Capitulo 2

Los días pasaban y con ellos el invierno llego, la aldea era cubierta por una capa de blanca y fría nieve. Estaba una chica con un lindo kimono en tonos rosados y rojos, la chica llevaba el cabello sujeto en una linda trenza que la hacía ver muy dulce y joven, ella estaba jugando con los niños de la aldea, a pesar de su ausencia y de no ser de allí, la mayoría de la aldea le había tomado mucho cariño a Kagome y ella igualmente les correspondía, en especial los niños, en su mayoría de tiempo ellos le pedían que jugaran juntos, en esta ocasión era Kagome quien buscaba a los demás, ya había encontrado a la mayoría de los niños solo faltaba Rin, ella era la mejor a la hora de jugar a las escondidas, Kagome la estaba buscando cerca a la casa de la anciana Kaede.

- ¿Dónde estará? –repetía una y otra vez mientras miraba entre algunos arbustos.

-¿Qué haces? – dijo Inuyasha saltando a su lado, tomando por sorpresa a la sacerdotisa, que dio un pequeño salto.

- Oh eres tu…-dijo dando un pequeño suspiro, sí que le gustaba hacer eso- Estoy jugando con los niños, pero…

- No encuentras a Rin –aseguró Inuyasha, pensando que tonto era ese juego no le veía la gracia, con facilidad él podría encontrarlos, pero ellos carecían de sus grandes habilidades obviamente.

- Siempre es ella – Kagome puso un gesto de frustración, Inuyasha suspiró resignado al final siempre le pedía ayuda.

-Ella está… -dijo Inuyasha respirando profundo para sentir el aroma de Rin, pero antes de que pudiera hacerlo Kagome puso sus manos sobre su nariz.

- ¡No! –Dijo ella frunciendo levemente el ceño- Sé que yo puedo… -dijo sonriéndole y dándole un tierno beso, al separarse vio el sonrojo de Inuyasha- Así que nos vemos en la aldea. –dijo mientras salía corriendo hacia el bosque.

- ¡Feh! Niña tonta… -murmuro Inuyasha, pero por si acaso olfateo el ambiente pero se dio cuenta que un demonio estaba cerca por lo que decidió perseguirla, solo por si algo pasaba, aun sentía inquietud por lo ocurrido semanas atrás y más con la advertencia de aquel monje tonto.

Flashback

El Monje Chojiro había acudido al llamado de Kagome, aun Inuyasha no entendía porque lo tenían que llamar a él, había algo en aquel tipo que no le gustaba y le disgustaba más el hecho de recordar que estuvo a solas con su Kagome por 3 meses pero en fin, su Kagome confiaba en él así que no le quedaba más que aguantarse mientras escuchaba atento sentado en el techo de la casa de Kaede.

-¿Dices que preguntaba por una estrella? – preguntó con curiosidad el viejo viendo a los ojos de Kagome que asintió.

- Así es… es más mi ESPOSO-dijo Kagome resaltando la última palabra para que el Monje no se atreviera a comentar sobre su relación, Inuyasha al igual que el monje lo notaron, pero en el rostro del hibrido fue inevitable que una sonrisa de satisfacción se dibujara- dijo que a mis pies se dibujó algo así… -dijo Kagome mostrándole un dibujo de la estrella previamente dibujado por ella para no malgastar tiempo, el Monje observó con suma concentración aquel símbolo intentando que su memoria le brindara algo sobre esta.

- Lo siento Kagome, no sé nada sobre esto… me temo que esto tiene una historia de demasiados siglos atrás… –dijo devolviéndole el papel observando a Kagome- Pero puedo decirte que has despertado un gran poder dentro de ti, sospecho que tendrás más alerta que nunca y entrenar demasiado…

- Maestro le agradezco pero ya se lo que va a decir, pero no puedo ni quiero irme de aquí…- dijo Kagome con una sencilla sonrisa que sorprendió al Monje- No estaría tranquila. –dijo confundiendo tanto al Monje como Inuyasha.

El Monje cerró los ojos meditando un poco y para luego abrir los ojos - ¿Tú arco? –dijo simplemente poniéndose en pie y dirigiéndose a la salida.

- Oe. Aquí esta –dijo tomándolo junto con el estuche en el que tenía las flechas y poniéndose de pie.

- Sal y tráelos… -dijo el Monje señalando ambas cosas y terminando de salir, Kagome se apresuró alcanzándolo, Inuyasha se pudo de pie observando con curiosidad lo que el Monje planeaba.

- Te enseñaré una técnica que muy pocos sacerdotes o sacerdotisas han podido manejar, pero confío en que lo podrás hacer… -dijo en tono serio el Monje deteniéndose y mirando de frente a Kagome que tuvo miedo de defraudarlo, pero solo asintió.

- ¿De qué se trata? –pregunto Kagome muy concentrada, Inuyasha continuó de pie en el techo observándolos y escuchando con atención.

- Aprenderás a materializar tu arco en cualquier lugar y circunstancia al igual que crearas flechas con tu energía…esto te dará una gran ventaja en las batallas. Dámelos… -dijo el Monje estirando sus manos, Kagome obedeció y observó como el Monje los dejó en el suelo y alrededor dibujó un círculo.- Ahora tómalos…

Kagome estiró su mano pero una fuerte descarga atravesó su cuerpo haciendo que callera de rodillas. - ¡Kagome! –gritó Inuyasha a punto de saltar pero ella se giró viéndolo con una débil sonrisa

- No te preocupes estoy bien, no vengas…

- Sí, claro –dijo simplemente y yendo a su lado pero se estrelló con un campo de energía… Inuyasha apenas se puso en pie miró con enfado al Monje que parecía tranquilo observando a Kagome -¡Monje tonto déjame ir con Kagome! –demandó apretando su mano en señal de amenaza.

- Me temo que no podré hacer eso… -dijo con indiferencia y sin siquiera mirarlo, en ese momento a Inuyasha le pareció hablar con Sesshomaru.

- ¿Cómo qué no? Quita este campo ahora mismo o ya verás… -dijo Inuyasha desenvainando a Colmillo de Acero para apuntarle.

- Aunque me mates no desaparecerá ya que yo no soy el que lo está creando… -dijo el Monje mirando como Kagome se ponía en pie y miraba a Inuyasha.

- Lo siento…-dijo con una sonrisa Kagome- Confía en mí, tengo que hacerlo sola… -dijo suavemente para que Inuyasha no lo tomará a mal, ella solo quería no ser una carga para él e Inuyasha pareció entenderlo por lo que guardó su espada y volvió a su lugar sin perder de vista a su esposa, que solo musitó un Gracias. Kagome se giró y vio su arco junto a sus flechas de forma pensativa.

- Estoy lista… -dijo Kagome al Monje.

- Tengo entendido que tu arco viene del Mausoleo del Monte Azusa…-Kagome asintió observando sus cosas y recordando que lo había obtenido para salvar la vida de Kikyo- Por ello este tiene un poder espiritual muy alto… debes sentir ese poder y fusionarlo contigo. – Kagome de nuevo asintió y se sentó en flor de loto cerrando sus ojos… empezó a concentrarse en el poder espiritual a su alrededor, reconocía claramente el del Monje Chojiro pero intentaba encontraba el del arco y las flechas pero no parecían existir, moderó sus respiración concentrándose aún más hasta que sintió algo, puso sus manos entrelazando sus dedos a excepción de los índices que los unió diciendo algunas palabras en voz baja, no sabía si eran las correctas pero por alguna razón brotaban de sus labios. Inuyasha observaba intrigado a Kagome, y se asombró al ver como el arco y las flechas parecían desaparecer y aparecer en las piernas de la sacerdotisa.

- ¡Lo logró! –dijo para si Inuyasha muy orgulloso, pero su cara cambió cuando todo volvió a la normalidad dentro el circulo que con anterioridad había dibujado el Monje, Kagome suspiró se había cansado demasiado rápido, pero volvió a intentarlo por lo menos unas 10 veces más pero siempre terminaba por cansarse, resignada se dejó caer en el suelo.

- ¡Qué difícil es! –gritó Kagome pensando que preferiría mil veces dos exámenes de matemáticas a esto, por otro lado el Monje e Inuyasha movían la cabeza en negación por la actitud un poco infantil de Kagome.

- Creo que te falta un poco de motivación-dijo el Monje lanzando un pergamino que logro pasar por el campo que Kagome aún mantenía, al impactar con el suelo todos vieron como del humo expulsado un gran ser se veía, era gigante y con grandes músculos, tenía unos grandes ojos rojos que junto a las garras en sus manos daban miedo.

- No de nuevo…-suspiro Kagome viéndolo y después al Monje, Inuyasha alcanzó a escuchar aquellos y quedó confundido, esta no era la primera vez que el Monje usaba ilusiones de monstruos para entrenar a Kagome, ella intentó de nuevo materializar el arco pero fue interrumpida cuando sintió a aquel monstruo tan cerca que tuvo que dar una voltereta hacia atrás evitando que con sus garras la golpeara. "Necesito mi arco y las flechas" pensaba Kagome mientras con diferentes acrobacias evadía los ataques del monstruo. Inuyasha observaba con asombro los movimientos de Kagome, después de todo si había aprendido cosas buenas con el Monje tonto, Kagome aprovechó que había una larga distancia entre ella y el monstruo para concentrarse pero demoró mucho y fue golpeada dando al suelo.

-¡Kagome! –gritó Inuyasha desenvainando de nuevo a Colmillo de Acero mientras se tornaba rojo, lanzó un ataque para romper el campo pero fue inútil. Kagome se levantó un poco mareada se había dado un gran golpe en la cabeza con su dedo dibujo la estrella en el suelo y se puso en la mitad con toda su concentración en segundos tuvo el arco y una flecha en sus manos.

- ¡A él! –gritó disparando su flecha y dándole en el pecho deshaciendo la ilusión en un gran resplandor, Kagome sonrió para sí misma.

-¿Kagome, estas bien? –dijo Inuyasha girándola para revisarla con la mirada.

- Si, solo me he golpeado en la cabeza pero no es nada –dijo Kagome sonriendo.

-Tonta –musitó abrazándola suavemente.

- Perdón por preocuparte… -susurro ella.

- Eso es lo que más dices últimamente. –dijo Inuyasha para verla a los ojos y ella solo se encogió de hombros con una pequeña sonrisa.

- Un gran poder te lo dije… -dijo el Monje rompiendo en romance del momento.

Kagome se giró haciendo una pequeña reverencia – Muchas gracias maestro –dijo Kagome mientras que el Monje solo asintió yendo a montar su caballo pero Kagome lo siguió- ¿No se quedará acá, Maestro?

- No, gracias me esperan en mi aldea. –Dijo subiendo a su caballo- Cuídate mucho mi Querida Kagome… -dijo el Monje con dulzura poniendo una mano sobre su cabeza. Inuyasha que observaba y escuchaba aquello gruño por lo bajo mientras en el Monje se alejaba en su caballo.

Fin Flashback

Inuyasha seguía corriendo en dirección a Kagome hasta que algo le impidió el paso, un pared invisible.

- Kagome…-susurró por lo bajo con molestia hasta que unos minutos después la barrera desapareció. Al llegar cerca de Kagome vio como ella estaba arrodillada frente a Rin.

- ¿Estas bien?- preguntó con ternura Kagome viendo a la niña, en eso Inuyasha vio el cadáver de un demonio atravesado por lo que debía ser 3 flechas de la joven.

- Si, si –dijo Rin sonriéndole a la sacerdotisa- Siempre me proteges como el Señor Sesshomaru –dijo la pequeña con nostalgia y abrazando inesperadamente a la chica- Gracias hermana.

- No fue nada –susurró Kagome correspondiendo el abrazo y recordando a su hermano Sota.

-¿Hermana? –dijo Inuyasha por fin acercándose.

- Es que desde hoy la Señorita Kagome será mi hermana- dijo Rin con una sonrisa viendo al mitad-demonio mientras Kagome se ponía en pie- ¿Quiere Señorita Kagome? – ahora viendo a la joven.

- Me encantaría – dijo Kagome tomando de la mano a Rin – Ahora volvamos a la aldea que por fin he ganado.

-¡Sí! –dijo Rin dando salticos y adelantándose.

- Vamos…-dijo Kagome enlazando su mano con la de Inuyasha que ya estaba empezando a agradarle esas muestras de cariño por parte de su esposa.

- ¿Estas bien? –preguntó Inuyasha cuando vio que Rin estaba un poco alejada de ellos.

- Si, no te preocupes –dijo la sacerdotisa sonriéndole para después fijar su mirada en el suelo- La nieve es más blanca que en mi época…-murmuro para sí misma por lo que Inuyasha no comentó nada. Tan pronto llegaron a la aldea Kagome corrió hasta un árbol haciendo oficial que había ganado por lo que los niños rieron mientras Inuyasha tenía una gotita en su cabeza. Pronto el frio se hizo más fuerte por lo que los niños se vieron obligados a entrar a sus casas.

- Disculpe, Señorita Kagome… -dijo uno de los niños de la aldea con voz tímida y un leve sonrojo en sus mejillas.

- Si, ¿Qué pasa? –dijo Kagome girándose para ver al pequeño.

- Bueno es que…-dijo el niño con la mirada en el suelo teniendo un debate interior hasta que se armó de valor – Esto es para usted Señorita Kagome –dijo veloz y extendiéndole una hermosa rosa roja, Kagome vio aquel gesto y se puso a su altura tomando con cuidado la rosa.

-Muchas gracias –dijo Kagome aun sonriéndole y el niño solo empezó a correr a su casa. Kagome se estiró observando aun la rosa.

- ¿Qué te dio? –preguntó Inuyasha curioso, Kagome se giró para mostrarle su obsequio pero en un descuido pinchó su dedo con una espina y una diminuta gota carmesí callo en el blanco manto que cubría el suelo, Kagome vio detenerse el tiempo y antes su ojos varias imágenes: una estrella dibujada en rojo carmesí, en sus manos una pequeña daga y su muñeca cortada.

- ¡Que cosa tan tonta! –bufo Inuyasha mirando a un lado.

- ¿Eh? –Dijo Kagome un poco confundida viendo su muñeca que lucía exactamente igual que siempre y calló en cuenta de lo dicho por el hanyou – No es tonto, es algo muy tierno- dijo de nuevo sonriendo y viendo distraída el puntito de sangre en su dedo.

- Mira lo que hace tu tierno regalo…- le reprocho el medio-demonio mientras con una tirita del kimono cubría la herida de Kagome.

- Auch –dijo la sacerdotisa con una pequeña mueca, ambos se dirigieron a casa de Sango y Miroku, que se encontraba jugando con las gemelas mientras la exterminadora dormía a Ichiro.

- ¿La anciana Kaede se fue a visitar a Jinenji? – Dijo Kagome frustrada y cruzada de brazos – Me hubiera gustado ir con ella…

- Ni lo pienses –dijo Inuyasha cruzado de brazos al lado de Kagome, la joven lo fulminó con la mirada dejándolo frio.

- Veo porque no te lo había comentado Kagome –murmuró Sango aun intentando dormir a su pequeño – Pero no te preocupes que fue en compañía de Shippo.

- Feh, gran compañía…-comentó Inuyasha en tono de burla.

- Inuyasha… - dijo Kagome en tono calmado enarcando una ceja.

- ¿Qué?

- Abajo – terminó de decir la joven dejando al ojidorado de cara en el suelo, pero entonces Ichiro se asustó y empezó a llorar.

- Ups…lo siento – dijo Kagome apenada.

- Ves lo que haces- le reprochó el hanyou sentándose de nuevo.

- Cállate – dijo Kagome al tiempo que lo volvía a fulminar con la mirada, haciéndole pasar un escalofrió por toda la espalda - ¿Puedo? –dijo Kagome extendiendo los brazos hacia Sango.

- Sí, claro –dijo Sango pasándole con cuidado a Ichiro que lloraba a mares. Kagome lo acomodo con muchísimo cuidado en sus brazos.

- Shhh… ya bebe, ya – decía Kagome mientras lo mecía en su brazos, poco a poco el llanto se fue apagando para tranquilidad de todos.

- Vaya Señorita Kagome, será usted una gran madre – dijo Miroku sonriendo al ver la escena.

-¿Lo cree Monje Miroku? Gracias –sonrió Kagome viendo al pequeño durmiente, sin recordar que a su lado estaba Inuyasha que después de lo comentado por el monje la miraba pensativo, una familia con su Kagome, claro que lo quería pero nunca había pensado en ese tema como algo presente. Ni siquiera la había tocado de esa manera por temor a lastimarla y además que la situación no se había dado, sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Miroku se acercó sospechosamente.

Haber para cuando nos dan la sorpresa. –dijo mientras le daba pequeños codazos a Inuyasha encargándose de que todos escucharan. Inuyasha se puso rojo hasta el tope mientras le daba un gran golpe en la cabeza al monje, por su parte las chicas rieron. Kagome miró al pequeño en sus brazos y por unos instantes se imaginó a un peli plateado con ojos chocolate o tal vez una azabache con ojos miel, y fue hermoso, pero para que aquello sucediera antes algo más debía pasar por lo que Kagome se sonrojo súbitamente, algo que fue evidente al ojo de Sango que rió disimuladamente.

- ¿Oye Kagome no te gustaría ir a las aguas termales? – preguntó Sango mientras todo un plan se maquinaba en su mente.

- ¿Eh? ¿Con este frio? – dijo un tanto confundida al recordar las heladas que hacían en esos días.

- No importa, conozco un lugar cerca y allí no nos dará frio – dijo con una sonrisa.

- ¡Si aguas termales! – dijo el Monje Miroku abrazando por detrás a Sango que le dio un codazo en el estómago dejándolo sin aire.

- Tu no iras, tú e Inuyasha se quedaran con los niños.

- ¿Qué te hace pensar que yo haré eso? –dijo Inuyasha un tanto indignado porque lo creyeran niñera.

- Porque por tu culpa no fui con Kaede –sentenció Kagome que se puso en pie tan pronto captó que su amiga Sango quería hablar con ella. – Y no puedes decir más… -amenazo Kagome dejando a Inuyasha en silencio, viendo esto ambas chicas salieron de casa y se dirigieron a las aguas termales.

Ya ambas relajadas disfrutaban en una cueva donde el calor de un volcán cercano elevaba la temperatura del agua que allí se filtraba, estar allí era un clima totalmente al del exterior lo que agradeció Kagome que se empezaba a preocupar de no sobrevivir a aquel invierno.

- Muchas gracias Sango, este lugar es maravilloso –dijo Kagome sonriendo y viendo a su amiga.

- No es nada Kagome –le sonrió devuelta Sango.- Oye Kagome hay algo que quiero preguntarte.

- ¿Qué es? –dijo la sacerdotisa recordando que todo aquello tenía un motivo.

- Bueno, no te vayas a molestar… -dijo Sango un poco nerviosa- Pero… tu e Inuyasha han… -Sango no pudo terminar la oración ya que por el sonrojo de Kagome notó que ya había entendido, la joven de ojos chocolates se mordió el labio con nerviosismo mientras negaba repetidas veces con la cabeza. – No te avergüences por eso Kagome, es algo normal y más si son esposos –le dijo Sango para que se animara, Kagome solo le pudo sonreír tímidamente. - ¿Pero dime porque no ha pasado? –dijo con curiosidad Sango haciendo que una risita nerviosa escapará de los labios de Kagome.

- Bueno es que como dure unas pocas semanas con el antes de irme a mi entrenamiento, además nunca nos quedamos solos… y no se ha dado la situación –dijo Kagome analizándolo olvidando la presencia de Sango.

- Oh bueno eso es otra cosa, pensé que era porque no querían –dijo Sango de sopetón haciendo que Kagome se sonrojara demasiado y se levantara en busca de su ropa.

- Amm creo que será mejor volver, pronto anochecerá y… y mejor vámonos –dijo con nerviosismo Kagome saliendo del agua provocando que Sango riera.

- No aun no nos vayamos Kagome… -dijo Sango viéndola- No vuelvo a hablar de ese si quieres –dijo la exterminadora con una sonrisa. Kagome aceptó sintiéndose un poco más tranquila y disfrutando del resto de la tarde junto a Sango. Luego ambas volvieron a casa de Sango donde preparaban una rica cena. Inuyasha y Miroku se encontraban afuera recogiendo leña cuando empezó a oscurecer.

- Has estado tan pendiente de la seguridad de la Señorita Kagome que has olvidado que día es hoy. –Dijo Miroku viendo a Inuyasha que notó de que hablaba al ver que ya no tenía sus garras- Al menos tiene sus ventajas mi querido amigo Inuyasha –dijo Miroku quien seguía a Inuyasha que llevaba la leña a la casa.

- ¿De qué hablas? –dijo el hanyou sin comprender, pero sabiendo que no le iba gustar la respuesta.

- Pues que la anciana Kaede no vendrá esta noche y Rin quiere quedarse en nuestra casa, así que la Señorita Kagome y tú estarán completamente solos… -dijo Miroku en un tono pervertido haciendo que Inuyasha sintiera una venita palpitar en su frente, en un acto reflejo tomó un pequeño tronco y lo lanzó dándole un gran golpe en la cabeza. Ambos entraron de nuevo a la cabaña uno sobando el pequeño chichón en su cabeza y el otro con el ceño fruncido, dejaron la leña en la fogata Inuyasha se sentó cerca del fuego viéndolo, Kagome se giró entonces viendo el aspecto de Inuyasha.

- Lo había olvidado por completo… -dijo viendo a Inuyasha y recordando que hace más de tres años no lo veía en su forma humana.

- Feh, no importa. –dijo Inuyasha cruzándose de brazos y girando su rostro al lado opuesto de Kagome, la miko sonrió y siguió ayudando a Sango con la cena, al terminarla todos disfrutaban de una rica comida en grupo, las gemelas miraban extrañadas a Inuyasha por la falta de sus orejitas lo que provocaba el enfado del hanyou que se controlaba lo que más podía.

Al terminar la cena Kagome e Inuyasha se despidieron ya que empezaba a enfriarse más la noche por lo que querían llegar rápido a la casada de Kaede para prender una fogata y que no sintieran tanto frio. Ambos caminaron en silencio, pero un silencio incomodo, tan pronto como llegaron Inuyasha buscó algo de leña alrededor y aunque Kagome quiso ayudarlo su testarudo esposo se negó. Kagome encendió un pequeño fuego mientras Inuyasha traía la leña, ida en sus pensamientos la chica iba recordando la imagen que había visto cuando había pinchado su dedo, entonces fijó su vista en la argolla dorada, era tan sencilla pero a la vez hermosa, esta se la había dado Inuyasha en señal de su amor o así lo quería entender Kagome, el hanyou se la había dado antes de que se fuera a su entrenamiento haciéndola prometer que volvería a su lado, la joven sonrió ante el recuerdo sin darse cuenta de que Inuyasha estaba entrando y al verla se sorprendió de cuan hermosa se veía esa noche bajo la luz de la pequeña fogata, ahora llevaba su cabello suelto un poco más largo de lo que recordaba, sus grandes ojos chocolate brillaban de un forma hermosa, Kagome notó entonces que la observaban y miró a Inuyasha.

-¿Sucede algo Inuyasha? –dijo con dulzura viendo a los ojos de su amado hanyou.

- Amm...n…no, nada –dijo Inuyasha nervioso dejando la leña que había recogido, Kagome rio muy bajo aprovechando que no la escucharía, duraron un rato sentados viendo el fuego hasta que la chica empezó a bostezar haciendo que el medio demonio le pidiera que se durmiera pero ella se negaba a dejarlo solo en esa noche, hasta que después de tanto discutirlo accedió quedando profundamente dormida en minutos, Inuyasha se recostó en la pared muy cerca de Kagome observándola dormir, la chica estaba acurrucada buscando calor en aquella noche fría así que con mucho cuidado Inuyasha se quitó su Haori y lo puso sobre su cuerpo en un intento por que se calentara un poco más, aunque tenía que admitir que empezaba a sentir también el frio, se imaginó cuan cálido debía ser el dormir junto a la miko rodearla con sus brazos y… "Pero qué diablos estoy pensando, estar tanto tiempo con Miroku ya me está afectando" se dijo mentalmente el hanyou mientras intentaba sacarse aquellas absurdas ideas, según él, de su cabeza volviendo a su lugar y mirando únicamente a la fogata. Mientras la joven sacerdotisa se movía inquieta mientras dormía lo que llamó la atención de Inuyasha preguntándose que estaría soñando, y la respuesta era algo que no le gustaría.

En esos momentos en los sueños de Kagome, la miko corría sin parar en una infinita y escalofriante oscuridad que le hacía temer y le era familiar, Kagome se detuvo unos momentos mientras recuperaba el aliento, sentía como si llevara años corriendo allí, en esos momentos se percató que llevaba el uniforme que solía usar en su aventura por la busca de los fragmentos de las Shikon No Tama antes de que el pozo se cerrara durante tres años, esto la sorprendió un poco y de repente la chica empezó a flotar en dirección a una luminosa luz, al reconocer de dónde provenía sus ojos se abrieron con sorpresa y horror.

- No puede ser…

- ¿Creíste que escaparías tan fácilmente de tu destino, sacerdotisa? –dijo una voz proveniente de la Shikon No Tama que era atravesada por una flecha de la Miko.

- Pero… pero yo pedí el deseo correcto –titubeo Kagome con miedo.

- Siento decirte que no es tan fácil, solo he jugado un poco con esa mentecilla patética tuya, haciéndote creer que ya todo estaba bien.

- No, no eso no es verdad… Yo acabé contigo y volví junto a…

- ¿Inuyasha? –Dijo despectivamente aquella voz a la vez que reía de forma escalofriante- Ese tonto Hanyou ha quedado atrapado en el Meido, y pasará al igual que tú el resto de sus días allí.

Kagome cubrió su rostro con sus manos llorando en silencio, sentía su corazón aprisionado pensando que nada de lo que había vivido junto a su amado Inuyasha había sido real y que por su culpa había quedado aprisionado, pero algo en su interior le dio valor convenciéndola de que nada era real – No, no te creo. Inuyasha y yo estamos juntos. – al alzar la vista la Shikon No Tama ya no se encontraba allí en su lugar su estrella se dibujaba de un extraño rojo carmesí.

- ¡Kagome! – dijo la voz que tanto añoraba escuchar.

- ¡Inuyasha! – Dijo Kagome llorando de felicidad, y abrazándolo- Estas aquí conmigo…-dijo la miko en su pecho.

- Shhh… -dijo Inuyasha apretándola más contra su cuerpo haciéndole difícil el respirar.

- Inuyasha… me lastimas –dijo en un susurro Kagome, el Hanyou se acercó peligrosamente a su oído lo que hizo estremecer el cuerpo de la chica.

- Dame la estrella… -susurró por lo bajo mientras iba introduciendo sus garras en las espalda de Kagome haciéndola gritar del dolor.

- Inuyasha… ¿Por qué? –dijo sin alientos Kagome cayendo y viendo antes sus ojos como su amado sostenía su frágil corazón en la mano con una sonrisa arrogante.

-¡NOOOO! – gritó Kagome con toda sus fuerzas y quedando sentada en el futón, al gritar las llamas del fuego se extendieron hasta el techo tomando por sorpresa a Inuyasha luego estas volvieron a tomar su forma natural y nada peligrosa, Inuyasha entonces se percató de la postura de Kagome que se encontraba con su frente en sus rodillas mientras que su rostro era oculto en su manos y esta lloraba incontrolablemente.

- ¿Kagome? – susurro Inuyasha mientras se acercaba lentamente… se sentía tan mal de verla así.

- Inu… Inuyasha –dijo ella mientras levantaba el rostro, al ver como su rostro era empapado en lágrimas el chico hizo una pequeña mueca mientras se ponía de rodillas frente a ella.

- ¿Kagome, que sucede? –dijo el impaciente por saber cómo tranquilizarla y ver una de sus lindas sonrisas de nuevo.

- Inuyasha –simplemente dijo ella levantándose para abrazarlo y ocultar su rostro en el cuello del hanyou que se sorprendió y solo atinó a abrazarla fuertemente por instinto, la chica sollozo un rato más allí sin decir palabra alguna…

- Calma, solo ha sido un pesadilla… -dijo únicamente Inuyasha acariciando suavemente su espalda, la chica pareció tranquilizarse porque quedaron en un total silencio… Kagome se separó observando el rostro del hanyou temblando acerco un poco sus manos sosteniéndolo con delicadeza.

- Si eres tú, tu si eres mi Inuyasha… -dijo Kagome con una diminuta sonrisa dejando confundido a Inuyasha que no dijo nada solo se quedó mirando aquellos orbes chocolate que tanto amaba.

La chica se acercó besándolo por sorpresa, pero no era un beso como los que siempre le daba al hanyou, esta vez estaba cargado de pasión y angustia, necesitaba sentirlo consigo y saber que todo lo vivido era real, Inuyasha aún no entendía a Kagome pero eso no le impidió disfrutar de aquel beso, así continuaron en una danza de lenguas que hacia estallar miles de sensaciones en ambos hasta que el aire de su pulmones se agotó obligándolos a separarse ambos con sus respiraciones agitadas observándose en silencio, ambas miradas igual de deseosas e impacientes por lo que sabían que vendría, Kagome bajó lentamente una de sus manos que se encontraba en el rostro de Inuyasha hasta su pecho cubierto por la blanca tela acariciándola lentamente sintiendo a través de este los fuerte latidos del corazón del medio demonio, se alegró porque su corazón y el de Inuyasha latían al mismo tiempo, Inuyasha no resistió más sentirla lejos de si así que tomó su rostro acercándola y besándola con intensidad, la chica estaba más que alegre y con torpeza intentaba deshacerse de aquella tela que le impedía sentir la cálida piel de su hanyou, él al notarlo la ayudo dejando a la vista su pecho desnudo, la chica lo recorrió con los dedos quedando maravilladas ante los músculos de este, Kagome con timidez soltó su kimono dejando asombrado a Inuyasha ante la belleza de esta, ambos lo sabían era el momento que habían temido pero ahora nada parecía existir nada además de ellos, y el miedo era un simple recuerdo que no valía la pena. La noche les pareció eterna entre besos y caricias que los alegraban más que nunca al sentirse solo uno, un cuerpo, un corazón, eran uno y eso les bastaba.

Inuyasha se acostó a su lado tapando sus cuerpos con la cobija, hubiera deseado no tener que salir de ella pero su inútil cuerpo humano se sentía agotado pero tenía que ser consciente de que ella también lo era, la cabaña era total silencio, solo el sonido de sus respiraciones, Inuyasha se encontraba viendo hacia el techo no sabía que se suponía debía decir pero Kagome se giró hacia el poniendo su mano en su pecho y con uno de sus dedos dibujaba pequeños círculos.

- Creo que pudimos haber esperado un poco… -susurró Kagome tomando por sorpresa a Inuyasha que se tensó un poco y se apoyó en su brazo para girarse viendo a la azabache.

- ¿Acaso te arrepientes? –dijo con miedo el hanyou sin perder de vista los ojos de su amada.

- No, claro que no. Nunca lo haría… -dijo la azabache con una gran sonrisa- Solo que bueno esta no es nuestra casa… -hizo una pequeña mueca- Por eso digo que pudimos haber esperado.

Inuyasha se acercó y le dio un pequeño beso – Te prometo que pronto tendremos nuestro propio hogar… -dijo en un susurro para dejarse caer de lado viendo a la azabache- Ahora solo duerme... –dijo Inuyasha cerrando los ojos y abrazándola para sentirla junto a sí, Kagome sonrió ante esto y lo imito cerrando sus ojos, sintiéndose más protegida que nunca.

Kagome estaba soñando mucho mejor hasta que sintió que la movían un poco, abrió de a poco sus ojos y los restregó con sus manos para mejorar su visión de la mañana.

- Kagome… -dijo Inuyasha en un susurro tocando su hombro.

- Si…-dijo la miko girándose dando un pequeño bostezo, observo como Inuyasha ya estaba de nuevo vestido recordando lo que había pasado entre ambos y no pudo evitar sonreír en su interior.- ¿Qué pasa?

- Debo irme…-dijo Inuyasha viéndola y poniendo una mano en su mejilla. Kagome sintió una presión en su pecho, de repente el miedo invadió su rostro.

- ¿Es necesario? –pregunto Kagome sentándose y tomando la mano de Inuyasha.

- Debo terminar algo… pero regresaré lo más pronto que pueda. Lo prometo. –dijo Inuyasha al ver el temor en el rostro de Kagome, ella asintió muy poca convencida porque su corazón le decía que algo no iba bien. Inuyasha salió unos minutos para ver que todo estuviera bien a su alrededor, Kagome aprovecho ese momento para vestirse y luego volvió a costarse viendo hacia la entrada esperando la vuelta de Inuyasha, pero poco a poco el sueño la hizo cerrar sus ojos, y como no estar cansada si calculaba que solo había dormido unas 2 horas porque el resto de la noche estuvo muy ocupada con su esposo y no se arrepentía ni un segundo, se despertó de nuevo cuando sintió unos labios en su mejilla, abrió sus ojos y se encontró con unos hermosos ojos ámbar que la observaban.

- Ahora si debo irme… -susurro muy cerca de sus labios, Kagome asintió e Inuyasha se disponía a ir pero la miko se lo impidió atrayendo con ayuda de sus manos su rostro, dándole un apasionado y amoroso beso al medio-demonio que sonrió cuando iba saliendo de la casa de Kaede.

- Vuelve por favor Inuyasha… -susurro la joven sacerdotisa quedando de nuevo dormida.

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Hola a todos perdonen la tardanza este es un capitulo bien larguito y lleno de muchas cositas *o*, pero es que la musa de la inspiración me abandona prometo intentar actualizar más rápido tanto este fic como "Buscando mi estrella" para los que siguen ambas.

Espero me tengan mucha paciencia -.-, soy mala terminando mis proyectos. Besitos desde Colombia MUAKKK