¡Hola a todos!

Ok… Lo voy a decir así para no alargarlo más de lo necesario:

INSERTEN AQUÍ LAS MÁS LARGA, CONMOVEDORA (y si ayuda) LASTIMERA DISCULPA QUE SE LES PUEDA OCURRIR DE PARTE DE UNA ESCRITORA QUE TARDÓ MUCHOS AÑOS EN ESCRIBIR Y ACTUALIZAR LA PARTE CÚLMINE DE UNO DE SUS FICS. u/u

Perdón por haber tardado TANTO tiempo en subir la segunda parte…

Ya sé que estamos en el 2013 y que soy una desconsiderada. En serio, que me avergüenzo de mi misma a veces.

La verdad es que había abandonado la escritura de fics pero me decidí a retomarla, sólo que tardé más de lo esperado en hacerlo. x(

Realmente espero que les guste la continuación. Es bastante larga. Ojalá que la disfruten mucho.

Disclaimer: todos saben que Inuyasha no es mi creación y no saco ingún provecho al publicar esto en internet. Lo hago por puro gusto. ^^

Señas:

- dialogo de los personajes

"pensamientos de los personajes"

balbuceos o hablando en voz baja

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. } esto significa que cambio el lugar que describo, el tiempo, etc.

CAPITULO 2

Un año después…

- ¿Estamos listos?

La anciana Kaede miró alrededor con ansiedad. Sango le respondió que sí y Miroku sólo asintió en respuesta. Ellos tres e Inuyasha estaban parados en ronda, en el centro de la cabaña de la anciana Kaede. Él sostenía el collar con la perla con una sola mano y la miraba deprimentemente.

- Esto no vale la pena…

- Inuyasha, ya lo discutimos. Todos estuvimos de acuerdo en-…

- ¿¡Por qué eres tan idiota, Miroku?! ¡Kagome me odia por lo que hice! Me lo gritó varias veces antes de irse…

- Pero si ella se da cuenta de lo que realmente pasó, en ese caso tal vez-…

- Tal vez ¿¡qué!? ¿Me perdone?… ¿Realmente crees que eso va a pasar?

- Debes tener fé, Inuyasha. Todos mantenemos nuestras esperanzas en que-…

- ¡Ahhhhhhhhhh! ¡¿Qué acaso no se dan cuenta?! Tú misma lo dijiste, Sango: "Kagome te va a odiar cuando lo descubra… No va a perdonarte por haberla engañado." Ella nunca va a volver… Deberíamos usar la perla para otra cosa, en lugar de malgastarla en mis absurdos deseos…

- ¡Ya basta, Inuyasha! Deja de auto-compadecerte. Kagome te amaba y tú hiciste eso para protegerla. Deseas esto tanto como nosotros y lo sabes. Sólo tienes miedo de sufrir otra vez.

- No me estoy auto-compadeciendo. – le respondió entre gruñidos. – ¡Es sólo que es inútil! Deberíamos usar la perla para algo importante. Miroku, piensa en Shippou, que extraña a su padre, y en Sango y cómo murió su familia.

- Kagome es mi familia y sabes que la perla no puede revivir a los muertos. – Sango lloraba sin poder evitarlo. - Ya lo pensamos y tomamos nuestra decisión. Inuyasha, es la última oportunidad que nos queda. No lo arruines.

- Debes saber que si no estás decidido, Inuyasha, la perla podría no funcionar cómo debería… - La anciana Kaede habló por primera vez desde que estalló la discusión. – Piénsalo bien y no sigas si tienes dudas. Es la única forma si quieres que Kagome regrese.

- Sólo deseo que sea feliz…

- Esto le dará la oportunidad de serlo…

Inuyasha miró a Sango dudando de la veracidad de sus palabras. Hubo una pausa, durante la cuál Sango vaciló sobre si debía continuar o no. Inuyasha la miró expectante, esperando a que explique sus palabras…

- Puede que Kagome sea perfectamente feliz en su época, pero no creo que sea así… ¿Y si quisiera volver?... Tú no pudiste ir a buscarla, ya que ella te prohibió que lo hicieras. Ella es la sacerdotisa, ella activó el pozo y, por tanto, ella decide quien lo atraviesa. Pero, si quisiera volver, tampoco podría hacerlo sin la perla… Le estamos dando más posibilidades. Depende de ella aprovecharlas o no.

Inuyasha no respondió, ni siquiera se movió; sólo suspiró y volvió a fijar su mirada en la perla. Sólo Kagome le importaba. No quería obligarla a volver si ella no lo deseaba, pero quería que ella tuviera la oportunidad de hacerlo. Quería que todo fuera como debería haber sido, sin engaños ni melancolía. Como debería haber sido si él no la hubiera sobre-protegido sin considerar su opinión.

Durante un año entero, se repitió a sí mismo esa estúpida frase que llegó a odiar: "Si Kagome está a salvo, nada más importa.".

Cada vez que sufría su ausencia se recordaba a sí mismo esa oración torturante, una y otra vez, esperando que, así, el dolor se fuera.

Sólo había querido protegerla; alejarla de los enemigos mortales, de Naraku, de cualquier demonio interesado en su habilidad de ver la perla de Shikon, de cualquiera que por algún resentimiento, por un perverso disfrute, por un deseo de poder, quisiera hacerla sufrir o asesinarla.

Y logró alejarla para siempre. ¿Cómo podía, ahora, esperar que volviera? No importaba que lo hubiera hecho por ella. Prácticamente se acostó con Kykio. La traicionó y la engañó para que se fuera… La lastimó porque era demasiado cobarde como para enfrentarse cada día al peligro junto a ella y soportar el temor a que no saliera sana y salva.

Fue tan egoísta. No podría verla muerta. Apenas podía vivir sin ella cuando se lo buscó. ¿Cómo sobreviviría si ella moría en una batalla porque él no pudo protegerla como le prometió? En lugar de eso, prefirió herirla de nuevo; hacerla sufrir a cambio de que siga con vida. Él habría sacrificado cualquier cosa con tal de que ella fuera feliz y estuviera ilesa. En algún momento lo superaría, ¿no?

Ese año había sido el más largo de su vida. Pero al fin había pasado, junto a la lucha contra Naraku, a quien finalmente lograron destruir. Era el momento de hacer que la perla desapareciera y ya que no había ninguna miko que pudiera purificarla sólo quedaba utilizarla para un fin bondadoso, sin interés propio.

- Inuyasha… Es una buena forma de usar la perla…

- No, Miroku. Estamos siendo egoístas. No va a funcionar… Y, aunque funcionara, Kagome me odia demasiado como para pensar en mis verdaderas razones, que también eran pura basura. Además, va a odiarme cuando se dé cuenta que la engañe para obligarla a que se fuera a su época y estuviera segura…

- ¡¿Podrías olvidarte de eso?! ¡Lo dije porque estaba furiosa por perder a mi única amiga! Inuyasha, esto va a funcionar. Tiene que funcionar. Kagome te amaba y…

- Amaba, en el pasado.

- Y seguro te sigue amando. Le estamos ofreciendo una oportunidad para que haga algo al respecto, si le interesa… Sólo confía en que esto funcionará.

Sango confiaba ciegamente en que este intento traería a Kagome de vuelta. Estaba totalmente esperanzada. Inuyasha realmente la envidiaba. Aún habiéndole transmitido cada palabra de odio textualmente, ella seguía confiando en la pureza de alma de su amiga y en que ella hallaría la verdad y querría regresar… Él no podía dudar de la pureza de Kagome, pero se había conseguido su odio y no quería sostener en alto una esperanza poco probable y, después, tener que enfrentarse a una caída libre.

Sin embargo, sabía que deseaba estar con ella más que nada en el mundo. Deseaba una nueva oportunidad y, esta vez, ella decidiría. La quería de vuelta y no se sentiría satisfecho hasta haber hecho todo lo posible para reconquistarla. Entonces, si no lo conseguía, podía entregarse a su inútil existencia.

Respiró hondo y, conteniendo la respiración, asintió señalando que estaba listo.

La anciana Kaede repitió las instrucciones.

- Nosotros cerraremos los ojos y nos concentraremos en el deseo que acordamos. Cuando los tres estemos listos, Inuyasha, tú debes hacer lo mismo.

El ambiente se tensó ante la actitud seria de los cuatro participantes del ritual. Asintieron. Sango buscó los ojos de Miroku. Él le sonrió de lado, para darle confianza, y le sostuvo con fuerza la mano. Inuyahsa los observó en silencio, mientras aumentaban sus ansías por lograr su propósito.

"Recuerdo cada instante, cada detalle… Kagome, ojala puedas perdonarme y volver conmigo."

Todos cerraron los ojos, excepto Inuyasha. Aún cuestionaba un poco esa decisión… Aunque ese pedido a la perla no era un deseo a cumplir obligatoriamente. Era más como una súplica. Si tenían suerte, funcionaría. Sino, todo permanecería como estaba y nadie de esa época volvería a ver a Kagome jamás.

Inuyasha bajó los parpados lentamente y se concentró; enfocó toda su mente en ese pensamiento: Quería que Kagome tuviera la oportunidad de reflexionar sobre los hechos de ese día y de descubrir por sus propios medios lo que en realidad había pasado. En ese caso, había dos caminos. La verdad podía aumentar la ira y el dolor que sentía Kagome o podía hacerla recapacitar y darle deseos de regresar. La segunda parte de la petición consistía en que, si Kagome cambiaba de opinión y quería regresar a la época antigua, tuviera la oportunidad de hacerlo. Claro, a pesar de no tener la perla, que servía como una llave para transportarse de una época a la otra a través del pozo.

Pero, pasara lo que pasara, más allá de si regresaba o no, lo que Inuyasha más deseaba era que Kagome fuera feliz; esperaba que pudiera dejar en el pasado lo que él le hizo y pudiera continuar con su vida hacia un futuro mejor, con o sin él.

Inuyasha continuó concentrándose varias segundos más, sosteniendo la perla cada vez más fuerte, como si pudiera potenciar el poder de la piedra al entregarle su propia energía.

Abrió los ojos con la misma lentitud con la que los había cerrado y miró a los demás. Sango y Miroku le sonreían débilmente, a diferencia de Kaede, que mantenía una expresión expectante.

- Inuyasha... Abre tu mano. – Le ordenó la Anciana.

Él la obedeció y todos ellos pudieron ver al instante la reacción de la perla. Despedía un resplandor incomparable y provenía de ella una fuerte sensación de paz y quietud. Una atmósfera de pureza total invadía la habitación.

Tan sólo un instante luego, durante el cual observaron perplejos a la perla, ésta emitió un relámpago de luz levemente más potente e Inuyasha la dejó caer maldiciendo.

- ¡Agh! ¡Maldita perla! ¡Me quemó la mano!

En su mano derecha, justo en el centro podía verse la marca perfectamente circular que le había dejado la perla, aún roja.

Sin embargo, no pudo oír la perla al caer al suelo. En su recorrido, ésta se fue desintegrando hasta que no quedó nada más de ella que un recuerdo.

La claridad dentro de la cabaña descendió hasta volver a una tenue iluminación por los suaves rayos del sol que a esa hora de la tarde, sólo unas horas antes del atardecer, entraban por las rústicas ventanas de la cabaña. A pesar de todo, perduraba en la habitación esa atmósfera de paz que se experimentaba ya desde hace varios minutos.

Un silencio espeso se produjo en la habitación. Sin saber si sus esfuerzos habían sido eficaces ni qué factores podrían comprobarlo, permanecieron en duda hasta que uno de ellos no pudo soportar más ese sentimiento de incertidumbre que lo aplastaba.

- ¿Y bien? ¿Qué se supone que pase ahora?

- Sólo debemos esperar… - le respondió la anciana Kaede.

- ¿Esperar? ¿Esperar qué?... – volvió a cuestionar Inuyasha.

- Esperar para ver si ha funcionado. – le indicó, secamente esta vez, tratando de calmar un poco su impaciencia.

Se miraron entre ellos y salieron de la cabaña. Con Miroku y Sango encabezándolos, cada uno salió y se detuvo a sólo unos pasos de la humilde vivienda, un poco desconcertados. Miroku inhaló profundamente por la nariz, cerrando los ojos. Cuando exhaló abriendo los ojos, aún con una expresión de asombro, remarcó a los otros, como si ellos mismos no pudieran notarlo:

- La misma sensación de paz… se siente aquí afuera.

- Ha de ser una consecuencia del uso de la perla. Al purificarse, purifica el mundo que la rodea como parte del proceso. Así asegura un futuro seguro y sin complicaciones.

La anciana calló, conforme ante la forma en la que explicó la situación. Sango le respondió mientras asimilaba la idea, mostrando una leve sonrisa.

- Lo que quiere decir que todo nuestro mundo fue purificado. Todo ha vuelto a la normalidad…

El hanyou los miró meditativo, sintiéndose desencajado en esa escena de armonía y tranquilidad. Resumió sus pensamientos en un balbuceo casi inaudible.

¿Entonces por qué no puedo sentir ese equilibrio?

Una brisa corría por los campos esa tarde.

Inuyasha captó un ligero aroma en el aire, muy lejano, muy sutil. Cualquiera diría que lo estaba imaginando…

Pero él nunca había estado más seguro de lo que estaba oliendo, y sin decir una palabra, abandonó a sus amigos con tal de correr a toda la velocidad que podía en dirección al pozo.

Shippo se les acercó con Kirara, cómodo en la atmósfera que la perla había dejado al desaparecer.

- ¿A dónde fue Inuyasha? Creí que hoy iban a pedirle a la perla que traiga de vuelta a Kagome… -

- La perla ya no existe, Shippo. Desapareció después de haberle hecho nuestro pedido. – le respondió Miroku. La cara del pequeño kitsune se iluminó con una sonreía de oreja a oreja.-

- ¿Eso quiere decir que Kagome va a regresar con nosotros? – preguntó emocionado.

La Anciana Kaede y Sango cruzaron miradas, dudando. La taijiya se inclinó hacia él y le respondió, siendo lo más comprensiva posible:

- Es posible, Shippo, pero no estamos seguros.

La sonrisa de Shippo se desvaneció mientras que Sango le ofrecía entrar a la cabaña de la Anciana Kaede a esperar a Inuyasha hasta la cena.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Era viernes. Ya de tarde, a poco del anochecer.

Otro mal día.

Kagome estaba volviendo del colegio a su casa. Aun tomando clases extra que la hacían llegar tarde a casa, sus posibilidades de aprobar el año eran cada vez peores. No tenía el más mínimo interés en las lecciones. Su mente estaba siempre en blanco tratando de no recordar el pasado.

Un año había pasado y todavía no lo había superado por completo. Intentó regresar a su vida, a su colegio, a su familia; pero, falló.

Pasó por la galería y se adentró en los territorios que ocupaban su casa y el templo. Ignoró completamente al árbol sagrado y como el fuerte viento de otoño mecía sus hojas haciéndolo parecer vivo. Entró y subió directamente a su habitación. Su familia no estaba en casa por lo que no gastó su esfuerzo en lucir más positiva. Todos habían viajado por el fin de semana a visitar a unos parientes; ella se quedó con la excusa de estudiar, aunque sabía que realmente no tenía voluntad suficiente como para producir ninguna mejora.

Subió las escaleras, dejó su mochila en el escritorio y se tiro en su cama, boca abajo.

"- Ya pasó un año, ¿eh?... Parece que hubiera sido ayer. Nada ha cambiado… Aún me siento fatal."

Volvió a recorrer los hechos en su cabeza. No tenía de que preocuparse. Estaba sola y podía desahogarse todo el día si así lo deseaba…

Fijó su vista en el templo, mientras volvía a ese momento en su mente.

Un fuerte rayo de luz que venía desde adentro del templo le hizo cerrar los ojos. Se enderezó un poco y volvió a mirar… Nada.

"¡Qué sorpresa!" Pensó con sarcasmo. "Ni que fuera la primera vez que imagino cosas."

En varias ocasiones se había dejado desvariar, regresando mentalmente a la época del Sengoku, cuando a pesar de todas las luchas contra Naraku, era feliz viajando con sus amigos y con Inuyasha.

Hasta ese día… Algo la impulsaba a torturarse, cada vez que podía, a recordar cada detalle de ese día… De todas maneras, aunque hubiera intentado ignorar sus propios recuerdos, no habría podido olvidarlo. Él seguía grabado en su memoria, como el primer día.

Recordó lo felices que habían sido los últimos días. Recordó que no había visto ningún cambio en su forma de actuar; nada que lo delatara. Recordó que al despertarse no lo encontró junto a ella y de cómo fue en su búsqueda. Recordó la escena traumática que vio y cómo se sintió. En su mente, volvió a correr por el bosque como lo hizo aquel día para regresar a su época, escapando de su dolor. Recordó cada palabra, como lo insultó, la cara que él puso. Su expresión era completamente impasible ante ella. Sólo en un momento pareció arrepentido. Fue horrible… ver su cara cómo si a él realmente le importara, cómo si ella le importara, después de haberla engañado. Se sintió usada y sin valor. Él la había reemplazado en un segundo; así de simple.

Había tantas cosas que aún entonces no entendía sobre esa madrugada… ¿Cómo es que no se había dado cuenta? Siempre había podido intuir cuando él estaba concentrado en Kykio.

"- Ni que fuera muy difícil… Ese idiota nunca decía una palabra, pero era demasiado obvio. Hasta Shippo podía adivinar lo que estaba pensando…"

Evocó la imagen del pequeño demonio en su mente y, sin poder evitarlo, aparecieron también las figuras de Sango y Miroku. Un sentimiento de abandono empezó a oprimirle el pecho y las primeras lágrimas de la tarde asomaron en sus ojos. Realmente los extrañaba… La pena que sintió continuamente durante ese último año no era sólo por la traición de ese desconsiderado hanyou. Claro, gran parte era por eso. Ella lo había amado, él sostuvo sus esperanzas en alto y después las dejó caer para reventarse contra el piso. Pero haberlos dejado a ellos del otro lado del pozo era algo que la hería en lo más profundo. Cuando al fin lograba mitigar el malestar provocado por la herida que ese idiota le creó, aún se sentía destrozada por la falta de sus amigos…

"- Y la verdad es que me tarda bastante convencerme cada noche de que voy a estar mejor sin él. No es nada divertido que cuando al fin logró tranquilizarme, los recuerdo a ellos. Lo peor es que ellos sí me hacen mucha falta. Si no fuera por ese idiota…"

Lo resentía tanto. Arruinó sus días más felices. Y aún después de un año no podía eliminarlo de su memoria… Seguía dándole vuelta a los hechos como si todo tuviera una explicación, como si un mínimo detalle que ella se perdía fuera a cambiarle la vida.

- ¡Ya está! ¡Ya pasó! No sirve de nada pensar en él. ¡¿Por qué diablos no puedo dejar de pensar en él?!

Se sacó los zapatos con toda esa furia retenida y los tiró contra el suelo. Se levantó de la cama y empezó a caminar en círculos, respirando profundamente. Trataba de dejar de llorar y de alejar un poco esa rabia que la estaba volviendo loca.

Se detuvo, inhaló una vez más y se dejó caer en la cama.

Lo vio en su mente, ese día y volvieron a ella todos los detalles. Aún no podía comprender como pasó. Aún no entendía porque su reacción había sido tan diferente. Ya lo había encontrado con Kykio antes; ya había querido huir de él antes… Él siempre la detenía e inventaba excusas para que se quedara… Pero no esa vez. No intentó que ella se quedara o se excusó estúpidamente por lo que hizo. Tampoco la detuvo o fue a buscarla a su época actual.

Aunque sí la contradijo un par de veces. Incluso cuando Kagome había sido testigo de todo, él le mintió. No tiene sentido; incluso entonces, cuando ya la había perdido, seguía mintiéndole.

- Me mentiste. Yo nunca te interesé. Me dijiste que nunca me herirías, que siempre buscarías lo que era mejor para mí. ¡Y te fuiste con ella! ¡Me dijiste que ya no te interesaba!... ¡Que me amabas a mí!

- No todo fue mentira. – lo dijo suavemente, tratando de tranquilizarla.

Y entonces explotó y lo insultó… Eso es razonable, después de lo que él hizo es lo menos que se puede esperar.

- ¿Pero por qué demonios diría que "no todo fue mentira"? O sea, me dijo que no me heriría y es obvio que lo hizo. Dijo que siempre buscaría lo mejor para mí y puede que mi vida no habría tenido un objetivo mayor que ser la detectora de la perla, pero yo estaba feliz con eso. Por si no se nota, no estoy mejor así… "Buscar lo mejor para mí", ¡sí, seguro! No podría estar peor allá que como estoy aquí. Tal vez habría recibido algunas heridas por las luchas con Naraku, o como mucho habría muerto. ¿Y qué? ¡No se le puede llamar "estar vivo" a pasarme los días como un zombi lamentándome por algo que ya pasó! ¿O sí?… Aclarando, el idiota no me hizo ningún bien. Y si creyó que me estaba ayudando, pues, tiene un problema más grande del que pensé.

Se quedó en silencio por unos minutos pensando en Inuyasha. A pesar de todo (de su carácter tosco, de creer que estando solo estaba mejor, de la forma en que la hería sin notarlo) aún así ella lo había amado. Y, por alguna razón, no podía olvidar cómo se sentía cuando estaba con él.

Lo que más temía era no poder dejar ese cariño por él nunca.

Ese sentimiento también le había dado ciertas complicaciones el día que huyó de la época antigua…

Las palabras de Inuyasha resonaban en su cabeza…

- Kagome… ¿no piensas volver… jamás?

En ese momento no quería que él se preocupara por ella. No quería pensar que le importaba y volver a salir lastimada.

"- ¿Por qué tenía que hacer eso? ¿Por qué tenía que ponerme esa cara de cachorrito herido, cómo si él fuera quien se llevaba la peor parte? ¿Y por qué tenía que despedirse justo antes de que atravesara el pozo? ¡No va a extrañarme! ¿Qué ganaba con hacer eso?"

Volvió a recordar esas palabras…

- "Buscar lo mejor para mí"… Sí, claro…Cómo si él pensara mucho en mi futuro.

Se levantó de la cama nuevamente y retomó su caminar por la habitación para relajarse.

- Nunca le molestó interrumpirme cuando trataba de ponerme a corriente con las clases. Claro, siempre me protegió físicamente, pero eso es sólo una parte. –Empezó a elevar el tono de voz, cada vez más cuanto más se concentraba en lo que decía.- Aunque si lo pienso claramente, él nunca fue muy bueno en lo relacionado a lo sentimental. Nunca supo proteger mi bienestar emocional ni nada. Tal vez si se hubiera preocupado en ser un poco más considerado en lugar de sólo pensar en alejarme de los peligros de la otra época yo aún estaría a su lado.

Dar tantas vueltas en su habitación había empezado a afectar su equilibrio. Tropezó con la alfombra, casi cayó, pero logró enderezarse y seguir con sus quejas…

- Pero no, decidió romperme el corazón. ¿Por qué no? ¿Qué puede tener de malo hacer que Kagome regrese a su época indefinidamente? Ella estaría alejada del peligro e Inuyasha no tendría que estar pendiente de la débil e indefensa Kagome… Aquí no podría estar más a salvo y aún así preferiría estar al borde de la muerte con él. Pero a Inuyasha esa idea no le agradaría para nada…Él quiere a Kykio y no necesita otra novia muerta en su conciencia… A él le conviene que yo esté aquí. ¿Por qué me pareció verlo tan abatido si le conviene que yo este aquí? Es más, él me habría enviado voluntariamente, me amara o no. Si me amaba, yo estaría segura aquí y si no me ama, el podría estar con Kykio tranquilo. De cualquier manera él quería que yo viniera… ¿Por qué le costó tanto dejarme ir?…

Otra vez, un fuerte rayo de luz entró por su ventana para enceguecerla. Ella sabía de donde había venido y, a pesar de querer ignorarlo como al primero, cambió de idea. Se calzó unas pantuflas que había dejado esa mañana fuera del armario y bajo lo más rápido que pudo. Salió al patio y se dirigió a las puertas del templo…

"No he entrado ahí en mucho tiempo… ¡Esto es estúpido!"

Estaba a punto de darse vuelta y alejarse cuando empezó a experimentar una sensación cálida y tranquilizadora. Como si algo la protegiera y la calmara. Lentamente y con pasos cortos entró al templo, bajó las escalinatas y se arrimó al pozo. Tomó una gran bocanada de aire y suspiró. Echó un vistazo dentro y no pudo ver nada pero supo que esa sensación de paz provenía de allí. Podía sentir como se hacía cada vez más densa a medida que el pozo se profundizaba.

- ¿Qué puedo perder? No es como si me hubiera recuperado mucho desde que volví a casa…

De un salto entró al pozo.

Por unos minutos todo fue silencio y oscuridad.

Se quedó arrodillada en el fondo, igual a cómo había aterrizado, dándose cuenta que, después de tanto tiempo sin usar el pozo, ya no podía distinguir si se había transportado o en cuál época estaba…

- ¡Esto es tan estúpido! Sabía que era una mala idea.

Se puso de pie, se sacudió un poco la tierra que se le pegó al caer y empezó a trepar por la enredadera de una de las paredes, mientras balbucueaba quejas al aire.

Sólo a mí se me ocurre hacer este tipo de cosas. ¡Y a esta hora de la noche! Además dije que nunca iba a volver. ¡Jamás!

Sin notarlo su pie se resbaló y casi cae de nuevo al fondo del pozo, pero logró sujetarse y seguir trepando. Por alguna razón, el pozo le parecía bastante más profundo que de costumbre…

"¡Aghh! ¡Estúpido pozo! No me importa que largues destellos por el resto de la noche o llamaradas, yo no voy a volver a-… EL SENGOKU!"

Kagome se quedó estática, sostenida del borde del pozo, observando como un bosque se desplegaba frente a ella en dónde debería estar el interior del templo abandonado por el que había caminado minutos atrás.

Sintiendo que no podía aguantar por más tiempo el peso de su cuerpo, salió del pozo, dio un paso al frente y acompañado por un suspiro sólo dijo:

- Esto no puede estar pasando…

Continuará...

Ok, como podrán notar va a haber un capítulo 3. No sé qué tan largo va a ser este fic porque no planee toda la historia por adelantado, pero si me mandan reviews con comentarios positivos o con quejas por mi tardanza ayuda a que me ponga a escribir.

Un saludo a todas/os y hasta pronto. (espero...)