Disclaimer:
Los personajes de la saga Harry Potter no nos pertenecen. Esto, desgraciadamente, incluye a Severus. Sin embargo, estamos convencidas de que Severus ya no es de quién le creó, sino de quienes más le necesitamos ;)
Nota de autoras:
¿Qué tal? ¿Cómo os ha ido la semana?
A nosotras bastante bien, no nos podemos quejar ya que, por una vez, Severus no está enfadado. El gran responsable de todo es el tiempo, porque hace unos días tan grises y apagados que él se siente como si estuviera en su Inglaterra natal ;)
Así que, sin más, os dejamos con el siguiente capítulo, para que podáis ver qué es lo que le sucede a nuestro protagonista y a sus tres admiradoras.
Esperamos que os guste o, como mínimo, que os divierta.
¡Nos vemos!
ItrustSeverus y Snape's Snake
Nuestra más sincera gratitud para NatWizard, Sely Kat, Hareth y Pandora0000, que nos han obsequiado amablemente con sus comentarios :)
Capítulo 2: Las formidables aventuras del gran mago Severus Snape
—¡Mierda! —exclamó Snake's mientras se levantaba del suelo—. Se ha ido. ¿Y ahora qué hacemos? No podemos dejar que vaya por el mundo... por nuestro mundo solo...
—Yo no me preocuparía demasiado por eso —repuso Itrust con una sonrisa ladina, mientras se ponía en pie—, acabará volviendo a nosotras.
—¿Por qué estás tan segura? —preguntó Corza, aún de rodillas.
—Bueno... ¿a dónde va a ir? Aquí no hay nada que conozca. Nada de su mundo. Enseguida se dará cuenta de que está perdido y vendrá a buscarnos.
—¿Pero cómo sabrá dónde encontrarnos?
La sonrisa confiada de Itrust flaqueó, pero entonces a Corza se le ocurrió una idea y se alzó del suelo de un salto.
—¡Ya lo tengo! —Golpeó la puerta por la que acababan de salir hasta que apareció de nuevo el gorila en el umbral—. Disculpe, señor Abú, ¿tendría la bondad de hacernos un favor? Si se presenta por aquí de nuevo el hombre al que tan amablemente ha escoltado a la salida, ¿podría decirle que puede encontrarnos en esta dirección?
Corza garabateó rápidamente los datos en un trozo de papel y se lo entregó al hombre con su sonrisa más encantadora y un inocente parpadeo de pestañas.
El gorila miró el papel con rostro inexpresivo, lo arrugó en una bola en el puño y cerró la puerta de nuevo con un golpe.
—¿Os parece que eso quiere decir que se lo dará? —preguntó Corza, haciendo una mueca.
—Más vale asegurar el tiro —contestó Snake's y, sacando un bolígrafo de su bolso, escribió directamente en la pared: "Profesor Snape, llámenos al 660 760 29".
—No sé si lo verá entre tantos graffittis —replicó Corza con un mohín, estudiando la pintarrajeada pared.
—Tienes razón —admitió Snake's, y dibujó seis círculos en torno al mensaje para destacarlo más—. A ver si con esto es suficiente. Ahora sólo nos queda cruzar los dedos para que no manden a alguien que esté prestando servicios sociales para que borre precisamente las pintadas de éste callejón.
OoOoO
—¿Creéis que vendrá?
—Vendrá, seguro.
—¿No es increíble, lo que ha pasado?
—Increíble es poco, ha sido genial. ¡Hemos visto a Snape, tías! ¡En carne y hueso!
—¿Cómo es posible? Sigo sin entenderlo.
—Ya os lo dije: el profesor Sabo me daba buenas vibraciones.
—Sí, bueno, pues yo creo que ni siquiera él tiene idea de cómo lo ha hecho. Y si se llega a enterar de que Snape es un personaje de ficción, seguro que le da un colapso —declaró Corza.
Itrust y ella se echaron a reír a carcajadas, pensando en el rostro profundamente serio del profesor Sabo.
—Es que ya os vale a vosotras, también, mira que decirle que nos trajera a Snape... —replicó Snake's pero, inevitablemente, también tuvo que reírse por todo lo que había ocurrido. Sin embargo, como si acabara de recordar algo, la sonrisa se congeló de pronto en sus labios—. Oye, ¿y si vuelve al callejón pero no ve la nota, por más que lo haya resaltado con los círculos? O si no sabe que se trata de un número de móvil...
Sus dos amigas también dejaron de reír, las lágrimas aún escapándose de sus ojos, incontenibles. Itrust se los secó con la yema de sus dedos.
—Vamos, pero si él es mestizo. Seguro que sabe perfectamente lo que es un teléfono, su padre bien debía tener uno en casa…
—Sí, ya, pero aún así, no creo que los sickles le sirvan para las cabinas telefónicas…
—Qué simplona eres.
—Vaya, gracias…
—Para confiar tanto en la magia del profesor Sabo, no confías demasiado en la de Snape, ¿no te parece? —intervino Corza—. Es un tipo listo, podrá hechizar una cabina, vamos digo yo. Además, ¡qué coño! Es un Slytherin.
—Y eso, ¿qué diantres significa?
—Que no creo que tenga demasiados escrúpulos para utilizar a alguien en su beneficio, si lo necesita.
—Pues ya podría utilizarnos a alguna de nosotras, ¿no?
—O a todas…
Tras un minuto de silencio, volvieron a estallar en carcajadas. Cuando se calmaron, se levantaron del sofá para dirigirse a la cocina y prepararse algo de cena.
—¿Cuánto creéis que tardará en volver?
—¿Qué os parece si hacemos una apuesta?
—Venga, no seáis malas, ¿cómo vamos a apostar…? —Tras unos segundos de silencio, dijo—: ¡Qué diablos…! Yo digo que mañana le tenemos aquí.
—¿Tan tarde? Noooooo, seguro que en unas pocas horas le volveremos a ver.
—No, hombre no, él es muy orgulloso, por lo menos tardará un par o tres de días en regresar.
—Será muy orgulloso, pero no tiene adónde ir: ninguno de los lugares que conoce existe en nuestro mundo: ni Hogwarts, ni Hogsmeade, ni la Calle de la Hilandera, ni el Callejón Diagon, ni el Londres mágico… nada. Y no tardará en darse cuenta.
Las tres se quedaron en silencio unos instantes, reflexionando sobre esto.
—Pobre, le hemos hecho una mala pasada trayéndole aquí, ¿no?
—La verdad es que sí, se va a encontrar muy solo y perdido.
—No entenderá nada de lo que pasa…
Se produjo otra pausa durante la cual las tres se mostraron muy compungidas.
—Ahora me sabe muy mal lo que hemos hecho…
—Sí, pero es que sólo era una broma, tampoco creíamos que fuera a funcionar.
—¿Y qué vamos a hacer cuando vuelva? Tendremos que devolverle a su mundo…
—¿Pero cómo?
—Y lo que es más: ¿cómo creéis que va a reaccionar él cuando le digamos que es un personaje ficticio? Porque tendremos que acabar explicándoselo…
Las otras dos se miraron entre sí, asustadas. Realmente, el hombre podía mostrarse muy desagradable cuando le daban una mala noticia, y su intuición les decía que ésta no le iba a gustar ni un pelo.
OoOoO
Se habían pasado toda la noche despiertas a base de la explosiva combinación de nervios y café, y todavía seguían hablando de lo mismo cuando el sol de la mañana empezó a clarear al añil del cielo plagado de nubes. Era, con diferencia, lo más emocionante que les había sucedido en la vida, y aún les costaba creer que hubieran estado cara a cara con Severus Snape. El de verdad, no algún tipo disfrazado de él.
—Es tan alto como me lo imaginaba.
—Y tiene unos pies muy grandes, ¿os habéis fijado?
—Hmm… y qué manos. Me encantan, sus dedos son largos y bonitos.
—Por no hablar de su culo.
Las tres estallaron en carcajadas recordando el culo del profesor, en el que todas se habían fijado muy detenidamente.
—Ay, sí… tiene un culito prieto y bien puesto, eso es verdad…
—¿De qué momento de la historia creéis que le hemos sacado?
—¿Qué quieres decir?
—Pues que… qué estaría haciendo cuando de repente se encontró frente a nosotras.
—Hombre, pues supongo que le hemos sacado del tercer curso de Harry en Hogwarts, porque el libro que le dimos al profesor Sabo era "El prisionero de Azkaban". Por cierto, ¿alguien recogió el libro?
Corza se llevó la mano a la boca.
—No. Creo que se quedó allí. ¡Mierda!
—Un momento: si le hemos sacado del tercer libro, él aún no sabe que Lord Voldemort volverá a aparecer.
—¡Dios, es cierto! Y tampoco sabe que Karkaroff huirá, que Colagusano le hará de lacayo en casa, que tendrá que hacer el Juramento Inquebrantable, que matará a Dumbledore…
—¡Joder! ¡Seguro que ni siquiera sabe todavía que está a punto de vérselas de nuevo con Sirius Black!
Las tres se quedaron impactadas por esta revelación.
—Es cierto…
—Vaya…
—¿Y qué pasaría si se lo dijéramos? ¿Si le explicáramos que a final de curso Sirius se meterá en el colegio convertido en perro?
Las jóvenes se quedaron pensativas ante esta idea.
—Eso lo cambiaría todo…
—¿Y si lo hacemos? ¿Y si alteramos la historia?
—No, no, no, no podemos, de ninguna manera —dijo Itrust, asustada—. Es muy arriesgado, no sabemos lo que podría pasar.
—Pero a mí me gustaría cambiar lo que sucede en los libros, ¿y por qué iba a ser arriesgado? ¿Qué podría ocurrir, que en vez de tener quinientas páginas tuviera cuatrocientas cincuenta?
—En todas las novelas de ciencia ficción dicen que es peligroso saber el futuro porque podría alterar la historia, de modo que si le decimos su futuro, todo cambiará.
—En las novelas, en las novelas… tampoco es que eso sea una base muy científica… además, yo quiero que cambie, podríamos advertirle de muchas cosas que le ahorrarían disgustos más adelante, podríamos evitar que Nagini le matara…
—¡Pero es que si cambiamos su futuro puede que cambiemos también nuestro mundo sin darnos cuenta!
—¡Anda ya! ¿Eso cómo va a ser? ¡Es imposible!
—También es imposible que un personaje de ficción aparezca en la vida real, y aquí le tenemos. Está claro que la línea entre el mundo real y el ficticio es muy fina, así que no sabemos hasta qué punto puede cambiar nuestra realidad si cambiamos su ficción.
—Todo esto es muy complicado, me está entrando dolor de cabeza.
—Bueno, la cuestión es que no le tenemos que decir nada de lo que le va a pasar.
—Pues para eso habrá que saber en qué punto del libro estaba exactamente cuando le trajimos aquí, para no meter la pata.
—Le preguntaremos qué…
De pronto, el móvil de Snake's atronó en la habitación y las tres chicas enmudecieron de golpe. Snake's se abalanzó a por el teléfono y miró el número de la llamada entrante, pero no lo reconoció.
—¿Sí? —dijo al descolgar—. Ah… ya… bueno… cálmese, cálmese, enseguida le doy nuestra dirección… profesor.
OoOoO
Snape tenía un aspecto bastante lamentable. Sus ropas estaban desordenadas y sucias, igual que su cabello; un hilo de sangre bajaba por su frente y sus ojos poseían un brillo desquiciado.
—No hay nada —murmuró, con aire ausente—. Nada está donde debería estar…
Las chicas miraron preocupadas al hombre, que se había quedado parado en la puerta de entrada.
—Pase, profesor, por favor. ¿Por qué no se sienta? —preguntó Snake's, señalando una silla junto a la mesa en la que estaban sentadas sus dos amigas—. Estará cansado.
Por supuesto que debía estarlo; con toda probabilidad se había pasado toda la noche yendo de un lado a otro, buscando algún lugar que le fuera conocido, evidentemente sin éxito. Sin embargo, estaba tan trastornado que siguió allí plantado en mitad del umbral con la mirada perdida, sin moverse.
—Incluso intenté acceder al andén nueve y tres cuartos, pero cuando quise atravesar la pared choqué con ella —explicó mientras se frotaba la frente, donde se había llevado el golpe. Pero el hombre no tenía ninguna herida, por lo que supusieron que se la habría curado con magia—. La gente me miraba como si estuviera loco.
Tras unos instantes de embarazoso silencio, Corza pareció salir de su estupor y se levantó como un rayo.
—Le traeré algo de comer, seguro que estará hambriento y se sentirá mejor con el estómago lleno —comentó al dirigirse a la cocina, donde calentó en el microondas el trozo de tortilla de patatas que les había sobrado de la cena.
—Siéntese —volvió a pedirle Snake's, instando al hombre a entrar en la vivienda y cerrando la puerta tras él. Pero el profesor sólo avanzó tres pasos y se quedó allí quieto, sin acercarse a la mesa, por lo que la chica tomó asiento al lado de su amiga, como si estando juntas pudieran infundirse valor la una a la otra—. Por favor, profesor, tenemos que explicarle muchas cosas.
Entonces el hombre pareció salir de su letargo y un destello de furia apareció en sus pupilas. Agarró una silla por su respaldo, la apartó con brusquedad de la mesa y se sentó en ella muy erguido.
—Oh, sí, desde luego que tienen mucho que explicar —su voz era ahora tan acerada como sus ojos—. Todo esto es culpa suya y no pienso irme de aquí hasta obtener las respuestas que busco. Como por ejemplo, ¿dónde demonios ha ido a parar Hogwarts?
Las dos amigas se miraron a los ojos y asintieron con una cabezada.
—Creo que deberíamos presentarnos primero —empezó a decir Itrust—: ella es Snake's, la chica que está en la cocina es Corza y yo soy Itrust.
—¿Cree que me importan lo más mínimo sus absurdos nombres? —gritó, perdiendo la paciencia del todo—. Quiero respuestas. Ahora. ¿Dónde está Hogwarts? ¡Sé que ustedes lo saben!
—Es que… verá, profesor, Hogwarts… Hogwarts no existe.
El hombre entrecerró los ojos, irritado.
—Si no existe, ¿cómo lo conoce usted? —preguntó, y las dos amigas se miraron entre sí, azoradas—. Cuando me hicieron aparecer en aquél lúgubre cuchitril con el payaso y el energúmeno, me encontraba precisamente en mi despacho de Hogwarts. Llevo dando clases a descerebrados como ustedes en ese colegio desde hace catorce años, señorita —la amenazó con un dedo largo y delgado que provocó que la chica se echara inconscientemente para atrás—. ¡No me diga que Hogwarts no existe! No sé qué clase de magia usan, pero…
—Nosotras no tenemos magia —dijo Snake's.
El profesor la miró súbitamente escandalizado.
—Entonces ustedes son… ¿son muggles?
—No exactamente… verá, es que esto es… es la vida real, y…
¡Ping!
Las dos chicas respingaron en sus asientos al oír el timbre del microondas. Dos segundos más tarde, Corza volvía a la sala portando un plato, que dejó delante del hombre, sobre la mesa. Él bajó la mirada y contempló el trozo humeante de tortilla como si fuera el deplorable resultado de una poción elaborada por Neville Longbottom.
—¿Qué… qué puñetas es esto? —preguntó.
—Tortilla de patatas, profesor —Corza dejó un tenedor junto al plato y fue a tomar asiento en su silla—. Vamos, coma. Está muy rica. ¿A que las tortillas me salen de rechupete?
Sus dos amigas asintieron con poco convencimiento. Estaban seguras de estar a punto de contemplar la ira del Maestro de Pociones en toda su extensión, cosa de la que su compañera no parecía haberse percatado, y no creían que una simple tortilla bastara para aplacarla.
No se equivocaron. Con un manotazo, Snape apartó el plato, que fue a estrellarse contra el suelo con gran estrépito. Se levantó de la silla y apoyó los puños en la mesa con aspecto feroz.
—Muy bien, si no hablan por las buenas, lo harán por las malas y, créanme —dijo con una sonrisa aterradora—, yo puedo ser muy malo. Así que, ¿quién quiere probar primero la magia de mi varita? ¿La magia real de mi varita?
—¿Aún no se lo habéis dicho? —preguntó Corza, contemplando a sus amigas con reproche.
—Díselo tú, ya que eres tan valiente —la retó Snake's.
—Está bien, verá profesor… —pero su decisión desfalleció al unir sus ojos con los de Snape, que prácticamente lanzaban chispas, y se quedó callada, sin saber exactamente por donde empezar.
—Lo que pasa es que usted no existe, profesor, igual que Hogwarts —dijo Itrust de golpe, envalentonada por no ser el centro de atención en ese momento, pero al sentir la negra mirada sobre ella se removió inquieta en su silla.
—¿Cómo dice? —preguntó él, con voz tan cortante como el filo de una navaja.
—Usted no es… real.
—¿Le parece real esto? —preguntó, lanzándole un hechizo que la hizo levantarse y agitarse frenéticamente por toda la sala.
—¡Ay! Me pincha, au, pincha, ¡ahhh!
—¡Déjela!
—¡No le haga daño! ¡Se lo explicaremos todo!
—Pues vayan empezando.
—¡Ay! ¡Uy! Pare esto, ¡párelo! —gritó Itrust, saltando y contorsionándose sin parar.
Snape sonrió con malicia y se tomó su tiempo antes de detener el hechizo. Cuando por fin lo hizo, Itrust soltó un jadeo aliviado y volvió a sentarse en su silla, mirando al hombre enfurruñada.
El profesor también volvió a tomar asiento, visiblemente más relajado ahora que había podido descargar un poco su enfado con ella.
—Hemos leído sobre usted en los libros… por eso le conocemos —le informó Snake's rápidamente, temerosa de que volviera a hechizarlas a alguna de ellas.
—¿En los libros? ¿Se me menciona en libros muggles? ¿Qué libros? ¿Libros de historia? ¿De… ciencia? —preguntó, desconcertado—. ¿O quizá en algún tipo de tratado?
—No exactamente…
—En realidad son novelas.
—Eso es.
—Una serie de novelas…
—¿Novelas?
—Sí, y como son historias…
—…inventadas…
—…y de género fantástico…
—…pues usted…
—…en realidad…
—…no existe…
—Como volváis a decir eso, os…
—¡Pero es cierto! Usted es…
—… un personaje…
—… de ficción.
Un silencio sepulcral siguió a la compleja declaración que acababan de hacer Corza y Snake's, que esperaban con ansiedad la reacción del hombre. Sin embargo, Itrust, que se había quedado callada después del hechizo, le miraba con recelo. Snape, frente a ellas, entrecerró los ojos con suspicacia.
—Entiendo —dijo.
—¿Lo entiende? —preguntó Corza.
—Por supuesto.
—¿En serio?
—¿Y no está enfadado?
—¿Con ustedes? Oh, no, claro que no —una sonrisa diabólica se formó en sus finos labios y un relámpago atravesó sus pupilas—. No estoy enfadado en absoluto, a fin de cuentas, ustedes sólo han leído sobre mí, ¿no? No es como si me hubieran hecho abandonar mi despacho, mi trabajo y mi vida; me hubieran arrancado de mi mundo dejando un caldero hirviendo en mi laboratorio con una delicada poción a medio elaborar; y ahora pretendieran que me tragara todas esas estupideces sobre que sólo soy el personaje de un libro, ¿verdad?
Ante esto, las tres chicas tuvieron la decencia de mostrarse avergonzadas, incluida Itrust, que no podía seguir enfadada porque la había hechizado si tenía en cuenta que lo que le habían hecho a él era infinitamente peor.
—Y a todo esto, ¿cómo se supone que se llama ese libro? Imagino que será algo rimbombante, como "Las formidables aventuras del gran mago Severus Snape", ¿no es así?
Su voz se había convertido en un susurro quedo y amenazante, sus palabras salían a duras penas de entre sus dientes apretados en una sonrisa sin humor.
—Ehhh… en realidad, no.
—Y además, no es sólo un libro, son sie…
—¡Tres!
—¡Dos!
—Ajá —su cara pálida era una máscara impasible, pero sus ojos no engañaban: semejaban dos carbones encendidos—. Veo que ni en sus mentiras se ponen de acuerdo. Bien, supongo que son conscientes de que puedo hacerles mucho daño si lo deseo, ¿verdad? Ese pequeño hechizo que le he lanzado a su amiga ha sido sólo un aperitivo. Nada en comparación con lo que puedo hacerles…
—Oiga, podemos demostrárselo —saltó Itrust, intentando evitar por todos los medios que utilizara su varita de nuevo. Se levantó de la mesa y salió disparada hacia su habitación. Regresó al cabo de un instante con un libro entre sus manos, buscando frenéticamente la página deseada, y lo plantó abierto frente al hombre cuando la encontró—. Aquí, ¿lo ve? "Capítulo 8. El profesor de Pociones".
Nota final:
Menudo viaje movidito ha tenido nuestro invitado, ¿no os parece? Ay, si es que en el fondo nos da algo de pena, tan perdido y tan solo. ¿Cómo no nos vamos a querer quedar con él? Bueno, claro que él también puede opinar así que quizá no quiera quedarse con nosotras, sobre todo cuando acabe por saberlo todo, todo y todo.
Jeje… pero para que vosotras podáis saberlo todo tendréis que esperar a la semana que viene, y para que nosotras sepamos qué os ha parecido deberemos esperar vuestros comentarios. Si os apetece hablar con nosotras sólo estamos a un tecleo de distancia ;)
¡Os esperamos en la siguiente actualización!
Y ya para acabar, dejamos esta respuesta al review de Hareth:
Hola, Hareth ¡!
Hemos intentado contestarte al review, pero la página nos informa de que tienes desactivada la función de recibir mensajes privados, así que no hemos podido y por eso te contestamos desde aquí.
Nos parece adivinar que te ha sorprendido que te gustara, ¿no? Si es así, nos alegramos mucho de que haya sido una sorpresa, porque eso significa que hemos logrado lo que todo escritor desea: superar las expectativas. Esperamos seguir haciéndolo :)
Muchas gracias por tu comentario. ¡Ojalá nos veamos pronto!
Un besito.
