El mensaje de Gold estaba claro, "9:30 árbol centenario cueva de las almas cantoras", en su mundo, Rumpelstiltskin gozaba de la hermosa voz que provenía de la cueva, la voz era de una joven que estaba atrapada allí por un maleficio de Regina, y el no pensaba meterse en los asuntos de la mujer, no era importante para él, la muchacha no tenía ningún valor para él, no tenía por qué hacerle el favor, a no ser que quisiera hacer un trato.

Cuando llegó, el árbol estaba lleno de animales, como siempre, y Regina le miró sonriente, ambos empezaron a disfrutar del concierto que se les ofrecía, normalmente duraban media hora, pero ese día era especial, hoy, hace muchos años, fue encerrada ahí, condenada a cantar hasta que la soltaran.

Pasada la hora que estuvo cantando, Rumpelstiltskin decidió hacerle a Regina la pregunta que tanto le rondaba por la cabeza desde hace tiempo…

-¿Quién era?- Preguntó

-Nadie importante, una huérfana.-Contestó desinteresada, pero él sabía que había algo más

-¿Sólo? ¿Y por qué la condenaste entonces?-Sonrió, notó que Regina se puso un poco tensa por la pregunta.

-Fue una pequeña venganza por mentirme.-Miró al suelo, como si hubiese recordado algo…

-¿De quién hablamos en realidad, Majestad?- Se había dado cuenta de que la muchacha no tenía la culpa, sino que pagaba por el delito de otro.

-De alguien que me mintió para beneficiarse.-Su cara ya no tenía expresión triste, sino de rabia. Solo con mirarla a los ojos Gold supo de quién hablaba.

-Whale…-Dijo sonriendo, después de eso, se marchó dejando sola a Regina.

Henry llegó a un terreno arenoso y se dio cuenta de que había dos coches aparcados: el de su madre y el del señor Gold. Esto le extrañó, pero lo más raro fue cuando empezó a escuchar una voz no muy lejos de allí, empezó a correr para comprobar quién podía estar en mitad del bosque a esas horas, sería un misterio que él resolvería. Al llegar, se dio cuenta de dos cosas: una, había llegado al árbol centenario de su libro, y dos, Gold y su madre estaban allí. Henry se escondió tras un árbol para que no le vieran, parecían estar disfrutando de la voz, al principio no sabía de dónde venía, pero luego se dio cuenta de que salía de una cueva que estaba unos metros más adelante y que estaba bien escondida, pasaba un poco desapercibida, pero si te fijabas bien estaba ahí. Henry quedó hipnotizado por la voz, pero se dio cuenta de que allí corría peligro y se fue corriendo a avisar a Emma de que había alguien en la cueva, tenía que salvar a la chica, corrió y corrió tan rápido como pudo, y por suerte ni su madre ni Gold parecieron darse cuenta de que estuvo allí. Cuando llegó al pueblo se cruzó con Mary Margaret, que salía de comprar, y decidió contárselo todo.

-Henry, ¿qué te ha pasado? Parece que hayas corrido una maratón.- Dijo Snow, preocupada y extrañada.

-¡Mary Margaret, tienes que venir conmigo! ¡Hay una chica atrapada en una cueva, y, y, y ella canta, canta muy bien, pero está atrapada, mi madre lo sabe, la he visto allí!- El niño cada vez estaba más nervioso.

-Tranquilo, Henry, a ver, cuéntame lo que ha pasado.-Intentó tranquilizarle.

-He ido al bosque a investigar sobre algunos lugares de mi libro, y de pronto, escuché una voz, una voz muy bonita, y corrí hacia ella, estaban los coches de mi madre y del señor Gold, y ellos estaban en ese viejo árbol, ¡escuchando la voz que venía de una cueva! ¡Está atrapada, tenemos que ayudarla!- Dijo Henry, muy alterado, pero a la vez entusiasmado por haber descubierto un misterio.

-El viejo árbol, árbol…viejo árbol…¿El árbol centenario? Y supongo que la cueva será La cueva de las almas cantoras.-Dijo Snow, rememorando sobre su mundo.

-¡Sí, exacto, eso es!

-Henry, sé que en mi mundo pasaban cosas realmente increíbles para ti, pero eso es una leyenda, un cuento para niños. El viejo árbol centenario era un lugar en el que juzgaban y condenaban a la gente, en la cueva arrojaban los cadáveres de estos… La leyenda decía que los condenados cantaban durante media hora todos los días, para que la gente les recordara. Pero mucha gente ha ido por la mañana y no ha escuchado nada, jamás existió tal cosa, seguramente lo has imaginado, o tal vez Regina estuviese cantando… Lo único extraño era que Gold y Regina estuviesen juntos, y tampoco es muy raro, la verdad.- Le acarició la cabeza, le cogió de la mano y se fueron.- Vamos a casa, te prepararé algo de comer

-Pero…Yo lo he oído…Tiene que haber algo más…-Dijo el chico, un poco decepcionado.

-Anda, vamos a comer, y si tan convencido estás, Charming irá contigo a averiguar lo que pasa allí.-Le tranquilizó y se marcharon.

Whale había conseguido un pequeño descanso para comer, se dirigía a Granny's cuando se encontró con Regina, que acababa de salir del coche, la miró con cierto odio, pero no tuvo más remedio que poner su mejor sonrisa y decir "Buenas tardes". Hoy era un día bastante triste para Whale, hace años, ese mismo día se iba a casar con su único y verdadero amor, pero la asesinaron, nunca se supo quién fue, pero él tenía sus sospechas, estaba convencido de que Regina se enteró de su engaño y utilizó a su hermano para matarla, aunque no tuviera pruebas, lo intuía.

Después de comer, volvió a su puesto, ese día no había muchos pacientes, todo parecía tranquilo en Storybrooke, así que Whale tuvo mucho tiempo para pensar en su pasado y en todo lo que había perdido, pensó que en su momento fue muy egoísta, pero luego se convenció de que mereció la pena, que solo cometió un pequeño error, ese pequeño error que se cobró tantas vidas… Un rato después vino a la consulta el señor Gold, que no venía precisamente por ninguna enfermedad, ni siquiera por esa cojera que tantas veces Whale insistió en tratarle. Venía a hablarle, solo con ver su cara lo supo, así que simplemente le miró y le indicó con la mano que tomara asiento.

-¿Sabes para qué he venido?-Preguntó Gold, tranquilamente.

-No, pero si me lo dice tal vez entienda su visita.-Dijo Whale, algo tenso.

-Whale, tú y yo hicimos un trato hace tiempo, a ti te salió mal la jugada, no obstante, entiendo lo que es perder a un ser querido, aunque no lo creas, también los tengo. He venido aquí para darte mis condolencias y desearte un buen día. Sé que no es muy habitual en mí, pero me he sentido obligado (Belle me obligó cuando se enteró). – Aunque Gold lo decía totalmente en serio, Whale no se creyó ninguna de sus palabras, no se las tomó en serio, sino como una ofensa.

-Señor Gold, si le soy sincero sus palabras no me llenan de alegría, sino de amargura, que usted tenga que venir a lamentarse por algo así. Por favor, márchese, necesito estar solo por un rato.- Dijo el doctor, totalmente destrozado por dentro.

-De acuerdo, pero…Una última cosa, tal vez no debería creer a Regina cuando habla de muertes, lo digo por experiencia, querido.-Dijo Gold, dejando a Whale intrigado, pero no dijo nada más, simplemente se marchó.

Las palabras de Gold resonaron como los relámpagos en la cabeza de Whale, ¿acaso quería decir que ella estaba viva? ¿Ella seguía con vida? ¿Regina la tenía cautiva en alguna parte? Pero si él la vio tendida en la cama, vio como la enterraban… ¿Y si era un truco de Regina? Fuera como fuese, averiguaría lo que significaban las palabras de Gold.