© Los personajes de ésta historia pertenecen a Kishimoto Masashi.
Agridulce
Capítulo 2.
¿Los que se pelean se aman?, ¡que tontería!
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Eran las dos y media de la madrugada, sin embargo, Hinata Hyuuga no podía conciliar el sueño. Tenía la cabecita metida entre las almohadas, y los ojos cerrados con fuerza. Pero luego de girar en la cama unas veinte veces decidió, por fin, que no podría dormir.
Se sacó las mantas de encima, y colocando cuidadosamente cada pie en sus pantuflas de color lila, sin comparación de las extravagantes que estaban a su lado; de color rosa con un oso en la punta y ojos grandes; eran de Sakura, sin duda. Sonrió, lentamente se levantó de la cama y observó la habitación a oscuras.
Su compañera de cuarto y mejor amiga, dormía plácidamente a su lado. Después de haber estado peleando gran parte del día, compitiendo con Sasuke y riendo junto a Naruto ahora no tenía fuerzas ni para suspirar. A duras penas llego a la puerta de salida, y con una bata abrigada salió a los corredores de la Academia.
Nadie es su sano juicio, andaría a esas horas: sola. Pero ella no era una persona cobarde, además, ahora tenía más problemas en la cabeza que unos simples fantasmas inexistentes creados por su mente. Se dirigió al pequeño comedor que había en el edificio, por un gran vaso de leche para poder dormir.
Mientras esperaba a que se calentara en el microondas, dejo su mente divagar libremente, resignada y cansada. Y es que siempre era el mismo problema, en el cual dos personas intervenían sin siquiera darse cuenta.
Naruto.
Cielos, hasta su simple nombre lograba que su cuerpo temblara como la gelatina. ¿Cómo aquél chico hiperactivo había logrado aquello? Es decir, desde un principio supo que tenía una belleza notable. Pero además de eso, ella había podido notar lo extraordinario que era, siempre se esforzaba por ayudar a todo el mundo, luchaba por lo que quería, nunca se rendía, defendía a los débiles, en fin; era un chico estupendo.
Era lo que cualquier chica querría como su príncipe y más.
¿El problema?
Sakura.
Ella era su mejor amiga, la amaba con todo el corazón. Y como se sabe, Hinata conoce los sentimientos que la Haruno alberga por su rubio amigo. Desde ya hace mucho tiempo. Y aquello la mataba, ¡no podía ser peor! ¿Quién no desearía estar con el amor de su vida? ¿Pero qué haría una chica sabiendo que, confesándole sus sentimientos al chico no solo perdería su amistad con él sino que también con su más querida amiga; Sakura?, ¿cómo lidiar con algo así?
No lo sabía.
Y ya llevaba tres años en la misma situación. Sin atreverse a encontrar una solución, nunca se animo a decírselo a Sakura… tampoco a Naruto. Ya no sabía qué hacer.
Además, ¿cómo controlar todos esos sentimientos alocados?
Cada vez se le hacia más difícil ignorar las mariposas en su estomago, el corazón acelerado al cien por cien cada vez que lo veía, incapaz de mantener una conversación casual el encontrarse allí. Se sentía estúpida, cobarde y poca cosa.
No estaba segura hasta dónde sería capaz de llegar su dolor.
No sabía cuánto más aguantaría.
Con el sonido del microondas deteniéndose y soltando la alarma para mostrar su tibia bebida, sus pensamientos se revolotearon. Con pereza volvió a su habitación bebiendo una bocaza de leche, se quitó la bata y dejo las pantuflas junto a las de Sakura, los ojos de esos ositos parecían mirarla con pena. Genial, lo que me faltaba, pensó tristemente.
Cuando se recostó, dejo el vaso en la mesa y su mente abandonó su cuerpo en un santiamén. Con una sola imagen grabada en el cráneo aun cuando estaba en lo más profundos de la subconsciencia.
Un Naruto sonriendo con sus brillantes ojos azules.
-¡Hinata!
La pelinegra se acurrucó un poco más en su cama, murmurando cosas intangibles que hicieron reír a Sakura. La volvió a mover para que despertara, y la chica soltó un bostezo y se llevo las manos a los ojos para desperezarse.
-¿Qué sucede Sakura-chan? –dijo ocultando un bostezo.
-Pasa que… son las ocho de la mañana y llegaremos tarde a clases –largó, no pudo evitar reír cuando su amiga saltó de la cama con todo el impulso que tenía y corrió a los baños a arreglarse.
-¡Me hubieras despertado más temprano Sakura! –chilló desde el baño.
-Lo intenté… pero parecías una roca y no reaccionabas –contestó.
Sakura se tiró a la cama, mirando el techo. Era raro que Hinata fuera quién se durmiera, para ser sinceros ella se le había pasado la hora y también tuvo que correr a alistarse… pero eso no era para nada extraño. En cambio su amiga; era siempre muy puntal y ordenada en todo. ¿Se encontrará bien?, se preguntó, seguramente fueron las vacaciones con sus padres… a todos nos afecta de una forma u otra.
Pudo ver como su amiga salía con los pelos mojados y el uniforme ya colocado, le sonrió y amabas buscaron sus mochilas para salir. Sabían que estaban retrasadas, pero no era de extrañar… siempre sucedía, aunque por culpa de Sakura.
-Lo siento Sakura –se disculpo la pelinegra mientras avanzaban por los pasillos del lugar-. El primer día que llegarías temprano y yo me quedo dormida.
Sakura le restó importancia con un gesto de mano.
-Descuida –dijo-. La verdad es que yo también me dormí, me vestí lo más rápido que pude para levantarte. Y no me fue mal ¿verdad? –se giro para que Hinata la viera-. Creo que he roto mi propio record, quizás, de ahora en adelante ya no lleguemos tan tarde.
La pelinegra empalideció, pero no sabia si reír o hablar seriamente.
-Er… Sakura, notaste que… -comenzó, pero se vio interrumpida por gritos.
-¡Teme!
-¡Es culpa tuya dobe! ¡Dijiste que pondrías la alarma tú!
Una gotita de sudor apareció en la cabeza de las chicas, ¿es que acaso todos los días sería la misma escena?
-¡No es mi culpa que seas un confiado teme! ¡Además, qué sabía yo que se descompondría mi reloj, dattebayo!
-¡¿Es que nunca te enseñaron a ponerlo a hora y cuidar la batería?!
-¡Claro que sí! ¡Ahora apúrate que llegaremos tarde!
-Maldición. En el primer día de clases. ¿Por qué me tenía que tocar un idiota como tú de compañero?
-Pues créeme teme, tú no eres la persona soñada para compartir habitación.
Las chicas, con un tic en la ceja, escuchaban las pisadas y los saltos que daban para vestirse rápidamente. Al parecer no serian las únicas en llegar tarde esa mañana.
-¡Déjame entrar al baño teme!
-Llegué primero, espera tú turno.
-¡Rayos teme, ahora se te ocurre retocarte con maquillaje!, ¡estamos tarde!
-¡Deja de fastidiar!
Los golpes en la puerta del baño. Sakura suspiró, esos dos eran unos inmaduros.
-¡Anda, vamos!
-Hmp.
La puerta se abrió y salieron corriendo, no se esperaban encontrarse allí a las dos chicas, por lo que se las llevaron por delante y todos cayeron al frío piso. Cuando se levantaron, el rubio les sonrió enormemente y Sasuke se limitó a verlas con fastidio -principalmente a la pelirosa que sonreía embobada hacia donde estaba el dobe-.
-¡Chicas, pensé que ya estarían en la clase 'ttebayo!
-No retrasamos –dijo simplemente Hinata.
-Ajá –suspiró la pelirosa.
-Eso no es muy raro en ti Sakura-chan –comentó, logrando que su amiga se sonrojara con brutalidad. Incluso él conocía sus problemas para los horarios-. Aunque con el teme quedamos iguales.
Entonces, mientras se ponían en marcha hacia las clases, Sasuke notó algo que Hinata ya había pasado por alto hace bastante rato. No pudo evitar soltar una sonrisa burlona.
-No sabía que era moda andar con la camisa al revés, Sakura –se mofó-. Aunque, te aconsejo que te queda fatal.
La nombrada lo observó desconcertada y después se concentró en su camisa. El sonrojo se apodero de sus mejillas, escuchando como el pelinegro reía y Naruto trataba de ocultar una carcajada. ¡La camisa al revés! Era lo único que le faltaba.
-Lo siento, Sakura –se disculpó Hinata-. Iba a decirte pero lo olvidé con la pelea de los chicos. No te preocupes, te acompañare al baño.
-No, no, tranquila –le restó importancia con la mano-. No es nada. Iré yo. Los alcanzo en el aula ¿si? Nos vemos al rato.
-Pero…
Hinata se quedó con la palabra en la boca al verla correr al lado contrario de los pasillos hacia las aulas, al parecer sí tenía prisa. Naruto, extrañado observó como Sakura desaparecía, sin embargo la pelinegra hizo una seña para dejarla sola y los tres caminaron al salón. Se imaginaban la reprimenda que tendrían.
-Maldita camisa –bufó.
Luego de colocarse la camisa como normalmente la tiene toda persona cuerda en el instituto, se miró en el espejo. Sus pelos rosados estaban disparados hacia los lados, dejando ver lo poco y nada que se había peinado. Con la mano trato de alisarlos, pero parecían decididos a permanecer.
Con un gruñido se mojó el cabello. No era la primera vez que llegaba tarde a una de sus clases, por lo general llegaba tarde a todos lados. Y es que, la puntualidad no era lo suyo sinceramente. Una vez que dejó su cabello un poco más aceptable que antes, checó la hora en su reloj de mano.
-Rayos, es tardísimo –masculló.
Se disparó del baño y corrió hasta donde estaba su salón. En los pasillos ya no había nadie y estaba todo en un silencio escalofriante. Aterrada, al conocer la actitud de su maestra Anko, apuró el paso. No alcanzó a llegar muy rápido porque se patino en el suelo y salió disparada con mochila y todo. Chilló molesta, ese no era su día. El cartel a su lado decía; "cuidado, pasillos lustrados" ¿No podía haber alguien diciendo eso? Con lo despistada que era no le sorprendería que pasara nuevamente y olvidara que estaba resbaloso.
-¿Piensas quedarte allí toda la mañana?
Sobresaltada, se levantó, pero el piso parecía de manteca, sumándole la rapidez con la que lo hizo… terminó en la misma posición. En el silencio que había, se sumó una risa aterciopelada que la enfureció pero aceleró su corazón al mismo tiempo.
-¡Quieres dejar de reír! –se quejó cansada.
Escuchó los pasos de Sasuke acercándose, hasta que estuvo a su lado. Con una sonrisa burlona le tendió la mano, y la pelirosa tragándose el orgullo la tomo de muy mala gana. Ninguno de los dos pudo ignorar aquella corriente eléctrica que se produjo. Una vez que se levantó, acomodó su uniforme y miró con molestia a su compañero.
-¿Qué haces aquí?
-Hmp.
La pelirosa torció el gesto, disconforme con su nula contestación. Pero olvido rápidamente eso cuando volvió a percatarse de algo importantísimo…
-¡Es tarde! ¡Vamos! –comenzó a correr, pero nuevamente se deslizo por el suelo, aunque esta vez no llegó a dar con el piso porque el pelinegro la tomo de la cintura, impidiendo que cayera.
-¿Podrías dejar de hacer eso? –se mofó-. No es muy agradable tener que estar salvándote de tus caídas torpes.
Sus mejillas se colorearon de coraje.
-¡Pues nadie te lo esta pidiendo! –se soltó y comenzó a caminar lentamente fuera de los pisos con cera.
-Hmp. Gruñona.
Ya. ¿Gruñona yo?, pensó enfadada, que mal no recuerde no soy la que anda con sus estupidos monosílabos; hmp… hn… y quién sabe cual más. Siguieron caminando, con Sakura a la cabeza y el pelinegro detrás, mirándola divertido al notar la expresión molesta de ella. Le encantaba meterse con Sakura, era muy gracioso hacerla rabiar y sonrojar de coraje.
Al llegar al salón, golpearon a la puerta antes de entrar. La profesora Anko los esperaba con una mala cara, su rostro pálido delineaba sus cejas enmarcadas en un cejo fruncido, sus labios rojos apretados y los brazos cruzados por sobre el pecho.
-Qué bueno Uchiha, Haruno que hayan decidido aparecer –masculló la maestra con la mirada oscura-. Por si no se han dado cuenta, estos no son los horarios indicados para llegar.
-Lo lamento, profesora…
-Silencio, Haruno –gruñó la maestra. Sakura bajo la mirada cansada y con un leve matiz suicida escuchó una risita escondida en Sasuke. ¿El maldito se estaba burlando de ella acaso?- No me interesa sus inventos, se retrasaron y serán castigados.
-Sensei –llamó la Haruno-: solo quería explicar mi retraso. Lo que sucedió es que, Sasuke –señalo a su compañero-. Me retuvo en los pasillos, no me dejó venir rápido. No quise negarme porque parecía enfadado.
Una exclamación de sorpresa de los alumnos se escuchó al unísono, a excepción de Hinata y Naruto que miraban extrañados la escena. Sasuke, entre sorprendido y desconcertado lo único que pudo hacer fue fulminar la espalda de la chica con la mirada. Mientras que Anko, observó expectante a su alumno, concentrándose en lo que decía.
-Me dijo algunas cosas que son personales –confesó con fingida vergüenza-. Luego, cuando lo apuré para que volviéramos a clases… entonces, él me beso…
Sasuke, cabreado y preocupado por lo estúpido de la conversación se vio obligado a intervenir.
-Sensei, Sakura está mintiendo… eso sucedió porque… -dudó-, porque… somos novios.
Otra exclamación de sorpresa por los amigos, esta vez incluida la profesarla. Sakura, se giró a verlo con odio, mientras que él le dedicaba la misma mirada. Anko aplaudió despabilando a todos los sorprendidos.
-De acuerdo, no nos interesa saber sobre su vida amorosa –dijo-. Así que, ¡vayan a sus asientos!
Los dos asintieron rápidamente y tomaron asientos juntos, ya que no había más lugar.
-Este será un largo día –susurró la pelirosa mirando por la ventana.
-Y por cierto. –La vez de Anko se mostraba muy enojada-. Uchiha y Haruno, están castigados.
Mierda, pensaron al unísono fulminándose con la mirada.
-¡¿Tú novia?! –rugió.
-No es mi culpa –gruñó-. ¡Porque yo no ando diciendo que, prácticamente me violaron!
-¡Estúpido!
-No más que tú.
Los cuatro compañeros se encontraban fuera de la academia, caminando por el gran y verde patio. Hinata y Naruto se limitaban a escuchar los gritos de sus amigos, que no paraban desde que había terminado la clase con Anko… hace como hora y media.
-Tranquilos –murmuró Hinata. Pero como era obvio, ninguno de los dos la escuchó, estaban demasiados preocupados en sus peleas.
-¡Ahora todo el mundo piensa que eres mi novio!
-Ya quisieras.
-¡Arg! -chilló-. Eres un egocéntrico.
Los dos se miraron con odio. Hinata y Naruto, notando la tensión se miraron mutuamente y asintieron, decididos a dejarlos solos. Aquello estaba resultando muy incomodo, además, esos dos necesitaban tiempo a solas. Con sigilo, caminaron dentro de la Academia, sin siquiera alertar a los que peleaban exageradamente.
-Hmp. Mejor me voy –gruñó-, eres insoportable.
-Tú lo eres más.
Sasuke se puso las manos en los bolsillos y suspiró cansado.
-¿Qué es lo que quieres? –preguntó-; ¿Ser mi novia? No eres mi tipo Sakura, ni siquiera me gustas.
Sus palabras fueron claras y precisas. Seco y cortante. Sin embargo, crueles. Muy crueles. Y Sakura no pudo evitar sentir una opresión de desprecio en el pecho… ¡Aquel chico era un déspota arrogante! ¡Cerdo machista! ¡Ni siquiera merecía estar dirigiéndole dos palabras seguidas!
-¡Eres un degenerado! –masculló cabrada-. No entendería a qué mujer le gustaría estar contigo. Eres asqueroso.
-Hmp.
-Tú; definitivamente, NO eres mi tipo.
Se dio media vuelta y con pasos pesados caminó con enojo para entrar a la Academia, sin siquiera volver la vista atrás. Tenía hambre, pero luego de esa charla-discusión desagradable que había tenido con Uchiha, lo único que se le apetecía era ir a ver a Hinata y Naruto.
Ahora que lo pensaba, ¿se habrían escapado los cobardes?
En los vestidores de chicos, como cada día luego de un partido o entrenamientos, estaban llenos de todos los jugadores, hablando y tirando cosas de algún estúpido principiante. Naruto y Sasuke estaban sentados al lado de los casilleros, esperando a que el entrenador les dijera que podían irse. Naruto había integrado el equipo de fútbol desde que había llegado prácticamente, siempre como el capitán. Era uno de los mejores jugadores y un gran goleador, algo que describiría su hiperactividad, siempre se encargaba de darle fuerzas y ánimos al equipo, era constantemente alagado por eso. Sasuke, como recién había llegado estaba sólo practicando y mostrando las destrezas físicas que tenía. Además, tenía un buen artículo de capitán en grupos de jugadores de fútbol, básquet y a veces béisbol. El entrenador estaba viendo la posibilidad de agregarlo al equipo como sub-capitán o quizás quitarle el puesto al rubio y quedar como capitán.
-¡Oye, Naruto! –llamó un chico que recién salía de las duchas, con una toalla en la cintura-. Me dijeron que este año también andarás de capitán ¿es cierto?
El rubio se carcajeó.
-De hecho, Kiba –habló-. Todavía tenemos que esperar la decisión del entrenador, y nos contará dentro de un mes.
-Pero es obvio que saldrás capitán de nuevo.
-No si le gano –intervino Sasuke, burlón.
-Ja-ja-ja, qué gracioso –ironizó el rubio, frunciendo el seño y mirándolo con rivalidad-. Nunca me ganaras teme, recuérdalo… quedaras bajo mis ordenes, dattebayo.
-Hmp -gruñó-. Yo que vos no me confiaría tanto dobe, porque quedaras en las gradas.
-Ya quisieras teme.
Kiba, sacudió su cabello marrón y los miró desconcertado. Había escuchado mucho de lo bien que jugaba el chico nuevo, aunque todavía no había tenido la oportunidad de verlo. Principalmente, porque las prácticas eran tan exigentes que poco tiempo tenían para concentrarse en el entorno.
-…además, seguro y no me llegas a los talones –se burló Naruto, riéndose a carcajadas-. Ya quisiera verlo teme, terminaras sudando la gota gorda 'ttebayo.
-Hn. Envidioso. Ya veras cuando—
Unas palmadas pesadas los calló a ambos y se giraron los tres a ver a su entrenador.
-¿Están peleando otra vez chicos? –preguntó cansado. En las prácticas habían estado discutiendo y compitiendo entre sí casi toda la hora, algo que los beneficiaba en cierta manera ya que se cansaban más (solo en lo de competir entre sí, por supuesto).
Gai era su entrenador. Un hombre atlético de atuendo tipo mameluco color verde, una vestimenta demasiado ajustada como para que le quedara bien remarcando las curvas de su trasero. El pelo negro lustrado con un corte casco de lo más anticuado y horrendo, cejas exageradamente pobladas que ocupaban parte de su frente y ojos redondos como platos, en fin, todo un personaje.
-No Gai-sensei –respondieron al unísono con molestia.
-Así me gusta chicos, tienen que trabajar como hermanos –sonrió y alzo el puño antes de agregar-; ¡Dejen que la llama de la juventud brille en ustedes!
Gotita de sudor en la cabeza de los tres.
-¡Eso es Gai-sensei! –chilló otro integrante del equipo; una mini copia del entrenador-. ¡La llama de la juventud esta en nosotros y debemos aprovecharla!
-¡Lee!
-¡Gai-sensei!
-¡LEE!
-¡GAI-SENSEI!
Los tres chicos miraron con asco la escena de los extraños vestidos de verde, llorando a mares y un amanecer pintado detrás de ellos. ¿Acaso podía ser una imagen más ridícula? Vaya entrenador les tenía que tocar… al igual que su compañero enamorado del profesor que imita en todo. En verdad, parecía que lo raro se le pegaba a Sasuke últimamente.
Enseguida, las lágrimas de Gai desaparecieron y se giro a ver a sus alumnos.
-Las prácticas terminaron chicos –dijo-. Pueden irse.
Como si las palabras fueran mágicas, los dos compañeros de habitación desaparecieron de los vestidores, sin volver la hacia su extraño maestro y estúpido alumno copión. Mientras caminaban por los pasillos del instituto, en silencio, Sasuke no pudo evitar preguntar algo de lo que tenia curiosidad desde hace rato.
-Oye Naruto –llamó-. Tú… ¿Tienes o tenías algo con la niñata de Sakura?
Naruto, que había estado mirando el cielo sin pensar nada en específico, se sobresaltó ante la repentina pregunta. ¿Sakura y él? Vaya.
-No –negó el rubio, bajando sus azules ojos al suelo-. Siempre considere a Sakura-chan como una hermanita… dudo que alguno de los dos nos veamos más allá de eso.
-¿Hermanos? –inquirió sorprendido el Uchiha.
Podría jugarse un riñón, a que definitivamente Sakura no veía al rubio como simplemente un hermano… ok, puede que solo hace poco la hubiera conocido, ¡pero por Kami! Se podía notar a leguas los sentimientos que transmitía la pelirosa…sus ojos la delataban en todo.
-Ajá.
-Hmp.
-Oye teme –dijo el rubio-. ¿Por qué estás tan interesado en algo como eso, eh? ¿Acaso te gusta Sakura-chan?
Sasuke arrugó el seño.
-Por supuesto que no, solo era curiosidad -además, era muy obvio. Pensó cansado-. Sakura no es mi tipo de chica, es demasiado… chiquilina.
-Estoy seguro que dentro de un tiempo no pensaras lo mismo –se mofó-. Ya veras, Sakura-chan suele ser demasiado impredecible… pero estar con ella es genial. Dudo que alguien que no la conozca bien no pueda llegar a enamorarse de ella.
-Hmp. Eso nunca sucederá –aseguró con orgullo-. Pero asumo que tú sí te enamorarse te ella ¿verdad?
Naruto sonrió tristemente y miró el cielo.
-Por supuesto –aseguro-, ¿quién no amaría a una persona tan increíble?
-Exageras.
-Ya veras que no –sonrió-. Lo importante es que, mis sentimientos se convirtieron en amor fraternal. Por eso, Sasuke, te advierto que si la haces sufrir te mataré –le dijo seriamente.
-Hn. Nunca me enamoraré dobe, entiéndelo. Menos de ella.
Naruto se rió animadamente.
-¿Nunca escuchaste la frase; los que se pelean se aman? –preguntó con una sonrisita-. Ustedes se la pasan peleando.
-¿Los que se pelan se aman? –inquirió asqueado-. Qué tontería.
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Continuará.
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¡Hola de nuevo! ¿Qué les pareció el capítulo? Se van revelando cosas, todavía hay mucho más.. ¿comentarios? No cuestan nada y me motivan a seguir escribiendo, espero que les haya gustado. Intentaré subir los capítulos todos los domingos. Gracias por leer, saludos.
