La situación era la usual, siempre, había una clase de magnetismo censurado entre sus almas y cuerpos, una necesidad casi difícil de asimilar.
Y el elevador, era una zona compartida demasiado pequeña y angosta, como para que ninguno de los dos pudieran escapar, Raven una mujer exuberante en todos los sentidos con estos tintes oscuros dentro de su espíritu, mientras que ChicoBestia, un joven por demás exótico también, no podía evitar las exquisitas y deliciosas ganas de arrancarle las ropas a la "cool" chica demonio, que era como un cubo de hielo dulce, con un relleno agridulce picante y penetrante.
Las orejas de Beastboy y todo su cuerpo en general, estaba en llamas, como si el solo rosar de esa delicada piel gris azulada, le levantara todos los nervios de placer como una llamarada, en un lago de gasolina, era tan embriagante tan cegador, tan inusual.
Que el joven no tenia, ni la suficiente fuerza para reprimir por completo, sus ansias animales, que le hacían perder la cordura.
"Ah..." Gemía el Joven Bestia, quien en un tormentoso éxtasis, casi pecaminoso, se regodeaba con todo su ser mientras que la penetraba. Con una mano sujetaba la suya, con la esperanza de que no le golpease, por los ir refrenados arrebatos de ardua pasión recorrían su cuerpo sin cautela, y al mismo tiempo porque la unión de manos, siempre había significado algo importante para ambos. Con la otra mano sostenía sus caderas apretadas contra la pared del elevador, que subían y bajan al compás de sus movimientos.
Garfield estaba sobre abrumado, la vista simplemente era exquisita, así que no paraba de intentar ahogar los gemidos de placer que le daban, de tan solo obsérvala.
Ella era tan hermosa, con esa piel sudorosa que la hacían brillar cual diamante, y esa piel ruborizada por secciones, que hacían que contrastaste el color natural de su ser... mientras que por dentro... sus deseosas contracciones de placer, hacían que el decayera en un declive de apasiónate locura y devoción. Gemía, Raven llegado el clímax siempre gemía, dado a que siempre se mantenía concentrada de no perderse a sí misma, en orden de no perderse en la decadencia de su cuerpo cálido e incontrolable lujuria, tenía que apretar todo su cuerpo y ser.
Y esto a Chico Bestia le encantaba.
Le encantaba observar como hacia un gran esfuerzo para mantenerse cuerda durante el acto, y no perder la cabeza. Sin embargo, esto no la hacían quedarse quieta durante el acto, pues aunque muchos no lo creyeran era sumisa y dominante a la vez, lo cual era un regalo de los dioses para el piel verde, quien podía jugar también, el rol de ser sumiso o dominante con ella.
Usualmente todo empezaba con el arriba, él dominaba, y la hacía estremecerse, al compás con la que él lo hacía.
Así pues perdidos en sus delirios de placer, de repente Raven se subía arriba de él, y de alguna manera ahora el dominante era dominado, lo cual era abrumador, tanto que sus respiraciones cada vez se hacían más pausadas y fuertes.
Ah Raven le gustaba pasar todo su ser encima del de Bestia, mientras que él tenía que apretar las sabanas por los estímulos bruscos, que lo hacían sentir tan deseado, tan deseado como él lo deseaba.
Raven lo oprimía, tan despiadadamente que casi le era imposible respirar, y mientras que divertida provocaba la parte más salvaje de aquel dulce y tierno muchacho, él lo disfrutaba tan inmensamente que casi siempre terminaba totalmente consumado, deseoso de poderlo llevar hasta la eternidad ansioso de poderla poseer por siempre, con un deseo tan arduo que inclusive pensase que el aire no le haría tanta falta, que si ella algún día le faltase.
Esto le atemorizaba un poco, pero en esos momentos, cuando los dos sentían ese profundo miedo, justo cuando se sentían los dos tan completos. Ambos se miraba a los ojos, y entonces todo parecía que iba a estar bien, porque en esos momentos todo lo estaba.
Beastboy siempre fue un chico muy inseguro con su cuerpo, a pesar de que todos pensaran lo contrario y es que se esforzaba mucho en ocultarlo y precisamente causar la impresión contraria, así que cuando el Raven, se regodeaba por todos sus recovecos, asegurándole una devoción corporal en cada sentido, desde sus orejas puntiagudas hasta su piel verdosa, desde su cuerpo velludo y sus uñas y dietes un poco afilados, esto lo haca sentirse tan querido tal y como era, tan amado, que en ocasiones su boca no podía evitar aparte de lamerla toda a ella, evocar una ligera sonrisa retenida, que le delatarían lo inmensamente feliz que era.
Y que ninguna mujer.
Absolutamente ninguna, lo había hecho estremecer de esa manera tan caótica como lo hacia ella.
Raven en ocasiones se aferraba al cuerpo de ChicoBestia con fuerza, lo cual hacia que el terminase con algunos rasguños ocasionales, que aun que todos pensarían que le dolían, no lo hacían, pues el contrario de ello, hacían que se corazón se aprisionara más, en el chorreante delirio poderoso del acto sexual, y bombeara sangre tan rápido por todo su ser, que en ocasiones se sentía abrumado por las reacciones físicas y psicológicas tan fuertes que ella le causaba.
Tanto era así, que en ocasiones él se sentía a sus pies.
Mientras tanto Raven no podía evitar sentir y pensar, lo mucho que le amaba, y lo mucho que él lo amaba a ella, puesto a que podía sentir todo lo que el sentía, y en el acto más pues ambos estaban unidos no tanto por la carne, sino por la perfecta simetría y encaje de sus almas y cuerpos, que sin dudar a dudas en ocasiones se sentía la mujer más afortunada del mundo, a pesar de todo.
Al terminar, ambos se daban un tiempo para que sus cuerpos se relajaran, si eran capaces de hacerlo, mientras que ambos descansaban al lado del otro.
Y una vez que el fuego reducía su intensidad, el amor, el cariño y la devoción más pura se apoderaba de ellos.
Garfield siempre la ayudaba a vestirse, al igual que ella lo hacía con él.
Puesto a que ambos se habían desnudado y desgarrado las almas de tanto amar.
Lo menos que ambos podían hacer era eso.
[Fin]
