Muy buenas, aquí les entrego el segundo capítulo de "Filo Negro".

Para los que todavía no lo tienen claro, esta historia se trata de dos personajes totalmente diferentes, una pacífica reina y un asesino a sangre fría, por lo tanto, es obvio que naturalmente son enemigos…

Por ahora sólo les digo eso…

¿Se me olvida algo?

Ah, pero claro, disfruten del capítulo.


Capítulo 2: Batalla en las alturas.

La joven reina, al enterarse de que el Filo Negro había vuelto a atacar, y al enterarse de que también había escapado, comenzaban a preocuparla aún más, casi al punto de hacerla llorar.

¿Por qué ese cruel asesino torturaba y atemorizaba a su amado pueblo? Realmente lo odiaba. Lo odiaba a muerte, a él, y a sus compañeros.

Era una horrible noche en Alferus. La lluvia no parecía querer cesar, el frío cada vez era mayor, y la reina, además de sus asuntos con el Filo Negro, tenía que asegurarse de que toda la población tuviera comida y abrigo suficiente.

"Mi reina, últimamente la veo muy deprimida, ¿le ocurre algo?" – preguntó el capitán Astor amablemente.

"Estoy preocupada por la seguridad de mi pueblo, capitán, ese asesino no parece tener intenciones de detenerse" – respondió la reina Perla.

"He revisado cada rincón de las zonas bajas tal y como usted me lo ordenó, y no he encontrado ningún rastro del Filo Negro o de alguno de sus cómplices" – informó Astor, y se sintió arrepentido, ya que la reina comenzó a lagrimear.

"Bella Reina, disculpe mi intromisión" – dijo la lechuza Febe – "Como un antiguo amigo de su madre, me permito decir que usted necesita de alguien que lo acompañe en su vida y en su dura labor de reina"

"Explíquese, señor Febe" – exigió Astor.

"Hay varios reyes muy interesados en usted, reina Perla" – le dijo Febe.

"¿Interesados por mi belleza o porque piensan que soy buena reina?" – Perla se sintió indignada. Sabía que era muy temprano para que reyes de otros reinos se interesaran en ella por su personalidad y no por su belleza. Temía que solo le ofrecieran matrimonio para brindarles bellos descendientes.

"Cierra el pico" – le susurró Astor a Febe.

"No" – dijo la reina – "Tal vez el señor Febe tenga razón" – ella sabía que no podría dirigir a Alferus hacia la gloria eterna si no tenía a alguien que la ayudase. Astor y Febe no ejercían fuerza política como lo hace ella o como lo hacían sus padres Delia y Haakon.

"¿Quiere que de aviso de su disponibilidad a los demás reinos?" – preguntó Febe.

"Sí, Febe" – respondió ella, e inmediatamente la lechuza dejó la habitación.

"Mi reina, exijo que por favor me deje protegerla cuando esos reyes se presenten ante usted" – dijo Astor – "Quién sabrá de qué serían capaces esos reyes pervertidos"

"Descuide, capitán Astor" – dijo la reina Perla en respuesta – "Cuando era niña mi padre me enseñó a cazar" – luego de esto Perla abrió un armario, descubriendo un hermoso arco.

"¡Tenga cuidado con eso, alteza!" – exclamó Astor, más asustado que impresionado.

"Observe esto" – pidió la reina, y dicho esto disparó una flecha por la ventana de sus aposentos – "Le apuesto a que mataré a alguien malo"


Blu y Galen caminaban por el barrio bajo rumbo a cumplir con otra misión.

"Una hermosa noche para una hermosa misión, mi buen amigo Galen" – dijo Blu.

"Bonitas ironías, mi estimado compañero" – dijo el otro en respuesta – "Presiento que tendremos éxito en esta nueva tarea"

"Tu buen humor está presente esta noche, Galen, me subes los ánimos" – comentó el Filo Negro.

"Me alegra"

Ellos se dirigían hacia el otro lado de la zona baja para darle caza a un traidor, que, según el jefe del clan de los justicieros sanguinarios, había pactado algo con él y no lo había cumplido.

"Llegaremos a nuestro destino en unas horas" – dijo Blu.

"Si apresuramos el paso llegaremos antes" – dijo Galen, pero entonces miró hacia la derecha y vio que algo muy puntiagudo y brillante se acercaba a toda velocidad – "¡Filo Negro, cuidado a su derecha!"

Blu miró a su derecha, e inmediatamente reaccionó alzando una de sus alas cubiertas con su túnica negra, atrapando el objeto que se acercaba. Era una flecha.

"¿Una flecha?" – Galen no entendió – "Por aquí no hay arqueros"

"Esta flecha venía demasiado rápido" – dijo Blu – "Y a pesar del mal tiempo no cambió su rumbo"

"¿Qué significa?"

"Por la velocidad del proyectil, calculo que esta flecha fue disparada desde el palacio" – respondió Blu, señalando el castillo, que se alzaba a lo lejos – "Y te apuesto a que este proyectil fue disparado por alguien importante" – agregó – "Es una hermosa flecha, muy bien diseñada. Es dentada, podría penetrar hasta una gruesa pared. Es una flecha de la reina"

"¿La reina es una guerrera?" – Galen estaba impresionado – "¿Cómo lo sabes?"

"Mi difunto padre conoció al padre de la reina, el difunto rey Haakon" – contestó Blu, y antes de que pudiera seguir hablando, se dio cuenta de que todos los estaban mirando.

"Galen, ¿te puedo preguntar algo sencillo?"

"¿Qué es, Blu?"

"¿Por qué mierda me llamaste Filo Negro en lugar de llamarme Blu?" – preguntó – "¿Y por qué mierda tuviste que gritarlo tan fuerte?" – Blu estaba enojado, pues ya veía que muchos soldados aparecían por todas las esquinas.

"Al menos salvé tu cabeza" – murmuró Galen.

"¡Quédense quietos, extraños encapuchados!" – exclamó un soldado, que, por su aspecto, debía de ser uno de los capitanes de la reina – "¡Alas en alto!"

Los encapuchados levantaron sus alas.

"¡Exijo saber quién de ustedes es el Filo Negro de Alferus!" – bramó aquél capitán.

"Simplemente somos unos viajeros, no sabemos quién es aquél tonto del Filo Negro" – respondió Blu – "Vinimos a realizar una misión comercial desde el reino de Erasus"

"Déjeme ver el contenido de vuestras mochilas, viajero" – exigió el capitán.

"Ponte la máscara…" – le susurró Blu a Galen, y luego, siguió hablándole al capitán – "¡Con una condición!"

"¿Y cuál es vuestra condición?" – pidió saber el capitán.

Blu y Galen dirigían sus alas lentamente hacia sus mochilas, donde estaban escondidas sus máscaras de justicieros. Las necesitaban para que el capitán no grabe sus rostros en la mente, ya que estar mirando hacia abajo con la cabeza encapuchada no iba a funcionar por mucho tiempo más.

"La condición es que cuando les mostremos el contenido de nuestras mochilas, nos dejarán ir"

"No acepto sus condiciones, viajero" – dijo el capitán, avanzando hacia ellos – "Ahora, muéstreme el contenido"

Las alas de los justicieros siguieron bajando lentamente hasta que hicieron contacto con algo metálico.

"Tome" – dijo Blu, sacando la máscara de su mochila rápidamente.

El capitán tomó la mochila, y, al empezar a hurgar en ella, una explosión de humo cegó a todos.

"¡Ahora!" – gritó Blu, y ambos se pusieron las máscaras de justiciero. Aquellas máscaras eran de un duro metal, que tenían ranuras para los ojos.

"¡Son asesinos!" – exclamó el capitán – "¡Soldados, a las armas!"

Los soldados, afectados por el denso humo, avanzaron entre ellos y chocaron contra los suyos. Al no poder ver, comenzaron a lancearse entre ellos y a darse de sablazos.

"¡Wow!" – gritó Galen mientras esquivaba un torpe sablazo y apuñalaba a su atacante a la altura de la cadera.

"¡Hacia arriba!" – exclamó Blu, apuñalando a otro soldado en el rostro, provocando que la sangre de su víctima le salpique la máscara y su túnica con su armadura oculta.

Los justicieros, aprovechando el fuego cruzado de los soldados, corrieron hacia unas escaleras que daban al techo de una casa mientras esquivaban sablazos y lanceadas provenientes de todas partes.

"¡Ustedes dos, síganme!" – bramó el capitán, quien siguió a los justicieros por las escaleras seguido por dos soldados.

"¡Rápido, rápido, rápido!" – repetía Galen, quien escuchaba como el capitán lo lanceaba desde abajo sin éxito.

Blu, quien ya estaba arriba, agarró el ala de Galen y lo ayudó a subir más rápido. Seguido de esto, pateó la escalera, pero el capitán, antes de caer, dio un salto desde el peldaño de la escalera hasta el techo y enfrentó a los justicieros. La pesada escalera cayó, y por la alta altura, se podría decir que aplastó a los dos soldados que acompañaban al capitán.

"¡Seré ascendido por llevarles sus cabezas a la reina!" – bramó el capitán – "¡Seré el general Aitor, mi hermano estará orgulloso!"

"¿Así que eres hermano del capitán Astor, eh?" – preguntó Blu, empuñando sus puñales y acercándose a Aitor – "¿Y también eres capitán?"

"No caeré en tu juego, Filo Negro" – dijo Aitor – "No te acerques" – desenvainó su enorme espada.

"¡A pelear!" – gritó Blu, y chocó sus dos puñales contra la gigantesca arma de Aitor, quien la giro sobre sí y casi le corta el cuello al Filo Negro.

Galen sintió que debía ayudar a su compañero, pero ahora libraba una batalla privada con el hermano de Astor, el mejor capitán de la reina. Podía escuchar el sonido de los aceros chocando y las rápidas respiraciones de ambos.

El arma de Aitor era tan grande que tan solo con blandirla ocupaba casi un cuarto del techo de la casa sobre la cual peleaban. Si estiraba su ala hacia adelante, la espada llegaba casi a la mitad del techo.

Blu, en cambio, con sus dos pequeños, pero mortales y rápidos puñales, podía contrarrestar con un poco de trabajo al espadón de Aitor, quien, sediento de sangre, seguía vapuleando su espada contra el techo, sin éxito de acertarle un solo golpe a Blu.

Galen observó que los soldados de Aitor colocaban de nuevo la escalera para subir y ayudar a su capitán en la batalla, pero la escalera volvió a ser pateada, y nuevamente cayó al suelo.

Blu bloqueó otro sablazo de Aitor y le provocó un corte en la cadera.

"¿Te duele, capitán?" – preguntó el Filo Negro, mirando como uno de sus puñales goteaba sangre.

"Ni un poco" – contestó Aitor, arrodillado en el suelo y cubriendo el corte con su ala para que no pierda sangre.

"Ahora te dolerá aunque sea un poco" – dijo Blu, y atacó ferozmente a Aitor, quien, arrodillado como estaba, resistió las feroces apuñaladas bloqueándolas con su espadón, pero no pudo seguir haciéndolo por mucho tiempo, ya que una puñalada fue demasiado rápida y uno de los puñales del Filo Negro perforó su armadura y quedó clavado en su hombro derecho. La punta del puñal se veía desde el otro lado del cuerpo de Aitor, lo había atravesado.

Aitor dejó caer su espadón y miró a Blu con odio.

"¡Asesino!" – exclamó, y le escupió sangre en la máscara.

"Te lo buscaste, capitán Aitor" – dijo Blu en respuesta mientras se limpiaba la sangre escupida por Aitor – "Dígale a su hermano que le mando saludos, si es que vives para contarlo" – agregó, y empujó a Aitor, quien cayó desde el techo hasta la vereda.

"¿Y tu otro puñal, Blu?" – le preguntó Galen.

"Clavado en el hombro de Aitor" – respondió – "¡Cuidado!" – empujó a Galen y una lanza pasó volando por donde él estaba.

"Estamos a mano" – dijo.

Ambos bajaron de nuevo a la vereda, y, aprovechando los últimos segundo del humo, tomaron sus mochilas. Blu guardó la flecha de la reina muy bien envuelta para que no perfore la mochila.

Luego de esto, ambos huyeron en dirección oeste, por donde se presume que se encontraba la víctima de su nueva tarea.

Aún tenían que cumplir su misión en aquella horrible y sangrienta noche en Alferus…


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