Bueno, no pude aclararlo en el antiguo capitulo, pero buenoo. :)
Especiales agradecimientos: A Herminia y a Maria Molly Gusgus (Ellas sabe porque) :P, Por ayudarme con este FF
Sorry por hacerlos esperar, pero mi maqq es una porqeria. Y nunca me dejan ir a un cyber. :)
Aqi los dejo con el segundo capp. Cuentenme que les parece.
Cáp. 2 La reunión
Draco Malfoy abrió los ojos después de una dolorosa noche repleta de sueños indeseables. Lo primero que observó en la habitación de Slytherin fue una carta tirada que su padre le había enviado hace dos días atrás. La había leído tantas veces que la tenía absolutamente memorizada.
Se acarició la cabellera, un poco confundido por los acontecimientos que habían empezado a ocurrir hace un par de semanas: el retorno del ardor en la Marca Tenebrosa. Bostezó un par de veces, sus amigos todavía no habían despertado
"Mejor" pensó él. En verdad no tenía la menor intención de escuchar algo de esos idiotas redomados. Cruzó la habitación con la intención de mirarse en el espejo. Éste le devolvió el reflejo de un chico alto, cansado, con sus filosas facciones preocupadas, con sus grises ojos mirándolo, y con su cabello rubio platino algo desaliñado. Sin embargo, eso no era lo que deseaba ver. Se agachó, tomando precaución, para que nadie viera lo que él. Levantó la manga del pijama, con la intención de dejar su brazo desnudo. Allí vio la horrible imagen de una calavera con una grande y brillante serpiente saliendo de su boca. Algo estaba mal. Hasta hace dos semanas esa marca presentaba el mismo color que el de su piel, pero ahora brillaba intensamente: al rojo vivo. La miró preocupado, ayer no estaba tan colorada.
Se quedó pensativo por unos minutos, pero luego se levantó y se vistió para ir al Gran Salón.
— ¡Hola, Draco! —lo saludó alegremente Pansy Parkinson en el Gran Comedor. Ellos habían terminado a finales de Junio del año pasado, pero Pansy seguía insistiendo en su retorno. Por ese motivo Draco la ignoró, cómo si fuera otra de las decoraciones del castillo. Se sentó solo, aislado de todo el mundo, no es que hubiera muchas personas, pero necesitaba meditar en ése entonces. Agarró un par de tostadas y las untó con queso, e involuntariamente con jugo de naranjas. Se dio cuenta cuando sintió un sabor peculiar en la boca.
Pasaron un par de minutos antes de que Goyle y Zabini aparecieran en el rellano de entrada. Con sus caras de idiotas cómo siempre, tan ilusos para variar… Se sentaron a su lado, algo que estaba acostumbrado
— ¡Eey! ¿Qué te pasa? —le preguntó Zabini luego de recibir una mirada colérica cómo respuesta de su saludo
—Nada que te importe… Repugnante traidor —esto último lo dijo en voz baja, pero no impidió que Zabini lo oyera, y diera una estruendosa carcajada
— ¿Yo? ¿Traidor? A ti y a tu familia la absolvieron por "estar arrepentidos" —Draco reaccionó impulsivamente apuntando su varita al corazón de Zabini
— ¿¡Crees que somos tan estúpidos para cómo entregarnos, pedazo de asqueroso traidor a la sangre!? ¡Obviamente fue una mentira! ¡Pero nosotros no aparecimos delante del Ministro de la Magia gritándole que estábamos del lado de Potter! —Zabini enmudeció, tal vez por la ira o por la vergüenza, pero fue incapaz de producir palabra alguna por varios minutos
—Cambiando de tema… —le susurró Goyle al oído — ¿Lo notaste?
— ¿Qué si noté qué?
—La marca…
— ¿Crees que soy tan idiota que no lo he notado?
— ¿Qué crees que significa?
— ¡Qué se yo…! ¡Nadie sabe! Le pregunté a mi padre y me respondió que por esa razón los otros se escaparon de Azkaban, están inquietos porque creen que eso implica el regreso…
— ¿Tú que crees? —Draco se quedó mirando la cuchara, pensativo…
—Creo que sólo es… un síntoma, luego de la partida del señor Oscuro, claro… —pero, ellos sabían, no podía ser la explicación
—Mi padre cree que ha retornado —dijo Goyle, convencido
—No lo creo… Más de cientos de personas han visto su muerte… —Estaba incómodo hablando de él. Así qué buscó la manera más rápida de interrumpir la conversación, yéndose a la sala de la próxima materia, Pociones.
Cruzó el Vestíbulo con la intención de dirigirse a las mazmorras, pero algo lo detuvo ¿Qué era eso que avanzaba entre los árboles? Draco se había vuelto para verificar que sus torpes amigos no lo seguían y había visto una gran sombra en los límites del bosque prohibido…
—Es mi imaginación —se dijo para sí mismo, poco convencido. Pero se quedó parado allí, observando Y en efecto lo había visto, esa gran sombra negra ahora se abalanzaba hacia los cielos. Mientras que otra sombra movía algunos árboles en el límite del bosque. La sombra en los límites era de ese roñoso híbrido de Hagrid, que salía del bosque con algo entre los brazos. Seguro que otra de sus maniáticas bestias. Pero la sombra hacia el cielo era… No lo sabía. Pero definitivamente la Marca le empezó a molestar en el instante que la había visto ¿Qué significaba todo aquello? ¿Era su imaginación, o algo en el bosque guardaba relación con el Señor de las Tinieblas? Asustado por ese simple hecho, siguió su camino hacia las mazmorras.
A la media hora, un montón de estudiantes entraban en la vieja sala, Draco era el primero en haber llegado. Empezaron las clases cómo de costumbre, ése viejo aficionado a las jóvenes promesas estaba, sino era más, tan aficionado con Potter cómo hacía dos años. Ésa clase, estudiaban acerca de la Poción de la Restauración. El año anterior también la habían visto, y conocían sus efectos, así que la clase, afortunadamente, sólo fue práctica. Salieron quince minutos antes.
Lo que pasó, ocurrió a la salida de Pociones, encaminándose hacia los terrenos de Hogwarts. Justo Antes de llegar a una armadura, algo quemaba en su brazo izquierdo. Algo terriblemente doloroso; sentía cómo la Marca quemaba su piel, cómo la desgarraba: sabía exactamente lo que eso quería decir.
Subió corriendo hasta el séptimo piso, a la sala Multipropósito. Pasó por delante de la puerta y dijo:
—Necesito algún lugar dónde desaparecer, necesito algún lugar dónde desaparecer… —el efecto no se hizo esperar, la puerta se ensanchaba y permitió dejar pasar a Draco, que se adentró a la sala sin ninguna precaución.
Se encontraba en algún lugar terriblemente iluminado, por una luz que provenía de ningún lado, y a la vez de todos. El salón era blanco, y no había mobiliaria en él. Estaba completamente vacío y era infinito…
Giró sobre sí mismo, y sintió que se asfixiaba, pero luego miró hacia arriba, y se encontró con una gran sala completamente a oscuras. Pudo observar a su alrededor, a otros Mortífagos, con la misma cara de desconcierto y terror que seguramente debía de tener él…
Incapaz de moverse, intentó buscar con la vista a su familia: pero no la encontró ¡Oh, por Dios, que escena tan incómoda! Los Mortífagos cuchicheaban suavemente entre ellos, pero con el temor que absorbía su alma era imposible hablar en voz alta. Él siguió buscando con la mirada a su padre y madre, pero no los hallaba… Hasta que vio una rubia cabellera, la misma que la suya. Sonrió, pero esa sonrisa flaqueó al instante. Avergonzado de su frenesí, fue, lento, muy lento, hacia su familia, quienes lo aferraron de las muñecas cuando supieron que él estaba a su lado.
El silencio le pesaba a todo el mundo ¡Deseaban gritar de horror, hablar a sus anchas, pero no podían! Sin embargo, alguien rompió con la cadena de Silencio: Dolohov preguntó, en una voz que llenó todo el salón
— ¿Alguien sabe que hacemos aquí?
— ¡Ah! ¿Así que ni siquiera saben porqué están aquí? —de la parte trasera de esa aglomerada habitación oscura, llegó la voz masculina tan temida, pero a su vez, tan respetada y deseada por los Mortífagos; un hombre enjuto y alto los miraba con profundo desdén desde un extremo de la habitación. El hombre no dejaba su serpentina cara a la vista, porque estaba oculta tras una tersa capa negra. Ni siquiera sus ya conocidos ojos carmesí podían ser deslumbrados, pues la sombra de la capucha cubría cuál cinta negra los ojos del locutor
— ¿Siquiera fueron capaces de imaginar lo que he venido a hacer? —prosiguió. Algunos, temiendo ser reprochados, negaron rápidamente con la cabeza. Al ver esta reacción, siguió su perorata — ¡Ah, Pues ahora lo sabrán! ¡Ahora todos lo sentirán! —Muchos se acongojaron al oír esas palabras — ¡Ahora todos sentirán lo que es esta ira que me invade! ¡La sentirán recorrer por sus cuerpos, mortificándose! —Muchos escucharon estas palabras cómo quién escucha su sentencia de muerte — ¡LUEGO DE HABERME TRAICIONADO! ¡LUEGO DE HABER SUPLICADO A SUS SUCIOS PARÁSITOS! ¡LUEGO DE HABER ENSUCIADO MI NOMBRE Y SUS NOMBRES! —Y cada vez que pronunciaba palabras, un destello rojo surgía de su varita e iba hacia el pecho de sus Mortífagos
— ¡MACNAIR! ¡JURASTE TU LEALTAD Y LUEGO VEO QUE RECHAZAS TU CONDICIÓN DE MORTÍFAGO! ¡RAFNAR! ¡HABLAS DE SERVBIDUMBRE Y TE VEO SUPLICANDO A LOS SANGRE SUCIA! —un haz de luz roja inundó la sala, Voldemort había apuntado al corazón de Macnair, mientras éste se revolcaba por el piso, gritando ese desgarrador dolor que lo inundaba. La cabeza del señor oscuro volteó, y vio, con un destello de luz roja en su rostro, dónde se ubicaba Rowle
— ¡Tú! —Gritó, señalándolo — ¡TIENES EL SUFICIENTE DESCARO DE TRAICIONARNOS Y LUEGO TE VEO AQUÍ! ¡IGNORÁNDO LO QUE PUDIERA PASARTE! —El señor de las Tinieblas hizo que de su varita partiera algo rojo, que, todos creyeron, era un maleficio Cruciaturs, pero al ver lo que era, depositándose en Rowle, se dieron cuenta fácilmente: fuego.
El mortífago dio volteretas por el piso mientras se producían gritos sordos… Las altas llamas azules producían un olor a carne calcinada, mientras veían cómo Rowle sufría desesperadamente.
Lord Voldemort veía cómo su servidor agonizaba en una de las peores maneras existentes; cuándo vio qué el sufrimiento no podría aumentar más, deshizo el hechizo, dejando a su servidor medio muerto en el piso, con toda su carne achicharrada
— ¡NOTT! ¡VOLTEO LA CABEZA Y VEO CÓMO JURAS A UN AUROR TU INOCIENCIA Y ADEMÁS PROMETIÉNDOLE TU ETERNO ARREPENTIMIENTO! ¡ENSUCIAS EL NOMBRE DEL MORTÍFAGO, NOTT! —Nott convulsionaba en el piso…
Y así, uno por uno, todos los Mortífagos iban cayendo al suelo, desgarrados por el dolor de su castigo, que sabían qué merecían. Hasta que Voldemort hizo contacto visual con esa familia, abrazada por el terror.
—OOh…— exclamó sonriendo cruelmente, exaltando todas las pocas facciones que podían verse debajo de la capucha —He aquí la más alta traición, la más repugnante, la más horrible… La más impura de todas las personas qué han ensuciado su nombre…— todos callaban, sólo veían, expectantes, el castigo de la familia que más había ensuciado su nombre. Veían como el lord caminaba, desafiante, pero suavemente, hacia el padre, la madre y el hijo, reunidos en un rincón pequeño de la habitación
—Ven, Narcisa —dijo él, mirándola con profundo asco y desprecio. La mujer caminó vacilante hacia el señor de las Tinieblas. Ella temblaba de pies a rodillas
—Has sido la persona que más altamente se ha degradado entre todas las que veo aquí presentes. Dime, Narcisa ¿Qué pretendías al haberme mentido, Narcisa? ¿Que te perdonaría? ¿O qué solo te castigaría?—Pero no tuvo tiempo de contestar, un incandilante halo luz roja atravesó la habitación y se extendió por todo el cuerpo de ella, pero principalmente le dio en el corazón. Ella salió volando por los aires y aterrizó a un costado de la habitación.
Sus ojos se voltearon y su rostro se encrispó, la boca se retorció de manera peculiar, y empezó a convulsionar. Luego, de su boca un sonido lastimero, agudo, lagrimoso y quejumbroso salió. Casi todos los presentes se llevaron las manos a los oídos, protegiéndose del sonido emanado de la boca de su compañera… Los ojos de la mujer volvieron en sí, y entonces exclamó:
— ¡No! ¡Por favor! ¡Se lo suplico! ¡No! —pero entonces volvió a ese extraño estado de trance mientras lord Voldemort reía… La voz de Narcisa se quebró nuevamente, de las cuencas de sus inexpresivos ojos unas especies de lágrimas carmesí empezaron a resbalar, escurriéndose por su cetrino rostro inmutable… Se oían gritos, tal vez de su marido e hijo, pero ella pareció escucharlos, y entonces, junto a las lágrimas de sangre unas lágrimas reales empezaron a nacer. La madre de Draco empezó a toser, mientras las convulsiones reanudaban.
Finalmente todo cesó, Narcisa cayó al suelo, temblando
—Todo ha terminado para ti, Narcisa —sentenció el lord —No volverás a mentirme nunca… nunca más… Avada Keda…!
— ¡Espere! —Suplicó Narcisa, en medio de un llanto desgarrador. — ¡Se dónde está!
— ¿Dónde está quién? —preguntó él, con una mirada que dejaba ver su incógnita. Pero Narcisa sólo deletreó, algo parecido a la palabra "Sui", la curiosidad del público pareció exaltarse. Y de repente, Voldemort empezó a reír sádicamente
— ¿Y crees, asquerosa inmunda, qué yo no sé? —Narcisa lanzó un gemido de dolor — ¿Crees que Lord Voldemort no sabe? No la pude ver, pero reconocí instantáneamente el lugar… Porque la hechicé ¿¿Te acuerdas?? —el rostro de la mujer derramó más lágrimas negras
—Sé quién es… La reconozco… —se detuvo una vez más, pues empezó a mirar a un vacío mientras se abrazaba a sí misma, con un temor que ataba su boca.— La he visto antes ¡Sí, ella es… —empezó a toser —creo que se llama… Granger! ¡Es la chica que vino a nuestra casa el año anterior! ¡Sí! —pero empezó a toser nuevamente, y luego a jadear. Miró con ojos entristecidos y temerosos a su señor. Su rostro reflejaba dolor y desesperanza, mientras que su tos empezó a aumentar —La vi y de inmediato la reconocí. Estaba peleando en la batalla, cuando, por un minuto, el hechizó de encubrimiento flaqueó y vi su verdadero rostro ¡Igual a la descripción de Bella! ¡Igual a mis recuerdos! —ya no podía seguir hablando, su cuerpo se desplomó y cayó al piso, su respiración dificultosa, casi cómo jadeos, se oía, pero al parecer retomó fuerzas, porque empezó a hablar nuevamente
—Peor el hechizo volvió a funcionar… Porque volvió a "su" normalidad ¡Oh, milord! —El silencio que atenuó la sala fue abrumador, su señor se mantenía callado y pensativo; luego sonrió de manera macabra nuevamente, y dijo lentamente, casi en un susurro, y en tono silbante y maligno
—Creo que ya no me sirves de nada —hubo un gemido —por lo tanto, dadas las condiciones… —apuntó con su varita al corazón de su Mortífaga —Avada Kedavra! —y Narcisa cayó al suelo…
