Hola, aquí les dejo el segundo capítulo de Equivocada. Todavía no habla mucho de la relación de Candy y Terry pero este relleno es parte de la historia. Espero les guste.

Candy Candy no me pertenece, escribo este fanfic como medio de entretenimiento.


Tiempo después de que Candy se reencontrara con sus amigos en el Hogar de Ponny, recibiría la petición de Albert de cuidar de la tía abuela Elroy, quien se encontraba delicada de salud.

Albert había recurrido a contratar a más de una enfermera para cuidar de quien había sido la matriarca de la familia Andley, sin embargo una a una fue renunciando puesto que no soportaban el pésimo carácter ni las exigencias de Elroy.

Bien era sabido que Candy no era precisamente la persona favorita de la tía abuela, pero necesitaban que alguien la cuidara.

-lo haré Albert, no necesitas decir más- respondió Candy al pedido de su viejo amigo.

Y con la promesa de ayudar a Elroy, Candy volvió a instalarse en la mansión Andley.

De regreso a su vieja recamara, recordó los días de su niñez, cuando junto a Anthony, Stear y Archie vivían uno de los momentos más felices de su vida al cumplirse su adopción.

No fue fácil, aun estando delicada, la tía abuela se mostraba huraña con Candy, el "por favor" y "gracias" no existían para dirigirse a la rubia. Sin embargo, y al saber que nadie más cuidaría de ella, no tenía más opción que dejarse atender por Candy bajo las instrucciones del doctor.

Tampoco ayudó el hecho de que Albert saliera del país por negocios y que con él se fuera Archie, la tía abuela se deprimió mucho más, sin visitas y al cuidado de alguien a quien no quería cerca sólo la sumieron más en su enfermedad.

Una noche abrió los ojos, como consecuencia del ruido que oía en su habitación, las luces se encontraban a un nivel muy bajo, y una sombra se acercó a ella acomodando algo en su frente, esa sombra era Candy.

-Veo que ya despertó tía abuela.

-¿Qué haces en mi habitación a esta hora?-preguntó indignada.

-Ha tenido fiebre durante toda la noche- respondió Candy- me parece que ya está mejor.

Un potente rayo de luz se filtró en la habitación producto del amanecer, y fue ahí cuando Elroy miró el rostro de Candy, lucía cansada; tenía marcas violáceas bajo los ojos, y su cabello estaba más enmarañado que nunca. Algo que no había cambiado en la pecosa era la delicadeza con la que atendía, y sobre todo no perdía detalle alguno en sus cuidados. La tía abuela debía admitir que Candy se había convertido en una mujer muy responsable, a pesar que se negara a creer que una heredera de la familia Andley ejercía el trabajo de enfermera. Seguía sin gustarle la idea, pero agradecía en silencio los cuidados de aquella chica que William adoptó.

En todo el tiempo que estuvo enferma, no hizo más que recordar a sus nietos. Nunca aplaudió los inventos de Stear, pero admiraba el intelecto de este. Las rosas de Anthony solían envolverla en aromas que la llenaban de vida, sin embargo desde la partida de su nieto dejó de dar sus pequeños paseos en el jardín, lugar donde su querido Anthony entregaba toda su pasión a las rosas de Rosemary Brown. Archie era el único nieto que le quedaba, y ahora debía compartirlo con la vida de adulto al que eran destinados todos. Los extrañaba, a los tres.

Extrañaba mirarlos desde su alcoba, siempre juntos y sonrientes, querías abrazarlos; por mucho tiempo fueron su compañía y hoy sólo se alojaban en sus recuerdos. Sin planearlo en sus pensamientos se filtró la imagen de una pequeña Candy junto a ellos, estos le pedían que educara a aquella chica malcriada que los hacía felices con su sola presencia. En secreto lo comprendía, ellos se identificaban en parte con Candy, si bien no eran huérfanos, ni habían pasado las carencias que ella sí; ellos compartían la ausencia de sus padres. Era por eso el interés de los chicos en ayudarla.

Elroy se puso de pie ante la mirada atónita de Candy.

-Tía abuela, debe quedarse acostada- sugirió, pero la tía abuela no hizo caso, con lo que tenía de fuerzas se dirigió hacia la ventana.

-ya he estado acostada por mucho tiempo- dijo mientras abría las cortinas para mirar hacia el portal de rosas.

Candy sonrió, la tía abuela lucía bastante mejor.

-Será mejor que vayas acostarte- le dijo enfocando su mirada en Candy- necesitaré que me acompañes al cementerio por la tarde.

-Como usted diga Tía Abuela- Candy se dirigió hacia la puerta y justo antes de salir Elroy habló.

-Gracias por tus cuidados Candy- la aludida sólo respondió con una sonrisa y dio paso a su salida, cerró la puerta y recargándose en esta derramó algunas lágrimas de felicidad que rápidamente limpió con el dorso de su mano. La tía abuela se encontraba reestablecida, le agradecía sus cuidados y le pedía acompañarla al cementerio. De alguna manera sintió que esa era su manera de demostrarle su afecto. Candy, se prometió ser merecedora de ello y acompañarla en lo que necesite.

Esa tarde visitaron las tumbas de Anthony y Stear, y con la ayuda de Candy escribió una carta a Archie anunciándole su mejora. Ese día Elroy se sintió renovada, y junto a su renovación abriría su corazón a quien años atrás se habría convertido en una Andley.

Tres años después…

Los años transcurridos habían convertido a Candy en una dama de sociedad, la señorita Candice White Andley, siendo llamada Candy sólo por las personas de entera confianza. Ella misma no lo creía.

Ahora contaba con la simpatía de Elroy y esta no para de invitarla a cuanto evento social pudiera asistir. En algunas ocasiones le parecía agotador juntarse con tantos ricos aburridos, pero su mayor interés era el no desairar a la tía abuela. Por otro lado no quería dejar de ayudar a la señorita Ponny y a la hermana María con el Hogar de huérfanos, así que dividía sus tiempos.

De sobra sabía que Eliza no veía con buenos ojos la estrecha relación que habían entablado, Candy seguía siendo víctima de los desplantes de Eliza sin embargo y por consejo de la tía abuela era mejor ignorarla.

"es una pena su comportamiento, pero tú ahora eres una dama Candy, y como tal no debes permitir ofenderte ante esos comentarios", y no decía más, tía abuela no se permitía decir algún comentario negativo sobre su sobrina, pero tampoco aplaudía sus acciones.

Candy anhelaba profundamente volver a su trabajo como enfermera, su vocación. El acompañar a Elroy y colaborar con el hogar no le brindaban el tiempo suficiente para seguir con su profesión.

-El compromiso de Archie y Annie Britter, me ha hecho recordar-comentó la tía abuela mientras tomaba el té junto a Candy- en que en los últimos eventos a los que hemos asistido, has sido interés de caballeros de buena familia que no dudarían en proponerte matrimonio.

-tía abuela- dijo Candy un tanto sorprendida- el matrimonio no es algo que cruce mi mente en este momento.

-eventualmente tendrás que casarte- insistió Elroy.

-probablemente, pero no es algo que me inquiete en este momento. De hecho deseaba compartirle mi interés en regresar a trabajar como enfermera.

-una dama como tú, miembro de la familia Andley, no puede estar de servicio como enfermera.

-tía abuela, ser enfermera es mi vocación y echo de menos esa labor por la que estudié tanto.

-Si William está de acuerdo con tu decisión, no hay más que yo pueda decir- pan comido, Candy sabía que Albert no se negaría a su petición.

-hablaré con él. Y tía abuela, no tiene por qué preocuparse.

El viento comenzaba a correr en el jardín llevando consigo algunos pétalos de rosas, Candy tomaba un sorbo a su té mientras pensaba en aquel comentario sobre caballeros de buena familia que había mencionado la tía abuela, una lejana imagen cruzó su mente.

El caballero hijo del Duque de Grandchester, de quién se enamoró en su juventud, debía estar casado con la actriz Susana Marlow, al menos eso pensó, pero siendo sincera no había leído ningún tipo de noticia parecida. Aunque en el mundo del teatro pocos sabían del linaje de Terry.

"Terry" pensó, hacía mucho tiempo que su nombre no aparecía en sus recuerdos, ni siquiera sabía por qué se había puesto a pensar en la posibilidad de que él estuviera casado, lo cual no estaría mal, ella misma le pidió a Susana que no lo abandonara nunca, lo más lógico es que siguieran juntos. Candy no lo comprendía, pero en ese momento un vacío comenzaba a formarse dentro de ella.


Terry, no dormiría tranquilo esa noche. Ningún sueño terminaba bien, pero todos tenían una misma protagonista, Candy.

No la había soñado en varios años, y ahora ante la insistencia de su director de protagonizar Romeo y Julieta, la recordaba. Pero la culpa no sólo la tenía él sino que Susana también había ayudado al recuerdo cuando mencionó el tema de la armónica.

-Candy no existe más en mi vida- se repitió mentalmente, pero su voz la traía el viento que hacía mover las cortinas de su habitación.

"Estoy feliz de haberte conocido Terry"

Decidió salir de la cama aun cuando le faltara media hora para iniciar su día.

Esa mañana recibiría la no tan grata visita de la madre de Susana.

Durante los últimos años Terry había desarrollado una capacidad increíble para vivir junto a Susana y no perder la cordura en el intento, pero la madre de esta era otro cuento. Nunca perdía oportunidad de reclamarle a Terry el accidente que sufrió su hija y el abandono de este.

Por el bien de su vida y su "relación" con Susana era mejor no entrar en corajes con aquella mujer. Pero los comentarios no cesaban cuando Susana los dejaba solos.

Esa mañana, y ante la visita de la señora Marlow, esperaba marcharse temprano, pero ante la invitación de Susana de acompañarlos a la mesa desayunar, se vio obligado a cambiar de idea.

-Qué gusto verla señora Marlow, llevaba tiempo que no nos visitaba-comentó con sarcasmo. Él podía ser muy cortés con la joven rubia, pero con la madre no se reprimía en sacar el toque ácido que lo caracterizaba al hablar.

-Siempre he de estar para mi hija-respondió- y ya que esta mañana decides acompañarnos, estaba pensando en comentarte- por el rostro que traía la señora Marlow, Terry no se esperaba algo bueno- llevan juntos por mucho tiempo, y no es bien visto que una joven como mi hija viva bajo el mismo techo junto a un hombre con el que no está casada, da a muchas habladurías entre la gente que los rodea.

EL rostro de Susana se entristeció, mientras que el de Terry se ensombrecía producto de la ira.

-¿y qué sugiere usted?-preguntó.

-¿qué podrías sugerir tú?-respondió ella con otra pregunta- es de mi hija de quién están hablando. No debí permitir que la trajeras a vivir contigo sin siquiera estar casados.

-mamá- por fin habló Susana – Terry y yo hemos hablado al respecto y yo…

-Sólo me preocupa tu bienestar Susana, no voy a permitir que seas comentario de nadie sólo porque Terry no se decide establecer un compromiso contigo. Es porque en algún momento volverás a dejarla ¿es eso?-dijo dirigiendo su último comentario a Terry.

-mamá…- rompió en llanto Susana-Terry está conmigo ahora y ha cumplido su promesa no dejarme- habló mientras las lágrimas caían por sus mejillas- discúlpenme necesito ir a mi habitación.

Terry espero a que Susana cerrara la puerta de su habitación para dirigirse a la señora Marlow.

-Brillante la manera en que hace llorar a su hija.

-no se te ocurra culparme, sabes perfectamente que anhela casarse.

-si me caso o no con ella es asunto que sólo nos concierne a ambos- dicho eso se dirigió al cuarto de la joven Marlow para reconfortarla.

-No te preocupes por mi Terry- le dijo mientras le hacía paso para que se sentara en su cama-yo entiendo que no quieras casarte conmigo en este momento.

-cuando volví, no prometí casarme contigo Susana.

-lo sé Terry, pero es que mamá a veces no entiende que adquirir ese tipo de compromisos toma tiempo.

-sí, claro- respondió no muy convencido- estate segura de una cosa- le dijo mirándola a los ojos -no voy a abandonarte.

-Lo sé Terry, yo esperaré a cualquier decisión que tú tomes sobre nuestro futuro juntos.

Esas palabras sólo hundían más a Terry en el mundo gris que había decidido vivir.

-ya es hora de irme, ¿estarás bien?-preguntó.

-sí, por favor dile a mamá que venga. Por cierto ¿Cuándo regresa Robert? –preguntó la rubia recordando la carta del director del grupo Stanford.

-No estoy seguro de cuando lo haga.

-asegúrate de invitarlo a cenar a casa cuando regrese.

-está bien- comentó Terry, una vez más cedía ante los caprichos de Susana. Todavía no se decidía a comentarle sobre la petición de Robert para que participara en la obra de Romeo y Julieta, no sabía cómo reaccionaría ella, pero estaba seguro que esa misma tarde se lo diría.

Por otro lado la sola idea de participar en la obra de sus recuerdos lo llevaba a través del tiempo donde Candy y él bailaban en La Segunda Colina de Ponny.

Definitivamente, debía tomar una decisión.


Gracias por llegar hasta aquí.

También gracias a quienes dejaron reviews en el capítulo anterior.

Ahora disiparé algunas dudas que surgieron del capítulo anterior.

1. Este es un fanfic Candy y Terry. No se dejen engañar por el hecho de que Terry las lleve bien con Susana.

2. No tengo idea que tan largo será el fic, como dije antes originalmente iba a ser un one-shot pero juro que la historia se ha ido escribiendo sola.

3. No sé cuanto me tome actualizar (honestidad ante todo), ahora lo hice pronto porque andaba de vacaciones en la universidad y en el trabajo.

4. Los reviews me son importantes porque me gusta compartir ideas y a su vez saber lo que opinan del escrito o lo que deba mejorar. Sin embargo el número de reviews NO será un factor determinante para que actualice, así que no se preocupen. Actualizar sólo depende de la disposición de mi tiempo.

5. Aprenderé a escribir los siguientes capítulos desde mi nueva tablet ;) amo a ese objeto inanimado.

Y creo que eso es todo, si tienen algún comentario me escriben, soy más rápida escribiendo mensajes porque ando en el bus como 4 horas al día.

Un fuerte abrazo.