Resumen: Porque todo se resume a esto. Harry, Draco y una serie de malas interpretaciones. Y todas ellas producto de pervertidas mentes. DRARRY

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de Rowling y Warner Bro.

Notas de la autora: ¡Hola a todos! Primero que nada, quiero agradecerles por el gran apoyo que le han brindado a este fic en Fanfiction. No tengo palabras para describir lo feliz que me pone saber que la historia les va gustando. Así que aquí vengo a premiarlos con otro capítulo antes de lo previsto. Espero que este les guste tanto o más que el anterior, yo por mi parte disfruté mucho escribiéndolo. Ahora sí, a leer.

Capítulo dedicado a Lunatica Dark por sus hermosos comentarios que iluminan mi día.

Advertencias: El fic no posee Lemon en sí, pero contiene insinuaciones a prácticas sexuales y el correspondiente lenguaje a ello. Queda a su completa responsabilidad continuar leyendo si no poseen la edad correspondiente o no es de su agrado tales temáticas en un fic.


Malas Interpretaciones

Harry simplemente no lo entendía. ¿Cómo es posible que haya terminado en esta situación? No es como si hubiera esperado que su vida fuera simple y sin complicaciones después de acabar con Voldemort. Claro que ni en sus más locos sueños creyó que se vería envuelto en tal curiosa situación. Pero para poder explicar mejor todo esto quizás sea prudente volver un poco en el tiempo o mejor dicho, al preciso momento en el que su vida dio un giro de ciento ochenta grados, poniéndolo todo de cabeza.

La vida de nuestro héroe continuó con tranquilidad una vez que fuera eliminada la amenaza del mago más oscuro y poderoso que haya pisado la tierra. Los primeros meses, Harry no paró de disfrutar toda esa sensación de independencia. Ya no tenía una estúpida profecía con que cumplir, ni la amenaza de muerte de un demente obsesionado con la pureza de la sangre detrás de sí. Y ni qué hablar sobre lo liberador que fue admitir para sí mismo su homosexualidad. Después de todo, ya no había escusas para seguirse negando a salir con Ginny una vez que la guerra concluyera. Sin embargo, el solo pensamiento de entablar una relación con ella le provocaba un gran desagrado e incomodidad. ¡Qué le rompieran su varita y lo obligaran a vivir con los Dursley si eso no era cierto!

Al borde de un colapso nervioso y viéndose presionado por todos los miembros de la familia Weasley para que tomara una decisión respecto a la pelirroja, Harry encontró la salvación en la persona menos esperada. Aunque, pensándolo bien, no es de extrañar que haya sido justamente Draco Malfoy el que le haya puesto los pies sobre la tierra, incitándolo a mostrar lo que en verdad había reprimido tanto tiempo.

Una noche divagando por un pasillo cercano a la sala de Menesteres, Draco y él comenzaron una de sus típicas peleas. Todo se volvió más brusco de lo normal y después de varios puñetazos y algunos inconscientes roces entre sus cuerpos, descargaron esa gran tensión sexual que los corroía. Por primera vez en la vida, Harry actuó cobardemente y no mencionó nada más de esto a nadie. Hasta que cierto rubio, completamente enfadado por la indiferencia que demostraba el otro después de tan interesante noche, tomó el asunto en sus manos. Con un simple plan y algo de ayuda de Blaise y Pansy, Draco se las ingenió para acorralar sólo a Harry y demostrarle que no importaba cuánto intentara negarlo, no desaparecería aquello que sintieron esa noche. Lo siguiente que supo es que Malfoy lo estaba besando con fiereza y el resto digamos que es historia.

Nadie nunca podrá entender cómo es que dos personas tan distintas y que parecían querer asesinarse simplemente con la mirada, hayan podido entablar tan bella relación sin haberse matado en el intento.

Claramente nada fue sencillo, desde el comienzo tuvieron grandes discusiones y peleas, no sólo entre ellos sino con sus amigos y familiares, los cuales parecían no terminar de comprender cómo los más grandes enemigos de Hogwarts habían pasado de un insano aborrecimiento a un placentero deseo. Un año y medio plagado de peleas, insultos mordaces, intentos de maldiciones y monumentales rondas de sexo de reconciliación fueron las necesarias para que el mundo se resignara y entendiera que nada de lo que ellos hicieran o dijeran podrían hacerlos cambiar de parecer.

Ahora, cinco años después desde el comienzo de su peculiar relación, ambos se encuentran viviendo bajo un mismo techo. Harry no puede estar más feliz y orgulloso de que su prejuicioso novio accediera a comprar un departamento en el mundo muggle. Por supuesto que nada fue gratis y durante cinco jodidos meses se vio sometido a cada capricho de su despiadado Slytherin. Y aunque eso suena bastante egoísta y mal intencionado, Harry entiende que ha valido la pena cada maldito antojo que tuvo que cumplirle. ¡Todo sea por evitar vivir en la mansión Malfoy con su suegro! El cual no desaprovecha ocasión para hacerlo sentir indigno de estar junto a su hijo.

Así que aquí se encuentra Harry en su amplia habitación, mientras trata de permanecer lo más quieto posible con el fin de hacer realidad otro de los caprichos de su novio. Porque sí, aún sigue habiendo de esos. Afortunadamente, no tan seguidos como hace cinco meses atrás. Un temible pensamiento recorre su mente al pensar que quizás esta situación se extienda hasta el final de sus días. Un escalofrío se apodera de cada centímetro de su cuerpo al imaginar lo que sería afrontar cada deseo de su pareja. En comparación con esto, la opción de soportar a su suegro parece ser más sencilla que quitarle un dulce a un niño. ¿En qué diablos estaba pensando cuando se negó a mudarse a la mansión? Al menos allí tendría a Narcissa para que lo defendiera de Lucius. En cambio aquí… ¿Quién lo defendería de Draco?

Otro escalofrío lo asalta, haciendo que su cuerpo se remueva con incomodidad. Un enfadado reproche logra sacarlo de ese tren de pensamientos que no lo lleva a nada más que desesperarse.

─ Harry, por millonésima vez. ¡Deja de moverte!

─ Pero Draco… ¿Es esto realmente necesario? ¿No puedes hacerlo de otro modo? Sabes que a mí no me molestaría. ─ Responde con un gemido lastimero, apelando a la nimia compasión del otro.

─ Ya te dije que sí, es más que necesario. Así que cierra la boca y deja de moverte.

─ ¡Pero me aprieta! Siento que me ahoga y el calor que emana no hace más que empeorarlo. No sé cuánto más podré aguantar antes de…

─ ¡Oh, por Salazar bendito, Potter! Deja de lloriquear como una niña. Yo soy el que más está sufriendo con esto y todo porque no quieres dejar de moverte.

─ No sé de qué te quejas, siendo que fue tu idea. Además no es como si fuera la primera vez que lo haces, así que no veo el motivo por el cual seas tú el que sufra. ─ Reprende enfadado al ver la glacial mirada que Draco le dirige.

─ ¡Por supuesto que no es mi primera vez! ¿Por quién me tomas? Pero aun así estás consiguiendo lastimarme de tanto moverte. Quédate quieto y déjame trabajar a mí.

El Slytherin deja salir un suspiro de alivio al ver que su novio se calma y permanece lo más estático que puede. Con suavidad vuelve a realizar la tarea que había quedado olvidada. Delicadamente coloca sus manos alrededor del cuello del moreno, provocando que los bellos detrás de su nuca se ericen al percibir el contacto. Usando toda la gran experiencia que posee, se encarga de rodear con alarmante lentitud cada centímetro, tragando todo a su paso y dejando una desesperante fricción. Harry no consigue evitar soltar un gemido necesitado al apreciar otra vez el apretón que amenaza con quitarle la respiración. No cree haber sentido algo así nunca. Ni siquiera la vez que Draco quiso experimentar con unos anillos para su pene, cortesía de la sección para adultos de Sortilegios Weasley. ¡Y sí que se ajustaba esa cosa! No obstante esto es completamente diferente e inigualable. Su respiración comienza a hacerse errática y el calor que se apodera de su cuerpo parece tratar de calcinar todo a su paso. ¿Cómo puede Draco aguantar esto todos los días? Casi logra que un pequeño rastro de culpa se instale en su pecho, sabiendo que él es el primero en disfrutar de ello. Mas decide ignorar tal emoción, reconociendo que si su novio lo hace es debido a que a él le agrada o lo hace sentir poderoso y no porque a Harry le haga alcanzar el paraíso con simplemente verlo.

El calor se torna insoportable y el apriete a su alrededor empieza a ser doloroso, lo único que desea es mandar todo a la mierda y dejarse ir, pero sabe que Draco lo matará si llega a hacer algo como eso. Otro gemido lastimero escapa de sus labios sin que pueda detenerlo. Ya es demasiado, no podrá aguantarlo. Si Draco no se apresura no resistirá más.

─ Por favor, Draco, te lo suplico. Ya no puedo más. Es demasiado apretado y da mucho calor, me voy a…

─ Ya está. ¿Ves? Te dije que no sería la gran cosa. No sé por qué haces tanto escándalo por esto, siendo que en Hogwarts llevabas corbata todos los días.

Harry se acerca al labrado espejo de cuerpo completo y observa el reflejo que le devuelve el cristal. Ante él aparece su figura vistiendo un costoso traje muggle de alta costura, acompañado de una fina corbata de seda verde esmeralda, la cual ayuda a resaltar el intenso color de sus ojos. Con suavidad e intentando no deshacer el nudo perfecto que Draco ha hecho por él, recorre su cuello asegurándose de tocar la delicada tela.

Draco se coloca detrás de sí, posando sus manos en su cadera y ejerciendo la presión justa para que el tacto de ellas se sienta en su cuerpo pero sin arrugar el traje. Todavía está preguntándose cómo es posible que el Slytherin pueda calcular tan bien cuánta presión es necesaria ejercer en estas situaciones. Un cálido susurro en su oreja lo devuelve nuevamente a la realidad, provocando que un excitante escalofrío lo asalte.

─ ¡Estás hermoso! Voy a tener que mantenerte bien vigilado esta noche.

Un estremecimiento eriza cada bello de su cuerpo al percibir el débil roce de los labios de Draco sobre su lóbulo derecho. Un sofocante calor, que nada tiene que ver con la condenada corbata que aprieta su cuello, toma posesión de la parte sur de su anatomía y debe hacer un esfuerzo sobrehumano para no olvidarse del resto del mundo y quedarse a hacer el amor con su novio hasta la inconsciencia. Por desgracia, sabe que no puede hacer tal cosa y más siendo que Ron y Hermione no lo perdonarán nunca si se le ocurre llegar tarde a su boda.

Draco no parece tener conocimiento de la diatriba interna que está teniendo, por lo que continúa repartiendo suaves besos en la mejilla y nuca de su novio. Acercando por última vez su boca a la oreja derecha del Gryffindor, deja un leve murmullo que consigue quemarlo incluso más que mil fuegos malditos.

─ Vamos, se hace tarde y sé que la Comadreja y la Sabelotodo no me lo perdonarán si su padrino de bodas no llega a tiempo. No te toques más la corbata, al menos deja que llegue correctamente a la ceremonia. Y no te la vayas a quitar o desaparecer porque tengo algo muy interesante en mente para hacer con ella. Créeme, lo disfrutarás cada segundo y para cuando termine… estarás rogándome porque te ate una todo los días.

Un último beso en la mejilla derecha es dejado y con la elegancia típica de los Sangre Pura, Draco sale de la habitación. Un exaltado temblor recorre el cuerpo de Harry al intentar suponer todo lo que su pareja hará con dicha corbata, no llegando ni siquiera a imaginar una mínima parte de ello. Sabe mejor que nadie que Draco es de las personas más ingeniosas en la cama, ya que sólo él podría convertir cualquier instrumento cotidiano y volverlo una inigualable arma sexual.

Removiéndose con incomodidad en su ropa y deseando arrancarle a girones el traje color gris perla que tan bien resalta cada parte de la anatomía de su novio, Harry sale a su encuentro. Rogando a cualquier deidad que lo esté escuchando porque la ceremonia no sea muy extensa y puedan descargar una parte de esta tensión que le corroe en los baños, al menos para tratar de disfrutar luego de la fiesta.

Draco sonríe al ver la aparición del otro y tomándose de la mano, ambos desaparecen hacia el lugar donde se realizará la boda. Un último pensamiento recorre a Harry antes de que el apretado sentimiento de la desaparición ocupe su mente. Quizás y sólo quizás, los caprichos de su novio no sean tan malos. Después de todo, lo que comenzó siendo un atroz instrumento usado para ahogarlo, terminó convirtiéndose en una clara promesa de sexo duro, pasional e inolvidable. Sólo Draco podría haber logrado que Harry comience a amar las corbatas, a pesar de que su intención no sea usarlas frente a otras personas. Pero eso es otra historia.


oOoOoOo

Notas finales: ¡Mil gracias por leer! ¿Alguno adivinó qué era eso que tanto apretaba a Harry? Y si no acertaron… ¿En qué habían pensado? Espero que me digan esto y qué les pareció el capítulo en un comentario. ¡No sean tímidos! No muerdo. XD

El tercer capítulo está casi completo pero falta revisarlo, así que tardaré unos pocos días más en subirlo. Pero no se asusten, nunca me extiendo más de una semana con cada actualización.

Besito enorme y nos estamos leyendo. ^.^