Habían pasado casi cuatro meses desde la última vez que se vieron, Miyako pensaba cada día en Ichijouji Ken. Recordaba con mucho cariño los pocos momentos de cada noche que pasaban juntos y se sorprendía deseando que hubiera más, a veces se arrepentía de su decisión y se reprendía por no haberse quedado un poco más en la tienda pasando noches junto a él. Para Ken aquel sentimiento no era desconocido, aunque sí nuevo. Pocas veces había pensado tanto en una persona que no fuera… Muy pocas, y nunca alguien ajeno a la familia. Le sorprendía la calidez que experimentaba cada vez que pensaba en la sonrisa abierta de Miyako o en sus palabras de apoyo, que nunca faltaban. La echaba de menos. Se echaban de menos.
Era un día como otro cualquiera de aquel verano, caluroso y húmedo. Casi no se podía respirar. Era casi media noche cuando Miyako decidió que era hora de dejar el proyecto que la mantenía pegada a la pantalla e ir a por algo de comer. Caminó varias manzanas hasta encontrar un local de comida rápida que aún estuviera abierto, después de hacer su pedido se dio cuenta de que no era la única que había trasnochado aquel día. A su derecha había un hombre más alto que ella, la piel blanca y el pelo corto y azulado.
- ¿Ichijouji-san? – el hombre se dio por aludido y se giró.
- ¡Inue-san! – parecía verdaderamente contento de verla.
- Casi no te reconozco con el nuevo corte de pelo, ¿Cómo estás?
- Muy ocupado con el nuevo trabajo, estoy aprendiendo mucho. ¿Y tu empresa?
- ¡Viento en popa! Tengo varios clientes. Y pagan bien. – lo último hizo reír al joven. Se vieron interrumpidos por la llegada de sus pedidos y se quedaron mirándose unos segundos sin saber qué hacer.
- Oye, ¿Tienes algún día libre? – Fue Miyako quien decidió lanzarse a la piscina.
- Los jueves.
- ¿Te apetece quedar el próximo jueves en aquella pizzería que hay junto a la tienda de mi familia? Hace mucho que no voy y podemos ponernos al día – A Ken le pareció muy tierna la inseguridad en Miyako.
- Me encantaría – Miyako pensó lo mismo del sonrojo de Ken.
- Perfecto, nos vemos allí a las 12.30. No llegues tarde. – Sabía que lo último era innecesario, Ken era la persona más puntual que conocía.
- Allí estaré.
Se despidieron con una sonrisa en el rostro, llenos de una promesa que pensaban que nunca llegaría.
Ken estaba más animado que de costumbre, todos en el trabajo lo notaron. No fue difícil cuando ves a alguien sonreír después de cuatro meses. Algunos más atrevidos hicieron apuestas sobre qué es lo que había puesto de tan buen humos a su compañero y, por supuesto, ganó el que apostó por una mujer. Ken no era un compañero desagradable y huraño, de hecho era muy amable y considerado, pero era poco hablador y trabajaba demasiado. Los perros viejos de la comisaría hablaban con cierta tristeza del nuevo inspector, era muy bueno en su trabajo pero apenas salía de la comisaría y todos sabían que aquello no era sano.
Ken estaba nervioso, quizá demasiado. Nunca había estado tan nervioso. No lo gustaba reconocerlo pero nunca había tenido una cita, no tenía ni idea de cómo comportarse o qué decir. Estuvo tentado de llamar a casa y preguntar a sus padres pero le parecía demasiado ridículo que sus padres tuvieran que darle esos consejos con 23 años. Después de remover su armario se decidió por unos pantalones formales y un polo, descartó la idea del traje de chaqueta con ciertas dudas. Cuando llegó al establecimiento las cosas no mejoraron del todo, nunca había pasado tanto tiempo a solas con Miyako, ni con ninguna otra chica. No sabía qué hacer o qué decir. Con lo que no contaba Ken era con las excelentes habilidades sociales de su amiga.
- Buenos días, Ichijouji-san. Te sienta muy bien la ropa de calle.
- Muchas gracias, Inue-san.
- Sabes que puedes llamarme por mi nombre. – Miyako supo entender las mejillas sonrosadas y la mirada gacha de Ken "lo sé, pero no soy capaz de hacerlo".
No lo presionó más y se lanzó feliz a elegir el menú del día, Ken comenzó a relajarse al notar como Miyako llevaba el peso de la conversación y no parecía estar aburriéndose. Cuando ya estuvieron los platos ordenados y las bebidas en la mesa Ken decidió hacer un esfuerzo.
- ¿Cómo llevas vivir sola? – Estuvo toda la noche pensando en qué preguntar y sólo consiguió pensar esa.
- La mayoría del tiempo me la paso trabajando así que ni siquiera me entero de que vivo sola. Lo peor es la cocina, digamos que mis aptitudes culinarias no son las mejores y la mayoría del tiempo como ramen o como fuera. No es que lleve una dieta muy equilibrada. Muchas veces vienen mis amigos y hacemos pequeñas fiestas, es muy divertido. ¿Tú vives sólo?
- Sí, en un pequeño apartamento cerca de la comisaría, me mudé cuando me ascendieron.
- Seguro que eres de los que cocina bien – El sonrojo del chico se lo confirmó y Miyako no pudo evitar reírse. - ¿Hay algo que se te dé mal?
- Muchas cosas.
- Seguro que no.
Comenzó así una amena charla que se pausó cuando los platos llegaron, una ensalada toscana y una pizza cuatro estaciones. Ken había perdido brevemente el hilo de la conversación cuando luchaba con un trozo deshilachado de queso que se negaba a entrar en su boca.
- … Por eso no pienso aceptar más citas a ciegas.
- ¿Citas? ¿No tienes novio, Inue-san?
- ¿Novio? Qué va… Nunca he tenido, a decir verdad – Se sintió un poco estúpido, el no era capaz de aceptar esas cosas con tanta naturalidad, sintió aún más respeto por aquella mujer.
- Pensé que salías con Koushiro-senpai. – Era cierto que Miyako mentaba mucho a su amigo.
- ¡Qué va! Koushiro-san es un buen amigo y un socio de negocios, él está comprometido con Mimi-san desde hace unos meses.
- Tienes muchos amigos – Ken nunca tuvo un grupo de amigos, sentía cierta tristeza y curiosidad. – Háblame de ellos.
- ¿Estás seguro? No quiero aburrirte.
- No lo harás – la viva curiosidad que vio en los ojos de Ken la decidió.
- Bien, por donde empiezo… Sí, por ella. Hikari-chan es mi mejor amiga, nos conocemos desde la primaria, ella es un año menor. Nuestros clubes se reunían a la misma hora y en salones contiguos, a veces hasta compartíamos la misma clase y pronto nos hicimos muy buenas amigas. Es una chica muy entregada, siempre dispuesta a ayudar a los demás, pero tiene mucho carácter.
Takeru-kun es el novio de Hikari, se conocen desde que tenían ocho años y cualquiera que los conozca sabe que están hechos el uno para el otro, son como un solo ser. Takeru es muy abierto y divertido, tiene una imaginación desbordante y se dedica a escribir. Es muy buen amigo.
Iori-kun (o como lo llamamos en mi familia Ii-chan) ha vivido al lado mía desde siempre. Su padre era policía y murió en acto de servicio cuando era muy pequeño así que vivía con su madre y con su abuelo. – Ken sintió empatía por aquel chico, había escuchado historias de policías muertos en acto de servicio y sabía cuánto costaba superar una muerte – Es el más joven del grupo y aún está en la universidad, estudia derecho. Como era hijo único siempre estaba en mi casa, es un hermano más para nosotros. Es muy serio y reservado pero cuando está en su círculo de confianza saca su sentido del humor.
Veamos… Jou-senpai es el mayor del grupo y es médico por lo que no le vemos mucho. Es muy responsable pero algo torpe, es casi un padre para todos. Sabe qué decir en casi todas las situaciones.
Sora-san es trabajadora social. Es muy maternal y siempre nos ayuda cuando tenemos algún problema. Es muy altruista y no acepta que nadie le diga que puede o qué no puede hacer, es toda una luchadora.
Taichi-san es el novio de Sora-san y el hermano de Hikari-chan, trabaja como fisioterapeuta en un equipo de fútbol. Es un hombre muy inquieto, por eso le gusta tanto hacer deporte. Es un líder natural y parece que no le tiene miedo a nada. Es un gran hombre aunque a veces haga algunas locuras.
Yamato-san es de quien menos puedo hablarte, es muy distante aunque se muestra más abierto con Taichi-san y Sora-san, son sus mejores amigos. Trabaja en una discográfica componiendo canciones, pudo ser famoso pero no estaba muy a gusto siendo el centro de atención. A pesar de todo es un buen amigo y muy protector con su hermano Takeru.
Ya te he hablado de Mimi-san y Koushiro-san, en un principio todos nos sorprendimos, no son dos personas que en un principio creyeras que van a estar juntos pero pronto nos dimos cuenta de que está hechos el uno para el otro. Ella es muy extrovertida, le encanta hacer fiestas y no soporta estar mucho tiempo sin hacer nada. Tiene una empresa de pastelería y no hay semana en la que no nos regale a todos algún dulce o nos invite a algún plan juntos. A pesar de venir de padres acomodados no es una niña mimada, de hecho no piensa casarse hasta que su empresa no tenga éxito para que nadie piense que se casa para ser una mantenida. Ya te he contado muchas cosas de Koushiro-san, es un genio de la informática y tiene varias empresas desde los 16 años que le han dado suficientes ganancias como para no trabajar más, pero eso a él le da igual, le apasiona la informática y cuando trabaja en algo se olvida de todo. Es Mimi-san la única que consigue que salga y haga vida social. Son muy graciosos juntos.
Por último está Daisuke-kun – Ken notó el cambio de actitud de la chica, había pasado de la adoración al asesinato, se echó hacia atrás en la silla instintivamente- Es un cabezota, bocazas y maleducado… -consiguió calmarse- No quiero que me malinterpretes, es uno de mis mejores amigos, es un chico trabajador a pesar de no ser muy inteligente. Siempre intenta ayudar… A su manera, aunque es un poco manazas y desconsiderado… El otro día no me iba bien el ordenador y decidió que la solución era darle un golpe y le partió la pantalla por error. Es un buen cocinero para lo manazas que es y trabaja en un restaurante tradicional.
- ¿Os conocisteis en el colegio? – A Ken le impresionaba como gente tan diferente podía tener una amistad tan sólida.
- Todos nos conocíamos de una manera u otra, coincidimos todos en un campamento que organizaba el distrito, nunca olvidaremos aquel 1 de Agosto. Fue muy divertido. Tenemos más afinidad con unos o con otros pero al final somos todos amigos. Deberías venir un día y conocerlos.
- No creo que sea buena idea. – Miyako no estaba de acuerdo pero decidió no presionar, sabía lo tímido que podía llegar a ser Ken.
Aquellas citas comenzaron a ser un ritual, quedaban todos los jueves, a veces a comer, otras a cenar, o a cualquier actividad que a Miyako le apeteciera (Ken se negaba a decidir alegando que cualquier cosa le parecía bien). Poco a poco Ken fue sintiéndose más seguro junto a Miyako, esta se alegró al ver como la actitud de Ken se relajaba y era él quien empezaba las conversaciones a veces. Aún le costaba hablar de sí mismo pero todo sería cuestión de tiempo. Ese momento llegó una noche que Miyako había decidido trasladar la cena a su apartamento, había trabajado mucho los días anteriores y le apetecía algo más relajado.
Había traído comida del restaurante de Daisuke y tenían un pequeño pastel hecho por Mimi para el postre (Mimi había decidido hacerlo con forma de corazón). Comieron relajados, hablando de cómo les había ido la semana y después de comer se trasladaron al sofá a degustar el postre. Ken se quedó mirando una foto de un bebé que se parecía ligeramente a Miyako, ella lo vio y se acercó a cogerla.
- Es la hija de mi hermano Mantaro, mi primera sobrina.
- Es muy pequeña – es lo único que se e ocurrió decir.
- Sí, nació hace una semana. – Miyako decidió probar suerte.
- Nunca me has hablado de tu familia, ¿Os lleváis mal?
- No, yo diría que tenemos una relación normal.
- ¿En qué trabajan tus padres? ¿Cómo son?
- Mi padre trabaja como funcionario y mi madre en una residencia de ancianos. Son bastante normales, diría yo.
- ¿No tienes hermanos? –Ahí estaba, la tristeza pura y lacerante.
- No.
Miyako notó que algo no iba bien, no sabía si seguir preguntando o fingir que estaba cansada para que Ken pudiera irse, era demasiado educado como para irse de repente. Ken por su parte no sabía qué hacer, Miyako había sido siempre muy abierta con él, le había contado sus problemas e inseguridades. Pero nunca se lo había contado a nadie, ¿Estaría preparado? Decidió probar, Miyako lo merecía.
- Tuve un hermano. Murió. – Miyako se sorprendió al escucharlo hablar, no esperaba que se abriera ante ella y ahí estaba.
- ¿Cómo se llamaba?
- Osamu. Era 5 años mayor que yo, era un genio. Desde muy pequeño mostró síntomas de ser más inteligente que el resto. Pronto los demás niños comenzaron a ignorarle, se metían con él y lo dejaban de lado. Desde que tengo memoria lo recuerdo como alguien cruel, descargaba toda su frustración en casa y la convertía en un pequeño infierno. Mis padres se sentían culpables por la vida que tenía que soportar y dejaban que hiciera lo que quisiera. Desde que tengo memoria mi hermano se llevaba todas las atenciones de mis padres y conseguía que apenas me prestaran atención, tuve que aprender a valerme por mí mismo desde muy pequeño. Nuestra casa se convirtió en una pesadilla durante años, cuando entró en la adolescencia y cambió de colegio las cosas parecieron mejorar pero pronto nos dimos cuenta que se había juntado con gente de la peor calaña. Bandas, drogas, peleas… Puedes hacerte una idea.
Una noche, cuando faltaba poco para que cumpliera 18 años llamaron a casa, un agente nos pidió que nos sentáramos y nos dio la noticia: Osamu había muerto. Un intercambio de drogas había salido mal y una bala perdida le había alcanzado. Mi hermano ya no estaba. Extrañamente me sentí un poco aliviado.
Se sucedieron meses de policías, psicólogos y abogados, al final el único acusado salió impune por falta de pruebas. Fue ahí donde me decidía a ser policía: no permitiría que alguien asesinara y saliera libre. Me lo prometí y se lo prometí a mis padres.
Ken no lloró, ya había llorado mucho durante aquellos años, ya no quedaban lágrimas, sólo un vacío. Lo que no diría era que lo que más le pesaba era la culpabilidad por el alivio que había sentido por la marcha de su hermano, más que la tristeza. Nunca pudo decir que sintiera un amor fraternal por Osamu, no podía cuando el objetivo de su hermano había sido hacerle la vida imposible pero eso no significaba que hubiera deseado su muerte. Cuando era niño soñaba con irse lejos, muy lejos de Osamu, y ser feliz.
Miyako no entendía que pasaba por la cabeza de Ken, no lo comprendería nunca, lo único que pudo hacer fue abrazarlo y derramar las lágrimas que Ken no tenía. Era una persona sentimental y saber que una de las personas más especiales de su vida había pasado por todo aquello le partía el alma. Sin darse cuenta se quedó dormida en brazos de Ken, este le acarició el pelo, lo tenía sedoso y olía a jazmín. La llevó a su cama procurando no despertarla y se fue. Salió a la noche con la sensación de que la carga que llevaba desde hace años sobre el pecho ya no pesaba tanto. Había comenzado a perdonarse y a vivir con la pérdida.
