He vuelto, espero les guste el nuevo episodio.


Capítulo 1 – Comienzo


— ¿Está ocupado?

Cuando la incógnita llegó a los oídos de Allen, él escupió la comida que traía en boca, sin poder evitar aquello, un poco agitado. No era como si la voz de la chica fuera fea, o muy fuerte, o amenazadora, solo que… no esperaba que le hablara alguien más que el camarero, o Jerry, - era algo usual que el Chef, vaya a recomendarle meterse en concursos de glotones, mientras lo felicitaba, - y a ello fue que la chica abriera un poco más grande los ojos ante el sobresalto, y después para recobrarse haya pestañeado dos veces seguidas, y Allen sin quererlo siquiera, imitó el acto, mientras se sentía estúpido por sonrojarse. Sí, perfecto, había hecho el ridículo con una desconocida. Intentó que la escena no fuera tan incómoda…

— Oh, no, está libre, no te preocupes, — intentó sonreír, aunque su sonrisa no salió muy bien que digamos, y hacía notar que estaba un poco nervioso. Intentó borrar el sentimiento limpiándose los labios con una servilleta.

La chica estuvo parada un rato, viéndole, sus ojos eran de un extraño color morado, que nunca había visto, y él se encontró pensando si ese color era posible, o no, pero al notarla más incómoda, bajo la mirada, a sus tantos platos, se sentó más erguido en su silla, - aunque mayormente sus modales en la mesa, eran malos, o muy malos, - y volvió a simular una sonrisa, que no servía ni para hacerle creer que no se sentía avergonzado por lo que acababa de pasar.

— Si quieres puedes sentarte, aunque hay varios platos, y…

— Gracias, — ella sonrió, mientras inclinaba su cabeza un poco adelante, y de forma grácil se sentó al lado de él, cruzando sus piernas, y poniendo con una elegancia descomunal su pequeño bolso encima de las piernas.

Allen tragó saliva. No es como si fuese un pervertido, no lo era, pero acababa de darse cuenta que era atractiva. Ella se mordió el labio inferior, como meditando algo, y el aire faltó un poquito… era muy atractiva. Pero se dijo, no había razón para ponerse nervioso, era una chica linda, sí, pero si se quedaba mudo, y en un incómodo silencio, no ganaba nada, y… escuchó la risa de su maestro en su cabeza que se mofaba de su nerviosismo, mientras le decía cosas como; "Asqueroso, no tienes ni los pantalones para cortejar a una chica, si yo estuviera en tu lugar…"

— Mmm, me puedes invitar algo de lo que te han traído, — Allen que tenía el ceño fruncido, por su imaginación poco benevolente, la miró un momento sin comprender, — es que estoy un poco apurada, y tardan mucho, además de que Nii-san, Nii-san…

— Claro, tengo aquí casi todo el menú, — dijo, y rió un poquito, en voz baja, — coge lo que quieras, no hay problema. Al final, creo que es mi culpa que no te atiendan.

Había mucha dulzura en ella, o eso pensó, cuando la chica de rasgos asiáticos sonrió, mientras cerraba un poquito los ojos, - solo un poquito, - haciendo que sus largas pestañas acaricien sus mejillas, y se formaban lindos hoyuelos en la tersa de su rostro. Él se mordió los labios, perdiendo por primera vez en no sé cuánto tiempo el hambre, tampoco era tanto así, ahora estaba prácticamente más ocupado… mirándola, parecía que él no podía tener otra capacidad más que para observarla. Tal vez era algo estúpido, ya que Allen no creía en el amor a primera vista, era una idea aberrante que iba más a manos de tipos como Cross, que veían una, y por el simple atractivo, las seguían hasta obtenerlas, y de ahí, no eran más que nada… o un nada con derechos, él no buscaba eso, tal vez sea por su misma vida inestable, él quería algo más, que una cara linda que viene, se va, y la búsqueda de otros confines… quiso golpear su cabeza contra la mesa, cuando la vio de soslayo, no entendía, por qué pensaba en eso justo ahora, y tampoco la razón de verla mientras lo hacía. Casi maldice en voz alta, es una gran suerte que no lo haya hecho.

Entre la maraña de pensamientos, notó que Lenalee lo miró, haciéndole sentir un poco nervioso, pero no mucho, acababa de darse cuenta, que el sentimiento de incomodidad, y ansiedad iba perdiéndose conforme respiraba más el aire que ella, eso era bueno se dijo, tenía que serlo. Entonces ella hizo un gesto con los labios, estos tomaron una forma ovalada, y dijo:

— Oh, lo siento, me acabo de dar cuenta, no me presenté, soy Lenalee… Lee.

El nombre parecía un trabalenguas, de esos donde tu lengua se enreda, al intentar decirlo de forma rápida, y… no sabía por qué, pero le causo gracia. Rió, un poquito, y el ambiente, un poco tenso, otro tanto incómodo, y esa sensación de que era mejor escapar se fue, se esfumó de un momento a otro, y todo era demasiado cómodo, natural, demasiado.

— Allen Walker.

Y él no notó lo feliz que la hacía, al ser el primer amigo, que no tenía problemas con su nombre completo. No sabían que habían empezado algo.

-o-

— Aquí está la chica más hermosa de Londres.

— ¡Lavi!

Lenalee estaba un poco agitada, el abrazo del pelirrojo vino de la nada, y la tomó tan fuera de lugar, que al final no pudo evitar chillar, un rato por su desconcierto, dos chicas que estaban cerca del lugar rieron disimuladamente, ella hizo un mohín con los labios, no molesta con él, más consigo misma por su reacción.

— Veo que cumplí mi objetivo, te di una gran sorpresa, — él rió un poco, sus labios curvándose hacia arriba con maestría, y el sol que ya no estaba en el cielo, empañaba esos ojos esmeralda. Lavi tenía un brillo propio, del cual Lenalee se sentía atraída.

Ella bajó la mirada, y no lo vio por un momento, tomó un poco de aire, por alguna razón le faltaba, por alguna razón estaba emocionada… no lo veía por un tiempo un poco largo, el suficiente como para sentir añoranza. Se sentía un poco tonta por eso. Él disipó todo pensamiento robándole un beso, - un toque que duró menos de un segundo, - que hizo que recobrase el sentido, y lo viese, - pestañeando desconcertada dos veces seguidas, - como siempre sonriendo, en frente de ella. Al final compartió el gesto de los labios, y después este se fue, - tal como vino, - cuando ella llegó a pensar una cosa:

— ¿Cómo llegaste aquí?

— ¿Con mis pies?

La china rió, tapándose los labios con las palmas de sus manos, intentando hacer que su risa no se escuche estrambótica, cosa que no sucedió porque la suya quedó muy por detrás de la risa de su novio. Le gustaba pasar tiempo con él, siempre la pasaba bien, él era como un lugar donde el sol brilla, y las cosas parecen bien, porque él la podía proteger, porque él parecía ser feliz con solo respirar, porque era ese tipo de personas relajadas que logran crear el mismo efecto en ti… a veces pensaba que todo ello era una ilusión.

— Lavi, yo sé que no es tan fácil que tu aparezcas por acá.

— Ya, en realidad hablé con Panda, y le dije que encerrarme todo el tiempo en una biblioteca, o hacerme buscar datos relevantes de un lado, y otro sin sentido alguno, me estaba quitando la vida. Bien, él gana dinero con ello, al escribir sus artículos en revistas destacadas, y yo reputación de la buena, pero estoy perdiendo mi vida, — se explicó, y tomó un poco de aire, — así que le explique claramente, que yo no quiero llegar tan pronto a ser un viejito amargado que tiene las ojeras de un panda, o un mapache.

Una sonrisa que parecía imborrable se formó en los labios de Lenalee, cruzó los brazos en su pecho, y levantó una ceja, se veía bien así, creyó Lavi sin meditarlo mucho.

— Ahora dime la verdad.

— Me escapé, bueno… no tanto así, aunque sí, sí fue así.

— Dios, ¿Qué pasa si te despide?

— Lo suyo es abuso laboral, estoy haciendo de todo, día y noche, y hablo en serio, tuve que aprender a cocinar, según una dieta estricta, porque él ya está viejo, y… a veces llegó hasta a maldecir el día en que me adoptó. Él no puede despedirme es imposible, tal vez haga que la pague con más trabajo titánico, pero siquiera es mi culpa, la idea me la dio Yuu.

— ¿Kanda?

— La idea nació ayer en la noche, mientras hablábamos, o bueno, en realidad yo me quejaba, y no le dejaba dormir de tanto que le llamaba, y él me colgaba.

Un suspiro ahogado, ella se sentía irritada, pero no lo demostró, porque vamos, no era la culpa de Lavi que no tuviera tiempo, pero… sentía un punzada de celos, al ver como Lavi tenía más contacto con su mejor amigo, - que también lo era de él, - antes que con ella, con quien se supone estaba saliendo.

— ¿Por qué no me llamaste a mí?, — reclamó, sin lograr que las palabras se quedasen truncadas en su garganta, la voz por buena suerte no salió con el enojo suficiente, al menos.

Mas Lavi no parecía ofendido, solo agarró una de sus manos, y empezó a caminar con ella, juntos, lado a lado, en un compas distorsionado, él no paraba de sonreír, y de esa forma, se mostraba frente a ella, de forma más clara el espejismo. Lavi era una persona demasiado indescifrable, nunca podía leer lo que él pensaba, su próximo movimiento, solo estaba esa sonrisa pintada en su cara… a veces parecía tan hueco.

— Era una sorpresa, si voy a hacer tal jugada, debo desperdiciar bien mi tiempo… además llamarte en la noche no es opción, Komui podría venir a castrarme.

Y … todo pensamiento se perdió, dejó de preguntarse si estaba enamorada de una máscara, y no hubo más capacidad que para sonreir, se agarró más a esa mano cálida, mientras andaba por delante. Debía de disfrutar verlo, tras un mes sin hacerlo.

…..

…..

..

Hubiera querido hacerlo, de verdad que quería, pero Bookman prácticamente había secuestrado a Lavi, y arrastrado como un trapo ante sus propias narices. Al final no tuvo más que despedirse de ambos, con una sonrisa flaqueante, lista, y predispuesta a romperse, y… de nuevo la ira. Ella no era chica posesiva, no lo era, tampoco alguien que crea ser la merecedora de ser el centro del universo de esa persona, ella no era así, pero quería un poco más, solo un poco más de veces para verlo, de ocasiones para poder ver algo más de lo ya conocido, y descifrar esa fachada de sonrisas, y bromas dispersadas por todas partes. Otra vez se preguntó, si esto estaba funcionando, o si en realidad las señales del ya una vez pensado final, estaban mostrando más señales del que ella quisiera.

No había forma de contestar nada, y al final con el mismo malestar en el pecho, acabó por irse a su casa. Esta no estaba muy lejos, y podía ir a pie sin problemas, o al menos esa era su idea, hasta que pasó algo, un hecho anormal que no se esperaba… no fue un algo lamentable.

A unas cuantas cuadras de llegar a su destino, escucho un grito, no fuerte, no, este era solo una alteración de voz, que se hacía oir más alta, pero no dejaba ese tono amable que le caracterizaba, dicha voz parecía despedirse de alguien, mientras salía de un taller, y ella juraba reconocerla.

Sus ojos se vieron tentados a desviarse de su ruta, y ver a aquel que creía reconocer, y vio la figura recién conocida, el chico de cabellos blancos semejantes a la nieve parado a unos cuantos pasos detrás de ella. Y fue un impulso, tal como la primera vez que le vio, así mismo cuando le habló, todo era un impulso, y seguía siendo comandada por esa naturaleza que iba, pero tampoco era frecuente en ella. Sus labios se deslizaron hacia arriba, formando una sonrisa,- pequeña, pero verdadera, - y decidió olvidar que Lavi se fue, y siempre se iría, y lo llamó por su nombre.

— ¿Allen-kun?

Los ojos del contrario la vieron, y correspondió a la sonrisa.


Primero que nada, me disculpo por la tardanza, pero… resulta, me di cuenta, que me cuesta manejar a ambos personajes, - siquiera sé si me salió bien lo que hice, - y me fue un poco duro hacer el episodio. También siento mucho que tenga Lavlena, pero me parece óptimo mostrar su relación, y no se preocupen, por más que parezca un triángulo amoroso peliagudo, yo sabré manejarlo, sin lastimar a uno, de una forma en la que ni yo misma me perdonaría.

El Allena irá con más fuerza el próximo episodio, lo juro, y espero no haber escrito tan mal, de verdad, ni yo misma estoy muy conforme.

¿A alguien le gustó el episodio?