente a una puerta entreabierta de cristales opacos, esperandole y jugueteando con un mechon de su larguisima cabellera. Adorable.

El pelirrojo shinobi camino hacia ella, curveando sus labios en una pequeña sonrisa casi invisible, predominando su semblante estoico en su rostro. Mas se detuvo al escuchar el inconfundible sonido de una pelea de shinobis que capto su fino oido. Podia llegar hacia él el inconfundible roze de kunais y armas afiladas, asi como de jutsus siendo llevados a cabo.

Mas la rubia se dio media vuelta y camino hacia la sala, por lo que el shinobi fue tras de ella.

-Algunos ninjas. Mientras no sean aquellos que buscan a mi prima, todo bien - musito la jovencita - Hay tanto viajero por aqui, que no es de extrañar que se cruzen viejos enemigos.

Cruzaron la sala de elegantes muebles forrados de seda mate, vitrinas donde habian sido colocadas numerosas condecoraciones, viejos objetos de guerra contrastando con adornos florales y algo que le parecio una cajita musical de madera. Tapetes de diseños tradicionales en el suelo y varios cuadros antiguos donde reposaban pergaminos extendidos con inscripciones en ellos. Las persianas de las ventanas se encontraban corridas.

- ¿ Se encuentra comodo ? - resono la melodiosa voz de la jovencita.

-Si. Pero preciso de recoger mis cosas en la posada donde...

-No es necesario. El criado ya fue a buscarlas - interrumpio la rubia platinada, meneando sus cabellos.

-No se hubieran molestado - inquirio Ichibi cortesmente.

Pronto llegaron al comedor. La muchacha se adelanto y encendio unos cuantos farolillos japoneses similares a los de la habitacion de la enfermiza prima. Todos los muros del comedor estaban recubiertos de paredes pulcras y blancas, un tipico comedor japones. Afuera ya no se escuchaba la pelea, los ninjas se habian marchado. Al tomar asiento frente a la mesa Ichibi paseo su mirada por esta, notando que solo habia dos platos de calientes de arroz y dos pares de palillos. En el centro reposaba una antigua botella verde.

Ino se acerco a el con la cacerola y el pelirrojo aspiro el olor calido de la sopa de miso que ella le sirvio. Mientras el tomo la vieja botella y lleno un par de vasos de cristal cortado con aquel liquido rojo y espeso. Se detuvo unos momentos a leer la etiqueta de la botella, mientras ella ahora acercaba un par de platos de verduras y trozos de carne. Seguidamente la jovencita coloca al centro de la mesa un plato con tomates cherry.

-Perdon - musito el de ojos aguamarina, al percatarse de que al otro extremo de la enorme mesa, habia entre la oscuridad otros dos pares de palillos - Esperamos a alguien mas?

—No - nego, simplemente, sentandose frente a el - Hanako se siente muy debil esta noche, no nos acompañara a cenar

-¿Hanako? ¿Tu prima? - cuestiono, cayendo en cuenta de que no conocia el nombre de la joven enfermiza que lo habia contratado. Tan solo le menciono que era la hija del Gondaime Kazekage. Que descortesia de su parte... Tendria que excusarse cuando la volviese a ver.

—Si - sonrio - le ruega que pase a verla despues de la cena.

El asintio.

-Itadakimassu - agrego la rubia platinada, para despues comenzar a comer.

La cena transcurrio en silencio. Bebieron aquel vino particularmente espeso. Ichibi desviaba una y otra vez la mirada para que Ino no lo sorprendiera en esa impudica hipnotica que ciertamente no podia controlar.

No obstante, el deseaba fijar las facciones de la jovencita en su mente, grabar cada centimetro de ella en su memoria. Desde su larguisimo cabello rubio platino atado en una alta coleta, pasando por su fino rostro de piel clara y facciones que evocaban un aire sexy y misterioso, labios gruesos y rosados, ojos de un vibrante celeste coronados por pestañas largas, espesas y negras. No obstante, cada que Ichibi desviaba la mirada sentia un fuerte deseo de volver a mirarla, una urgencia impostergable de observar tal belleza femenina.

Ella mantenia la mirada baja en todo momento, concentrada en su plato de comida, comiendo tal gracil pajarillo a pequeños y elegantes bocados. Ichibi metio distraidamente su mano a uno de sus bolsillos, buscando su paquete de cigarros y, al toparse con un pequeño objeto metalico y frio que le hizo dar un salto en su asiento, al recordar algo.

-Ah! Olvide que un cajon de la comoda en la posada donde estaba esta cerrado con llave. Alli tengo unas cosas - divago, deteniendo su comida.

-Entonces... Usted quiere salir? - pregunto en un murmullo con su fina voz, con ciertos tintes de reproche.

El pelirrojo se sintio confundido repentinamente, no osbtante alargo la mano con la llave colgando de un dedo suyo, ofreciendoselo.

-No urge - puntualizo el suavemente.

Sim embargo, Ino se aparto del contacto de las manos de Ichibi, manteniendo las suyas propias sobre su regazo. Al levantar la mirada el pelirrojo volvio a dudar de sus propios sentidos, atribuyendolo al vino, el mareo que le producian aquellos ojos celestes, vibrantes, brillantes, con un color puro.

El pelirrojo se puso lentamente de pie y rodeo la mesa, hincandose tras Ino, sin atreverse siquiera a tocar los desnudos hombros de la rubia, cuya cabeza se mantenia inmovil. Hizo un esfuerzo sobrehumano por contenrse, distrajo su atencion al escuchar una puerta cercana correrse, a sus espaldas, la cual seguramente conducia a la cocina. No obstante, pronto ignoro aquello y respiro profundamente, acercando su cuerpo al de ella.

En un halito de valor, tomo delicadamente su mano, la abrio y coloco la llave sobre esa pequeña y suave palma. Ella cerro la mano y subio la mirada, buscando aquel par de ojos aguamarina.

-Gracias, Ichibi-san... - murmuro, acto seguido se levanto de su lugar y abandono el comedor.

El pelirrojo tomo el lugar de Ino, estiro las piernas y encendio un cigarro, invadido por un placer que jamas habia conocido, pero que solo ahora tenia la dicha de experimentarlo plenamente, liberandolo, arrojandolo fuera.

Repentinamente recordo las palabras de Ino. La chica enfermiza Hanako lo esperaba. Se levanto y se dirigio a aquella habitacion nuevamente entre la oscuridad. Al llegar a la puerta golpeo suavemente esta, mas no obtuvo respuesta. Espero un poco antes de volver a tocar, mas el silencio fue su unica respuesta.

Se decidio por correr un poco la puerta y asomar dentro, pues ella de antemano lo esperaba. Entro lentamente, con cautela.

-Sabaku-san? Sabaku-san? - murmuro, en busca de llamar su atencion.

Al parecer, ella no lo habia escuchado, pues Ichibi la encontro hincada en un rincon de la habitacion, evocando un sello con sus manos que no logro distuinguir. Tenia los ojos cerrados y parecia estar concentrada. Iba cubierta con un airoso yukata de lana burda, y su mirada se encontraba perdida entre la penumbra. Era delgada, delgada como una escultura medieval, emaciadas, sus delgadas piernas se asomaban como dos hebras bajo esa yukata, cubiertas por alargadas cicatrizes que en su tiempo debieron ser profundas heridas dolorosas y rozandose la delicada piel continuamente con la tosca lana.

Repentinamente ella realizo otro sello con sus manos, como si estuviese ejecutando un jutsu. Al acercarse el Ichibi contemplo en el suelo un extraño circulo con inscripciones, signos, puntuaciones, dibujos y un triangulo inscrito en su interior hecho con tintes rojos.

Hanako, de rodillas en el centro de ese triangulo inscrito en un circulo, realizo otro sello, y el acercandose a ella, comenzo a escuchar lo que murmuraba.

- Jashin-sama, Jashin-sama. Colma el mundo de tu divinidad. Toma los tributos que en esta noche te ofrezco con toda mi sangre, devocion y fervor - exclamaba la chillona voz.

Repentinamente, una tos descontrolada invadio a la muchacha, quien perdio su compostura y cayo hacia el frente. Ichibi se adelanto y la tomo de los codos antes de que golpease el suelo. La cargo entre sus brazos con facilidad y dulcemente la llevo hasta el tatami, donde la recosto delicadamente. Se sorprendio por el tamaño de la jovencita enfermiza, pequeña, demasiado delgada, seguramente sin su ayuda tendria que verse obligada a regresar a gatas al tatami. La cubrio con aquellas sabanas de seda y se aseguro de que estuviese lo mas comoda posible, mientras un par de lagrimas traicioneras corrian por sus mejillas involuntariamente. El espero pacientamente a que la respiracion de la enferma se regularizara.

-Perdon... Perdon, Ichibi-san... A las personas enfermizas y con poco tiempo de vida solo nos queda... el placer de la devocion... - balbuceaba entre su agitada respiracion.

-La señorita Ino me dijo... - comenzo, intetando cambiar el tema y limpiando con sus dedos aquel par de salinos de la joven.

-Si, exactamente - interrumpio, cerrando los ojos ante el calido contacto - No quiero que perdamos tiempo... Debe... debe empezar a trabajar cuanto antes... Gracias.

—Trate usted de descansar - surigirio, apartando la mano del rostro de la chica.

-Gracias - sonrio debilmente - Tome... - se llevo las manos al cuello, bajando la cabeza para quitarse un liston morado, que seguidamente extendio al de ojos aguamarina. De aquel liston colgaba una llave.

-En aquel rincon - señalo con la cabeza - ... Abra ese baul y traiga los pergaminos que estan a la derecha, encima de los demas... amarrados con un cordon cafe...

-Esta bien - musito, para despues dirigirse a aquel lugar, acostumbrado ya a la escazes de luz.

-Veo que, como buen ninja posee una excelente vision nocturna... Yo tambien estoy tan acostumbrada a las tinieblas, la luz me hace daño, mucho daño... Por eso esta casa mantiene todo a oscuras, es una lastima que ya no puedo volver a mi amado invernadero. ¿Vio la tienda de a lado? Es nuestra. Amo las flores, amo los jardines. Ino se encarga de ellos y solo por las noches puedo verlos, es tan doloroso no poder ver aquella magnificencia con la luz del dia rebosante en cada petalo de cada flor - relato la muchacha, en lo que el buscaba los papeles, una vez que regreso y se los entrego, lo recibio con una sonrisa - Eso es. Gracias. Puede usted empezar a leer esta parte. Ya le ire entregando lo demas- explico, acomodando su almohada - Buenas noches, Ichibi-san. Gracias - se termino por cubrir con las sabanas de seda, no obstante el se acerco de nueva cuenta, extendiendole el liston - No, no, quedese con la llave. Aceptela. Confio en usted.

-Hanako-san... Hay un ramo de flores marchitas en aquel rincon...-señalo, recordando lo distinguido entre la penumbra.

-¿Ramo de flores marchitas? Es que yo nunca voy hasta alla.. - aclaro la joven enferma.

-Oh... Ya veo

-Tal vez Ino las olvido ahi - sugirio, volviendo a ponerse comoda en su lugar - Buenas noches. Voy a dormir. Estoy muy cansada - dijo ya con sus ojos cerrados.

-Buenas noches - Ichibi salio lentamente de la habitacion con papeles en mano.

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Un examen mas y vacaciones!

Espero tengan un excelente fin de semana.

Saludines :)

Besos, muaaack!