La Revancha
El sonido de los altos tacones azules hacía voltear a cada uno de los presentes, el movimiento de tus caderas al caminar hacían mover el vestido que llevabas, que se contoneaba perfectamente a tu figura. Azul, al igual que tus zapatos, llegaba hasta un poco más arriba de la rodilla, dejando ver tus piernas, pero tapándolas lo suficiente para que la imaginación del sexo opuesto comenzara a funcionar. El escote no muy pronunciado, te hacía ver elegante, y a la vez sexy, y tu cabello recogido en un elegante moño, con rizos cayendo, dejaba ver tu cuello.
Querías divertirte esa noche, y ¿por qué no? Ganar algo de dinero. Pero no querías jugar en las típicas máquinas del casino, sino que apostarías en algo más grande. Ninguna chica se atrevía a jugar Póker, sólo se sentaban al lado de sus maridos o acompañantes, para ver las partidas. Sin embargo, tú eras la excepción, ibas sola a ese elegante lugar, a ganarles a esos engreídos y orgullosos hombres que se creían dueños del lugar.
El hotel Shikon estaba fuera de la cuidad, conocido por todos, pero sólo para algunos accesible, tenía un gran casino, donde muchos iban a apostar y pasar la noche.
-¿Algo que beber, señorita? – te preguntó un mozo que se te acercó, quien recibió una provocativa sonrisa de tu parte.
-Un Martini de manzana, por favor – le pediste, y segundos más tarde te lo entregó.
Con tu bebida en la mano, evaluaste el lugar para ver quiénes serían tus víctimas. A tu izquierda estaban los que apostaban en La Ruleta, al frente, jugaban Black Jack, y a tu derecha estaban las mesas de póker. Habría unas doce mesas donde los hombres apostaban y perdían dinero sin más. Sonreíste, había una gran variedad donde elegir.
En las primeras cuatro mesas sólo había hombres mayores, de unos sesenta o más, junto a sus esposas, quienes por cierto eran bastante más jóvenes que ellos. Rodaste los ojos, tú no serías una de ellas. Seguiste mirando hasta que encontraste a tus victimas. En el medio del salón había cuatro hombres jóvenes, bastante guapos además, sentados. Tres de ellos con sus parejas y uno solo.
Lo miraste, parecía que un gran y musculoso cuerpo se escondía bajo ese traje, y cuando volteó su rostro levemente en tu dirección, quedaste maravillada por la belleza de éste. Sin duda era él a quien querías.
Viste que sonreía con satisfacción, al mismo instante en que los demás que estaban en la mesa hacían una mueca de disgusto. Había ganado el juego.
Como si fuera un imán, caminaste hacia la mesa donde ellos estaban sentados, y al sentirte cerca, él giró su cabeza hacia ti y sonrió de medio lado, de una manera tan sexy que te hizo temblar de pies a cabeza. No obstante le respondiste de la misma manera, para luego sentarte a su lado.
-Buenas noches, chicos – dijiste con un toque juvenil, recibiendo un saludo de cada uno - ¿listos para apostar?
Te miraron sorprendidos, y luego rieron por debajo. Imbéciles, pensaste, ¿creían que por que eres mujer no podías jugar? Debían estar locos. Malditos machistas.
-¿Pretende jugar, señorita? – Preguntó Él con arrogancia y una sonrisa de medio lado, extremadamente sensual - ¿No será mejor dejarlo a quienes saben del tema?
Eso te irritó más, pero no te dejarías vencer por ese hombre tan altanero. Le sonreíste de la misma manera, marcando el desafío en tu mirada.
-No creo que le tema a que una chica le gane un juego, ¿verdad, señor? – él bufó con incredibilidad, pero aceptó el desafío. Tal vez sacaba otra cosa buena, además del dinero – Veremos quién es el que sabe del tema al final.
Repartieron las cartas. Las chicas que estaban sentadas en la mesa te miraron con admiración. Al parecer eran unas sumisas novias que obedecían en todo a sus parejas. Viste las cartas, sonreíste para tus adentros, pero mostraste preocupación en el exterior. Debías hacerles creer que sería fácil ganarte. Lo miraste de reojo, parecía satisfecho con su baraja. Si creía que iba a ganar nuevamente estaba equivocado.
Miradas iban y venían, él si sabía cómo seducir simplemente observándote, pero procuraste parecer inmune a ello, aunque por dentro te derritieras. Lo viste reírse para sí y sonreír con satisfacción. Al parecer tenía la baraja que quería, viendo que ya había una apuesta bastante alta, era conveniente reclamar el premio en ese momento. Pero lo que ese atractivo hombre no sabía era que tenía pocas probabilidades de ganar.
-Bueno, caballeros, señorita – te miró con una sonrisa de medio lado con la que podrías haberte pegado un tiro – creo que la noche me sonríe nuevamente. Confórmense con verme ganar, nuevamente.
Reveló sus cartas sobre la mesa, mostrando una perfecta Escalera de Color, desde el tres al ocho de Trébol. Los demás sentados suspiraron con frustración, al parecer el chico llevaba bastante tiempo ganando. Era el momento de su perdición.
-Espere – dijiste en el instante en que el hombre se estiraba para recoger las fichas que canjearía luego por dinero. Elevó una ceja y te miró, interrogante – lamento decirle que usted no gana con eso. – Abrió los ojos sorprendido, pues estaba más que seguro de lo que había hecho. Era una de las jugadas con más puntos, la segunda con más puntuación, eso significaba que tú…Volteaste tu muñeca para que se informaran de tu baraja. - Les presento una hermosa Escalera Real, Imperial o como quieran llamarla.
-No puede ser – dijo él incrédulo, arrastrando las palabras. Ahora fuiste tú quien sonrió con arrogancia, mientras estirabas tu brazo para tomar las fichas. Los chicos seguían viéndote con sorpresa, mientras que sus acompañantes te miraban orgullosas.
-¿Ahora quién sabe del tema? – le preguntaste al hombre, quien se había echado hacia atrás en la silla y te escrutaba con la mirada. Hizo una mueca, con lo que sólo pudiste reír. – Bueno, fue un gusto ganarles, ahora iré a cobrar mi premio. Con su permiso.
-¿Tan pronto se va? – Cuestionó - ¿No quiere jugar otra partida?
Había un desafío en sus palabras, él quería la revancha y recuperar lo suyo, pero no querías seguir ahí, eso había sido un simple capricho.
-Sé cuando retirarme, gracias de todas formas – dijiste, y luego te levantaste y te alejaste de ellos.
Fuiste directamente a donde se cambiaban las fichas por dinero. La mujer que estaba ahí se sorprendió de que tuvieras tantas, y tú le relataste cómo le habías ganado a ese chico tan engreído. Luego de que te pasara el dinero, fuiste al bar, para pedir otra bebida. Esta vez fue un Vodka azul. Su color entre turquesa y trasparente te hacía recordar el océano, y lo estuviste observando un buen rato, antes de probarlo al fin.
-Excelente elección de bebida – escuchaste su voz muy cerca de tu oído. Una corriente eléctrica recorrió tu espalda, pues sabías que era Él. – Aunque es algo suave para mi gusto.
Te volteaste y sonreíste con arrogancia, no entendías por qué ese hombre lograba sacar ese lado en ti. Pasaste tu dedo índice por su camisa, en una caricia provocativa, y acercaste tu rostro al de él, quien siguió apacible.
-¿Ahora piensas enseñarme de tragos? – lo desafiaste sin apartarte de él, logrando que te sonriera de la misma manera. Definitivamente el chico era tu perdición. Sus ojos claros, su estiloso, pero atractivo corte de cabello, sus labios carnosos y su cuerpo musculoso y grande, te volvían loca. – Parece que no sabes cuándo parar de jugar ¿eh?
-Quiero la revancha – confesó él, provocando una pequeña carcajada en ti. Volviste a darle la espalda, pero no parecía darse por vencido, pues se sentó a tu lado. Te cogió el mentón con la mano, obligándote de ese modo a mirarle a los ojos – Hablo en serio – sin embargo su expresión no lo demostraba. - ¿O tienes miedo a que te gane?
-Sí, claro – comentaste con sarcasmo.
-Te espero en mi habitación, en veinte minutos – sentenció, entregándote un papel con el número de su cuarto como si estuviesen traficando algo. No pudiste evitar reír ante las acciones del chico, pero cuando te volteaste para negarte, él ya llevaba varios metros alejado de ti.
Suspiraste mientras seguías bebiendo tu trago. Sí que era persuasivo. Cuando volviste a mirar la hora, luego de terminar el Vodka, te diste cuenta de que ya había pasado media hora. Reíste por lo bajo, seguramente él te estaba esperando en su habitación. Así que sin pensarlo mucho, caminaste hasta el ascensor y mientras éste llegaba a tu piso, abriste el papel que el chico te había dado.
"376" Decía, sólo eso, nada más. Ninguna empalagosa frase o algún emoticón. Solo tres míseros números.
Cuando el ascensor llegó apretaste el tercer piso y esperaste. Al salir buscaste la habitación con esmero, y tras encontrarla, golpeaste la puerta para que él abriera. Apareció segundos más tarde, con su sexy sonrisa en el rostro, mirándote de arriba abajo como si estuviera estudiándote.
-Llegas tarde – comentó con voz ronca, haciéndose a un lado para dejarte pasar. – Por un momento pensé que no vendrías.
-Bueno, pero dime ¿qué es más divertido que ganarte?
El chico rió, para luego mirarte intensamente con sus hermosos ojos dorados. Caminó hacia ti, no sin antes cerrar la puerta con el pie, y te tomó de la cintura, apegándote a él.
-¿Qué tal si lo hacemos más interesante? – Te susurró al oído, haciéndote temblar – Póker de prendas.
-OK, - respondiste apenas – si lo que quieres es quedar desnudo, está bien.
-Soy Inuyasha, por cierto – comentó mordiéndote el lóbulo de la oreja.
-Kagome. – susurraste tras superar el escalofrío que recorrió tu espalda.
Te condujo hasta un hermoso sofá de dos cuerpos, donde se sentaron y él repartió las cartas. Primera partida, él perdió, así que se quitó la camisa, pues se había quitado previamente el saco y la corbata. Y no pudiste evitar mirar su torso desnudo, con abdominales marcados, fuertes pectorales, brazos robustos y un bronceado matador. Pero cuando ya no podía ser más perturbador, desviaste la mirada a sus ojos, los cuales parecían divertidos tras tu breve escrutinio.
Te sonrojaste, pero él no comentó nada y repartió nuevamente las cartas. Agradeciste mentalmente que no lo hiciera. Siguieron jugando, aunque la segunda partida fue más larga que la primera, a ninguno de los dos les salía las cartas correctas, hasta que…
-Kagome, tendrás que quitarte tu lindo vestido – dijo con una sonrisa tan sexy que tuviste que controlarte de no saltar sobre él para besarlo.
-¿Q-qué? – balbuceaste antes de que él voltease su mano para mostrar su baraja y confirmar que había ganado. Suspiraste con frustración, poniéndote de pie para poder bajar el cierre de tu vestido.
Muy despacio comenzaste a bajarlo, tan lentamente que lograbas ver cómo lo torturabas con sólo mirarlo a los ojos. Inuyasha te recorrió con sus orbes dorados, mientras se mordía el labio tratando de controlarse, o tal vez imaginando que te saboreaba al momento en que lo hacía. Y cuando el cierre estuvo abajo, fue el turno del vestido completo de salir de tu cuerpo, el cual quitaste con la misma velocidad.
Pero fue cuando la bella prenda estuvo en el suelo, acompañando a la camisa del joven, cuando ambos mandaron toda la moral y los nervios al diablo y se lanzaron el uno al otro, para besarse con tanta pasión que podría haber derretido los polos. Te tomó de la cintura, apegándote a su cuerpo con desesperación, tratando así que se fundiera en ti. Sin parar de besarse, cayeron al sofá, quedando tú sentada sobre él, con las piernas a ambos lados de las suyas, permitiéndote sentir su excitación. Lo sentiste temblar cuando te frotaste contra él, por lo que repetiste tu movimiento.
Él recorrió tus piernas con las manos, tocó con suavidad tus muslos, erizándote la piel, causándote escalofríos. Dejó de besarte para continuar haciéndolo en tu cuello, lamiendo, mordiéndolo, dejándote marcas con las que no podrías volver a usar ese vestido que llevabas. Gemiste en su oído cuando mordió tu clavícula, alterándolo, por lo que subió sus manos por tu espalda para desabrochar tu sostén, y luego sacártelo.
Entrelazó tus piernas en sus caderas y se levantó, llevándote consigo hacia la gran cama que había en la habitación. Te tumbó ahí y se subió encima de ti, antes de volver a devorarte la boca. Recorrió tu cuerpo con las manos, las que se posaron finalmente sobre tus pechos, masajeándolos, provocando que olas de placer te invadieran. Te arqueaste hacia él, al momento en que abandonaba tus labios, para bajar con su boca por tu cuello nuevamente. Un camino de besos dejó antes de detenerse sobre tus senos y tomar uno de los pezones.
Y gemiste de placer cuando sentiste su tibia lengua sobre ti, llevándote a la misma gloria con eso. Lamió y mordió el pequeño botón mientras con su mano izquierda estimulaba el otro.
-Creí… que íbamos a jugar póker – bromeaste y pudiste notar en tu voz entrecortada cuan excitada estabas.
-Más tarde, cariño – rió él al momento en que mordía ligeramente tu pezón.
Pasaste tus manos por su espalda, sintiendo cada musculo bien formado, provocando en él un hormigueo en su piel. Se estremeció ante tus caricias, alegrándote por tener ese poder sobre él. Inuyasha tomó una de tus manos y la condujo hasta su bien marcado bulto en su entrepierna, y tembló de inmediato cuando acariciaste su masculinidad, aunque fuese por encima del pantalón, que aún seguía ahí.
Fue en su momento de vulnerabilidad cuando decidiste tomar el control de la situación. Lo empujaste para que él quedase bajo tuyo, ahora era tu turno de torturarlo con caricias pasionales. Sentada a horcajadas sobre su miembro, te frotaste sobre él, quien jadeó. Te tomó de las caderas y te movió con más energía, permitiéndote sentir cuan duro ya estaba.
Te inclinaste, un casto beso en los labios fue seguido por una serie de otros no tan inocentes que bajaron por todo su espléndido torso, el cual subía y bajaba con rapidez debido a su respiración agitada. Llegaste a su pantalón, donde podías apreciar cuan excitado estaba. Pasaste tus manos por encima, mientras lo escuchabas gemir ronco, y con esto, comenzaste a desabrochar el cinturón y luego el cierre. El pantalón quedó fuera, junto con su bóxer negro, tirado en alguna parte de la habitación, pero cuando volviste tu vista a la anatomía del chico, sentiste miedo de repente.
Él lo notó, por lo que tomó tu mano y te instó a masturbarlo. Y cuando ya no pudo más, te volvió a situar bajo él. Pasó sus manos por tu cuerpo hasta llegar a tus bragas, metiendo una de ellas bajo la prenda, para acariciar tu intimidad. Te removiste, presa de placer, al momento en que él introducía uno de sus dedos en ti, provocado que un grito saliera de tu garganta. Y con esto él empezó a moverlo dentro de ti, agregando otro dedo, mientras aumentaba la velocidad de sus embestidas.
-Ya… no puedo más – gemiste y lo escuchaste reír. Así que terminó de deshacerse de la ropa que te quedaba y en un solo movimiento, te penetró. Gritaste ante la sorprendente intromisión, aunque no te podías quejar de nada.
Comenzaron un vaivén de caderas, primero con una tortuosa lentitud, luego un poco más rápido. Embestidas duras y profundas que los hacían creer estar en el mismo cielo. Inuyasha se inclinó para besarte, con una de sus manos se apoyó en la cama para no aplastarte, mientras que con la otra masajeó uno de tus senos, aumentando el placer que sentías.
Luego de unos minutos, cambiaron de posición. Bueno, fue él quien te obligó a hacerlo. Te volteó, quedando arrodillada, y luego, con una mano en tu espalda, te forzó a apoyarte en las tuyas, quedando así sostenida en las cuatro extremidades. Te penetró por detrás, dándote cuenta de inmediato, que en esa posición entraba más profundo, sacándote más suspiros y gemidos, y provocando que él jadeara más fuerte.
Ardían, eran fuego dentro del fuego con sus pasionales movimientos. Él tomó tus pechos entre sus manos, los cuales se movían conforme ocurrían las embestidas, y pellizcó con suavidad tus pezones. Con su lengua recorrió tu columna, erizando tu piel, más de lo que ya estaba. Te arqueaste nuevamente, antes de que él súbitamente se alejara de ti, saliera de tu cuerpo.
-¿Qué ocurre? – le preguntaste cuando volteaste a verlo. Él se sentó en el borde de la cama y te miró con una sonrisa en el rostro.
-Ven aquí – te pidió en un tono más tierno, indicándote que te sentaras sobre él – quiero verte la cara cuando me corra en ti.
Te mordiste el labio ante tan osado parlamento, pero accediste de inmediato. Volviste a sentirlo cuando te sentaste sobre su miembro. Te tomó de las caderas para moverte con más frenesí, convirtiendo la danza de sus cuerpos en una droga que los volvía adictos al otro. Te mordió el labio inferior antes de apoyar su frente en la tuya.
-Voy a acabar – bramó besándote.
-Yo…también – confesaste.
Se estremecieron de pies a cabeza cuando el orgasmo los alcanzó. Gritaron el nombre del otro, antes de besarse con desesperación. Él se liberó dentro de ti y lo que sentiste en ese momento fue como si miles de estrellas se aparecieran frente a tus ojos. Todo te daba vueltas, pero se sentías tan llena, tan satisfecha.
Inuyasha cayó hacia atrás, para apoyar su espalda en el colchón, y te llevó consigo. Ambos se quedaron así un rato, hasta tranquilizarse completamente. Apoyaste tu cabeza en su pecho, escuchando como sus frenéticos latidos del corazón poco a poco se iban calmando.
-Entonces ¿quién ganó la tercera partida? – bromeaste cuando ya estabas más recuperada.
-Ambos – sonrió él – deberíamos jugar más seguido.
-Estoy de acuerdo contigo.
Ambos rieron, antes de besarse nuevamente con pasión y de volver a mover sus caderas, las que no se habían separado en ningún momento.
Hola a todos, bueno aquí volvemos con otro ardiente relato, jeje Ojala les haya gustado y bueno, por ahí se van al casino a jugar una partidita de Póker jajaja
Gracias por leer, dejen sus comentarios ^^ Besos
Himeko & Hitomi
