Cornerstore
Cornerstore empezó siendo la única empresa dedicada a la fabricación y entrega de bebés en el mundo, su tecnología revolucionaria y a prueba de errores había sido muy famosa varios años atrás. Por supuesto no era la única manera de tener bebés, pero si la más rápida y confiable, en un parto siempre había riesgos, mientras que con Cornerstore BB solo bastaba con escribir una carta dando ciertas especificaciones y listo, en unas cuantas semanas tenías a tu bebé en casa. Cuando estos pequeños humanitos crecían y comenzaban a trabajar una parte de sus impuestos iban a parar a la empresa, de esa manera se le pagaba por la creación de un futuro contribuyente.
Con el paso del tiempo las personas descubrieron que, pese a los peligros y los dolorosos partos, era más divertido tener hijos de forma artesanal que a través de una empresa, otras se dieron cuenta de que no era necesario tener hijos para formar una familia y ser felices o que tenían otro tipo de prioridades. Ese tipo de decisiones ocasionaron que poco a poco el nombre de Cornerstore BB se fuera olvidando, los ingresos eran cada vez menores y varios empleados perdieron su trabajo, justo cuando estaban a punto de declararse en banca rota y cerrar se decidió darle un giro.
Para evitar desaparecer Cornerstore BB cambio su nombre a solo Cornestore la cual se encargaba de la entrega de paquetes de una gran compañía de ventas por internet. La empresa fue creciendo y se pudo dar el lujo de crear una sección que se dedicaba a la búsqueda y entrega de productos exclusivos, en esta área trabajaban las cigüeñas, un grupo de personas que anteriormente eran los expertos en la creación y entrega de bebés, pero que actualmente usaban sus grandes dotes para buscar aquellos productos difíciles de conseguir bajo solicitud de algún cliente.
En la sección de pedidos exclusivos las personas escriben a la empresa para solicitar objetos tan únicos y especiales como; un Stradivarius o algún huevo de Farbergé, en dónde las cigüeñas localizaban quien estaba interesado en vender alguno de estos, que no fueran robados por supuesto, se negociaba el precio y si se llegaba a un acuerdo las cigüeñas servían de intermediarias para llevar acabo la transacción y entrega del artículo. También podían buscar algún producto perecedero que fuera difícil de conseguir como; la carne Kobe, trufa blanca u hongos matsutake, entre otros, pero no todo era glamour en esta sección, también había quien escribía preguntando por algún tipo específico de bolsa, vestido o zapatos, las cigüeñas buscaban todas las opciones posibles y mandaban un catálogo de lo encontrado para que el cliente eligiera, si no llegaban a encontrar nada que se ajustara a sus exigencias, entonces se contactaba con algún modista o fabricante de zapatos que fuera capaz de crear algo que complaciera al comprador.
Los pedidos exclusivos se podían realizar mandando un correo electrónico a su página de internet o bien, para aquellas personas que no confiaran en la tecnología o no supieran usarla, pensando especialmente en los adultos mayores, podían escribir una carta a la vieja usanza, mandándola por correo tradicional.
El edificio se había ido transformando conforme se fueron dando las necesidades; las áreas de cuneros y sitios en los que se guardaban los productos para bebés ahora eran bodegas, la enfermería se había convertido en el centro de atención al cliente y la oficina que anteriormente recibía las cartas de los futuros padres en la actualidad recibía las cartas de los pedidos exclusivos.
No sería preciso decir que el lugar había carecido de mantenimiento, pero sí que no había tenido uno adecuado, ya que incluso cuando pintaban sólo lo hacían en las zonas que estaban a la vista, nunca moviendo muebles. Por lo que ahora, más de 20 años después parecía que era justo y necesario darle una buena renovada al lugar.
Mientras pintaban una de las oficinas una carta fue encontrada atrás de un mueble polvosa y arrugada, obviamente se había volado de la caja en la que estaban los pedidos exclusivos, al menos eso pensó el trabajador que la recogió, por lo que le sacudió el polvo y la regresó al lugar que pertenecía.
Tulip, la nueva gerente de pedidos exclusivos salía de una junta motivacional en la que Hunter, el director de la misma área, había repetido de manera enérgica la importancia de satisfacer al máximo las necesidades del cliente, no importaba lo raras, excéntricas o complicadas que éstas fueran, era su obligación hacer todo lo que estuviera en sus manos y más allá de eso, si fuera necesario, para darle al cliente lo que pidiera. Tulip estaba llena de energía, en esos momentos se sentía como si pudiera recorrer el mundo en solo dos zancadas.
Uno de los empleados llegó corriendo al lado de Tulip, tuvo que agacharse y poner sus manos sobre las rodillas para poder tomar aire, estaba jadeando y se veía muy alterado, sin decir una palabra le entrego a su jefa una carta con el pedido más extraño que hubieran recibido.
Después de leer en cinco ocasiones el contenido de dicha petición Tulip levanto la mirada desafiante, de eso era de lo que su director había hablado "no importaba que fuera raro, excéntrico o complicado, era su obligación darle al cliente lo que pedía", y eso es justo lo que pensaba hacer.
—Esto no es posible ¿verdad jefa?
—Por supuesto que sí, aún tenemos la maquinaria y substancias necesarias para hacerlo, busca a Junior él es el mejor en esa área.
Había un cuarto cerrado bajo llave que nadie había tocado en más de 20 años, hasta ahora.
—¡Tulip! Fue el grito que se escuchó al otro lado del pasillo en el que se encontraba la oficina de la recién nombrada, el director de su área acababa de regresar de unas largas vacaciones y exigía a gritos su presencia.
La chica salió apresurada de su oficina sobándose la pierna ya que al levantarse de golpe se había pegado con el escritorio, iba lo más rápido que podía acortando la distancia entre su jefe, que ya caminaba en su dirección, y ella.
—¡¿Me quieres explicar esto!? –dijo Hunter mostrándole la carta que hacía unas semanas había puesto a temblar a las personas que trabajaban en su piso.
—Ya quedó resuelto Señor.
—Eso es justamente lo que quiero que me expliques –dijo el director con tono amenazador– ¿qué fue lo que hiciste Tulip?
—Me aseguré de cumplir con las demandas del cliente.
—¡Creando un bebé!
—Eso fue lo que el cliente pidió Señor, y en la junta pasada usted dijo claramente que debíamos darle al cliente lo que pidiera, no importaba que tan raras, excéntricas o complicadas fueran sus exigencias.
—¡Pero no me refería a esto! –gritó frustrado Hunter– Hace años que nos retiramos de la fabricación de bebés…
—La maquinaria funcionó a la perfección.
—¿Qué cigüeña te ayudó? –dijo el director tratando de contener su ira.
—Junior, Señor.
—¿Aún está en camino?
—Eso creo Señor –contestó Tulip sonrojada y con la cabeza agachada–, aunque posiblemente ya esté de regreso, porque lo mandé como servicio urgente –Hunter levantó la ceja y le dedico una mirada asesina– tenía quince timbres, supuse que era una entrega de emergencia.
—¡Localiza a Junior! –grito nuevamente Hunter antes de caminar rumbo al elevador– que dé la vuelta y vayan a mi oficina.
Tulip había tardado en localizar a Junior, cuando al fin se pudo comunicar con él estaba a punto de llegar a Montaña cigüeña.
Hunter se paseaba por su oficina haciendo aspavientos con las manos y sin dejar de gritar, había respirado un poco cuando Junior le dijo que la familia Holmes se había mudado de Hampstead, pero volvió a gritar cuando agregó que había investigado la nueva dirección y que el bebé había sido entregado en manos de un joven rubio, quien firmara como John Watson la orden de entrega.
—¡¿Cómo pudieron hacer algo tan estúpido!? ¿Saben siquiera cuando fue enviada la carta?
—No tenía fecha Señor –contestó Tulip sollozando, no había parado de llorar desde que entraran a la oficina de su jefe.
—¿Y no se dieron cuenta de que en el sobre dice Cornerstore BB? ¡Cambiamos de razón social hace 25 años! Esta carta fue enviada por un niño hace 25 años, un niño que en la actualidad debe tener al menos 31 años.
—32 en realidad Señor, contestó Junior ganándose una mirada fulminante por parte de Hunter.
—Un hombre de 32 años al que acaban de darle un giro no deseado a su vida –Hunter se dejó caer en su sillón con la cabeza entre sus manos– Acaban de arruinar a la compañía, lárguense de aquí y recojan sus cosas, no quiero volver a verlos.
John bajo al escuchar el timbre, era medio día, pero Sherlock aún estaba durmiendo, acababa de resolver un caso que lo había dejado cuatro días sin dormir. Al abrir la puerta se encontró con un hombre de mirada dulce que sostenía una canasta de mimbre.
—¿El Señor Holmes?
—No, soy su compañero de piso.
—Traigo un paquete para el Señor Holmes –John notó la canasta que el hombre traía, parecía una canasta de picnic.
—Yo puedo recogerlo, el Señor Holmes está dormido y no quisiera despertarlo ha tenido unos días bastante complicados.
El hombre extendió la canasta con una gran sonrisa y John la tomó de inmediato. Junior abrió el sobre que traía en la otra mano y sacó la orden de entrega para que John la firmara, posteriormente sin esperar a recibir alguna propina dio la vuelta y se metió en un coche, lo que le pareció extraño a John ya que el carro no tenía ningún logo.
Tras cerrar la puerta del edificio John levantó un poco la canasta y la agitó sutilmente con la finalidad de adivinar su contenido, en ese momento algo comenzó a moverse en su interior lo cual asustó a John. La cabeza del doctor empezó a trabajar; el hombre que la había entregado se veía demasiado sonriente, el carro en el que venía no parecía pertenecer a ninguna compañía, conclusión: debe tratarse de una trampa.
John bajó con cuidado la canasta al piso, tomó aire y le dio un pequeño puntapié, nuevamente algo se movía adentro, lo primero que pensó fue que debía contener alguna serpiente, volvió a patear la canasta, no demasiado fuerte, pero si lo suficiente para alejarla de él, en esta ocasión no pareció que se moviera nada dentro de ella, unos segundos después se escuchó el llanto de un bebé.
