¿Sabéis una cosa? De todas mis primas, con la que siempre me he sentido más unida ha sido con mi prima Victoire. Ella representa todo lo que me gustaría llegar a ser como persona. Al igual que yo, es una Weasley exiliada. Fue asignada a la casa de Hufflepuff, con eso os lo digo todo en referencia a su personalidad.

Sé que muchos podéis pensar que a esa casa sólo van los inútiles, pero, desde mi propia experiencia, puedo objetar esa opinión tranquilamente tomando a mi prima como ejemplo.

Además, ella es la única –sin contar a mis padres, al abuelo Arthur y a Albus- que ha sabido ver lo diferente que hay dentro mí.

Siempre me ha dicho que a pesar de llevarnos distancia – ella es siete años mayor – conmigo siente que habla de igual a igual. Además de que siempre me ha consolado en mis momentos malos en los que sólo ella me llega a comprender.

Bueno, este no es el caso. El caso es que ella siempre me ha dicho que lo que hay que hacer es sacarse partido y que yo, si quisiera, podría hacerlo tranquilamente. Y con éxito.

Y eso mismo estoy haciendo mientras intento moldear ligeramente mis salvajes y alocados rizos, que día 1 de Septiembre, han decidido rebelarse.

Soy la única Wealey que gozo del beneficio de poder lucir un bonito bronceado después del verano. Y este año, gracias a mi propósito claro está, me he pasado días enteros cual sardina a la plancha.

Mi prima Victoire – única conocedora de mi plan- me ha ayudado con la ropa, cosa que le agradeceré siempre. Sí, señores, no volverán a ver a una Rose con ropa tres tallas más grande. Si hay un cuerpo bonito, tiene que lucirse- o de eso intenta mi prima convencerme.

Ya veo la estación desde el coche. Me tiemblan las piernas. Espero que alguno de los de tercero note mi presencia, porque si no, no me ha servido de nada todo lo trabajado.

El gracioso de mi hermano vuelve a decirme que con estos pantalones a poco más y se me ve el trasero.- Já. Me los escogió por eso Victoire lo más seguro.

Cojo mi carrito, mi madre traspasa la barrera primero, después va Hugo, yo y finalmente mi padre. La locomotora roja nos recibe un año más. El último año para mí. Una mezcla entre tristeza y nostalgia se apodera de mí, siento como mi madre me abraza, como la primera vez que pisé el andén, y una lágrima se le escapa de los ojos. Mi padre está igual y le abrazó también, soy casi tan alta como él. –Mi niña ya es toda una mujer -me dice. Me entran ganas de llorar, pero correría el riesgo de parecer un mapache.

Mi mejor amiga, compañera y ahora Premio Anual, Vivien, llega a mí lado. Me separo de mis padres con un último beso y me dispongo a subir mi equipaje y ocurre lo inesperado.

-Espera, que te ayudo. – Theodore Nott pretende ayudarme con mi equipaje- A las amigas de mi compañera de Torre se las debe tratar como se merecen. Más si han florecido como brillantes rosas durante el verano.

Me guiña un ojo. Vivien se ríe tontamente.

-Creo que alguien, me debe una explicación. Y con alguien me refiero a ti Rose Me-la-tiraría-hasta-yo-ahora-mismo Wealey. Estás guapísima. ¿Victoire me hizo caso?

-¿Lo supo gracias a ti? No caí en la cuenta.

-Lo sé. A veces no demuestras ser tan inteligente. ¡No haces honor a tu casa!

-Por eso es que la Premio Anual eres tú. ¿Con qué Nott es tú compañero, no?

-Sí – aquí Vivien se puso de un adorable color rojizo – Además me obliga a compartir compartimento con él para conocernos. Con sus amigos. Por eso es que tú vas a venir conmigo, Charlotte ya está allí. Vamos, nos esperan. Y además quiero ver sus caras en cuanto te vean. También debe estar Albus. Espero que no nos echen de Hogwarts por escándalo en el tren.

Ambas nos reímos recordando la anécdota que mi padre repetía una y otra vez sobre la importancia de no ser expulsado que mi madre sentía. Yo, decidí probar como el cambio por el que había pasado, hacía efecto en los demás.