Como prometí aquí está el primer capítulo espero que lo disfrutéis y que me digáis que os parece.
Shokugeki no Soma no me pertenece pero esta historia sí. Siento si hay errores gramaticales o de ortografía.
CAPITULO 1
SOMA
Si alguien de mi pasado me viera en estos momentos no sabría que soy yo. He cambiado tanto en los últimos 5/6 años. No solo he crecido y hecho más fuerte sino que mis rasgos que tanto me definían han desaparecido. Por ejemplo mi pelo rubio, heredado de mi madre, se fue oscureciendo poco a poco por el poco sol que me daba ya que en vez de jugar y pasar el rato en la calle como los demás niños de mi edad, me centre en cocinar y mejorar mis habilidades. Por lo que mi pelo en estos momentos es de un color oscuro que por alguna razón que no llego a comprender tira a rojo fuego. La verdad es que me gusta más este color ya que combina a la perfección con mis nuevos ojos gatunos. Al parecer todos en mi familia por parte de mi padre sufrieron el mismo proceso de "aclaramiento". Ese proceso hizo que mis ya de por s ojos castaños claros se clarearan hasta el punto de que ahora parecen amarillos o como a mi padre le gusta decir, dorados.
Como podéis ver mi aspecto en general es totalmente distinto al que solía ser, pero no solo eso sino que mi manera de ser también ha cambiado. Mi manera de ser y de comportarme cambió cuando mi padre decidió que ya hora de cerrar su restaurante ya que en realidad no era suyo sino de él y de mi madre. Cuando nos mudamos a la otra punta del país me di cuenta de que lo que en realidad hacíamos era volver a empezar desde cero ya que estaba claro que definitivamente mi madre no iba a volver con nosotros. Yo lo supe después de esperar por su regreso un par de meses, pero a mi padre le costó casi tres años en admitir que ella no volvería y que quizás no nos quería tanto como pensábamos.
El caso es que nos mudamos a una tranquila ciudad y nos instalamos en un acogedor barrio donde abrimos un pequeño restaurante donde servíamos raciones y económicos menús del día. Fue un gran cambio para los dos ya que estábamos más acostumbrados a preparar cosas más sofisticadas, pero el cambio fue para bien. Aprendí a tener más destreza y rapidez a la hora de preparar cualquier cosa, también aprendía a socializar con los clientes y a darme cuenta que por muy bueno que esté un plato si al cliente no le gusta mi plato no vale nada, es decir, me acostumbre a preparar cosas para los demás más que a que fueran perfectos. Aprendí que una sonrisa de mis clientes debida a mis platos era mucho más valiosa que ganar cualquier competición, concurso o concentración de cocina.
Durante estos años me relajé y empecé a disfrutar de lo que era ser en realidad un chef. Por supuesto que quería seguir mejorando y de hecho lo hacía, pero ya no era como antes. Me gustaba cocinar para hacer ver felices a mis amigos y vecinos más que por ser el mejor. Mi padre se dio cuenta de mi cambio y me dijo que estaba haciendo lo correcto al relajarme y aprender poco a poco. Sus palabras me hicieron muy feliz.
Por supuesto nuestros shokugeki siguieron existiendo, con nuestros clientes como jurado, y a medida que pasaba el tiempo cada vez estaba más y más cerca de alcanzarle. Ese sueño jamás desapareció y aunque no es tan intenso como en aquel entonces, sigo queriendo superarle.
Todo iba bien hasta que mi padre me preguntó hace unos días si pensaba ingresar en alguna preparatoria superior. Le contesté que no, que planeaba quedarme en el restaurante con él y seguir aprendiendo a su lado hasta que le superara. Creo que no le gustó nada de nada mi respuesta porque desde entonces está comportándose de un modo extraño. Está como ausente la mayor parte del día y varias veces se queda mirándome ensimismado en su pensamientos. No sé qué es lo que estará tramando, pero sé que algo trama porque se comportó de la misma forma días antes de decirme que nos mudaríamos a este barrio. Como lo sé solo me queda ser paciente hasta que decida contármelo. Otras cosas en las que he mejorado desde que nos mudamos aquí es que ahora soy mucho más paciente. Creo que eso es una de las cosas que más saca de quicio a mi padre, que pase lo que pase siempre estoy tranquilo. El mundo puede estar desmoronándose a mi alrededor que yo ni me inmuto o puedo estar en un gran problema que nunca pierdo los nervios y de esa manera llego a ver todo con claridad. Como he dicho ese nuevo aspecto de mi persona saca de quicio a mi padre porque según él el estrés es una gran arma para los chef, pero la verdad creo que odia ese aspecto de mí porque le recuerdo a mi madre. He tratado con tanto empeño olvidarme de ella que prácticamente lo he hecho. Apenas recuerdo su cara o su voz, pero algo que sí recuerdo eran sus nervios de acero. La odio por abandonarnos, pero debo admitir que heredar ese aspecto de ella no me molesta en absoluto y más si es para irritar a mi padre. Le quiero, pero me gusta picarle tanto como le gusta a él meterse conmigo. Tenemos una extraña relación como padre e hijo, pero a nuestra manera nos entendemos y nos queremos. Sin él… yo no habría salido adelante después de la marcha de mi madre. Siempre estaré agradecido con él por obligarme a asistir a esa concentración de nuevas promesas.
Esa concentración fue mi salvación. Conocer a tantos niños de más o menos mi edad y con tanto talento hizo que despertara de mi letargo y me pusiera las pilas porque todos ellos eran muy buenos y me hubieran superado de seguir como estaba. Desperté a tiempo y me esforcé en cada encuentro que tuve durante esas semanas para no perder y lo conseguí. Gané a todos, incluyéndola a ella. No es que sea de esas personas que adoran ganar porque sí, ni de esas que son adictas a la victoria. No, no soy de esos. Simplemente odio perder, creo que en eso me parezco a mi padre. Cuando gané esa concentración no me sentí realizado ni nada parecido, sino que sentí que después de ganar a tantas personas tan talentosas podía cerrar una parte de mi vida. Ese día decidí retirarme oficialmente del mundo de la competición culinaria porque ya no sentía lo que sentía cuando empecé años atrás. Me sentí preparado para dejar atrás a Eiser Kihira, la persona por la que me hacía pasar en los todas mis competiciones para que no supieran de quien era hijo en realidad. Le dejé atrás después de aquello y realmente creo que fue lo mejor. Me siguieron llegando invitaciones para concentraciones, encuentros y competiciones, pero no volví a asistir a ninguna porque realmente dejé todo aquello atrás. Lo único que lamento de haber dejado atrás con esa vida fue que nunca más la he vuelto ver y no creo que volvamos a coincidir. Esa chica… me fascinó desde el momento en que nuestros ojos se encontraron, pero lo mejor es que la olvide igual que he olvidado a mi madre. Pertenecemos a mundos distintos.
Cuando llego a nuestro pequeño local después de las clases mi padre me está esperando sentado en una de las mesas y su expresión me dice que sea lo que sea que estaba tramando por fin me lo va a contar.
-Soma… ¿recuerdas al que organizó esa competencia internacional en la que participaste hace unos años?
-¿Te refieres al abuelo Nakiri?-pregunto a mi vez. Ese hombre es imposible de olvidar- Por supuesto. ¿Qué para con él?
-Él tiene una escuela en la que enseñan cocina.
-Lo sé. La mejor del país si no recuerdo mal, ¿verdad?
-Exactamente. Veras llevo días pensando que lo mejor para que mejores tus habilidades es ir allí. Será una etapa nueva en nuestra vida ya que mientras estés allí yo viajaré por el mundo buscando nuevas recetas. ¿Qué te parece?
-¿Acaso no lo has decidido ya? Mi opinión por lo que veo no vale nada. No entiendo por qué quieres de repente que asista allí.
-En realidad tu padre me está ayudando joven Yukihira- dice una voz fuerte y sonora a mi espalda. Mi giro y me quedo de piedra al ver al abuelo Nakiri- Necesito tu ayuda, la ayuda del mejor chef de tu generación, es decir que me ayudes joven.
-Dudo que siga siendo el mejor abuelo- le contesto tranquilamente- Antes quizás lo fuera, pero ahora…- suspiro- He sigo entrenándome, pero no para perfeccionarme como antes si no para encontrarme a mí mismo y para satisfacer a mis clientes. Las competiciones de antes… ya no van conmigo.
-Por eso más que ninguna otra cosa sigues siendo el mejor- dice el abuelo- Un plato perfecto pero que no ha sido hecho para satisfacer a los demás es frío y carente de sentimientos, a pesar de lo bueno que esté jamás resaltará. Por eso necesito tu ayuda.
-No comprendo- digo.
-Actualmente en mi escuela hay chef increíbles, pero temo que no prosperen y que vayan por el mal camino- dice el abuelo- Mi sistema para que ellos aprendan es un infierno, lo reconozco, pero lo veo necesario si ellos quieren florecer sus habilidades. Lo malo de mi sistema es que a menudo se olvidan de la humildad y de los sentimientos. Tener ego no es malo, pero a menudo si es demasiado es su perdición.
-Todo eso lo entiendo- respondo- ¿Pero que tiene que ver conmigo?, ¿para que necesitas mi ayuda?
-Necesito que seas mis ojos en la academia, que les hagas ver que no son tan bueno como ellos creen. Necesito que los hagas crecer como chef, porque si no esa joyas tan brillantes y con tanto potencial se marchitarán y eso joven Yukihira no lo puedo tolerar.
-Yo…- no sabía que decir. El abuelo parecía tan desesperado… Un hombre tan enérgico como él jamás debería mostrar esa expresión de agobio en la cara- Creo que está dando mas crédito del que tengo, pero si cree que le puedo ayudar en algo… puedes contar conmigo.
En ese entonces no lo sabía pero acababa de aceptar algo que cambiaría mi vida para siempre.
TSUKASA
Algo era distinto en esta ocasión. Lo supe desde el momento en que nos dieron las reglas para el enfrentamiento global para determinar los 10 asientos superiores de la academia. Cada año se realiza de una forma distinta, pero nunca se ha hecho a gran escala como este año. Normalmente la competición se realiza entre los 20 o 30 mejores, los que más méritos hayan conseguido a lo largo de su vida escolar. Entiendo ese pensamiento de que todos deben tener una oportunidad, pero siendo sinceros no lo entiendo. Puede que lo comprendiera si abrieran la selección a los más destacados de cada clase, pero no a todos. En fin, nunca he comprendido la manera de pensar de nuestro director y creo que nunca lo haré. El caso es que estamos aquí casi dos mil alumnos entre los tres años que abarca la preparatoria y siendo sincero me siento agobiado. No dudo de mi comida o mis capacidades, pero estar rodeado de tanta gente que puede alterar la perfección de mis platos me pone nervioso. Lo reconozco, soy un obseso del control sobre todo en lo referente a mi cocina. Por ahora estoy bien ya que no hemos empezado a cocinar, pero luego… no sé qué será de mí.
El director aparece y da el anuncio de que el plato requerido para esta selección serán fideos al estilo oriental. Esto también el raro. Normalmente nos da un tema como curry o huevos donde cada uno pueda realizar el plato que crea oportuno para desplegar mejor sus habilidades culinarias. Esta vez nos da un plato concreto en el que será difícil diferenciarse unos de otros. Está claro que los mejores destacaremos, pero… cómo va el director a puntuar para ver cuál destaca sobre el resto. Lo repito no comprendo cómo funciona la mente de nuestro director, pero cada vez estoy más y más seguro de que este hombre está tramando algo a espaldas de todos.
Una vez que el tiempo ha límite para prepararlo ha acabado personal del director se lleva los platos tapados e identificados. Al cabo de media hora soy llamado al despacho del director. No entiendo el por qué pero trato de relajarme y me presento ante él. Cuando entro en su despacho me sorprende que haya 11 platos de fideos ordenados en su mesa. Uno de ellos está más apartado que el resto.
-¿Me llamaba señor directo?- pregunto un poco asustado. Otra parte de mi personalidad es que soy muy asustadizo y paranoico cuando no estoy cocinando.
-Entra joven Tsukasa- dice afablemente el director- Quería mostrarte la lista que componen los diez asientos y luego ver tu opinión mientras los pruebas por ti mismo.
Cuando me enseña la lista no me sorprende ver quien está en ella ni el orden que ocupan. Me complace ver que estoy en primera posición. Siguiendo sus órdenes voy probando uno a uno los platos en el orden en que han sido elegidos para ocupar su asiento como la élite de Toutsuki. Compruebo que aunque las diferencias entre los platos son mínimas éstas existen.
-Coincido con su juicio, director- digo después de catar todos incluido el mío.
-Me complace oír eso- sonríe el director- Ahora quiero que pruebes este plato- me dice acercándome el que plato que estaba más alejado- Dime lo que piensas de él con total libertad.
Sin entender mucho esa petición destapo el último plato. Comparado con el resto no parece tan fabulo como los otros, pero hace mucho que aprendí que el aspecto de un plato no influye nada en su sabor. Aunque hay que reconocer que este plato en concreto parece ordinario, del montón. Suspiro mientras me preparo para probarlo. Solo espero que no sea muy desagradable ya que acabo de catar varias exquisiteces. No me apetece irme a mi cuarto con un mal sabor de boca.
En cuanto la comida toca mi boca me quedo sin aliento. Su aspecto no tiene nada que ver con la intensidad que contiene el caldo. Tiene algo que no sé reconocer pero que hace que todo el plato en su conjunto realce su sabor. No puedo evitarlo y cojo otro poco para saborearlo más meticulosamente. Tiene todo lo que tiene mi plato, pero hay algo… algo… que hace que este plato sea diez veces más espectacular que el mío. Dio otro bocado y mientras lo saboreo algo dentro de mí me dice que algo en este plato me es familiar. Esta forma de cocinar, este sabor tan increíble… yo ya lo he probado antes, hace varios años. Cuando casi me he terminado el plato reconozco la firma de quien ha realizado este plato y me quedo blanco al reconocerlo, sin habla y en general incrédulo.
-Este plato… ¿lo ha realizado Eiser?- pregunto casi sin voz.
-Me sorprende que reconozca su comida- admite el director- Si no recuerdo mal lleva varios años fuera del mundillo culinario.
-Es así, pero esta forma de cocinar… una vez que lo has probado es imposible olvidarla- reconozco- Yo he tenido el privilegio de probarla en algunas ocasiones… cada vez que me ganaba en una competición.
-Ya veo- dice el director sin borrar su sonrisa- ¿Qué opinas de su plato?, ¿crees que ha empeorado con lo años?, ¿o que incluso ha seguido progresando desde que desapareció?
-Este plato… es diez veces mejor que el mío- reconozco con pesar- Yo he vivido un infierno en esta academia para perfeccionar mi comida y aun así… él me sobrepasa- respiro hondo- Creo que en el tiempo que ha estado desaparecido ha evolucionado más allá de lo humanamente posible.
-Entonces entenderás mi decisión de que él ocupe el liderazgo de la élite de Toutsuki.
-¿Quiere decir eso que me convierto en el segundo asiento?
-No, seguirás en el primer asiento- contesta el directo y me quedo perplejo.
-Lo siento directo, pero no comprendo.
-Él será el líder en las sombras y solo tú sabrás de su existencia- explica el director- Toda la academia creerá que tú eres el líder, pero en realidad lo será él. ¿Te parece bien?
-¿Por qué?, ¿Por qué ocultarse? No lo comprendo.
-Va a hacer un encargo especial de mi parte y para ello nadie debe de saber quién es. Repito solo tú y yo sabemos que estará en la academia a partir de ahora.
-Está bien- acepto. Ahora comprendo toda esta parafernalia de que todos participaran en la selección de los diez asientos, porque si no fuera así Eiser no tendría ninguna oportunidad ya que no tiene logros académicos ni nada por el estilo- Pero quiero verle. Es lo único que pido a cambio de todo lo que me pide que haga a partir de ahora.
-Estoy aquí- dice una voz a mis espaldas.
Me giro rápidamente y veo a un chico con el pelo de punta de color rojo fuego y ojos gatunos con una cicatriz en la ceja. En un principio no le reconozco porque ha cambiado demasiado, pero esa postura relajada y esa tira de tela blanca en el brazo le delatan. Es cierto que no muchas veces llevaba la tira de tela atada en el brazo, solo cuando se enfrentaba con alguien en las finales, pero yo más que nadie se la he visto puesta. Era la señal de que se tomaba en serio el encuentro.
-Nos volvemos a ver senpai- dice tranquilamente mientras se acerca a mí con una sonrisa en la cara- He probado tu plato, ha sido increíble. Has mejorado muchos estos años en los que no nos hemos visto.
-Has cambiado- es lo único que mi cabeza parece registrar y es capaz de decir ya que estoy de piedra al verle de nuevo. Eiser a pesar de ser más joven que yo siempre ha sido mi meta. Siempre he querido alcanzarle y ahora está delante de mí felicitándome por mi plato.
-Eso me dicen- se ríe con alegría- Por lo que he oído vas a ayudarme con toda la farsa que ha montado el director. ¿Estás seguro? Si aceptas no habrá marcha atrás- sin pensármelo dos veces asiento con la cabeza- Bien pues prepárate porque nos veremos mucho ya que serás mi contacto dentro de la élite. Trataré de estar presente siempre que pueda sin que los otros se den cuenta, pero muchas veces no será posible. Además tendrás que votar por mí en las decisiones y en caso de empate seré yo quien decida no tú, ¿te parece bien?- eso no podría importarme menos, pero no me salen las palabras sigo anonadado por tenerle enfrente mío por lo que vuelvo a asentir con la cabeza- También tendrás que ser algo así como mi asistente de cocina. Sé que es un engorro y que siendo tan bueno sea más bien un castigo pero como voy a tener que bajar mi nivel y demás para lo que el abuelo requiere de mí necesito de alguien que pruebe mis nuevas creaciones y me diga que le parece realmente de manera que pueda mejorarla y demás porque si lo hiciera mediante el personaje que voy a crear… bueno, descubrirían rápidamente quien soy en realidad como has hecho tú hace un momento.
-Será un honor cocinar contigo Eiser- respondo como puedo. Cocinar con él… ha sido uno de mis sueños desde hace mucho tiempo y ahora se va a cumplir.
-Soma, llámame Soma- dice Eiser con otra de sus sonrisas resplandecientes- Después de todo es mi verdadero nombre. Eiser solo es mi seudónimo en los concursos. Lo usaba para que mi madre no supiera que participaba en ellos porque no quería que yo cocinara.
-Está bien- respondo mientras digiero toda la información personal que me ha dicho. Ahora algunas piezas encajan en mi cabeza y entiendo cosas como que muchas no respondiese cuando alguien le llamaba Eiser. No era porque fuera un engreído ni nada de eso, sino que no estaba acostumbrado a que le llamaran así.
-¿Se me ha olvidado algo abuelo?- pregunta Eiser… digo Soma girándose hacia el director. Se me había olvidado de que estaba en la sala con nosotros.
-Creo que no Soma- dice un tono ¿paternal? el director. Creo que jamás le he escuchado hablar con tanto cariño a nadie ni siquiera a su nieta Erina.
-Entonces… ¿te apetece cocinar un rato conmigo Tsukasa senpai? Me apetece recrear los platos de la élite y ver como se podrían mejorar incluidos los nuestros. Creo que es un buen entrenamiento, ¿no crees? Además me encantas experimentar con nuevos ingredientes inesperados y ver qué resultado dan.
-Me encantaría- respondo mientras le sigo a la salida.
Este año va ser increíble en más de una forma. Pero ahora no puedo pensar en eso sino en que voy a cocinar con mi ídolo desaparecido.
Continuará…
No voy a pedir comentarios para seguir con la historia, pero sí que me gustaría que me dijerais si está bien mi idea o si debo continuar. En caso de que os guste actualizaré cada semana más o menos y los capítulos serán un poco más largos que este unas 6 mil o 8 mil palabras. Espero con ansas saber que os parece.
Hasta que nos leamos.
