Reina Divina.

Muerte.

No deseo que haya más muertes, no quiero que otra vida se extinga.

No, no.

Comienzo a llorar inevitablemente, dejando escapar todo mi dolor en un acto humano universal, los dioses no lloran, yo no debería hacerlo.

No puedo evitar hacerlo mientras escucho que te acercas, eres el único que desobedecería la orden tan tangente que di sobre dejarme sola pero tú no puedes hacerlo porque fui yo la que te pidió permanecer a mi lado.

-Dionne.

Y es tu voz lo que más necesito escuchar en estos momentos no soy capaz de enfrentarte porque no quiero que me veas llorar, no quiero ser débil ante ti pero no puedo evitar recordar la muerte de mis queridos santos, ni de mis amigas y mucho menos las de los niños inocentes.

-Dionne, estoy aquí. –Siento tu mano posarse sobre mi hombro derecho con firmeza, transmitiéndome esa estabilidad que tanto necesito.

-Han muerto tantos, Aniel. –Pronuncio con la voz estrangulada, no quiero recordar la pelea que tuvimos en la mañana ni las cosas hirientes que te dije, no quiero apartarte nunca de mi lado y temo por tu vida.

-Es natural que las cosas sucedan así. –Me dices fingiendo tranquilidad pero te conozco lo suficiente para sentir la amargura en tu voz.

-No deberíamos tener que luchar si Ares no fuera tan necio podríamos acudir a la negociación. –Digo frustrada por el flujo de las acciones.

-No pierdas tus energías pensando en eso. Es Ares de quien estamos hablando –Me replicas desdeñoso como cada vez que digo el nombre de mi hermano, por raro que parezca una risa pequeña escapa de mis labios –No vale que le dediques un segundo pensamiento. –Me instas a girarme para que quedemos frente a frente, miro tus ojos esmeraldas llenos de preocupación y esa chispa de rencor por el hecho de que Ares está incluido en la conversación.

-Siempre te enojas cuando hablo de él. –Comento sonriendo ligeramente a la final cumples tu promesa de hacerme sonreír.

-Intento besarte contra tu voluntad. –Respondes. Arqueo una ceja al recordar el momento en que estallo la guerra santa con la imprevista visita del dios de la guerra con su aire orgulloso, testarudo y violento en el Templo Principal. Sí, intento besarme con esa brusquedad tan característica que posee pero no lo deje, nunca lo haría preferiría ahogarme a dejar que me toque.

-Tú me besaste sin pedir permiso. –Comento con un poco de burla pero rápidamente me doy cuenta de que algo te ha afectado por la seriedad con la que me regresas la mirada, pareciera que siempre término haciéndote daño sin intención.

-Es diferente. –Me dices –Yo jamás te haría daño y mis sentimientos son sinceros. –Es la primera vez que te oigo nombrar esos "sentimientos" que los dos sabemos existen pero ninguno menciona en voz alta –Pero Ares solo te quiere por demostrar que puede ganarte y humillarte.

-Eso no puedes saberlo. –Y de nuevo no entiendo porque quiero llevarte la contraria, veo como arrugas tu frente y como tus ojos cambian al enojo, rara vez te enojas conmigo. –No importa no quiero discutir.

-Yo tampoco y menos si es por él. –Suspiras sacudiendo tu cabeza como alejando las ideas molestas, una vez más tus manos viajan a mi rostro para retirar la humedad que aún permanece en mis mejillas. –No llores, Reina.

Me sonroje con el apodo que tan directamente sueles decirme cuando estamos solos y que enmascaras en el nombre que me diste al estar con los demás, intento sonreírte pero de nuevo los recuerdos de todos los perdidos vuelve con fuerza a mi mente.

-No quiero perder a nadie más…. No quiero perderte a ti. –Lo último lo susurro apoyando mi cabeza en tu hombro, me siento miserable por permitir que existan estas muertes cuando es mi deber protegerlos.

-No me perderás. –Afirmas abrazándome por la cintura, rodeándome con tu calor –Incluso si muero no me perderás porque seguiré cuidándote siempre… Sobre todo de dioses aprovechados. –Musitas las últimas palabras con un tono rencoroso que pocas veces te he escuchado.

Quisiera responderte algo para calmar tus sentimientos pero no encuentro nada que decir, prefiero hundir mi rostro en la piel de tu hombro y que de esa forma tus brazos me rodeen con más fuerza y me transmitan toda la seguridad que necesito pero tus manos alisando mi cabello me recuerdan un detalle.

-Esos días ya no volverán. –Siento tu mirada confundida sin embargo no quiero enfrentarla –Aquellos días donde me trenzabas el cabello con delicadeza mientras nos reíamos de cualquier tontería alejados de la vista de los demás. Esos días tan nuestros han llegado a su fin.

-No, no lo han hecho. –Niegas separándome de tu cuerpo para llevarme hasta unos taburetes que estaban olvidados en una de las paredes de la habitación, me haces sentar y te acomodas a mi espalda –Mira: En este momento estamos en la colina más floreada que hayas visto en tu vida, hay tantas flores hermosas pero ninguna que te llegue a los tobillos, huele muy bien, estamos en primavera y sopla una brisa cálida pero refrescante, las aves nos acompañan con sus cantos. –Cierro los ojos para dejarme guiar completamente por tu suave voz mientras siento como pasas tus dedos entre mi cabello acariciando sutilmente la piel de mi cuello. –Es mágico. Estar contigo lo es. –Sonrió ligeramente dejando que mi imaginación recree todo con lujos de detalles al tiempo que vas trenzando mi cabello lentamente alargando el momento.

-Las ninfas han escuchado el canto de los pájaros y se han acercado a nosotros, están encantadas con tus habilidades manuales y esperan que le hagas trenzas también. –Ríes discretamente en mi oído –Empezamos hacer coronas de flores que adornan nuestras cabezas.

-Esas ninfas han llegado para hacer multitud. –Tus manos rodean mi estomago al abrazarme, dejo que mi espalda se apoye en tu pecho y que mi cabeza caiga sobre tus hombros –De la nada ha salido un fauno en celo a perseguir a las pobres ninfas que huyen despavoridas con el fauno detrás y el campo vuelve a ser nuestro nada más.

-El caballero debería acudir en ayuda de las ninfas. –Contesto en broma para cerrar los ojos con fuerza al sentir un beso en mi cuello.

-Estarán bien, tienen mucha experiencia en huir de faunos libidinosos. –Te ríes alegremente para después guardar silencio –Dionne, aunque se acaben los días que pasamos juntos en esta vida vendrán más en la siguiente.

Quiero aferrarme a esas palabras, soñar que podremos seguir riendo en un campo que compita con Elysum y que tus manos siempre trenzaran mi cabello delicadamente en instante íntimo, cierro mis ojos dejándome llevar por el calor y la dulzura de tu esencia, aparece un esbozo del futuro en mi mente:

"-No quiero hacerlo, te hare daño no tengo ni la menor idea. –Se queja el chico con insistencia.

-No es tan difícil, Seiya. Ya te mostré como hacerlo. –Le responde una joven con una sonrisa tranquila.

-¿Y si te jalo el cabello? –Pregunta preocupado.

-Estará bien, sé que no lo harás con intención. Por favor, Seiya, tengo mucho calor.

-¿Por qué no se lo pides a una de las sirvientas o a Tatsumi?

-¿Y por qué te resistes tanto hacerme un favor?

-No es "resistirme" no sé cómo hacerlo. –Infla los cachetes en un gesto infantil.

-Solo es hacerme una trenza en el cabello no es como si te pidiera que desactivaras una bomba.

-Para mí es casi lo mismo. –Se inclino para rozar su mejilla con un suave beso furtivo –No quiero hacerte daño de ninguna forma.

-Eres un tonto a veces. –Susurra la chica con una sonrisa enamorada para tomarlo del rostro y besarlo delicadamente en los labios –Te quiero pero tengo calor y no puedo trenzarlo yo sola. –Hizo un gesto señalando su larga cabellera.

-Tan necia. Si te jalo es culpa tuya por insistir mira que quise protegerte de mis torpes manos. –Dice dramáticamente –Sabes el riesgo en el que te has metido, Saori, intente advertirte.

-Confió plenamente en ti. –Responde con una sonrisa llena de confianza –Apresúrate.

-No quedo tan mal. –Dice orgulloso de su trabajo, a pesar de unos cuantos jalones que la chica aguanto en silencio ha logrado domar a tan revoltosa melena.

-Te lo agradezco, ahora has ganado la medalla de bronce en realizar trenzas. –Sus brazos pasan sobre sus hombros rodeando su cuello –Felicitaciones.

Y se besan suavemente y a escondidas. "

Sonrío somnolienta entre tus brazos de caballero, de tu armadura que siempre me protege y acompaña, puedo estar segura de que no me abandonaras porque eres mío, de nadie más. Y con la certeza de que habrá nuevos días puedo descansar en un sueño tranquilo en tu compañía, algún día serás mi "Seiya" y yo seré tu "Saori" y deslizaras tus manos por mi cabello con ese mismo cariño que me das hoy.

Nota: Esta es la segunda parte de la historia, esta vez desde el punto de vista de Dionne con una pequeña escena SaorixSeiya.

Dedicado igualmente a mi Pao y a Suki.