Capítulo I

Un poco de fe

"Por ti fue mi dulce suspiro primero.
Por ti mi secreto, constante anhelar."

—C. Gómez de Avellaneda

Tres meses después

No, Ginny. No seas tramposa. ¿Lista?

Me voy a caer

La risa de Harry hizo que le vibrara todo el cuerpo.

No, corazón— sintió los labios de Harry sobre su cuello y supo que él estaba sonriendo —Abre los ojos ¿te gusta?

Oh vaya, es...— la casa que tenía delante era enorme, abandonada y sucia —¿perfecta?

No, no lo es — Harry parecía especialmente feliz por eso —Será mejor que eso, tendrá un gran jardín y nuestros hijos montarán un escándalo enorme cuando jueguen.

Eso suena a muchos hijos.

Mínimo tres.

—Ginny, ¿estás segura?

La voz de Ron la obligó a apartar la vista de la ventana, y antes de mirar a su hermano se fijó en cada detalle de aquella hermosa casa. Las paredes, los muebles, los grandes ventanales que iluminaban el recibidor, el amplio jardín que hace un momento se quedó observando. Los dos trabajaron arduamente para hacer de esa casa un hogar.

Nuestra casa.

— La primera vez que me dijo que buscaba una casa para los dos — comentó Ron — pensé que estaba loco cuando compró esta. Al parecer me equivoqué. — se acercó a su hermana y le pasó un brazo por los hombros — No tienes que verderla, pelirroja.

Ginny hizo un gesto de negación.

— Yo no... puedo Ron — Hay demasiado de Harry aquí — Es una casa grande, demasiado espacio para mi y yo sola no podría mantenerla. Además con el dinero podría comprar una casa pequeña y...

— Pagarle a tu investigador privado — sonrió Ron.

Ella abrió mucho los ojos.

— ¿Cómo lo sabes?

— Digamos que tu investigador también es un auror, así que soy su jefe. Últimamente no cumplía sus obligaciones y tuvo que decirme la verdad. No te preocupes, lo que me dijo es confidencial. Sólo yo lo sé.

— ¿No estás enfadado?

Ron suspiró.

— No, yo debí hacer lo mismo hace tiempo. Soy su mejor amigo, maldita sea, debí buscarlo al día siguiente como lo intentaste tú.

— Al menos no te hubieran tachado de ilusa o peor aún, de novia despechada — resopló Ginny.

— ¿Qué te ha dicho Courtland?

— No he tenido novedades desde hace casi dos meses, pero él asegura que no es por falta de investigación. Me ha dicho más o menos lo que ya sé, con más detalles— Ginny jugaba nerviosamente con unos papeles que sostenía en sus manos — Harry fue al Callejón Diagon en la mañana, fue por los anillos de boda y el hijo de Florean Fortescue asegura que pasó por su tienda después de eso, dice que tenía en sus manos un pequeño paquetito con el nombre de la joyería grabado. Madame Malkin lo vio caminar hasta donde está la boticaria, que es donde se le vio con Katie y después... nada.

A veces Ginny se preguntaba porqué seguía buscándolo cuando todos daban por hecho que Harry la había dejado porque simplemente no la quería. Una parte de ella se cansaba de no tener noticias, se cansaba de esperar, de vivir a medias. ¿Y si Harry, efectivamente, se fue con otra? Él se encontraría contento en un lugar lejano mientras ella estaba aquí, perdiendo tiempo buscándolo. En la desesperación por querer tener noticias de él, juraba que no le importaba si se enteraba que estaba en París con Katie o con cualquier mujer, sabría que estaba bien y a ella sólo le quedaría juntar los pedazos que quedaban de su vida.

Pero entonces cerraba los ojos y lo sentía, escuchaba su voz "Ginevra Potter, mi mujer. Me gusta mucho como suena." Su rostro al despertar "Buenos días, guapa" y sus ojos verdes, intensos "Mírame... siénteme Ginevra". Si no podía creer en él, en su amor, en su palabra ¿entonces qué le quedaba?

— Se llevó mi desiluminador.

— ¿Qué? — preguntó Ginny distraídamente.

— Quería que cada auror tuviera uno, o al menos uno que cumpliera con su función más básica, por eso se lo iba a enseñar a George y ver qué podían hacer— explicó su hermano.

— ¿Porqué no lo habías dicho antes?

— Por que hablé con George y resulta que Harry nunca llegó a Sortilegios Weasley— Ron le dio un apretón en el hombro antes de soltarla y caminar hacia el estudio — ¿Dónde vas a vivir cuando vendas ésta casa?

— Voy a comprar un mapa de Inglaterra, cerraré los ojos y me iré al primer lugar que señale con mi varita.

— Muy sabio de tu parte — sonrió Ron — Vamos, parece ser que el notario del Ministerio ya ha llegado.

En el que antes fuera el despacho de Harry, la funcionaria de aspecto severo y rígido le leía el contrato de venta mientras Ginny miraba a su alrededor y silenciosamente se despedía de la casa. Sólo había vivido ahí un mes antes de que Harry se marchara y parecía que entre esas paredes había recuerdos para toda una vida. Se obligó a no llorar y se sujetó del brazo de Ron que estaba sentado a su lado.

— ¿Puedo saber quién compra la casa? — perguntó Ginny después de firmar los papeles.

— ¿Disculpe?

— La casa es muy grande ¿es una familia con muchos niños?

— Un matrimonio con cuatro hijos.

Ginny asintió conforme. El jardín por fin se llenaría de gritos y juegos.

Una lechuza aterrizó en la ventana con una carta y un ejemplar de El Profeta, Ron fue por ella mientras Ginny encaminaba a la puerta a la funcionaria del Ministerio. Nada más al entrar de regreso al despacho, supo que algo no andaba bien.

— ¿Sucede algo en el cuartel?

— No, es de Courtland. Le pedí que si descubría algo grave, me avisara a mí antes que a ti.

— ¿Y? — quiso saber Ginny dejando las ganas de discutir a un lado.

Ron negó con la cabeza, le pasó el periódico y le señaló una nota de la primera plana.

—Te explico en el camino. Kingsley está en La Madriguera.

Encuentran cadáver en el bosque de Dean.
Oficiales del Departamento de Seguridad Mágica
informan que se trata de la cazadora de los Tutshill Tornados
Katie Bell, desaparecida hace tres meses.

La entrada de La Madriguera no estaba lo suficientemente cerca como para llegar en tres pasos.

Ginny abrió intempestivamente la puerta con Ron detrás de ella, respiraba entrecortadamente mientras una furia que no había sentido antes se apoderaba de ella. Toda la familia estaba reunida alrededor del Primer Ministro, escuchando de su boca las noticias.

Ginny caminó directamente hasta él y le dió una bofetada que hizo el silencio en la sala.

— ¡Se lo dije! — gritó llorando de rabia — ¡Se lo pedí, le supliqué una y otra vez que lo buscara!

— Ginny, harás que te arresten — le advirtió Percy acercándose a ella.

— ¡No me toques! — apuntó con su varita a su hermano — Ustedes... — señaló a su familia y dejó de gritar. Se sentía terriblemente cansada de luchar contracorriente, ya sólo hablaba entre sollozos— Me trataron como si fuese una estúpida "Si Harry quiere que sepas de él ya te hubiera mandado una carta" — simuló la voz condescendiente de su madre— ¡Se supone que también son su familia! ¿es que nunca se preocuparon por él?

—Tienes que entender — Kingsley tenía la mano en la mejilla dolorida, hablaba con el tono tan pausado de siempre — que huir de una boda no es indicativo de peligro. Harry no hubiera sido el primer ni el último...

— Este mundo está infestado de cabrones, eso ya lo sé. Pero no estamos hablando de cualquiera, se trata de Harry Potter, carajo. Y no se fue hace tres días ¡Ya son tres meses! ¿Es que acaso tengo que agradecer que aparezca Katie muerta para que me tomen en serio?

—Investigaremos de inmediato, tu hermano Ronald es el jefe del departamento de...

Ginny resopló sintiendo que la indignación estaba más allá de sus límites, le arrebató el sobre a Ron y se lo puso en las manos al Ministro con brusquedad, se alejó de él y se puso a caminar de un lado para otro en la sala.

— Ron y yo hicimos los deberes por usted.

Kingsley abrió el sobre, sacó su contenido y se puso a leer los pergaminos sobre la mesa de centro mientras Ron explicaba apretando los puños, también él estaba molesto.

— Personas han desparecido sin dejar rastro y no los han vuelto a ver. Harry es el último.

—¿Y entonces que pasa con Katie?— preguntó Angelina con rostro afectado.

Esta vez Kignsley contestó por Ron.

— Es un daño colateral — lee atentamente los pergaminos con el entrecejo fruncido — la chica estaba en el lugar y momento equivocados.

—Escúchame bien Kingsley — dijo Ginny desapareciendo todo rastro de respeto — Ya has perdido tiempo tres jodidos meses, no me importa lo que tengas que hacer, quiero a mi prometido vivo y de regreso.


Así brevemente les digo ¡Muchas gracias por sus reviews!

Un saludo

Mar :)