El ángel llora y lloraba. Y aún no terminó de llorar.

Allá en la calle, con la brisa acariciándole la cara.

Se siente revivir.

Se siente odiado.

Y siente que odia.

Pero también, se siente egoísta.

Porque sabe que su hermana, seguramente está mejor así. Hizo lo que le apetecía. Hizo lo que pensaba mejor, hizo lo que juzgaba correcto; pero sobre todo, eligió lo que la haría feliz.

Pero aún así, aunque le desea lo mejor...No puede impedir sentirse decepcionado y abandonado. Porque ella le había prometido no abandonarlo nunca.

"Juntos para siempre" le había dicho un día.

El ángel, que durante esos tiempos oscuros que vivió solo tenía 14 años, decidió entonces cambiar. Era una idea que se le vino de repente, pero parecía ten ingeniosa...

Para que nunca más pudiesen decirle cuánto era ella mejor en tantos aspectos.

Cambiar para que ya no los pudiesen comparar más.

"Ella es una chica, y yo un chico."

"Por lo menos, así, como no nos pueden comparar, tampoco me pueden criticar. Y puede que papa y mamá vuelvan a sonreír, y a repetirme cada día cuánto están orgullosos de mí."

O eso pensaba él.

Se cortó el pelo.

"Por lo menos, así, no me podrán confundir con una chica".

Y actuó como siempre.

Los días que siguieron, fueron penosos tanto para él como para ellos.

Lo que al principio era sorpresa y recelo, se convirtió poco a poco en odio y asco.

"No soy el hijo perfecto, ahora?"

se extrañaba al ver que sus padres no le devolvían su afecto. Y que su amor no era correspondido.

Empezó a comprender. Y aunque su familia lo odiara por el resto de su vida, continuaría viviendo la vida que él ansiaba.

Le apenaba constatar el asco en sus miradas.

"Esto es mi salvación, es mi única esperanza. Si ellos no me comprenden, pues que así sea."

EL ángel , resguardado del frío en su habitación, lloraba en silencio, intentando esconderse de la soledad.

Se moría poco a poco.

Para revivir.