Los personajes pertencen a Stephanie Meyer solo la trama es mía.
Aviso: Alto contenido sexual y tematica fuerte (Dominación, Sumisión, etc…) Si no te gustan estos temas SIMPLEMENTE NO LEAS!
Summary: Bella es una rebelde y algo caprichosa estudiante en un prestigiado colegio,pero todo cambia cuando conoce al profesor Cullen, quién le enseñará el verdadero significado de la obediencia...
EL RESTO EN EL BLOG
Lentamente me levanté del escritorio, sintiendo la abundante humedad de mis bragas por dentro y por fuera. Sentí el interior de mis muslos humedecerse tenuemente, lo cual mando un un estremecimiento por todo me frágil cuerpo.
Respiré profundamente tratando de aclarar mi mente, lo cual fue simplemente imposible. El olor a sexo estaba impregnado en el aire… y en mi. Toqué mis pechos suavemente, sintiendo mis aun duros pezones qué no recibieron ninguna atención a excepción del rocé con el frio escritorio.
Seguí mi recorrido por mi vientre hasta mi pequeña falda, metí mis manos con lentitud hasta llegar a mis húmedos muslos.
Respiraba agitadamente, en definitiva esto no estaba logrando aclarar mi mente.
Deje de tocarme inmediatamente y caminé hacía el lugar en donde se encontraba mis libros, lentamente los recogí para guardarlos en la mochila.
Mi mente estaba en pausa, completamente en blanco, aun no asimilaba lo qué acababa de pasar con el…
Edward Cullen. ¿Cómo demonios deje qué esto pasará?.
Jamás, jamás en mi vida me habían puesto una mano encima, jamás me había sentido tan humillada…pero jamás me había sentido tan excitada y por mas qué quisiera negarlo.
Quería más, mucho más de él.
Y eso me asustaba, simplemente no era normal, no podía creer las emociones qué me embargaban en este momento y gracias a un bastardo desconocido.
Sexy y delicioso bastardo…
Estúpido subconsciente.
Tomé mi mochila y salí del salón, me sentía desorientada y muy confundida.
Los pasillos estaban completamente vacíos, todos probablemente se encontraban en la cafetería o en los jardines, el receso duraba treinta minutos y probablemente ya no quedaban más qué algunos diez.
Caminé rápidamente a las escaleras para ir a los baños del cuarto piso, no quería encontrarme a nadie conocido y mucho menos a Alice.
Me sentía sucia, aunque en teoría estaba sucia, pero el punto es qué me sentía mal, me sentía utilizada y si también me sentía una zorra descarada. Las lágrimas comenzaron acumularse en mis ojos.
Creo que ya empezaba asimilar lo ocurrido…
Llegue rápidamente al cuarto piso el cual se utilizaba poco debido a qué solo se encontraban los laboratorios de práctica y un salón de música. Corrí a los baños al final del corredor, no quería ser vista en este estado.
Al llegar ahí miré mi rostro y mi cuerpo en el espejo…y sentí miedo.
¡Santo Dios!
Me veía completamente…rota.
Mi maquillaje estaba corrido, las lágrimas dejaban un negro camino por mis mejillas las cuales estaban sonrojadas, mis labios estaban rojos y tenía una pequeña herida en el lado izquierdo de mi labio inferior, supongo qué estuve mordiendo mis labios demasiado fuerte para evitar gritar.
Pero lo más perturbador en esa imagen eran mis ojos…mi mirada.
Reflejaba una angustia enorme, tristeza y desolación…pero ahí estaba.
El brillo, ese brillo en mi mirada qué representaba anhelo y excitación.
¡Soy una enferma!
¡Cómo puedo anhelar esto!
Sin darme cuenta ya me encontraba hiperventilando, lo sé me veía patética, pero sinceramente no estaba acostumbrada para nada a este tipo de emociones. En mi vida todo era, por decirlo ordinario, no pasaba nada interesante, era una rutina en la qué estaba estancada por más tiempo del qué puedo recordar.
Y ahora estaba aquí, sintiéndome completamente perdida. Humillada y deprimida.
Pero al mismo tiempo, deseaba tentarlo, deseaba sentirlo nuevamente, deseaba ser castigada de nuevo…quería más de él.
Lo quería todo.
Eran sentimientos encontrados.
Yo estaba acostumbrada a obtener todo lo qué quiero, todo lo qué me propongo, siempre a sido así. El único problema es qué en este momento no se qué demonios quiero.
Desde el momento en qué su mirada se encontró con la mía, un fuego se encendió y yo simplemente lo ignore, decidí qué si lo provocaba era solo para incomodarlo, no para tentarlo…no por qué lo quisiera en mi cama.
Pero a medida qué la hora pasaba y el no dejaba de mirar mis bragas, aun sabiendo qué yo lo miraba él no lo disimulaba.
Era un maldito juego perverso entre los dos.
Y comencé a pensar una y mil situaciones entre los dos…desnudos con nuestros cuerpos entrelazados, dándonos placer.
Podía imaginar sus labios sobre mi cuerpo, sus manos explorándolo, su lengua saboreándolo, el prácticamente me hacía el amor con la mirada.
Hacer el amor, no es precisamente lo qué te hizo idiota.
Lo repito, estúpido subconsciente.
¡Dios! Eso ya lo sabía, el me jodio, literalmente y es tan enfermo decirlo pero me gusto y mucho y estoy luchando contra mis valores, con lo qué es correcto, contra lo qué deseo.
Odio lo correcto.
Respire profundamente, estaba haciendo una tormenta en un vaso de agua. La primera regla qué siempre he seguido a lo largo de mi adolescencia a sido no crear expectativas, no idealizar a un chico y no perder la cabeza nunca.
Tal vez esto haya sido cosa de una sola vez y no vuelva a ocurrir.
El pensamiento de no volver a sentirlo creo en mi una profunda ansiedad, mi yo caprichosa apareció en escena haciendo un berrinche, como si le hubieran quitado su juguete favorito.
Hmmm, ¿juguete? Me agrada…
Oh si, me gusta.
Mi juguete…Edward Cullen, mi juguete.
Perfecto.
Me miré al espejo y ahora sonreía como desquiciada y daba aun más miedo por mis aspecto. Creo qué le haré caso a mi tía Emily he iré a terapia, realmente me veía como una loca y después de este perturbante episodio en mi vida, realmente creo que soy bipolar.
Dicen qué los trastornos mentales pueden estar latentes y qué un suceso impresionante puede desencadenarlos y creo que eso es lo qué me ocurrió.
O este tipo realmente me jodio tan duró qué afecto mi psique.
Lavé mi rostro y después me maquille un poco, peine mi cabello y en mi mochila encontré un pequeño moñito rosa pastel el cual puse en mi cabello.
Se veía adorable. Yo era adorable.
Me puse un poco de mi dulce perfume de fresas y salí de ahí, tratando de dejar el "asunto" por la paz.
Ya mañana vería qué hacer con él.
¡Oh! A quien engañas, tú misma dijiste te portarías mal ¡vamos! Lo queremos, queremos ser castigadas por ese sexy bastardo.
Mi Yo caprichosa pataleaba enojada.
Ignoré esa parte hedonista de mi y caminé hacía mi siguiente clase, gracias a Dios era literatura y yo amaba literatura.
Después tenía tres tortuosas horas de Ballet clásico…
Ok a quien engaño, amo el maldito Ballet, amo desconectarme del mundo cuando bailo, ser admirada por todos, es sublime.
Y es algo tan mió.
Obviamente soy la mejor de la clase y eso no cambiaria nunca.
Me siento frágil y hermosa y muy feliz cuando lo hago, soy tan libre de esa manera.
El solo pensar en esas clases, una sonrisa se instalo en mi rostro e inmediatamente me sentí relajada y muy feliz.
El timbré sonó y apresuré el paso, entre mas rápido llegara a la clase mejor, no quería toparme con Al…
Pero mis pensamientos fueron interrumpidos por alguien…
James me interceptó justo cuando daba la vuelta en el pasillo, sus brazos me rodearon y sentí sus labios en mi mejilla, besándome más tiempo del necesario.
—Te extrañé preciosa ¿Donde te metiste? —preguntó contra mis cabellos, inhalando profundamente.
Jouer le jeu
