NI LOS PERSONAJES NI LA HISTORIA DE LADYBUG ME PERTENENCEN
POR OTRO LOS OC´S LEÍDO AQUÍ, CLARO QUE SÍ.
SI VES ESTE FIC O PERSONAJES CON UN NICK QUE NO SEA NACHI123
ME LO HACEN SABER.
QUIEN PLAGIA NUNCA EN SU VIDA RECIBIRÁ UN KWAMI.
Capítulo 1: Tímido, extraño, amargado... frustrado en realidad.
─Repíteme una vez más el camino hacia, solo para estar segura.
─Eléonore… ─suspiró el chico de aproximadamente trece años, su hermana mayor se hallaba frente a él bloqueando su camino. La chica, alta, delgada y de cabello corto se mordía las uñas con insistencia y pasaba sus ojos rápidamente de su hermano hacia donde él quería llegar.
─Solo una vez más, por favor ─pidió ella, ansiosa.
─¡Ah, Eléonore! No me caeré por las escaleras para partirme el cuello o dejare que los autos me choquen, ¿Sabes? ─se quejó el muchacho, pero su hermana no respondió y el volvió a suspirar, derrotado. Bien sabía lo terca que era ella en ocasiones, más valía darle el gusto antes de hacerle cambiar de parecer─ Está bien, está bien. Apenas las clases acaben salgo por la puerta principal del instituto y me dirijo a la parada de buses que está a mano derecha, antes de cruzar la calle y al lado de un buzón de correos…
─Recuerda que… ─
─Pasan cuatro autobuses que van a direcciones distintas ─hizo una mueca el muchacho─. Uno de ellos va al zoológico, otro a la avenida principal que da para ir a la torre Eiffel, el tercero lleva al Panteón Nacional y el cuarto que es el que más tarda en aparecer es el que se dirige a la Avenida Viola.
─¿Cómo sabrás cual autobús es el que lleva a la Avenida Viola? ─
─Ni modo que preguntando ─se encogió de hombros antes de proseguir─. Una vez arriba pediría al conductor que me dejara cerca del Boulevard y ahí, en esa misma parada esperaría otro autobús más, esta vez que pasara por las calle del sector 3, siento cinco minutos de trayectos más hasta que el autobús llegué a su última parada…
─Recuerda pedirle a él también que te avise cuando llegué a la última parada. No vaya a hacer que el conductor pase de largo y vuelva a hacer el recorrido de una ─no pudo evitar intervenir Eleonor.
De haber podido, el chico hubiera rodado los ojos.
─Sí, claro. ─dijo, haciendo un movimiento banal con la mano, quitándole importancia─. Cuando llegué a la última parada, me bajo del autobús, camino la calle cuesta arriba y llego al edificio Donatello, abro la reja e ingreso, no habrá ascensor así que subiré por las escaleras hasta el piso 5, y caminar por el estrecho pasillo contando puertas hasta la tercera, donde empujare la misma ya que la cerradura no funciona, así mi misión será dada por finalizada, pero solo dará comienzo si mi hermana se aparta de mi camino.
Eléonore frunció el ceño ante el último comentario de su hermano menor, un pesado humor negro que había adquirido tras las últimas semanas y que si no lograba ofender a los demás, si lograba incomodarlas bastante.
─Te estás ganando una tunda, diablillo ─pensó ella, cruzando de brazos. Seguramente si la hubiera visto, Dominique hubiera adquirido una condición aterrorizada y hubiera pedido perdón casi de rodillas a sabiendas que los golpes de ella realmente dolían, él lo sabía de primera mano. Sin embargo, lo dejó pasar.
─Entonces… ¿Estás plenamente seguro de lo que debes hacer? ─prefirió vengarse puyando la nula paciencia de su hermano y riendo cuando el levantó las manos al cielo y gritaba por clemencia─. ¡Está bien, está bien! Solo cuídate, ¿Eh, Dom?
─Siempre lo hago ─Dominique se cruzó de brazos.
Eléonore por algún motivo dudaba de eso, sobre todo en los últimos meses.
Ahora era su turno de suspirar y ceder.
─Yo volveré a casa a medio día para almorzar juntos ─le avisó, mordiéndose una uña y volteando a ver por sobre el hombro el blanco edificio de color miel. A pesar de que veía a varios niños hablando alegremente a las entradas del Françoise Dupont, a ella se le antojaba el edificio un lugar regio y amenazante, por no decir excluyente. Volvió a mirar a su hermano─. ¿Seguro que no quieres que te acompañe al aula?
Su hermano le respondió con una mueca extraña, alzando ligeramente la cabeza hacia el cielo y abriendo ligeramente la boca, sabía que esa era su expresión cuando en antaño le rodaba los ojos. Claro, no es que importase mucho ahora pero Eléonore suponía que era una vieja maña que no se le quitaba.
La joven mujer se quedó ahí parada, como estatua.
─…Si llevo esa cosa, ¿Estarás más tranquila? ─preguntó en contra de su voluntad.
─Un montón ─contestó Eléonore, soltando el aire contenido de sus pulmones y relajándose finalmente, aunque fuera un poco.
Dominique extendió la mano desganado y ella entregó un extraño móvil, el cual fue lanzado a su bolso sin vacilar, haciendo que en esta ocasión ambas suspiraban con alivio, ambos concordaban que ese teléfono de emergencia era la cosa más escandalosa habida en el mundo, y sin lo comparaban con los modernos modelos de teléfonos que llevaba cada uno de los ciudadanos de Paris, les daba vergüenza incluso que lo vieran con uno.
Claro, lo que Dominique no sabía es que para colmo de males el teléfono que le había entregado su hermana era un amarillo escandaloso, sino ahí sí se hubiera negado en rotundo llevar el aparato. Pero era de un detalle del cual podía prescindir, se dijo.
─El botón de la izquierda llama directamente a emergencia y el de la derecha es mi número ─indicó Eléonore─. No dudes en llamarme por cualquier situación, ¿De acuerdo?
─Okey ─el tono de Dominique sonó resignado─. ¿Algo más?
Para su sorpresa Eléonore lo abrazó con fuerza.
─Suerte, diablillo ─le dijo antes de soltarlo y darle un empujoncito en la dirección correcta─. ¡Ahora ve, que llegarás tarde!
─¿¡Y… y de quien sería la culpa? ─reclamó Dominique comenzando a caminar, sintiéndose avergonzando, ¿Qué su hermana no estaba consciente que las muestra de amor entre familias humillaban a cualquiera?
La morena sonrió, sabiendo que a estas alturas su hermanito estaría rojo como un tomate y mascullando entre dientes. El chico casi que corrió los pocos metros que lo distanciaban del colegio y que lo separarían de ella, apenas haciendo uso del bastón blanco.
Eléonore se llevó una mano al pecho, insegura.
─Es un nuevo comienzo, ¿Entendido? ─habían sido las palabras que había dicho antes de salir de casa. No lo había dicho en vano, y tampoco se había dirigido a él solamente.
Suspiró y dio media vuelta, no podía llegar tarde a su primer día en el trabajo.
─¿Necesitas ayuda? ─fue lo primero que escuchó Dominique apenas puso una mano en pasamanos de las escaleras que daban paso al instituto, la voz era aguda, definitivamente de una mujer y por su tono, sonaba totalmente sincera en su intención de ayudarlo.
Por dentro el moreno se sintió gritar por la frustración y el enojo, por fuera solo suspiró con suma calma.
─Puedo solo. ─respondió Domique, sonando más rudo de lo que había pretendido, luego añadió─: Gracias.
No esperó la respuesta de la chica, en lugar de eso comenzó a subir la escalera lo más rápido que le permitía sus sentidos recientemente adaptados. Su objetivo era llegar antes de que la sonara la alarma y la marea de estudiantes entraran como una embarcación de peces, yendo a todas direcciones.
Dentro ya del edificio, se ubicó del lado derecho del pasillo y según como se había memorizado ayer caminó lento pero seguro por las marcas peatonales del piso.
─Segundo piso, giro a mano izquierda, la tercera puerta en el fondo ─habló para sí mismo, una costumbre que siempre había tenido y por la cual lo habían tachado de loco seguido, pero que justo en momento como aquel le ayudaban a concentrarse─. El bastón siempre adelante, a la distancia de tus pasos, moviéndolos de lado a lado.
Claro, en el cruce de invidentes no encontró ningún obstáculo como papeleras o tomas de agua, pero mientras se acostumbraba al rallado con relieve el bastón le ofrecía una sensación extra de seguridad.
Localizó fácilmente las escaleras y las subió recordando que a mitad de ellas había un pequeño descaso antes que las mismas se curvaran en la dirección contraria y retomaran con normalidad. En el segundo piso tuvo que arrastrar un poco los pies para encontrar nuevamente el rallado tridimensional y lo siguió hasta su salón, tocando la pared de su izquierda para ir contando las puertas.
Podía equivocarse, claro. El rallado visual llevaba a todas parte del instituto, desde los salones, biblioteca, baños, cancha y cafetería, pero Dominique pensaba que no podía equivocarse cuando apenas hacia ayer le habían indicado donde quedaría su nuevo salón, y llevado hacia el junto con su hermana.
La orientación una tortura que había tenido que aguantar, con un pomposo director que no paraba de decir que Françoise Dupont tenia las puertas abiertas para todo tipo de estudiantes y una Eléonore que no dejaba de hacer la más mínima pregunta de cómo se adecuarían los estudios para el habían hecho pensar seriamente Dominique que tan factible sería la educación en casa.
Su salvación había terminado siendo el asistente educador, quien había optado por enseñarle donde quedaban las instalaciones y presentado a los profesores, mientras el director y su hermana hablaban de los pro y contra de que el comenzara en medio semestre, que posiblemente tendrían que ponerle un tutor, y si el colegio tenía la capacidad de proporcionar dicho docente… más dolores de cabeza que Dominique se alegraba haberse saltado, aprendiendo en su lugar que Fred Hapréle era un excelente imitador de voces, parodiando el acento del director con gracia.
─Listo, este debería ser ─se dijo Dominique girando el pomo de la puerta y quedando junto en el umbral del salón. Sonrió─ Por ahora todo en orden.
Había convencido a su hermana que le resultaría fácil adaptarse al colegio, y eso era porque tenía un plan para ello: pasar total inadvertido entre la marea de alumnos, sería un cero a la izquierda, una paria, un antisocial que prefería juntarse con sus pensamientos en lugar de sus compañeros. Algo totalmente diferente de la vida que había dejado en Nord, pero como estaban las circunstancias él lo consideraba lo más apropiada.
─Bien, ahora solo es cuestión de buscar un puesto y…
¡RIIIIINGGGG!
Como si la alarma hubiera sido el detonante para el inicio de una estampida el sonido de pasos y risas de alumnos se escuchó, demasiado cerca para el gusto del moreno, que alarmado se paralizó por unos instantes en un tipo de ataque de pánico que era desconocido para él.
──¡Llegué! ─una voz femenina le hizo brincar en su propio sitio. Esta se había plantado justo a su lado de repente y de la nada, como si más que venir caminando hubiera atravesado volando el pasillo. Bueno, las carreras para llegar primero a clases no debían ser moda solo en su antiguo colegio.
Dominique sostuvo su bastón sin saber que decir o hacer, La chica parecía no haber notado su presencia pero no pasaría mucho antes de que lo hiciera.
Bufó e hizo una mueca irritado.
La razón por la que había querido subir antes a su salón de clases era porque ahora era terriblemente lento, no había querido llamar la atención entrechocando su bastón el piso en el incómodo silencio, con la posibilidad de tropezar con algo o alguien por accidente… Un segundo después se vio derrumbado contra el piso.
El aire vació sus pulmones al sentir por lo menos ochenta kilos sobre su persona y, como si la caída no hubiera sido suficientemente dolorosa de por sí, el maldito bastón había decidido clavarse justo en su estómago. Aun cuando sintió como la mole se quitaba de encima de él se quedó dónde estaba, intentado recordar cómo se respiraba.
─¡No es justo! ─escuchó un chico quejándose, quizá el que había decidido aplastarlo como mosca─. ¡Si este no se hubiera tropezado conmigo te hubiera ganado, Alyx!
Dominique se arrodilló lentamente, tomándose el estómago con una mano y con la otra sosteniendo el bastón, no era la primera vez que deseaba romper el traste ese y justo ahora tenía una idea en que cabeza podría partirlo.
─¡Siempre con tus excusas Kim, te gane y lo sabes! ─la otra chica que había escuchado segundos antes reclamó.
De ahí comenzó una pelea entre ambos chicos que parecía, por el tono de sus voces, quererse sacarse los ojos en cualquier momento. Pero algo andaba mal, ya no se escuchaba el barullo que segundos antes había iniciado, fuera de los gritos de esos tal Kim y Alix, el lugar encontraba en un silencio repentino. Dominique se dio cuenta lo que pasaba entonces y contra todo pronóstico decidió tranquilizarse y esperar a que la pareja dejara de discutir, contando cuantos segundos pasarían antes de que notaran su presencia,
─¿¡Que!? ¿Acaso tengo la culpa de que este ciego…? ─Kim señaló a Dominique para dar más énfasis a sus argumentos, cuando de repente se paralizó al mismo que palidecía un poco al reparar en las gafas oscuras y el bastón que llevaba en mano.
─Y… ahí está, con frases despectiva y todo ─de haber sido otro espectador más, seguramente se hubiera reído de la cara que hubiera puesto el chico, ¿Dejar en evidencia la discapacidad física de una persona frente a todas y para colmo hacerlas sonar como insulto? Parte de él incluso se sentía mal por ese chico.
─Serás idiota… ─antes de que Alix pudiera terminar su insulto, Kim, impulsado como por un resorte levantó a Dominique sin mayor esfuerzo y lo dejo de pie en el piso, sacudiendo su ropa en el proceso y asegurándose de que no hubiera pasado nada.
─¡Lo siento, fue mi culpa! ¡La verdad es que no te vi! Digo, no es que no que interese claro, el ciego fui yo… digo, es decir…
─No importa ─le cortó el muchacho a sabiendas que el otro podría decir mil palabras antes de terminar una oración con una disculpa atropellada. Luego, a modo de venganza, señaló en dirección de donde había escuchado la voz femenina─. Aunque si ganó ella, la escuché gritar antes de me que cayeras encimas.
─¡JA! ─saltó Alix.
Dominique estuvo tentado a reírse de eso, cuando de repente se dio cuenta que su plan había fracaso incluso antes de comenzar. Paralizado, se dio cuenta que cada alumno de ese salón debía de tener la vista fija en ellos, en el para ser más específico.
La incomodidad lo invadió. Casi sentía los ojos de sus compañeros, clavaos en el cómo puñales, y peor aún, la tormenta que tanto temía se acercaba…
─¿Necesitas ayu…? ─
─Alix, Kim… ¿Qué hace que no se han sentado todavía? ─interrumpió una tercera vez, esta vez una voz de una mujer adulta, una voz que Dominique reconoció como la de la profesora Bustier.
La señorita Bustier observó a sus alumnos que explicaron torpemente algo de una caída y de un accidente, señalaban a un tercer chico y luego entre ellos. Ella dirigió su mirada a Dominique y tras reconocerlo, entendió todo, en parte.
─Siéntense, por favor─ le indicó ella, y casi que corriendo Alix y Kim obedecieron. Luego, ella se acercó a Dominique.
─Ven, no tienes por qué ser tímido ─le dijo suavemente y puso una mano en su hombro, y lo que se pudo haber considerado como una acción normal para profesora y alumno, en realidad fue una ayuda para guiar al chico hasta el centro del salón.
Al menos la mujer era discreta, pensó él.
─Jóvenes, hoy como seguramente ya se habrán dado cuenta tenemos un nuevo estudiante con nosotros ─habló la profesora con tono firme pero amable. Luego se dirigió hacia Dominique─. ¿Quiere presentarse con nosotros?
─…¿Tengo que hacerlo? ─fue la respuesta vaga de Dominique, esperando que sus compañeros le escuchasen.
─Oh vamos, no será tan malo ─dijo la profesoras con una corta risa, seguida por los estudiantes─. Te diré que haremos para entrar en confianza, tú te presentas y luego cada compañero se levanta y dice su nombre, para que se vayan conociendo… ¿Qué piensas?
─Pienso que… ─el chico se quedó unos segundos callado y se encogió de hombros, esperando parecer desinteresado─, No es necesario en realidad, puedo vivir sin eso. ¿Podría sentarme en su lugar?
Esta vez nadie interpretó la evasiva de Dominique como broma.
─Eh, claro ─La señorita Bustier asintió, algo confundida. Miró a su clase, viendo quien estaba sentado con quien─ Hay un puesto pero está a lo último, ¡Ya sé! Chloé, sería buena idea que te separaras un poco de Sabrina para variar, así que por favor…
─¡¿Qué?! No pensara cambiarme de puesto, ¿Verdad? ─una voz chillona se hizo presente─. ¡No puede ser, yo siempre me siento al frente! ¡Le diré al…!
─En realidad, preferiría estar de ultimo ─interrumpió Dominique, sintiendo que si oía esa voz un segundo más, sus oídos explotarían y ya cansado de estar ahí parado como si fuera un farol, decidió apresurar las cosas dirigiéndose a la profesora─. Escucho perfectamente bien y estar de primero solo importaría si tuviera que copiar algo del pizarrón, ¿No?
─C-cierto ─asintió la señorita Bustier, tragando seco. Luego, recordando que ella era la profesora y debía tener cierto control en la clase, carraspeó un poco─. Bien, ve al final del salón, a mano derecho, Nathaniel será tu compañero de puesto.
─De acuerdo.
Sabiendo que había dejado por lo menos a algunos compañeros desconcertados, Dominique dio con unos pasos hacia delante con falsa seguridad chocando con su bastón contra el suelo hasta que sintió el comienzo de las escaleras, y sin demostrar su nerviosismo comenzó a subirlas trayendo consigo los chasquidos sordos de su bastón, sintiendo la respiración de sus compañeros y entendiendo que debían estar vigilando cada uno de sus pasos.
─No soy un maldito modelo, dejen de verme ─pensó, chocando con fuerza el bastón contra la pared del fondo, sin haberse percatado hasta ahora que había subido las escaleras casi que corriendo. Con el rostro rojo de la vergüenza volteó hacia la derecha.
─De-déjame apartarme ─escuchó una nueva voz, la que supuso era de Nathaniel.
Dominique hizo además de rodar sus ojos, pero en lugar de soltar el comentario acido que había estado preparando, decidió cerrar la boca y sentarse en el lugar que le había cedido su compañero.
La señorita Bustier en cambio finalmente pareció superar el desaire y haciendo como si su nuevo estudiante no fuera una versión pequeña de Hitler, llamó la atención de su clase para explicar lo que harían ese día.
─Que extraño chico ─susurró Marinette a Alya mientras ambas observaban por sobre su hombro al chico nuevo quien estos momentos rebuscaba algo en su bolso.
─Lo vi cuando llegó en la mañana, Rosa le ofreció ayuda ya sabe cómo es ella de amable todo el tiempo… Pero la cara que puso él fue como si le hubieran metido una patada en la espinilla ─se encogió de hombros Alya.
─Seguramente solo es tímido ─rió Marinette, compadeciéndose un poco de él, sabía de primera mano lo que era poner gestos extraños cuando se estaba nervioso después de todo, seguido le ocurría con Adrien.
─O un posible amargado…─señaló la morena sin darle mucha importancia y volteándose para prestar atención a la clase. Ella tenía un buen sexto sentido para reconocer las aptitudes de las personas con solo un vistazo, y ese chico por más pinta de desvalido que tuviera, no era alguien tímido.
Tras esa particular presentación y un breve resumen de la profesora sobre lo que había tratado la clase anterior, el salón retomó su normalidad, y con ello el día pasó como uno más, donde se escuchaba solamente la voz de la señorita Bustier, el pitido de algunas Tablet al tomar notas, algunos comentarios que hacían los alumnos y de vez en cuando, esas pequeñas charlas que habían entre amigos y que no necesariamente tenían que ver con la lección de hoy sino más bien como moda, deporte chimes u ocio, y Dominique no se podía considerar como una cotilla, pero su única entretención en esos momentos resultaba ser la voz de la profesora que de por sí ya estaba siendo fielmente grabada en una cinta de una vieja grabadora que su hermana le había comprado en una tienda de segunda mano, es decir que no necesitaba poner realmente atención a la clase cuando podía revisar dichas cintas cuando estuviera en su casa y nuevamente, sin nada que hacer.
Por eso mismo el chico prefirió actualizarse de los últimos chimes de ese instituto: Supo quién le caía bien a quien, quienes se gustaban y quienes estaban declarados enemigos mortales, además que también consiguió distinguir y memorizar varias voces, recordando sus matices, acentos y modulaciones, poniéndoles de paso el nombre por el que escuchaban que lo llamaban.
Para cuando finalizó la clase ya Dominique tenía un pequeño perfil de sus catorce compañeros.
Suspirando al escuchar el timbre y sintiendo como su estómago rugía del hambre ya que a la hora del almuerzo había decido quedarse en el aula y saltarse la comida, pensaba que su día no había sido tan terriblemente malo como había pensado en algún principio. Quizá su hermana no se había querido despegarse de él y había llamado más la atención de lo querido en clases, pero prefería atribuirlo a que el chico nuevo en un ciudad desconocida.
Solamente cuando el salón estuvo vacío fue que se animó a levantarse para ir a la salida del instituto, esta vez sin importarle tener un buen tiempo y disfrutando eso de ser alguien invisible, en su otra escuela siempre había sido el alma de la fiesta, pero podía decirse que aquí al menos gozaba del anonimato.
─Le dije a mi hermana que podría con esto, no soy para nada como ese viejo senil de ayer ─murmuró para sí mismo, sonriendo un poco pero después suspirando─. Vale, no debería ser tan cruel, quien sabe cómo sea yo cuando llegue a esa edad, aunque no me explico como él pudo haber llegado vivo a su edad….
Se refería claro a ese pequeño sujeto con que se había encontrado apenas ayer y que había salvado de no ser atropellado. Lo había hecho sin pensar, solamente sumando dos más dos, el sujeto que se había parado a un lado de la banqueta donde él estaba sentado, tarareando alegremente junto con el silbido de los autos que iban a toda velocidad de un lado a otro… aun le parecía irónico que el siendo el ciego, le hubiera tenido que jalar de la camisa para evitar que mataran el viejo.
─¿Se encuentra bien? ─preguntó sin pensarlo, agachándose a la altura del hombre al escuchar como soltaba un quejido del dolor, quizá se había hecho daño en la cadera al caer de sentón.
─No se preocupe, joven, este viejo cuerpo aun resiste buenos golpes ─escuchó su risa, Dominique pensó que debía de estar mentalmente desorientado, por no tacharlo de loco de remate.
─Necesita… ─pensó antes de ofrecer su ayuda, el detestaba eso después de todo, sin embargo, se vio ganado por el sentimiento de preocupación─. ¿Va alguna parte? ¿Necesita… ayuda?
─Oh, no es nada, ¿Joven…?
─Llámeme Dom ─Dominique se reincorporó y tomando el hombro del anciano para ayudarlo también─. Debe tener más cuidado, un poco más y no la cuenta…
─Pero no pasó nada afortunadamente, debió ser cosa del destino ─el señor de cayó por unos instantes que bastaron para poner a Dominique nervioso─. Sin embargo debo agradecerle, joven Dominique, me ha salvado la vida.
El chico volteó la cara hacia el otro lado mientras su mano iba a parar en su cuello, sintiéndose algo avergonzando.
─Si, como diga… un momento ─se dio cuenta de un detalle─. Oiga no le dije mi nombre completo, ¿Anciano? ¡Ey! ¿¡Sigue por ahí!?
─¿A quién le hablas? ─la voz de Eléonore le sobresaltó. Ya debía de haber regresado de comprar la cena para esa noche.
─Eh… ¿Al anciano? ─señaló en dirección donde antes había estado ese extraño sujeto.
─Dom, ahí no hay nadie…
De ahí había comenzado una discusión de que si había habido un hombre ahí, que Dominique había puesto en peligro su seguridad, que no debía estar hablando con extraños, que no podía dejarlo solo por más de cinco minuto y hasta habían llegado a un punto donde Eléonore, preocupada había insinuado que quizá no estaba listo para apañárselas solo… ahí apresuradamente Dominique había tenido que desviar la conversación a que él había pedido la pizza sin champiñones, afortunadamente eso había funcionado.
─Esto le demostrará a mi hermana, no soy un inútil, no necesito que me cuiden ─bufó Dominique, aun resentido por la discusión─ Puedo solo, no necesito ayuda, soy…
─Mira, ¿Crees que necesita ayuda? ─escuchó a lo lejos una voz que susurraba, pero para alguien como él fue como si se lo gritaran al oído, Dominique lo ignoró y bajó por sí mismo las escaleras del segundo piso.
─¿Será ciego? ─oyó otra voz.
─¿No le ves el bastón o las gafas? Obviamente si ─respondían por ahí.
─Pobrecillo, debe ser duro tener una vida así ─comenzó a caminar por el pasillo que lo llevaba a la salida, temblando ligeramente.
─¿Cómo se supone que puede tener clases en su estado?
─Quizá está en un salón especial o algo así… ─Dominique no se fijó cuando el marcado peatonal terminó y con las intenciones de escapar de aquellos murmullos que parecían ser lo único que escuchaba, dejó de hacer caso a su bastón y caminó a paso libre.
Eso fue obviamente un error, sobre todo cuando sus pies tropezaron al pisar el primer escalón de la salida.
─¡Ah! ─la voz chillona de Chloé le hizo saber con quién había tropezado, por no decir caído al suelo─. ¡Mi ropa! ¡Fíjate por donde vas! ¿Quieres?
Pero Dominique hizo caso omiso de ella, quedándose medio apoyado y medio recostado en las escaleras principales del colegio, respirando agitadamente y temblando ligeramente.
Chloé pestañeó un par de veces, miró a Sabrina que se encontraba a su lado pidiendo una muda explicación pero la pelirroja solo se encogió de hombros sin tener alguna explicación.
─Oye… ─la rubia miró incomoda al chico nuevo, ¿Qué rayos le ocurría? Jamás en su vida había visto a alguien comportarse de esa manera, casi parecía que le iba a dar un infarto al moreno, más intrigada que preocupada, acercó una mano a Dominique─. ¿Estás bien acaso? ¿Necesitas ayuda?
Y como si algo hubiera hecho clic en su cerebro, Dominique salió de su ataque de pánico. Gruñó y empuñó su bastón blanco.
─¡Nadie te ha pedido ayuda! ─gritó el, levantándose hecho una furia y volteándose para caminar lo más rápido posible, perdiéndose rápidamente de las miradas chismosas.
La cara de Chloé era un poema.
─No le hagas caso, Chloé ─Sabrina se posicionó en s lado y le jaló del brazo─. Solo es un niñito que no sabe lo que dice.
La rubia pestañeó un par de veces y luego chilló frustrada.
─¡Por eso es que nunca soy amable con nadie! ─exclamó, tomando su bolso del suelo y caminando en dirección contraria de donde había desaparecido el chico, con Sabrina pisándole los talones, por supuesto.
Por otro lado Dominique finalmente había llegado a la parada de buses, sentándose en la banqueta con ambos codos flexionados en las rodillas y sosteniéndose la cabeza con las manos. Aun se sentía temblar ligeramente y estaba seguro que, de haber conservado los ojos algunas lágrimas se hubiera escapado de ellos.
─Tranquilízate, vamos Dom ─habló consigo mismo─. Solo son idiotas que no saben de lo que hablan, no necesitas su ayuda ni su compasión, tu solo puedes, tu puedes, tu…
Suspiró y se serenó.
─Peores cosas me han pasado que eso ─dijo, algo más seguro de sí mismo. El temblor de a poco se iba de sus manos, reemplazándose por una calma templada, casi al borde del aletargo─. Esto… eso no me afecta.
Se quedó quieto por largo rato, respirando profundamente e intentando recuperar el control sobre sus pensamientos.
A lo lejos el maestro Fu había observado toda la escena, una sonrisa de circunstancia enmarcaba sus labios.
─¿De verdad cree que él sea el indicado para portar el miraculous del murciélago? ─Wayss le preguntó ya que igual que su maestro, había advertido el arrebato de furia del chico, que más que características para ser héroe parecía la victima perfecta para u akuma.
─Mi decisión es absoluta Wayss ─dijo con firmeza Fu, observando de reojo al pequeño kwami el cual se notaba preocupado─. Veo que has olvidado las habilidades de Le Chiropteré.
─No es eso, es más, por eso mismo me hace dudar que el específicamente sea digno de un miraculous ─se sinceró el kwami de la tortuga─. No veo como alguien tan cerrado como él pueda usar las habilidades de See como es.
─A veces me preguntó quién tiene los cinco mil años de experiencia ─ Fu sonrió─. Recuerda, Wayss, que las apariencias esconden mucho las esencias real de las personas, sus vidas, temores, experiencias aprendidas y deseos quedan muy cegadas por el dolor y la pérdida del pasado.
Wayss suspiró.
─Tiene usted razón ─viéndolo de esa manera, ese chico si tenía materia para ser un bien portador, lo que no significara que por ello iba a ser más fácil.
¡Hola!
Aquí tenemos el segundo capitulo del fanfic, revelando finalmente el nuevo portador del miraculous del murciélago, ¡Dominique Duran! Un extraño chico, algo amargado y cortante pero que como Adrien y quizá Chloé oculta un pasado obscuro.
Quizá piensen que fue muy borde el chico, pero digamos que el apenas se está adaptando a su vida como invidente, su hermana lo sobre protege -aunque no tanto como gabriel a su hijo, esta al menos le da su espacio- las personas siempre lo miran con lastima y el... bueno, no quiere que nadie lo vea por sobre el hombro
Ya en el próximo capitulo habrá más acción, solo espero que no me cueste escribirlo tanto como este... en serio, llegaba momento donde mi mente quedaba totalmente en blanco D:
