Capitulo 2
Me cae una bomba
Inmediatamente me fui a bañar, no podía esperar ni un minuto más. Volvería a ver a Barby. Mi padre me dijo que por la tarde trasladarían a los argentinos a Buenos Aires.
¿Y yo? ¡Yo estaba feliz! No veía la hora para que el teléfono suene y salir corriendo a buscar a Barby, a reencontrarme con ella. Para abrazarla y volver a tener un amigo, alguien con quien compartir mis cosas. Mi cabeza pensaba, pensaba y pensaba. Todo lo que iba a hacer cuando este con Barby, los juegos de cartas, las charlas, le contaría que hice en estos meses (aunque en realidad no hice nada) y ella se descargaría conmigo por lo que le habían hecho en Chile.
Termine de bañarme y me senté junto a la ventana, con la compañía de mi perro, Salvador, un labrador. Miraba el sol, el cielo, los pájaros, y a lo lejos la luna. Luego de estar sentada un largo rato, me tome el tiempo para pensar las cosas tranquilas.
¿Por qué me llamaron a mí para ir a ver a Barby? Si yo quizá era la persona más lejos de su familia, de ella. Era solo una amiga, no podían tener mi teléfono o no podían conocerme. Algo más había pasado. Y recién caí. Caí, caí, caí y caí.
Baje corriendo por las escaleras, directo a mi padre.
-Barby no estaba prisionera en Chile. Hay posibilidades, pero no nos llamaron por ella ¿no?- mi voz comenzó a quebrarse.
-Amy, por un lado si es verdad, por otro lado no- mi padre me lo decía como sintiéndose culpable, avergonzado, agachando la cabeza y mirando de reojo a mi madre- llamaron para ir a reconocer el cuerpo del tío Roger. Gente que estuvo con él en prisión dieron su nombre para que lo anoten en la lista de fallecidos-
No lo podía entender o quizá no lo quería entender. Primero mis padres me habían mentido. ¿Por qué? ¿Por qué mentirme de esa manera? Segundo ¿tío Roger? Tío Roger era mi tío preferido. Siempre viajaba por todas partes y nos traía miles de golosinas y juguetes, cuando crecimos ropa de marca y más golosinas. Lo amaba, lo amo.
Lo que tenía entendido era que el tío Roger se había ido a un pueblito de África, donde la guerra casi ni existía.
-Pero… tío Roger estaba en África, no en Chile…
-Nunca logró cruzar el continente, amor- mi madre quería sonar tranquila, para tranquilizarme a mí, pero no le salía bien eso de tranquilizarse, la voz comenzaba a quebrársele- No sabíamos dónde estaba, solo que nunca llego a África-
Mi cabeza no para de pensar. Pensar en todo. Pensar
-Entonces…-mis lagrimas comenzaron a recorrer mis mejillas- … Barby no estaba en Chile. ¿Fue todo una mentira?
-¡Nono! Cuando nos llamaron nos dijeron otros nombres de personas, que quizás conociéramos. Entre ellos estaba en nombre de Bárbara- mi padre trataba de consolarme, pero no. Todo se había mezclado en mi cabeza.
-¿Eso significa que Barby está muerta?- les pregunta en un mar de lágrimas.
-No lo sabemos, pero no pierdas las ilusiones. Barby es joven y fuerte seguro que está todo bien- dijo mi padre, acercándose a mí para darme un abrazo
Estalle.
-¿FUERTE? ¡PAPÁ! BARBY ES UN PALITO, LA QUIEBRAN CON SOLO TOCARLA. ¡ESTA MUERTA Y NO ME LO QUIEREN DECIR! ¿POR QUÉ NO ME LO DIJERON ANTES? ¿POR QUÉ?- me quebré y empecé a llorar.
Mi padre me abrazo. Aunque estaba enojada, no podía no abrazarlo. Amaba sus abrazos. Me hacían sentir protegida, acompañada y amada, por ese hombre que sabía que nunca me abandonaría.
Historias sin un final
Nunca di mi primer beso. Si tuve novios, pero eran de esos novios que no duraban más de un mes y eran novios de niñitas chiquitas.
En estos momentos de guerra, ya no pienso en chicos. Ya no veo más a mis compañeros de mi escuela y tampoco salgo mucho por el barrio. Además de esto, muchos chicos de mi edad están haciendo la colimba para luego militar, y algunos los mandaron directos a militar, porque necesitaban más hombres.
Mi único amigo era gay, y murió tres años atrás, cuando fue a una marcha de gay y entraron los militares chinos y mataron a todos. Cuando me llamaron para darme la noticia, lo sentí mucho. Fue la primera persona que conocía, que moría por la tercera guerra mundial. No éramos mejores amigos, pero era mi amigo y lo sentí mucho.
Los únicos chicos que me gustan, son aquellos que pasan por la tele, en las películas como Rupert Grint, Tom Felton, Logan Lerman, Josh Hutcheron entre otros. Pero estos son mis actores preferidos.
Mis amigas. No sé nada de ellas.
Sé que a Elena la mandaron a Alemania, porque su familia es alemana y los países ''quieren tener aliados''. Todo salió mal. En el viaje a Alemania, el avión cayó tras un combate con Argentina. Y eso me dio mucha bronca y sobre todo tristeza. Mi propio país había matado a mi amiga, Argentina. Yo misma había matado a mi amiga. Mis padres me mandaron a un psicólogo, por esto. Pero nunca cambie de opinión. Yo había matado a mi amiga. Ella se podía quedar en Argentina conmigo, vivir conmigo, pero no. Yo le dije que no debía abandonar a su familia. Yo la mande a Alemania. Yo la mate.
Sobre Noelia solo tengo suposiciones, que para mí son la realidad. Ella era judía, y yo pensaba que había muerto en mano de Nazis, porque de esos siguen existiendo. Y el día que fui para saber algo de ella, había un par de militares alemanes en la puerta, cuando volví mas tarde, ya no estaba. La casa estaba patas para arriba. No quedaba nadie. Con Noe éramos muy unidas, la verdad teníamos muchas cosas en común y por eso no nos separábamos. Cuando al perdí sentí que ya nada valía la pena. Mis dos amigas, mas pegadas a mí ya no estaban. Había terminado mi guerra ¿Por qué luchar para sobrevivir? Solo quedaba luchar un poco más, por Barby. Y por mí.
Y por ultimo Bárbara. Ella desapareció un día de clases, cuando bajamos para ir al recreo y habían entrado militares de diferentes nacionalidades. Todo fue una confusión. Nos separaron. A mi me agarro un militar argentino, por suerte. Estaban en la entrada del colegio para protegernos, pero de nada sirvió. Entraron igual. Desde ese día nunca más la vi.
Desde ese día no voy más al colegio. Desde ese día termino mi libertad.
Chau vida
Eran las 15hs. Sonó el teléfono, inmediatamente respondí:
-Hola, ¿sí?
-Ya pueden venir a reconocer los cuerpos. En el hospital Fernández, capital Federal. Muchas gracias- esta voz no parecía que me hablara a mí, mejor dicho era una grabadora, que llamaba a todos para dejarles este mensaje.
Ya estábamos todos listos, así que no perdimos más tiempo y salimos hacia capital federal. Teníamos una media hora de viaje, pero con el tráfico tardamos una hora. Todo el mundo aprovechó la lluvia para salir.
Cuando llegamos el hospital estaba lleno. Había dos filas. Una fila era para la gente con enfermedades o algo por el estilo. La otra fila era para reconocer los cuerpos y las personas que venían de Chile. Esta última tenía una fila de cinco cuadras.
Se hicieron las 18hs y solo habíamos avanzado tres cuadras. El cansancio empezaba a llegarme, y la preocupación junta a esta, porque comenzaba a oscurecer y la lluvia empezó a disminuir.
A las 19 ya no llovía y solo nos quedaba una cuadra. Mi padre no sabía qué hacer, si irnos por el peligro que corríamos en la calle a tan tardes horas, o esperar un poco más.
No aguantaba más. Quería entrar al hospital. Entrar en un lugar seguro donde nada nos pueda pasar.
19.30hs… disparos.
-QUE HACEN ACA LICIADOS DE M****- gritó alguien con acento raro, una voz fuerte y potente.
Todo el mundo empezó a correr, y en un lio de gente perdí a mis padres. Era confuso, no sabía a dónde ir, para donde correr, la gente me empujaba y me llevaba hacia un lado, luego hacia otro y así.
Veía como la gente iba cayendo. Como la gente iba muriendo. Me empecé a desesperar y a llamar a mi padre. Caí al suelo y me levanto un militar. Reconocí su uniforme y el miedo empezó a atacarme.
-¿¡JUDE!?-me dijo gritando. Solo por el tono de voz y el parentesco a la palabra supe que me preguntaba si era judía.
Comencé a mover mi cabeza en forma de negación, pero este cada vez me apretaba más el brazo y repetía la misma pregunta. No me salían palabras de mi boca. Solo podía negar con la cabeza. De nada servía.
Cuando pensé que ya todo estaba perdido, un chico se me acerco corriendo y me sacó el bolso. No para malas intenciones. De mi bolso saco mi documento y se lo mostro al alemán.
El chico era alto, rubio y de ojos grises claros. También tenía uniforme y reconocí que era argentino.
Entre ellos se dijeron un par de cosas en un idioma que no comprendí. El alemán me escupió y se fue.
Mis nervios comenzaron a salir. Empecé a temblar y mis piernas no funcionaban.
El rubio me ayudo y me llevó hacia adentro del hospital con un poco de dificultades, ya que todo el mundo corría y empujaba a todos.
Una vez adentro por primera vez escuche su voz:
-¿Estás bien? Mi nombre es… -
¡PUM!
Luego vi todo oscuro. Gritos, barullos, y mis ojos se cerraron.
Una canción comenzó a sonar en mi cabeza. Un recuerdo. Aquella canción que mi padre me cantaba cuando era pequeña y tenía miedo a la oscuridad. Aquella canción para dormir.
Quiero que te duermas como un sol, que se acuesta en un campo de trigo.
Tengo aquí en mi pecho un corazón, igualito al hueco de tu ombligo.
Sabes quien temblaba, cuando ibas a nacer,
sabes que pensé, que por ahí no ibas a poder, sabes quién te puso en el pecho de mamá.
Debe ser que me pediste un día una canción,
que fuera del corazón, ahí te va,
vamos a correr un rato que hay tiempo nomás,
hay tiempo nomás, todo el tiempo.
Hay tiempo nomás, todo el tiempo…
