Disclaimer: Saint Seiya es propiedad intelectual de Masami Kuromada. La siguiente historia se publica sin fines lucrativos, sólo de entretenimiento.
Somno Inordinatio
Segundo desorden: Insomnio
"El insomnio es un trastorno del sueño que involucra la incapacidad para iniciar y mantener el sueño. Pueden presentarse episodios con duración desde varios días, hasta más de un mes"
-Te ves terrible-
Kanon rodó los ojos brevemente y echó un corto suspiro.
-Mi apariencia no es importante, anda dame el informe-
Milo se encogió de hombros, atribuyendo las marcadas ojeras de Kanon al exceso de trabajo, y procedió a mostrar los documentos, mientras explicaba los detalles de la expansión de arenas de entrenamiento. La mente de Kanon era brillante para muchas cosas, aunque él mismo lo negara o no lo pareciera para otros, pues los idiomas se le facilitaban, la estrategia bélica, y curiosamente la construcción. Cuando se discutió la posibilidad de expandir las áreas de entrenamiento, en uno de los tantos terrenos vacíos en el extremo este del Santuario, el gemelo fue el primero en dar su opinión respecto a los planos de edificación, resaltando detalles que se pasaron por alto o simplemente aportando ideas, que para el equipo de ingenieros y arquitectos resultaron, por decir poco, maravillosas. Fue decisión casi inmediata del Patriarca asignarle el puesto de supervisor adjunto, pues al demostrar su competencia en la materia y ser además un Santo de Oro, su ayuda en el transcurso de la obra era invaluable.
El tercer guardián escuchó atento a los detalles que explicaba animadamente el caballero más joven, y con cierta gracia también, ya que Milo parecía compartir su entusiasmo en lo que a construcción se refería, o eso quería pensar, pues la mente del protector de Escorpio era ávida, curiosa, hambrienta de conocimiento, y siempre se encontraba haciendo esto o aquello.
La reunión se alargó por otra media hora; una lista de cosas por revisar se hizo apresuradamente en la orilla de una hoja y Kanon despidió a su compañero. Miró hacia el cielo, la tarde ya menguaba y pronto llegaría la noche. El gemelo hizo un gesto, tomó uno de los planos pendientes de revisar y se encaminó a Géminis.
Lo primero que escuchó al llegar fue el ruido en la cocina, lo que indicaba que Saga estaba de regreso. Se apresuró a entrar y de lleno le llegó el olor de la cena preparada.
-Eso huele bien-
-Ah, Kanon, te esperaba- respondió de buen ánimo el mayor.
El peliazul menor se sentó a la mesa, recargó la cabeza en un puño, mirando con interés los movimientos de su hermano y sonriendo mientras le escuchaba. La verdad no importaba lo que Saga estuviera diciendo, era cualquier nimiedad sobre su tarde y la próxima misión que tendría. Para el ex general marino, lo único que importaba era la paz reflejada en el rostro idéntico al suyo, en esa risa y la luz en los ojos esmeralda, llenos de... vida.
-Te ves terrible- comentó Saga, sirviendo la cena.
-No eres el primero en decirlo- contestó Kanon, volviendo a rodar los ojos, listo para comer.
-¿Estás durmiendo bien?-
-... Sí-
-Kanon-
-Saga-
-¿Estás durmiendo siquiera?-
La pregunta de su hermano mayor le dejó inmóvil. Maldito Saga y su percepción descomunal. No sólo eran sus ojeras: sus labios estaban resecos, su piel opaca, el cabello rebelde más despeinado de lo usual y sin notar que lo hacía, Kanon meneaba la cabeza, como quien trata de mantenerse despierto después de haber dormido hasta muy tarde. El menor se limitó a sonreír de lado y continuar con la cena.
-La fecha límite del proyecto se acerca, tengo más trabajo, es todo-
-Pero...-
-Una noche sin dormir no me hará daño, Saga-
El aludido no contestó, observó unos segundos más a su gemelo y después retomó su comida. Kanon no quería arruinar el ambiente, el ánimo de Saga, por eso no le diría que llevaba más de un mes sin dormir más de tres horas, que recurrentemente pensaba hasta el cansancio y que daba vueltas por el templo cuando Saga creía que estaba dormido, hasta que finalmente se drenaba de energía, justo cuando las primeras luces del día llegaban.
-.-.-.-.-.-
La última vez que había visto el reloj las manecillas marcaban la medianoche, pero de eso hacía rato. El guardián de Géminis trazaba una y otra vez sobre el plano, marcando las modificaciones que habrían de hacerse. En una libreta anotó números correspondientes a las nuevas medidas, después los cálculos, luego hojeó las páginas hasta encontrar el conteo de material, revisando si se ajustarían las cantidades para lo que tenía pensado.
-Caliza, grava...- murmuraba, ajustando cuentas.
Cuando hubo terminado, se estiró en su asiento y dejó las notas de lado, procediendo a meterse rápidamente al baño. Esa noche sus músculos adoloridos se relajaron con el agua caliente. Vistió unos pantalones ligeros, apagó la luz y se metió a la cama sin esperar a que se secara el cabello.
Pasó algún tiempo antes de que el guerrero abriera los ojos, en vano el intento por conciliar el sueño. Era tarde. De eso Kanon estaba al tanto. Seguro pasaban de las dos de la madrugada y él seguía con los ojos bien abiertos, mirando hacia el techo de su habitación. No había luz de luna en esa noche, lo que acrecentaba las sombras a su alrededor. El gemelo soltó un suspiro, largo, lento, como queriendo encontrar su sueño en esa acción. No comprendía porqué seguía despierto y sin una pizca de cansancio, aun cuando se había levantado muy temprano por la mañana. La rutina del día había sido la misma de siempre, pero encontró que dormir esa noche no le resultaba tan fácil... igual que todas las anteriores; de pronto el reconfortante baño de agua caliente parecía haberle alertado los sentidos, y no dejaba de dar vueltas en la cama, pensando en todo y en nada a la vez.
Dio tres giros en la cama, peinó sus cabellos todavía húmedos y suspirando nuevamente, se levantó. Ni siquiera se molestó en encender la luz de su cuarto, o la del pasillo. Silencioso se deslizó por el tercer templo, asegurándose de no tropezar con nada para evitar despertar a Saga. No le molestó pisar el frío mármol con los pies descalzos, siguió hasta la salida de Géminis y en el gran pórtico de la entrada se detuvo. Esa era una noche rara sin duda, el cielo se veía más negro, más infinito, y en su pecho se instaló una sensación de desasosiego. Se acercó a los escalones, apenas iluminados por las teas de la entrada, y que no eran suficientes para alejar la oscuridad de la noche, mucho menos de su propia mente.
Kanon tomó asiento y entrelazando las manos por sobre sus rodillas, perdió la mirada en las montañas, curvas tan negras como el éter. Cerró los ojos, tratando de escuchar los ecos del mar, de sentir la caricia de la brisa nocturna, pero nada de eso le reconfortó. Enumeró sus pendientes para el día siguiente o, mejor dicho, lo que tendría que hacer en algunas horas, quiso marcar un ritmo a su respiración, y después de unos minutos desistió de su intento por relajarse. El menor de los gemelos tenía que admitir, que esa no era la primera vez que no lograba conciliar el sueño, no solo en el último mes, sino a lo largo de su vida. Muchas noches se encontró vagando ya fuera en el Santuario de Athena o en el de Poseidón, perdido en sus pensamientos, concentrado en sus planes: sus grandes planes de victoria. No había tiempo para dormir, sólo para pensar, pensar en el futuro, en todo lo que lograría y cómo se lo restregaría en la cara a su hermano, al mundo que le dio la espalda.
Un estremecimiento le recorrió de pies a cabeza, y un amargo sabor le llenó la boca, pues se encontró de nuevo recordando el pasado, su estigma del alma, e inconscientemente Kanon llevó una mano a su pecho desprovisto de prenda, trazando las cicatrices que le había provocado el tridente de Poseidón, después a las más pequeñas, quince en total, cuando se enfrentó a la ciega furia de Milo. Kanon sintió cada una de ellas, aún presentes en esa vida, en ese nuevo cuerpo que era fiel copia del original.
Sus dedos subieron hasta su cuello, luego detrás de la oreja derecha, donde se marcaba una línea corta donde no crecía cabello, otra cicatriz, más vieja y menos dolorosa de recordar que las anteriores, pues se la había ganado al caer de un árbol y golpear con una roca. Recordaba la cara de espanto de Saga, cómo bajó a prisa de la encina, y la manera en que le temblaron las manos al descubrir que corría sangre por el cuello de su hermano. Quizá perdió el conocimiento después de caer, quizá lo olvidó a propósito, cuando su corazón lleno de ambición desterraba de su mente los recuerdos de su infancia, pero Kanon recordaba poco de ese día, excepto la tranquilizadora voz de Shion en la Fuente de Athena, su cálido cosmo envolviéndole, asegurándole que todo estaría bien, la mano de Saga aferrada a la suya.
Los ojos le irritaron, el gemelo hizo una mueca, percatándose de que eran lágrimas que intentaban hacerse paso por sus ojos, pero él no las dejaría, ni siquiera ahí, cuando estaba solo y la noche era oscura. Muchas veces, desde su despertar, se preguntó si merecía cada segundo, cada viento, cada atardecer, él, quien había hecho tanto mal, empezando con su familia. Athena se lo había asegurado, que él era merecedor de eso y más, de su perdón, del perdón de otros.
¿Por qué le costaba tanto entonces creerlo?, ¿Por qué se quedaba hasta tarde pensando en todo eso hasta que la cabeza le dolía?, no podía negar que le era difícil confiar en los demás, así como al resto del Santuario hacer lo propio con él. El desarrollo del proyecto de construcción le ganó un respeto positivo de los subordinados, aunque para Kanon era hipocresía, ¿O era real?, ¿Eran reales los saludos corteses y las preguntas que le hacían, buscando su liderazgo? ¿No eran falsas las sonrisas, ni burla cuando se le cuestionaba una decisión?, él que se proclamaba un maestro de las ilusiones, del engaño, no podía discernir con claridad. Tal vez era su propia necedad de aislarse la que usaba como escudo, no por miedo a resultar herido, sino para no herir a nadie más.
Tenía que admitir que fuera de su hermano y ocasionalmente sus compañeros de orden, ciertamente no se relacionaba con nadie.
¿Quién querría acercarse a mí, traidor de traidores?, pensó con ironía. Saga en cambio, había vuelto a su estatus de dios en la tierra, en el que todos lo observaban con admiración y temor a la vez, su genio diplomático le volvió la segunda mano del Patriarca: Aioros, quien después de toda la tragedia vivida, al fin estaba en su legítimo lugar, incluso cuando negó el puesto en más de una ocasión. Él lo merecía, Saga lo merecía... ellos eran por naturaleza los líderes de la Orden de Athena... él sólo una sombra.
"Acepta el cargo. Primero será una legión de santos de plata y después..." escuchó la voz de Saga en su recuerdo, una tarde muy poco después de volver a la vida.
"No aceptaré"
"Kanon estás siendo irracional, con tu habilidad para..."
"!¿Para qué?!, ¿Para usar personas como herramientas?, ¿Es lo que quieres decir?, ¿Así podrá ser invencible el ejército de Athena?"
"Escucha lo que dices, Kanon" la manera en que lo dijo sonó a una advertencia, pudo recordar. "No hablo de tus errores, pues yo también tengo pecados que pagar. Vales más de lo que piensas, y la Orden te necesita para guiarla. Yo te necesito"
"Dile al arquero que piense en alguien más" dijo aquella vez, ignorando lo último dicho por Saga.
"Tú eres el verdadero estratega militar. Eres mejor que yo"
-No lo soy...- dijo en un susurro, saliendo de sus recuerdos.
Bajó la mirada e hizo un leve movimiento con el pie, como queriendo patear algo imaginario. Después balanceó nerviosamente las piernas y miró hacia el cielo. Allá arriba las estrellas dominaban el firmamento, pequeñas lámparas en una eterna negrura. Kanon pensó en lo silenciosa que era la noche, demasiado para su propio gusto pues siempre le había gustado el silencio, la soledad. En ese momento le inquietaba, pues significaba escuchar con mayor intensidad unas voces en su cabeza, diciéndole que él no tenía lugar en el mundo, otras gritando en contra, asegurándole bienestar.
Esa noche sería otra más en que no podría dormir, se dijo, seguro que su insomnio no tendría fin próximo.
Su idea de permanecer un poco más en la entrada de Géminis se vio frustrada cuando, de pronto, escuchó un grito en el aire. Uno potente, desgarrador y cargado de miedo, de terror. Kanon se levantó en seguida, comprobando que se repetían los gritos desesperados y que eran terriblemente reales, provenientes del interior de su templo.
-Saga...-
El gemelo corrió a toda prisa, hallándose en un segundo a la puerta de la habitación de su hermano. Encendió la luz y le descolocó la imagen que se presentó a sus ojos. Saga estaba arrodillado sobre su cama, la cabeza hacia el techo, gritando con fuerza, con locura. el menor se acercó y le tomó de los hombros, llamándole firmemente.
-Saga, Saga, soy yo-
Pero el griego no escuchaba nada, sus ojos abiertos pero carentes de luz, desenfocados, como mirando a otra realidad. Cuando sintió las manos de Kanon sobre él, gritó como un animal herido y forcejeó con fuerza, tratando de huir, y en un segundo amenazando con encender su cosmo.
-¡Saga!-
Un puño en la cara pareció despertarle. Kanon no le soltó en ningún momento después de eso, y esperó a que la agitada respiración de su gemelo mayor se estabilizara, entonces Saga dirigió su mirada a él, confundido, mirando alrededor y de nuevo a su hermano.
-¿Kanon?-
-Saga, ¿Qué ha ocurrido? -
-¿De qué hablas?-
-Pero si estabas...-
-Estaba durmiendo, Kanon-
Un temblor se hizo presente en el cuerpo del mayor, y Kanon notó que su frente estaba llena de sudor. Después de unos minutos de insistente interrogación, el ex general se retiró, a petición de Saga, quien parecía querer volver a dormir, como si nada hubiese pasado, confundido por la reacción del menor.
Ahora más despierto que nunca, Kanon volvió a su habitación, preguntándose si podría dormir al menos la noche siguiente, ignorante de que su desvelo no acabaría esa noche, ni la próxima...
Notas de autora:
Hola a todos! Espero les haya gustado este segundo capítulo acerca de los trastornos del sueño. En este caso asocié a Kanon con el insomnio, porque bueno... él me parece una criatura nocturna, y dado a que me identifico mucho con este problema, me fue fácil terminarlo. Este capítulo está ligado al de Saga, con un trastorno del sueño que me pareció perfecto para él y que descubrirán próximamente.
Gracias a todos. Comentarios son bien recibidos.
