Capítulo 2: Matt Engarde

No era un niño normal. Él tenía dos caras.

##

El chico del flequillo hacia un lado entró en su amplia habitación, tirando la mochila a la cama. Su madre todavía no había vuelto a casa, así que se sentó en el suelo a

leer un libro.

Entonces lo sintió.

Un escalofrío recorrió todo su cuerpo, desde los dedos de los pies a la punta de su nariz respingona.

"Él" ya había esperado suficiente tiempo para salir de una vez.

"¡No! ¡Espera...!" pensó el muchacho rápidamente. "E- estoy ocupado ahora mismo, amigo..." Cerró los ojos fuertemente.

Pero el otro "él" era más fuerte. Cuando los abrió...

...Casi parecía una persona distinta. Y estaba nervioso, muy nervioso. Harto de aguantar la presión de la gente, la presión que le impedía ser como era, como se

sentía. Eso le había dejado algo de apetito de sadismo. Para un niño de ocho años era sólo ganas de desahogarse. Mas era definitivamente hambre de violencia.

Revolvió entre sus cosas hasta encontrar un bote cilíndrico de plástico con diminutos agujeros en la tapa. Al dejarla sobre el escritorio, se inclinó para observar el

contenido. Tres pequeñas, desorientadas e inocentes mariposas revoloteaban en el pequeño espacio que compartían. Él abrió la tapa un poco para dejar salir a una.

La mariposa salió volando descuidadamente, mientras el niño tanteaba con la otra mano una cajita. Cuando la cratura se posó, de repente, un alfiler cayó sobre su

ala con una velocidad casi inhumana, dejándole clavada en la mesa. Con cuidado y precisión, el otro ala fue arrancada con otro alfiler. Él sonrió. Cada décimo de

milímetro que iba arrancando, le llenaba de una insana satisfacción que le apaciguaba. Cada ala, cada pata, cada miembro, lo cortaba poco a poco y lo dejaba

esparcido por la madera. Con saña atravesó la cabeza y la arrancó, después de mirarla la tiró por un agujero del bote. Después aplastó el resto del cuerpo y dejó fluir

esa ínfima sangre de criatura diminuta. Ésta acción calmaba su alma y ya no estaba tan furioso. Pero cuando iba a continuar con la siguiente...

- Mon dieu, Matt! ¿Qué estás haciendo, cariño?- una mujer en sus cuarentas entró hablando en francés y se acercó a su hijo. Él parpadeó varias veces, se quedó callado unos segundos y sonrió. Sus mirada volvió a ser cálida y descuidada.

- Mamá, estoy haciendo mis deberes de Conocimiento del Medio. No es nada.

Cuando su madre dejó la habitación, Matt suspiró y tiró a la basura los restos de la mariposa. Contempló el bote.

"Me da un poco de lástima ahora... Pero es por el bien de "él". Apuesto a que el amigo se sentirá mejor. Bien por él."