El segundo cap! Disfruten!
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Primer Mes
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El timbre sonó una vez. De nuevo. De nuevo. A la cuarta vez, Sasori se dignó a levantarse. Abrió la puerta despacio, y ante él estaba la hermana de su mejor amigo con una expresión de preocupación.
— ¿Alex? – preguntó algo consternado. Lo último que había sabido de ella es que había ido al doctor: últimamente había estado con mucha fatiga y algo de mareos, por lo cual hoy le daban los resultados para saber si tenía anemia o no. – ¿Qué te dijo el doctor?
— ¿Puedo pasar? – preguntó, con la voz apagada. Sasori abrió los ojos. Recién se había dado cuenta de que no la había dejado pasar.
— Lo siento, pasa, Alex. – dijo, y se hizo a un lado. Cerró la puerta tras ella y la acompañó hasta el sofá, donde se sentó a su lado.
Después de la noche en que los dos se acostaron se hacía terriblemente para Sasori verla, hablarle sin recordar aquella noche. Sus jadeos, sus gemidos, su cuerpo bajo él, temblando ligeramente… Y la desastrosa mañana que le prosiguió. Él se levantó primero, y, al estar lúcido de nuevo –sin embargo, con un fuerte dolor en la cabeza debido a la resaca–, miró a la hermana pequeña de su mejor amigo dormir cómodamente acurrucada en su pecho completamente desnuda y se dio cuenta de lo que había hecho. Aunque siempre le había gustado ella, era… diferente. Lo habían hecho completamente ebrios. "Mierda…", susurró para sí mismo, sin embargo, eso hizo a Alexandra despertar. Mientras ella se daba cuenta en las condiciones en las que se encontraban y abría sus ojos celestes enormemente, Sasori sólo la observaba. Ella se llevó las manos al rostro, y negando, murmuró: "Ay, por Dios…"
Eso lo dijo todo: ella se arrepentía completa y totalmente de lo sucedido la noche anterior. Sasori sólo murmuró una disculpa y se dispuso a vestirse. Antes de que él abandonara la habitación pudo oír claramente esas palabras que incluso ahora le dolían: "Esto nunca pasó".
Sacudió levemente la cabeza intentando quitar esos pensamientos.
— ¿Qué te dijo el doctor?
— M-me mandó a hacerme otro examen… – murmuró. Sasori estaba asustado. ¿Tan malo era?
— ¿Y cuándo te dan el resultado de esos exámenes?
— Y-ya los tengo. – dijo, evitando su mirada. El pelirrojo se estaba cansando de sacarle la información a cucharitas.
— ¿Y qué pasó, qué tienes? – impresionado, vio como una lágrima corría por la mejilla de ella. Dios. Estaba oficialmente asustado. Alex inspiró profundamente, y lo miró a los ojos. Decidida.
— Estoy embarazada… de ti. – dijo, lo más segura que podía expresarse. Sasori la siguió mirando, a sus ojos, con una expresión vacía. ¿Qué…?
— ¡¿Cómo que embarazaste a mi hermana?! – se oyó una voz enfurecida y Deidara apareció en la sala. Sasori no tuvo tiempo de decirle que su hermano estaba en su casa. Si se hubiera imaginado que le diría algo así, no le hubiera dejado que lo diga en voz alta…
Alexandra bajó la cabeza. Nunca se había mostrado así de sumisa, pero ahora, tenía algo de miedo de su hermano. Sin mucho preámbulo, el puño del rubio se estampó en la sien de Sasori, haciéndolo caer al suelo.
Ahí fue cuando Alex reaccionó. Justo cuando Deidara iba a golpear de nuevo, casi por instinto, se interpuso entre los dos, protegiendo a Sasori. Su hermano detuvo el golpe y la miró, protegiendo a su mejor amigo.
— No fue su culpa, Dei… – dijo Alex. – Fue de los dos. Perdóname… Sé que te decepcioné, pero… – se puso de pie. – Yo me haré responsable del bebé. – sentenció. Se dio la vuelta y miró a Sasori. – Con o sin tu ayuda. Sólo… pensé que necesitabas saberlo. Sí… sólo eso. – repitió, como intentando hacérselo entender a sí misma. – Sólo eso. – murmuró. – En fin. – suspiró. – Yo ya me debería ir yendo…
Deidara miró a su hermana. Era tan difícil ver como su "pequeña hermanita" ahora iba a ser mamá. Como, de repente, ya no era la chiquilla que le pedía ayuda en sus deberes.
— Espera, Alex. – dijo Deidara, serio. Ella sólo volteó. –Y tú. – dijo, mirando al pelirrojo aún en el suelo. – Tú tienes que encargarte de ella. Debes tomar responsabilidad y ocuparte de tu hijo. ¡Tú la embarazaste, imbécil, recuérdalo!
— ¡Deidara! – lo reprendió Alexandra. Sus miradas hincaron una lucha en la cual el rubio perdió y desvió la mirada. – Vine aquí con el único propósito de hacerle saber a Sasori. Saber. Nada más. Voy a tenerlo con o sin su ayuda.
— Tiene que hacerse responsable, Alex.
— ¡Es su decisión, Deidara! – le gritó Alexandra.
— ¡Nada de "su decisión" es una obligación!
— ¿Alguien quiere escuchar mi decisión? – preguntó el pelirrojo, mientras intentaba ponerse de pie. Los dos hermanos lo miraron, y lo ayudaron a ponerse de pie. – Yo… me voy a hacer responsable, Alex. – ella sólo lo miró. – Por eso, quería pedirte que te mudes conmigo.
— Sasori, no hay manera humana en que ella acepte mud–
— De acuerdo. – pronunció Alexandra, mirando a Sasori. – Iré trayendo mis cosas. Si fueras tan amable en ayudarme, Dei… – le pidió a su hermano. Deidara y ella salieron del departamento del pelirrojo, el rubio mostrando su clara oposición a la mudanza de su pequeña hermana y Alex ignorándolo por completo.
Sasori se dejó caer en el mismo sillón. Aún estaba en un leve estado de shock.
¿Alex? ¿Un hijo? ¿Suyo? ¡¿Suyo?!
Alexandra dejó a Deidara en la cocina, aún amargo, y entró a su cuarto. Le echó una vista a su cama, y, como había sido desde esa noche, recordó como fue cuando ella se levantó.
Después de salir de su estado de shock por descubrir que se acababa a acostar con el chico que le gustaba, pensó: pero, se acostó conmigo por el alcohol. Claro. Fue eso. Por eso no le dirigía la palabra. Se llevó las manos al rostro y murmuró: "Ay, por Dios". Ahora Sasori ya no la vería ni siquiera como una posible, aunque remota, posibilidad de cita, sino como una ramera que se había acostado por él completamente ebria. Porque nunca de los nunca él se acostaría con ella. Eso estaba claro.
Comenzó a empacar sus cosas en una maleta. Su ropa, su maquillaje, sus zapatos, sus libros… De repente, detuvo su actividad, con rabia.
¡¿Cómo no se había cuidado esa noche?! Estaba bien, estaba ebria, perfecto, pero… ¡¿y la pastilla del día siguiente?! ¡¿Realmente fue tan inteligente "suponer" que se habían protegido?! ¡¿Darlo por hecho?!
Pateó con rabia unos libros que aún yacían en el suelo y comenzó una pequeña histeria, llorando. Al oírla, Deidara entró a su cuarto, y la abrazó. A pesar de que estaba decepcionado de ella, aún era su hermana.
— No tienes que irte si no quieres, Alex. Sabes que te puedes quedar, los tres estaremos bien, hay suficiente espacio. – el dijo, intentando convencerla. Alex se restregó los ojos y negó.
— Los bebés lloran, Dei. Hacen ruido en la madrugada, pueden llegar a ser exasperantes, no quiero que tú también sufras eso. Tú no tuviste la culpa de nada. No tienes que tomar responsabilidad por eso…
— Alexandra… – comenzó Deidara. Había utilizado su nombre completo, por tanto, estaba hablando es serio. – Sé que los bebés lloran, que son molestos, pero, ¿tú crees que me voy a quejar? Sé eso, hermana, pero igual, quédate… – Alexandra se acercó y besó al frente de su hermano.
— No, Deidara… Lo siento. También es hora de… independizarme. – murmuró. Abrazó a su hermano con fuerza y él también le correspondió. Se quedaron abrazándose largo tiempo, hasta que se separaron.
Se pusieron de pie y siguieron arreglando la maleta… con pena.
La puerta sonó una vez. Sasori tragó saliva. La puerta sonó de nuevo, y el pelirrojo al fin pudo ponerse de pie. Tragó saliva de nuevo.
Una palabra rondaba su mente desde hacía hora. Padre. Padre. Iba a ser… ¿padre? Sí, ese era su futuro al parecer. Nunca se había puesto a plantearse la idea de una familia, pero, si se la planteara, Alex sería una buena opción. Era linda, divertida, inteligente…
Y sólo se había acostado con él por efecto del alcohol.
Negó con la cabeza, cabizbajo.
La puerta sonó por tercera vez y reaccionó. Caminó hasta ella, y la abrió, mostrando a los dos hermanos cargando unas cuantas maletas. Alex sonrió levemente y pasó, junto a Deidara, pero este sólo lo miró mal. Bien, las cosas no serían tan fáciles desde ahora. Claro, como iban a ser fáciles si había embarazado a la novia de tu mejor amigo…
Alexandra dejó sus cosas en el sofá de Sasori, y Deidara se sentó junto a ella con los brazos cruzados. Un silencio incómodo reinó en la sala, hasta que Alexandra decidió cortarlo.
— Mmm, Deidara, creo que… ya deberías irte. – dijo, intentando no sonar maleducada: de todas formas, era algo irracional echar a alguien de una casa que no era tuya. Su hermano la miró mal, sin embargo se puso de pie, y caminó hacia la puerta. Cruzó miradas con Sasori.
— Si algo le pasa… lidiaré cuentas contigo. – le murmuró al pelirrojo, el cual asintió. Deidara abrió la puerta y salió.
Un incómodo silencio volvió a reinar. Y Alexandra lo volvió a romper.
— Creo que mejor voy desempacando. He traído pocas cosas, no te preocupes… – dijo, cogiendo un maletín.
— Adelante. – murmuró Sasori. – Pero, ehm… ya es hora de comer. ¿Quieres que ordene una pizza? ¿Puedes comer, verdad? Es decir, aún no sientes… asco por la comida, y eso, y que… eso. – intentaba explicarse. Alex rió suavemente, y eso relajó a Sasori.
— No, aún no me da asco, y sí, puedo comer de todo por ahora. – sonrió. Luego, se puso de pie y llevó el maletín al cuarto de baño, para poner sus cosas ahí. El pelirrojo asintió y cogió su teléfono.
Esto iba a ser quizá más difícil de lo que parecía. La chica de sus sueños sólo se había acostado con él por efectos del alcohol, y ahora estaba embarazada con un hijo suyo.
Y lo peor, que la más mínima oportunidad de estar con ella se había disuelto por esa incómoda situación. Suspiró.
Alex ya había desempacado sus cosas del baño: shampoo, acondicionador, cepillo de dientes… Salió a la sala, un poco cansada y se sentó en el sofá de Sasori. Era de un color rojo oscuro, hechos de terciopelo. Pasó uno de sus dedos sobre la funda de uno de los almohadones de este y comenzó a dibujar líneas, dibujos abstractos, sin sentidos, como la escena misma.
De pronto, un atrayente aroma llegó a su nariz, haciendo que moviera la cabeza como un felino, buscando la fuente de ese olor. ¿Qué era? Olía a queso… queso, y un poco de pan… ajo, mantequilla, orégano, piña. Sasori la observó desde la mesa mover su cabeza como gata, y le extraño en demasía, mirándola confundido –aunque en el fondo la escena de Alex imitando a una gata le hacía imaginarse escenas muy ardientes para él-.
―La pizza está llegando. El repartidor ya debe estar subiendo las escaleras ―murmuró ella, borrando los pensamientos no muy sanos de la mente del pelirrojo. Él hizo intentos de oler, sin embargo, no olió nada.
―¿Estás segura? No huelo nada… ―dijo.
―Sí, estoy segura ―confirmó ella. Debería estar aquí en unos cinco… cuatro… tres… dos… uno…
El timbre de la puerta sonó, alarmando a Sasori. Eso era… escalofriante. Caminó hasta la puerta, tomó la manija y la abrió, y efectivamente era el repartidor de pizza. Sasori le pagó el dinero, y puso la pizza en la mesa.
―¿Cómo…? ―comenzó.
―Hm, cosas de embarazadas ―dijo ella, avanzando hacia la pizza y cogiendo un pedazo. ―¡Uhm, piña! Mi favorita ―sonrió.
El pelirrojo tenía un leve tic en el ojo.
Luego de comer, Alex se quedó profundamente dormida en el sofá de la sala. Desde el almuerzo durmió hasta las nueve de la noche, hora en que Sasori, muy a su pesar, tuvo que despertarla. Alex lo miró con cara de pocos amigos.
―¿Por qué me despiertas? ―se quejó.
―No puedes dormir en el sillón, es incómodo para ti.
―Da igual, puedo dormir aquí. Sasori, es tu casa ―le recordó, restregándose los ojos. ―Ahora anda duerme y deja dormir ―dijo, ella tapando su cabeza con un almohadón del sofá. El pelirrojo se lo quitó, y ella hizo otro puchero.
―Si estás viviendo aquí no es sólo mi casa, Alex. Aparte, estás embarazada, tienes que estar cómoda.
―Recién estoy dos semanas embarazada ―le recordó a Sasori.
―No me importa. Mi dormitorio esta listo, anda y duerme ―Alexanra se sonrojó notablemente, y él lo hizo también. ―Me refiero a que tú dormirás allá y yo aquí.
―Sasori, en serio, no es incómodo…
―Anda ―le dijo, serio. Ella se quejó de nuevo, y se dirigió al dormitorio de Sasori. ―Buenas noches ―se despidió.
―Buenas noches ―murmuró Sasori en respuesta, echándose en el sofá, para luego apagar la luz de la lámpara.
En el cuarto, ella se puso a inspeccionar un poco. Abrió su armario y vio todas sus camisas, pantalones… tenía buen gusto para vestir y todo le quedaba excelentemente bien. Abrió un cajón y encontró sus medias. Abrió el de abajo, y encontró unos cuantos preservativos.
―Y ahora los compra… ―murmuró bajo, cerrando el cajón de vuelta.
Abrió el tercer cajón, pegó un grito ahogado y lo cerró de un golpe. Decidió que la inspección ya había estado buena por una noche. Se puso su piyama, un simple polo acompañado de un short de tela, ambos verdes claros, y se metió a la cama de Sasori. Era muy cómoda. Muchísimo más que el sillón. Se acurrucó en una de las almohadas, y miró al techo.
Aún no se podía quitar la imagen de esos bóxers negros tan chiquitos que encontró en el tercer cajón…
Sacudió la cabeza, quitándose esa imagen de su cabeza. ¿Qué día era hoy? Miércoles. Abrió los ojos desmesuradamente. Esa tarde tendría que haber enviado el texto de su columna, para que mañana saliera publicado. Murmuró una maldición, y prendió la laptop de Sasori que estaba en el cuarto. Por favor, que tenga Internet…
Sí tenía. Pero ahora el lío mayor era qué escribiría. Ella tenía una columna enana revista de Argentina, por lo tanto, nunca se preocupaba si alguien de su familia o amigos leía lo que escribía: esa revista no llegaba la país, y nunca se enterarían. Eso era algo que le gustaba de su trabajo. Se masajeó las sienes, intentando pensar. Abrió una hoja de Word, en blanco. Y sin pensarlo, comenzó a sentir lo que en ese momento sentía.
"Hace dos semanas, me acosté con el mejor amigo de mi hermano mayor. Y hoy, después de muchas sospechas, los doctores me confirmaron que estoy embarazada.
Debería estar feliz, alegre, y sobretodo, feliz, ¿no? Pues no lo estoy, Si bien hay un rezago de felicidad en el fondo por la idea de que voy a ser mañana, tengo miedo. Tengo miedo de no ser una buena madre. Tengo miedo de equivocarme en algo mal, y poner en peligro la vida de mi bebé. Bebé… ¡tengo miedo de decir esa palabra! ¿Sabré manejarlo?
Todos esos miedos son de tenerlo a mi lado, pero… ¿y esos nueve meses que me esperan? Las nauseas, vómitos, dolores, contracciones, estrías, hambre… ¿En qué lío me he metido? ¿Valdrá realmente la pena? ¿Puedo saber si valdrá la pena ahora, o tendré que esperar a que nazca?
Tengo que aparentar que tengo seguridad, que estoy feliz, que sí podré con esto, peor… la verdad es que no sé si podré.
Ahora no sólo tendré que ser la hermana responsable, la hija modelo de mi madre, ni la periodista que entrega sus escritos puntualmente, sino parte, seré madre. Y esa simple idea me aterra.
Hoy, me he mudado a la casa del padre de mi bebé. Dice que quiere ocuparse del bebé, que tomará responsabilidad, y, mudarme con él creo que ha sido una buena decisión (en mucho tiempo). No podía meter a mi hermano mayor en este lío, también. Él no tenía la culpa y no tenía que cargar con todo esto.
Ahora es el momento en el que más necesito un abrazo… y sin embargo, sé, que aunque con mil abrazos, no podría sentirme mejor. No es que no quiera el bebé, sólo que… no lo planeé, no pensaba liarme con nadie, no pensaba quedarme embarazada a los veinticinco, y menos de él.
Para colmar mi historia, el padre de mi bebé no me ama…
Tengo miedo…"
Se limpió una pequeña lágrima que había corrido por su mejilla izquierda. Le envió el escrito a la editora, disculpándose por la hora. Apagó la computadora, y se volvió a meter a la cama. Se acurrucó en una almohada, de nuevo, y abrazó a otra.
Y poco a poco, se fue quedando dormida.
Reviews a esta humilde autora? (:
1 review = Sasori te deja embarzada :D
Ok, no xDDDD
1 review = Sasori te deja dormir con él (Dormir, eh?)
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