Buenas tardes a todos y todas. Muchos de vosotros probablemente queráis asesinarnos lentamente para que lo pasemos mal por no haber actualizado con más rapidez, pero la buena noticia es que, finalmente, hemos encontrado un rato para subir el siguiente capítulo. ¡ya era hora!
Trataremos de actualizar cada fin de semana pero si se diera el caso de que alguna vez entresemana estuviéramos libres (cosa bastante improbable por culpa de los profesores) actualizaremos antes.
Bien, no os entretenemos más. ¡Adelante capítulo!
Posdata: muchisísimas gracias por los comentarios. Esperamos que os siga gustando leer CATCH ME tanto como a nosotras escribirlo. Seguid disfruando con esta historia llena de misterio (digo misterio porque ni nosotras sabemos de dónde salieron tantas ideas)
Sara: eso seguramente ocurrió al unir nuestras magníficas mentes.
Norma: seguro que es eso.
Sara: sobretodo la mía.
Norma: …
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-¡Id a la camioneta!- les gritó Jace a Alec e Isabelle mientras les pasaba el jarrón. Se giró hacia la agente y sonrió-. Yo me encargo de esta. Por cierto- se dirigió a la joven pelirroja-, si querías verme desnudo no tenías que apuntarme con una pistola- dijo con tono burlón.
-De la única forma que quiero verte es esposado y en una celda.- respondió ella con tono serio y acercándose al ladrón.
-Increíble. Sexo en la comisaría. Eso sí que sería salvaje- sonrió Jace socarronamente. La agente se sonrojó a la par que aparecía un tic nervioso en su ceja.
-¡Cállate y de cara a la pared!- le ordenó.
-Mmm, así que te va el rol de dominatrix, ¿eh? Suena tentador, pero prefiero ser yo el que domine.
-Eres…- comenzó Clary, pero la voz de una la interrumpió.
-¡Tú, idiota! ¡Mueve tu culo hasta aquí!- le gritó Isabelle a Jace por el auricular tan fuerte que el rubio tuvo que llevarse una mano a la cabeza y Clary escuchó su voz alto y claro.
-Sí, sí… ya va- farfulló el ladrón tratando de recuperar un mínimo porcentaje de sentido auditivo-. Bueno, ¡nos vemos, zanahoria!
-Te mueves y disparo.- le advirtió Clary, pero el rubio salió corriendo sin siquiera escucharla- A la mierda- se dijo a sí misma la agente y, tras apuntar, le disparó justo en el hombro izquierdo.
Jace estuvo a punto de caer debido al dolor, pero aguantó y, sin aminorar demasiado la marcha, apretó la zona herida con la mano del brazo opuesto y, para cuando la agente Fray dobló la esquina, aquel ladrón del que solo había podido avistar unos increíbles ojos dorados, había desaparecido ya.
-Mira que os tengo dicho que no os entretengáis- regañó Alec a sus hermanos mientras trataba de parar la hemorragia de Jace.
-Alec, me estoy muriendo… ¡Dame un besito de despedida!- bromeó el rubio haciendo morritos y a Alec se le reventó la vena de la paciencia .
-Tú eres gilipollas- le dijo el de cabello negro levantándose de su sitio en la parte trasera de la furgoneta y pasando al asiento del copiloto-. Isabelle, ocúpate tú de él. Yo conduciré- le dijo a su hermana.
-¡NO! ¡Isabelle no, por favor, seré bueno!- rogó Jace desde lo más profundo de su alma mientras veía a la morena de figura sinuosa dejarle su sitio a Alec y moviéndose hasta arrodillarse junto a él.
-¡Deja de lloriquear! ¿Qué eres: una nena?- se rió ella palmeándole tan fuerte el hombro herido que el otro casi aulló.
Alec, desde el asiento del conductor, sonrió maliciosamente. Jace tenía la mala costumbre de molestar demasiado e Isabelle era muy bestia sin siquiera darse cuenta. Los sollozos que se oían desde la parte trasera del vehículo solo era el resultado de sumar a la ecuación su propia poca paciencia.
JEFATURA DE NUEVA YORK [4 horas más tarde]
-No puedo creer que se me haya escapado. ¡Lo tenía a diez metros, joder!- casi rugió la agente Fray furiosa consigo misma.
-Tranquila, por lo menos esta vez tenemos una muestra de ADN con la que trabajar- le dijo el inspector Bane sentándose en la esquina de la mesa de Clary-. Y todo gracias a tu buena puntería, querida.- La pelirroja sonrió débilmente, por lo menos esta vez algo había salido bien.
En ese instante se abrieron las puertas del laboratorio dejando ver a Luke, el científico forense de la unidad, quien había recogido una muestra de la sangre que había derramado el ladrón tras ser herido por Clarissa.
-Lo tengo. Esa sangre pertenece a Jonathan Herondale. Veinte años. Blanco. 1.80 de altura…- los fue describiendo físicamente a la vez que en la pantalla gigante que había en la pared aparecían su foto y datos personales, así como su árbol genealógico.
En las siguientes horas, Clary, Magnus y Simon se dedicaron a la búsqueda de algún familiar vivo de Herondale o cualquier contacto que pudiera aportar algún dato sobre él.
Sin embrago, según la información que les ofreció el Estado, el chico había sido abandonado en las puertas del orfanato Virgen María cuando era tan solo un recién nacido. Pasados tres años fue adoptado por Maryse y Robert Lightwood, quienes ya eran padres de dos hijos biológicos y años más tarde lo serían de otro más, Maxwell. Pero, por desgracia, Maryse y Robert murieron en un accidente de coche y los niños quedaron bajo la tutela de Zacarías Swan, hermano mayor de Maryse. Hace tres años que se les ha perdido la pista a Jonathan y los otros dos, Isabelle y Alexander.
-Y según la declaración de la agente Fray, los dos acompañantes eran un chico de pelo negro, ojos azules y piel blanca y una joven morena de ojos oscuros y pelo largo y liso. Demasiado parecidos a Alexander e Isabelle Lightwood como para ser casualidad.- comentó el capitán Ragnor a la vez que aparecía en la pantalla la última fotografía que se había tomado de cada uno de los nombrados, en las que la chica tenía 16 años y su hermano 18.
-Bien- continuó Magnus-, Zacarías Swan es el sacerdote encargado de la iglesia San Antonio Bendito.
-Patrón de las causas perdidas. Amén.- acotó Simon.
-Muy bien, Samantha. Tu mami debe estar muy orgullosa de ti.
-Me llamo Simon.
-¡Moved el culo, panda de vagos!- bramó el capitán Ragnor-. He conseguido una orden de registro del juez Barrow. Al parecer está tan harto de juzgar a tipos que se hacen pasar por esos ladrones que nos la ha dado sin protestar, así que aprovechadla.
Al llegar a la iglesia, Zacarías, con su tez pálida y su delgada figura enfundada en el traje negro característico del sacerdocio, les dio la bienvenida a los agentes con la sorpresa dibujada en sus facciones.
-Ustedes dirán, agentes- les sonrió afablemente a la hermosa chica de pelo rojo y rizado y ojos verde esmeralda y al atractivo joven de facciones asiáticas y ojos verdes oscuros.
Mientras tanto, Simon se coló en la iglesia y llegó a la parte trasera, donde había una estancia habitada para que el señor Zacarías pudiese utilizarla como vivienda. Entró y comenzó a buscar evidencias que inculparan a los hermanos Lightwood o por lo menos pistas de su paradero.
-Así que creen que Jace, Alec e Izzy son los culpables…- susurró el padre Zacarías.
-¿Quiénes?- preguntó Magnus sin entender a quien se refería.
-Perdón. Me refería a Jonathan, Alexander e Isabelle. Jace, Izzy y Alec son como les llamo desde que eran pequeños.- explicó.
-Oh… bueno, ¿sabría usted decirnos dónde podríamos encontrarlos?- preguntó Clary.
-De verdad que lo siento, pero no. Hace tres años se fueron dejando a mi cargo a Max, su hermano pequeño, y no he sabido nada de ellos- les dijo.
-Comprendo, no se preocupe. De todos modos, si sabe algo de ellos en los próximos días, háganoslo saber. Jonathan está malherido y como los médicos siempre informan a la policía si se trata de una herida causada por arma de fuego la que atienden, no creemos que vayan a ningún hospital. Lo más probable es que busquen ayuda en conocidos o familiares…- explicó Magnus con intención de ver su reacción.
Zacarías no intentó evitar la mueca de horror y sorpresa que se presentaron en su rostro y los dos agentes estuvieron seguros entonces de que el sacerdote no había sabido nada de sus sobrinos por una buena temporada, que decía la verdad.
-En fin… Eso es todo. Si recuerda o descubre algo, cualquier tipo de información que nos pueda ayudar, contacte con nosotros- Clary le extendió una tarjeta con el teléfono de la jefatura.
-¿Tan seguros están de que son ellos?- cuestionó el padre Zacarías.
-Padre, los vi con mis propios ojos- argumentó Clarissa.
-Pero ellos no son malos chicos, solo…
-Solo ¿qué? – inquirió Magnus- Mire, han robado a incontables instituciones objetos de incalculable valor, eso desde luego no es lo que hacen los chicos buenos.
-Puede, pero lo que sí sé es que por Max, Isabelle mataría, Alec daría su vida y Jace iría al mismísimo infierno. Eso, señores, no lo hacen los chicos malos.
JEFATURA DE NUEVA YORK
-¿Qué creéis?- les preguntó Simon a sus compañeros.
-Bueno, desde luego su reacción al saber lo de la herida de Jonathan era de sorpresa y angustia, por lo que, a pesar de hacer bastante que no se ven, el lazo afectivo que hay entre ellos es fuerte- dijo Clary.
-Sí…- susurró pensativo Magnus- Sobretodo por Maxwell. Según ha dicho el padre Zacarías, esos tres harían lo que fuera por su hermanito pequeño.
-Cierto.
-Por cierto, Sheldon, ¿has pinchado los teléfonos de la iglesia?
-Sí, a falta de información, es lo mejor que podemos hacer.
-Oh, Dios… ya hasta te identificas con los nombres que te pone- miró Clary con cara de estupefacción a Simon, quien simplemente suspiró con cara de resignación.
Pasaron varios días hasta que un operario de la jefatura avisó al capitán Ragnor de que el padre Zacarías estaba contactando a un número telefónico desconocido que no podían rastrear ya que no tenía incorporado ningún GPS.
Los agentes se colocaron alrededor de la mesa del inspector Bane y encendieron el altavoz del teléfono fijo que había sobre ella.
