Nota: No tengo ninguna intención de infringir la ley, todo el mundo lo sabe

Muchas, muchas gracias a mis betas Bells Masen Cullen y Maggice, ellas hacen parte de BetasFanfiction, por ser tan buenas y tan exigentes, son todo lo que esperaba y mucho más.

Mirándote yo he pasado noches que no sabrás
Mirándote he pasado más de mil noches que nunca sabrás
No juegues más con candela me enseñó mi mamá
Mirándote… porque este amor que me guardo
Queriéndote… Es solo mío y no más
Cantándote… No aguanto una noche más
Noches que no sabrás
(Fonseca)

Cap. 1 Liberación

Conócete a ti misma. Reconoce tu cuerpo, tu piel. Identifica las partes de ti que más te gustan y encuentra aquellos puntos que te hacen sentir mejor

— Bella, ¡qué hermoso está tu jardín!

— Hola Alice, gracias. Ahora que los niños están de vacaciones, tengo tiempo para dedicarme a todos esos quehaceres para los que normalmente no tengo tiempo.

—Ah te entiendo, cuando se fue mi Peter recordé que tenía un ático. No salí de allí en tres días, pero después Jasper me reclamó y no salí de la habitación por otros tres, si sabes a lo que me refiero.

— Sí, bueno.

— Es que aunque no me lo creas, ¡Jasper es un toro! Tiene la energía de un animal.— Rió

— Sí, lo sé.

— ¿Cómo?

— Que lo sé Alice. Uhm, los escucho.

— ¡¿Qué?

— Bueno, ustedes no son precisamente silenciosos, y las paredes son delgadas.

— ¡Oh mi Dios!, ¿no me estás diciendo, lo que creo que me estás diciendo?

— Te estoy diciendo que los escucho cuando tienen relaciones sexuales. Incluso los niños los han escuchado, he tenido que inventarme muchas excusas y llevarlos al parque en días y a horas, que unos niños de su edad no deberían.

— Mi Dios.

— Un día Charlie me preguntó si había un terremoto, por la forma en que se movían los cuadros en mi habitación. Me tocó decirle que ustedes estaban ocupados clavando puntillas.

— ¡Ja! Sí estábamos "clavando", solo que no precisamente puntillas…

—¡Alice!

— Perdón, perdón, no sabes la pena que siento en este momento, esas cosas no se deberían escuchar a través de las paredes.

— He estado buscando el momento para hablar con Alice. Ella es una mujer de mente abierta y estoy segura que si le cuento de mis… eh...problemas, me podrá ayudar. Solo que llegar hasta allá, pues no sé cómo hacerlo.

— Es cierto, estas construcciones de hoy en día…

— Lo curioso es que yo nunca los he escuchado de mi lado de la pared.

— Nosotros tenemos niños, Alice, tenemos que ser un poco más calmados.

— Oh, claro, claro. Me imagino el festín que organizaron cuando los niños se fueron de vacaciones con sus abuelos. Permíteme que te diga, pero la mitad del barrio te envidia el marido que tienes; espero no te ofendas, pero a veces mi imaginación vuela y lo veo como todo un animal salvaje, con esos brazos, ese cuerpo, esos ojos que parecen de tigre… ay, querida, a veces hasta yo te envidio,— terminó con un suspiro.

— No, no me ofendes, sé que mi esposo es un hombre muy atractivo.

— Y después de la vergüenza que acabo de pasar, ¿no me vas a dar un datico de cómo es en la cama Para que estemos empatadas?

— ¡No!

— Pero Bella, somos mujeres, adultas, casadas, no me vayas a dejar con la curiosidad.

— Alice, por favor.

— Ay me imagino que es capaz de levantarte con una sola mano, con esos brazos musculosos que tiene. Llevarte de un lado a otro, al estilo de los hombres de la edad de piedra.

— No lo sé, nunca lo hemos intentado.

— Pero si eres solo un poco más alta que yo, y Jasper me levanta a todas partes…

— Edward nunca lo ha hecho, o tal vez solo la noche de nuestra boda, por aquello de la tradición, pero no lo recuerdo exactamente.

— Ay claro, estabas pensando en lo que vendría después…

— En realidad, es una de esas noches que preferiría olvidar, fue el comienzo de todo.

— Bella, por el tono que estás usando creo que no estás pasando por un buen momento. ¿No eres feliz en tu matrimonio?

— ¿Qué? Lo soy Alice, claro que lo soy, Edward es un hombre maravilloso y un padre ejemplar, tengo una familia que no cambiaría por nada en el mundo. Es solo que esa noche fue un poco complicada para los dos y eso hizo que los siguientes 10 años también lo hayan sido.

— Perdóname querida, pero no te estoy entendiendo. Si eres feliz con tu esposo y tus hijos, ¿por qué dices que todo ha sido tan complicado?

— Alice, no me malinterpretes, mi vida es perfecta, solo por un detalle.

— ¿Estás enferma?

— No, pero, ¿me invitarías a uno de esos tragos que sabes preparar? Tengo que hacerte unas cuantas preguntas.

— ¿Mojitos?, Oh querida, no me imagino que querrás preguntarme que necesites alcohol.

— Quiero hablarte de sexo, Alice. Así que mejor alista el ron, que esto va para largo.

Después de unas cuatro horas y dos botellas de ron, Alice y yo hablamos. Le hablé acerca de nuestra horrorosa primera vez y cómo desde allí la vida sexual que comparto con Edward es realmente muy simple, cómo él no quiere hacerme daño y cómo yo sufro de ignorancia y temor.

Edward y yo no hemos sido nunca aventureros, nunca lo hemos hecho en un espacio público, o de pie; es más, ni siquiera lo hemos hecho en la posición del perrito. El sólo entra y sale a su propio ritmo, yo simplemente me dejo, y conozco cuando va a llegar, así que empiezo a apretar mis músculos para darle la ilusión que yo también lo voy a hacer, cuando en realidad no voy ni en la mitad del camino.

Muchas veces no lubrico lo suficiente, y por eso es un poco doloroso; sabrá Dios que muecas le hago, que él simplemente para y no hacemos nada. Cuando estas situaciones pasan, siento tanta vergüenza, porque siento que le estoy fallando como esposa y no cumplo con mis deberes conyugales.

Muchas otras veces, él llega tan cansado que no creo que se dé cuenta que le practico sexo oral, entre murmullos me agradece y se voltea. No me toco yo misma porque pienso en lo que me diría mi madre y se me quitan las ganas.

— Y, ¿por qué lo haces si él ni siquiera se da cuenta?

— Bueno, eso lo ayuda a liberar energía y duerme mejor. Si no lo hago empieza a roncar como camión.

— Y tu energía, ¿cómo la liberas?

— No es lo mismo Alice, es mi deber como su esposa.

— Él también tiene responsabilidades contigo. Lo sabes, ¿verdad?

— Empiezo a notarlo.

— ¿No te dan ganas de vez en cuando?

— Claro que sí Alice, pero no puedo ser tan desconsiderada de presionar a mi esposo para liberar mi energía, cuando él ha salvado vidas durante el día y además, ayuda con tareas, lee cuentos, juega con los niños y termina lavando los platos de la cena.

— Edward definitivamente es un buen hombre, eso no tiene discusión.

— Lo es.

— Pero igual lo vamos a mejorar.

Alice me explicó, cómo era su vida antes de conocer a Jasper; vivió la época de la revolución femenina y fue una activista que creyó siempre en la igualdad de géneros, cómo luchó contra sus padres cuando usó los anticonceptivos y su derecho al sexo libre, pero seguro. Alice es tan diferente a mi madre, y su espíritu libre es sencillamente inspirador. Me aseguró que no era tarde para tomar las riendas de mi matrimonio en la dirección que quería y ser feliz en cada uno de los aspectos de mi vida.

Me recordó que no solo soy madre y esposa, también soy mujer y soy yo quien debe tener la responsabilidad de lograr lo que deseo.

— Cuando yo era una adolescente, — me contó Alice, — conocí a un hombre mayor, James, era su nombre. — No te imaginas lo que este hombre me enseñó: a conocer mi cuerpo, las posiciones que más me gustaban, cómo deben tocarme para que mi excitación se incremente. Él prácticamente me convirtió en quien soy ahora, una mujer que no teme pedir, pero que igual da, que siente y que le gusta brindar placer.

Querida Bella, no es tan difícil como tú crees, pero sí tienes que deshacerte de todos esos tabús que te rodean. Sé que eso es tal vez lo más complicado porque el ambiente en el que creciste no te ayuda a confiar en ti misma. El sexo no es pecado, y no lo es porque es el origen de la vida; somos seres humanos y disfrutamos del placer tanto como de nuestra vida intelectual. ¡Y por Dios! Estás enamorada de tu esposo, lo noto incluso con todo el licor que tengo encima, y tu esposo ve por tus ojos. No entiendo cómo no han disfrutado del sexo durante estos años, el sexo es solo una forma más de expresarse su amor.

He sido una tonta todos estos años, escandalizándome por cómo se vive hoy en día, todo es saludable en la medida en que se encuentre el equilibrio. No estamos en completa armonía, amo a mi esposo y sé que él me ama, con pasión, pero nos fuimos a un extremo, un extremo en el que el aburrimiento nos ganó.

— James, — continuó Alice cuando le pregunté por su receta para mantener viva la llama de la pasión incluso tantos años después de matrimonio, — me obsequió un libro, uno de los que eran restringidos en mi época. Y ese libro me dio tantos secretos y me ayudó tanto… creo que lo tengo por ahí todavía, debe estar viejo y malgastado de tanto uso que en su momento le di. Pero es posible que aún sirva para su objetivo final, mejorar la calidad de la sexualidad femenina.

Yo creo, — continuó Alice, — que lo primero que tienes que hacer es conocer tu cuerpo, saber dónde está ubicado el clítoris, abrir tus labios y saber que si lo masajeas de una forma u otra te va a gustar. Probemos: ¿cuándo fue la última vez que te masturbaste?

— Alice, esa pregunta es demasiado personal.

— Ay no, ya con todo lo que me has contado, no te me vas a poner pudorosa ahora.

— Bueno, hace un par de días.

— Bien, eso no está tan mal.

— Después de 24 años de no hacerlo.

— Oh, Bella, de veras que no entiendo cómo has hecho todo este tiempo. Bueno, y ¿estabas bien lubricada?

— Sip.

— O sea, estabas excitada en ese momento.

— Sip, bastante.

— Ok, no está tan mal, ¿en qué estabas pensando cuando lo estabas haciendo?

— Creo que no estaba pensando en nada.

— Bueno, pero la excitación es la reacción a un estímulo, tal vez estabas viendo algo parecido en televisión, o escuchando una canción de esas modernas que solo hablan de eso…

— Pues, en realidad sí estaba escuchando algo, que me puso… así

— ¿Qué estabas escuchando?

— Tal vez quieras preguntarme a quién estaba escuchando.

— ¿A quién estabas escuchando?— Levanté una ceja para hacerla caer en cuenta y no tener que decírselo. — Oh por Dios, me siento como una estrella porno ¡Es un sueño hecho realidad!— Si, si me imagino. — Bueno tienes algo de voyerista en ti, nena, ¿acaso no sabes que esos momentos son muy íntimos?

— Alice, al punto.

— Lo que creo es que eres una persona normal, tenías frente a ti una ligera provocación y respondiste a ella. Ya que sabemos eso, vas a tener que investigar más al respecto. Tienes que saber qué otros estímulos externos te emocionan, así lubricarás más, tu esposo no tendrá miedo y puede que vaya mejor.

— Bueno sí, pero, ¿cómo hago para convencer a Edward de ser un poco más lanzado y atrevido?

— Querida, ¿acaso no sabes del poder de la seducción?

Y fue así como tuvimos nuestra primera lluvia de ideas para formular mi plan para seducir a mi esposo. Después de eso, me di cuenta de que mi Edward sí puede alzarme en brazos y cargarme sin problema, yo estaba tan tomada que no podía mantenerme en pie.

Lo primero que íbamos a hacer era modificar un poco mi guardarropa. Lo más seguro es que Edward, como todo hombre, reaccione mejor a lo visual; un poco de lencería, colores provocativos, un cambio en el cabello, vestidos que hagan sobresalir mi figura; sigo siendo yo, pero en una versión mejorada.

Así que, durante todo un día, mi vecina y yo visitamos cuanto almacén de ropa pudimos encontrar, cambié los calzones de abuelita que según yo eran los apropiados, por ropa más cómoda y seductora, con colores diferentes y formas que cubrían esos kilitos de más que igual tenía.

Encontré ropa que me hacía sentir más joven, más divertida y, a la vez, y por superficial que suene, más segura de mí misma. Compré ropa para el trabajo, para hacer ejercicio (Alice y yo prometimos salir a trotar al menos tres veces a la semana), para algunas ocasiones especiales y también para la noche, cuando estuviera frente a frente con mi esposo.

Me corté un poco el cabello, me arreglé las uñas y me depilé las piernas y bueno, allá abajo también. Lo hice pensando en que esa noche tendría una cita con el espejo. Iba a conocer a mi otro yo, a la pobre que ha sufrido tanto en los últimos años de olvido y descuido, la misma que próximamente iba a conocer un goce sin límites. Al menos eso es lo que esperaba.

Para lograr ese cometido, también fuimos a una tienda para comprar juguetes sexuales; solo pensarlo me produjo escalofríos, pero esta nueva Bella quería compensarse por tanto tiempo de frustración e iba a recurrir a lo que medio mundo usa. Creo que puede ser hasta divertido. Me pregunto si Edward tiene el mismo sentido voyerista que, según Alice, yo tengo, y le guste verme introducirme un objeto sintético, o cualquier otra cosa que no sea él.

Esa misma noche mi plan para cambiar mi vida, se pondría en marcha y me volvería sujeto de mi propio deseo.

Al llegar a casa, encontré en el buzón un paquete bellamente envuelto en papel regalo:

Bella:

Este libro no tiene una fórmula perfecta, sólo tú y tu esposo tienen los ingredientes, porque tienen el amor Y al mezclarlo con todo lo que vas a aprender y lo que conocen el uno del otro, podrán cocinar su propia recetaCon su propio sello y sabor.

Espero que todo te quede.

¡DELICIOSO!

Alice

Oh, pero si es el libro del que, mi ahora nueva mejor amiga, me había hablado. Es una versión más reciente. Si esto funciona, jamás tendré como agradecerle a Alice por todos sus consejos y su bondad.

El Manual - Capítulo 1

¿Conocerme?... Uhmmm, sí mucho gusto yo soy Bella…

La curva de las relaciones sexuales femeninas, una primera etapa de excitación con respuesta a los estímulos externos, físicos y psíquicos, inicio de la lubricación de las partes íntimas. Una segunda fase llamada "plateau" en donde a nivel extra –genital hay un incremento del latido cardíaco, de la respiración y de la sudoración, una cuarta fase, después de los límites alcanzados, en algunos casos las mujeres alcanzan un nivel de turgencia en el tercio exterior de la vagina, llegando a un orgasmo similar al masculino con contracciones tónicas y rítmicas para volver a un estado de tranquilidad"(*).

Ok, mis partes íntimas: la vulva, el clítoris, los labios mayores, los labios inferiores… primera etapa, segunda, tercera.

Pero… ¿qué estoy haciendo?, igual no voy a darle una clase de mi anatomía a E, ¡él es médico! Ellos saben mejor que yo los términos y los usos. Esto no es lo que quiero. Lo que quiero saber es cómo usar todas estas partes de mi cuerpo para nuestro goce.

Después de varias respiraciones profundas me paré frente al espejo de cuerpo entero que tengo, el que solo uso cuando estoy completamente vestida. Esta vez quiero ver en mi reflejo lo que mi esposo ve cuando me mira. No quiero ver estos kilos de más que deben irse, el corte de cabello que no estaría mal, y que tengo que empezar a usar cremas reafirmantes, no quiero arrugas todavía. Edward es un hombre físicamente espectacular, y aunque nunca me ha hecho sentir menos que él, sé que no le doy la talla en cuanto a belleza, claro que eso no quiere decir que yo no me esfuerce.

Bien, el libro dice que tengo que explorar mi cuerpo, así que desnuda frente a mí misma, lo examino todo. Un ligero pero consistente masaje en mi cuero cabelludo – cuando estoy en la ducha, mientras me lavo el cabello, me imagino a Edward haciéndolo y me relajo, me tranquilizo. Paso mis manos suavemente por mi cuello, adoro cuando mi esposo me besa allí, acaricio los lóbulos de mis orejas y mi mandíbula. Está bien, esto funciona, estoy absolutamente pacífica y algo emocionada.

Acaricio mi rostro suavemente, mis cejas y mi nariz, mis labios sigo bajando por el cuello hasta encontrarme con mis hombros y mis brazos. ¡Oh! Me gusta la parte interior de mis codos, lo hago varias veces muy sutil porque sentí algo no sé qué exactamente, pero la próxima vez, le diré a Edward que allí me puede acariciar allí… besar, mejor… lamer, tal vez.

Subo nuevamente por mis brazos; entiendo por qué mi esposo me dice que tengo la piel suave, realmente lo es. Acaricio mis senos, un poco más suave que cuando me hago mi examen mensual, esta vez no estoy tratando de identificar si tengo alguna bolita por ahí, ahora quiero saber si esta parte de mi cuerpo es tan sensible para mí como para otras mujeres. Mis pezones están erguidos, los pellizco y doy vueltas — ¡oh!— Esto realmente me gusta, lo hago por unos cuantos minutos, ya puedo sentir que me humedezco.

Continúo por mi abdomen, mi cintura, todo mi torso, mis caricias son suaves y delicadas, solo son de búsqueda, quiero saber cuáles son mis partes más sensibles.

Omito lo más íntimo de mi cuerpo, quiero dejarlo para lo último. Así que paso mis manos por mis piernas. ¡Dios! Tengo las piernas muy perceptivas, me dio un escalofrío cuando pase las manos por las ingles, mis rodillas y su parte interior. Me gustan mis pantorrillas, están torneadas.

Los pies los dejaré para después, porque tengo la impresión que pueden ser tan sensibles como el resto de mis piernas, además necesito una pedicura.

Ok, esto es lo que estaba esperando. Pienso en Edward, en una fantasía, en cómo quisiera que fuera conmigo en una noche de locura desenfrenada, veo en mi mente sus ojos color miel oscurecerse con la determinación del deseo. Mientras me acaricio nuevamente la ingle y mis muslos, no me acerco a mi centro aún, veo como mi esposo me toma con fuerza contra las sábanas de mi cama y me ubica a su disposición; rozo suavemente mis labios y con la ayuda de mi otra mano, los abroy me mantengo en esta posición por un instante, todo es muy suave. Sé que Edward no está preparado para nada muy fuerte. Me acaricio nuevamente los senos, me pellizco y retuerzo los pezones, los siento muy receptivos, como el resto de mi cuerpo.

Regreso a mi vagina, me acaricio de arriba hacia abajo, con lentitud pero con fuerza; tomo el clítoris, lo agarro duro e introduzco mi dedo corazón—¡Oh Dios estoy mojada!— Adentro, afuera, adentro, afuera, una y otra vez; es tan fácil que introduzco un segundo dedo, estoy tocando un punto que me produce unas sensaciones desconocidas.

¡Ohhhh! ¡Ohhhhh! ¡Uhmmm!

En realidad no sé lo que estoy haciendo pero mantengo el ritmo que llevaba, con dos dedos dentro de mí y con mi otra mano masajeándome toda parte de mi cuerpo que pueda alcanzar, en este punto todo mi cuerpo es una zona erógena y lo logro.

Sii

Si

Siiii

¡Mierda!

¡Wow!

Otra nota:

Puntilla es el clavo que se emplea para sujetar cosas.

(*)El texto es un resumen de varios sitios encontrados en Internet, casi todos blogs femeninos.

Sus comentarios son más que apreciados