Prólogo, segunda parte
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Una suave ráfaga de viento azotó sus tiernas mejillas mientras sus ojos, azules y apagados, recorrían las calles de la aldea sin mayor sentimiento que el de la curiosidad. Tantos años apartados del mundo habían acabado haciendo de él no más que un mero espejismo de lo que había sido antaño. Un niño jamás podría comprender porque del mundo resultaba ser alejado, y a él lo habían apartado del mundo desde su más tierna infancia. Rodeado de personas que fingían ser sus amigos pero que, en realidad, solo buscaban el beneficio nunca podrían sustituir la calidez de un verdadero abrazo. Criarse en un orfanato sin saber quiénes son, en realidad, tus padres era una realidad demasiado triste como para ser soportada por quien ni su propio cuerpo puede sostener. – Vamos Naruto, es hora de ir a casa – dijo un muchacho de cabellos negros que ocultaba su rostro bajo una máscara con impresión de zorro. El rubio, que lo miró sin esperar nada real de aquella persona, asintió levemente. Una triste sonrisa en sus labios fue formulada mientras comenzaba a caminar por la calle. El Shinobi que de su mano le sostenía suspiró con pesadez mientras comprendía, a las malas, lo que estaba sucediendo: Shisui, el líder del clan, le había explicado la situación. El muchacho al cual estaba recogiendo en el orfanato iba a ser adoptado por el clan Uchiha, y sería criado por los mismos. Era aquel héroe que había protegido a la aldea del Kyūbiy que, ahora, sería entrenado como el más fiero y mortal guerrero jamás conocido por la historia. Esa era, en teoría, la historia. Sabía, sin embargo, que todo aquello no era más que un escudo con el salvaguardar sus sentimientos. Itachi, que era aquel que sostenía la mano del rubio, era perfectamente consciente de que el líder del clan no era una persona tan frívola como para hacer aquello. Seguramente lo trataría como si fuese su propio hijo, haría de él una persona y no un objeto.
La verdad era que todo aquel asunto le resultaba demasiado extraño. Un niño que había salvado a toda una aldea sellando su alma junto a la del demonio de nueve colas sonaba demasiado surrealista. Pero él solo era un Shinobi y, como tal, no podía hacer preguntas. Hacía años que las cosas habían cambiado en el clan Uchiha con la muerte de su padre y no sería él quien, a causa de las dudas, echase a perder todo lo que habían conseguido. Los niños del clan ya no eran simples armas con las cuales hacer la guerra; eran niños felices y criados con la idea de que fuesen aquello que deseasen ser. Shisui era un hombre que, pese a su juventud, sabía hacer bastante bien las cosas. – ¿Saben los aldeanos que tengo al Kyūbi dentro de mí? – preguntó, repentinamente, el Uzumaki. Nadie sabía que ese era su apellido pero si, era un Uzumaki. Era el hijo de Kushina y Minato, ninguna mentira podría cambiar eso. Itachi, que se había quitado la máscara mientras caminaban por la calle, no pudo ocultar cierto atisbo de sorpresa en su mirada ante tal pregunta. Era un buen hombre, un guerrero que sabía ocultar muy bien lo que pensaba y que, sin embargo, no había podido evitar sorprenderse ante tan franca y directa cuestión. – Saben que existes, saben que has estado viviendo en la aldea pero no saben exactamente quién eres. Durante los siguientes días el Hokage dará un discurso y te presentará ante la aldea. No sé si eres consciente, pero te consideran un héroe – respondió, tratando de contestar tan directamente como le fuese posible, mientras giraba en una de las tantas intersecciones de la aldea. Una mujer de largos cabellos azabache y ojos negros los saludo mientras caminaban. Un símbolo del clan Uchiha comenzó a manifestarse sobre las diferentes paredes de las casas y las murallas del barrio. Acaban de entrar en el territorio del clan maldito.
– Me hice a una idea en el orfanato. Los encargados del lugar me trataban demasiado bien, y a veces Orochimaru venía a verme para contarme cosas del mundo exterior – explicó con sencillez. Eso hacía, ciertamente, las cosas mucho más sencillas y, al mismo tiempo, explicaba el porqué de aquella actitud. No parecía un niño de siete años pero, al mismo tiempo, tampoco distaba mucho de uno. Su forma de hablar era demasiado profesional y, su actitud, demasiado formal y distante. Pero seguía siendo un niño, y así lo demostraba con la curiosidad que trataba de ocultar en su mirada. Una pregunta, entonces, se formuló mentalmente el Uchiha: ¿Sabría quiénes eran sus padres? Aquel era uno de los secretos mejor guardados por los altos cargos de la aldea. Solo ellos lo sabían, y nunca se lo habían dicho a nadie. Quiso preguntar pero enterró su curiosidad en el mismo lugar en el cual se encontraban sus sentimientos. Naruto, que obviamente no se había percatado de aquello, se limitó a seguir los largos pasos de aquel hombre que lo llevaba al que sería su nuevo "hogar". Extraño podría ser el que no mostrase gran emoción: iba a, finalmente, abandonar aquel maldito orfanato en el cual se había criado y del cual solo estaba harto pero… Bueno, el Godaime ya le había explicado en varias ocasiones cuál era su situación. No podía considerar que aquellos que le adoptaban como sus "salvadores" pues era plenamente consciente de que solo estaría con ellos por mera conveniencia política. Naruto era el portador del demonio de nueve colas, su carcelero. Él era el guardián de Konohagakure no Sato y, por ende, su familia gozaría de unos privilegios y una fama todavía mayores. Sabía que los Uchiha, pues aquel muchacho era sin duda un miembro de dicho clan, ya gozaban de una gran reputación y, aun así, allí estaba él. No sabía el por qué necesitaban aquel refuerzo de cara a la sociedad: ¿Habría pasado algo durante aquellos siete años que había pasado en el orfanato? Por muy informado que le tuviese Orochimaru era inevitable que no fuese del todo consciente de lo que había pasado en la aldea. Lo habían mantenido, literalmente, incomunicado del mundo exterior. No era bueno a la hora de expresar sus sentimientos, las relaciones sociales eran una de esas habilidades de las cuales no gozaba.
Pero había algo en lo que si destacaba: era un joven especialmente avispado. Durante su estancia en el orfanato había aprendido que la información era un bien etremadamente valioso y que, si era posible, era mejor estar atento a todo lo que sucedía. Su curiosidad, que era como la de cualquier otro niño, le favorecía en aquel aspecto. Una simple flor es convertía en un juguete digno de admiración, un simple pájaro surcando el cielo era un elemento tan entretenido que observado merecía ser. Fue por eso que, además, se percató de una cosa muy extraña: las calles del barrio Uchiha estaban prácticamente vacias, no había demasiadas personas adultas y muchas casas lucían abandonadas. Había visto a unos cuantos niños, bastantes en su opinión, en comparación con adultos. No había visto a muchos padres o madres, y no podía evitar preguntarse el porqué de aquella situación. - ¿Por qué solo hay niños en vuestro barrio? – preguntó, con curiosidad, el muchacho de ojos rubios. Itachi, por su parte, se tomó un tiempo quizás demasiado extenso para responder. Uzumaki, que solo era un niño, no vio mayor significado en su tardía respuesta más que el de la pereza por responder a sus dudas. – Hace ya unos cuantos años, cuando tenías unos cuatro aproximadamente, gran parte del clan Uchiha falleció noblemente por defender las fronteras del fuego. Lograron repeler al enemigo a costa de su vida – enunció dando su explicación por terminada en el mismo momento en el cual llegaban a una gran casa, la más grande de todas las que había. Un muro de color blanco, tan puro como la nieve, rodeaba un terreno de no menos de doscientos metros cuadrados. Tras ellos se extendía un gigantesco jardín y, en el centro del mismo, una mansión digna del mismísimo feudal del fuego. Era de estilo oriental, muy sencilla en el exterior. Pese a su tamaño no era ostentosa, y solamente destacaba de entre el resto por el negro de sus tejados y paredes. Fue en aquel momento cuando, a espaldas de ambos, apareció la figura del líder del clan. Uchiha Shisui reveló la mayor de sus sonrisas mientras tomaba de los hombros a sus dos visitantes. Itachi permaneció inmóvil mas Naruto, a causa de la sorpresa, no pudo evitar dar un pequeño brinco.
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Naruto, el joven guerrero de las sombras sin apellido, entrenaba junto al resto de sus compañeros mientras ojos observaban cada uno de sus movimientos. No eran pocos los curiosos que, día tras día, se acercaban a "conocer" al guardián. El rubio, única esperanza que los mantenía protegidos de las garras del demonio, prefería ignorar a cada uno de esos impertinentes sujetos que, sin vergüenza alguna, le observaban día tras día. Los días pasaban de forma aburrida y el muchacho no parecía demostrar nada más allá fuera de lo normal. Sobresalía por encima del resto de sus compañeros pero no era nada del otro mundo o, al menos, eso era lo que todo el mundo pensaba. Era, hasta cierto punto, lo más lógico del mundo pues, a fin de cuentas, solamente tenía once años. Poco importaba que su maestro fuese el gran Shisui Uchiha, solo tenía once años. Un nuevo prodigio a tan corta edad era un suceso demasiado extraño como para repetirse nuevamente: primero había sido Minato, el traidor, y luego Itachi. Todo ello en menos de treinta años, quizás ya era pedir demasiado…
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Los vientos del cambio finalmente habían comenzado a soplar.
Nada ni nadie podía evitar que el mundo se enfrentase a su terrible destino.
Dato de interés:Me gustaría explicar, brevemete, una cosa. Orochimaru cambió hace varios años el sistema por el cual funciona la academia Shinobi. Decretó que todos los niños tendrían que asistir al colegio y que a partir de los siete años serían los padres, o tutores, quienes se encargarían de entrenar a sus hijos en las artes Shinobi si así lo querían. Cuando los hijos cumpliesen los 11 años decidirían si debían ingresar en la academia Shinobi o si, por el contrario, continuaban sus estudios de forma normal. El adiestramiento en la academia dura un año, a no ser que se repita. No hay excepciones.
Y, como último detalle, mencionar que, finalmente, el prólogo queda concluido. La verdadera historia comenzará a partir del siguiente capítulo, el cual espero tener no dentro de mucho tiempo. Un saludo.
