CUESTION DE HONOR

CUESTION DE HONOR

By Juchiz (Julieta Martínez)

Summary: La culpan de un crimen que no cometió, es menor de edad y el abogado que la defiende no cree en su inocencia… pero ¿Qué pasaría si el abogado en cuestión se enamora de su defendida? ¿Qué pasaría si todo pasara por una cuestión de honor?

CAPITULO 2

"Supuesta inocencia"

Se levantó por la alarma que comenzó a sonar por todo el instituto. Su espalda estaba más que demasiado dura. Se colocó su uniforme y salió al comedor, donde seguramente estarían todas desayunando. Se fijó en el reloj del comedor y notó que eran las 5:30 de la mañana. No recordaba haberse levantado tan temprano en su vida.

Ahí vio nuevamente a la amatista desayunando de un bol. Caminó serenamente hacia ella y se sentó a su lado.

- Hola. – Le dijo con una sonrisa.

- Muy buenos días Sakura. – Dijo la amatista sonriendo.

En ese momento, llegó la misma mujer del medio día anterior con la bandeja de comida y le entregó un pote a Sakura quien ya se había acostumbrado a la comida con mala pinta del reformatorio.

Luego del desayuno, que consistía en un pote de leche por poco vencida con un cereal asquerosamente gomoso, fueron a una capilla a hacer una especie de misa con una monja aburrida que duró como media hora, y al finalizar la pusieron en un grupo de chicas a las cuales les hacían terminar el secundario si es que aún no lo habían terminado, y por mala suerte de Sakura, aún le faltaba un año, mejor dicho, algunos meses.

- - -

El despertador comenzó a sonar a las 8:00 a.m. en punto, sin embargo fue apagado a las 8:56 a.m.

Sus ojos ambarinos se abrieron con fastidio bajo el sol matutino y se desperezó estirando todo su escultural cuerpo. La sábana verde oscuro le tapaba hasta la mitad del pecho y la frazada negra lo tapaba hasta la cintura. Tenía los brazos desnudos hacia fuera y el pelo desprolijamente despeinado, lo que le daba un aire terriblemente seductor.

- Este es el momento de la mañana en que digo… ¿Por qué diablos no tengo a una mujer que no sea Narumi y se despierte todas las mañanas con migo? – Protestó en voz alta mientras buscaba con sus pies descalzos sus pantuflas verde oscuro que hacía juego con la única parte del pijama que usaba: la de abajo.

Tomó una remera mangas cortas y se la puso mientras caminaba hacia el baño a darse su ducha matutina diaria.
Salió y se puso un traje que consistía en un pantalón de vestir negro con un saco del mismo color y una remera verde oscuro, se notaba que su color preferido y el que mejor le sentaba era el verde oscuro, claro, que a el le gustaba siempre y en cuanto estuviera mezclado con negro.
Tomó su maletín, se aseguró que estuviera la carpeta de datos de su defendida y salió camino al reformatorio cuando su celular comenzó a sonar.

- Huy dios mío… ya empezamos. – Dijo Syaoran antes de ubicar al pequeño aparato y abrirlo para contestar la llamada. – Syaoran Li…

- Hola mi amor. – Dijo una voz femenina del otro lado de la línea.

- ¿Cómo estas mi vida? – Preguntó Syaoran revoleando los ojos.

- Bien, bien ¿vos?

- Bien también…

- ¿No escuchaste mis mensajes de anoche?

- Si, pero llegué a las 3 de la mañana y no podía despertarte a esa hora. – Mintió el castaño mientras se fijaba la hora en su reloj de muñeca.

- No hay problema… ¿nos vemos para almorzar?

- No mi amor, tengo un caso en un reformatorio y debo ir hoy…

- ¡Ufa Xiao Lang! Nunca tienes tiempo para mí. – Se quejó la chica del otro lado.

- Lo siento Naru…

- Bueno, bueno… al menos dime que nos vemos para cenar…

- De acuerdo, te lo prometo. Ahora me tengo que ir, se me hace tarde.

- De acuerdo. Te amo amor…

- Si, yo también, cuídate.

- Igual. Te amo.

- Chau. – Terminó la conversación el ambarino mientras cerraba su celular. – Pesada. – Murmuró mientras cerraba la puerta de su departamento con llave.

Encaminó su auto por la larga carretera escuchando música bastante fuerte. Se puso unos anteojos de sol para que no le afectara el sol que le daba de frente por la desolada ruta.
Dobló en un camino que le dio el paso y cayó en una calle de tierra.

- Diablos. – Dijo pensando en que la mañana anterior había mandado su auto a lavar.

Cruzó esa calle y volvió a caer en una de asfalto por la cual siguió derecho hasta llegar a un enorme edificio de no más de tres pisos de alto, pero que ocupaba toda una manzana. Tenía las paredes grises y los barrotes de las ventanas negros. Alrededor, había una enorme muralla gris con alambres de púas con electricidad para evitar fugas.
Se paró con su auto en el portón principal. Una mujer vestida con un uniforme camuflado le abrió el portón.

- ¿Quién es usted?

- Syaoran Li, el abogado de la interna Kinomoto. – Dijo seriamente.

- Pase. – Dijo dejándole pasar.

- - -

Dios mío, y se quejaba de lo aburridas que eran las clases del instituto, pero esto… no tenia nombre, era la muerte.
Una monja viejita con la voz casi apagada daba clases de historia con un mapa de lo que suponía era Japón antes de la segunda guerra mundial… pero según Sakura, el mapa era de la segunda guerra mundial. Amarillo, lleno de moho, asqueroso… con olor a humedad.

En ese momento, entró una de las celadoras con paso apurado y le dijo unas palabras en el oído a la anciana que daba clases. Asintió con la cabeza mientras la mujer que recién había entrado clavaba los ojos en Sakura.

- 104, tienes visitas. – Dijo la mujer. – Sígueme.

Sakura se quedó asombrada, demasiado asombrada. ¿Quién iba a visitarla? No tenía familiares cerca, excepto su tía, que la odiaba por haber cometido ese supuesto asesinato… y prácticamente fue ella quien la mando a ese maldito reformatorio.

La mujer llevó a Sakura a una habitación con una puerta de hierro y un pequeño cuadrado con rejas. Entró junto a ella a la habitación y la dejó de un empujón.

- Aquí está señor Li. – Dijo la mujer mirando al hombre que estaba de espaldas contemplado la habitación.

- Muchas gracias. – Dijo el hombre dándose vuelta y sonriéndole a la mujer quien casi se derritió, sacando una sonrisa sarcástica en el rostro de Sakura.

Pero lo miró con mayor detención y llego a una conclusión: era imposible no derretirse ante semejante sonrisa… nunca había visto a un hombre tan apuesto en sus diecisiete años de vida.

- Mph… hola. – Dijo la chica sin entender muy bien quien era ese hombre... Quizás después de todo, Dios la escucho y le mando a un príncipe azul en un corcel blanco que la rescataría de ese infierno que estaba viviendo... bah, mas que corcel blanco y traje de príncipe, en chomba y pantalon, pero no estaba nada mal... para nada mal...
Oh, cielos, se notaba que era una pendeja hormonada de diecisiete años.

El hombre se puso serio y miró fijamente a la chica que tenía en frente. Pudo verse reflejado en esas orbes esmeraldas que eran muy hermosas… pero estaban profundamente apagadas, sumidas en agonía. Sin saber porque se puso nervioso, la mirada de esa chica lo indimidaba, pero no por nada el era el grandioso Syaoran Li; así que carraspeó y siguió con lo que tenía en mente: una formal presentación.

- Buenos días. Mi nombre es Syaoran Li y seré tu abogado… emm… tu… eres Kinomoto, Sakura, ¿verdad?

- Si, soy yo. – Respondió Sakura alzando una ceja. ¿Quien diablos le había pagado un abogado?

- Mucho gusto. – Dijo el hombre extendiendo una mano que la chica acepto.

- Bueno, ayer me llegó el caso y he leído los expedientes de tu caso. Los juicios, como encontraron el cuerpo y hasta las fotos del crimen. – Dijo el abogado tomando asiento en una silla junto a una mesa con dos sillas más. – Siéntate por favor. – Dijo el hombre.

Gracias. – respondió Sakura tomando asiento. – Mph… ¿usted es el abogado que mandó el estado a defender mi caso? ¿O alguien le pagó? - Preguntó la chica mirandolo con desconfiaza. - Es que no tiene pinta de ser un abogado del estado...0

- Lo que sucede, es que el estado me contrató para tu caso, pero no soy abogado público... - Dijo el hombre sin levantar la mirada de los papeles que llevaba en sus manos. – Bien señorita Kinomoto, estoy al tanto de todo, incluso de que se declara constantemente inocente.

- Ya no tiene sentido. – Dijo la chica sonriendo torcidamente, mas como una sonrisa de tristeza y resignación que una autentica sonrisa.

- ¿Por qué lo dice? - Preguntó el abogado levantando la mirada.

- Porque nadie me cree… ni los pocos familiares que aún me quedan en Tomoeda me creen inocente, entonces, si tengo toda una manada de gente en mi contra, ¿Cómo quiere que siga insistiendo? Es mi palabra contra la de millones…

- Si de verdad es inocente señorita Kinomoto, debe insistir con eso hasta el final o el juez puede interpretar que se ve atrapada y esta comenzando a reconocer la verdad. - Dijo el castaño con una mirada arrogante.

- Abogado… ¿usted me considera inocente?

El hombre la miro fijamente por primera vez desde que entró a esa sala y vio los ojos verdes de su defendida y respondió.

- Aún no la conozco lo suficiente, pero por lo poco que sé sobre el caso no la considero inocente. – Dijo el hombre calculando fríamente cada una de las reacciones de su defendida. - Nigun cliente es inocente, sino no estaría involucrado, algún grado de conexión con el crimen tiene

- Eso imaginé. – Dijo la chica suspirando. – ¿Cómo puede defenderme un hombre que no cree en mi inocencia? – Preguntó revoleando los ojos.

- Hace demasiadas preguntas rebuscadas para la edad que tiene señorita... y no creo que usted quiera saber la respuesta concreta y sincera a la mayoría de las preguntas que seguramente rondan alrededor de su cabeza. - Dijo el hombre, pero la castaña lo interrumpió.

- Disculpe abogado, pero no creo ser mucho menor que usted…

- Tengo veinticinco, y usted es apenas una niña de diecisiete, ni siquiera ha cumplido la mayoría de edad…

- Vaya, parece que es un abogado con un poco de mas de dos gramos de materia gris adentro de ese cerebro que le sirven para un poco mas que pensar en la palabra honorarios... cuyo ego es del mismo tamaño que la cantidad de masa cerebral de la que le estoy hablando... – Dijo Sakura mirándolo con arrogancia. - ¿Usted sabe porque a mi familia le interesa tanto verme presa? ¿Usted piensa que voy a matar a mi padrastro por pura diversión? A mi me parece que no.

- Me estas faltando el respeto chiquilla. – Dijo el abogado apoyando impacientemente la carpeta sobre la mesa.

- ¡Estoy intentando que razone por dios! Viene a verme por primera vez, no sabe nada de mi familia y me considera culpable sin siquiera conocerme. - Se quejó Sakura provocando que a Syaoran se le pusieran las mejillas rojas de la ira. - ¿Que clase de abogado es usted? Yo quiero salir, no quiero pasar ni un segundo mas aquí... y si no es eficiente, reclamaré a otro abogado.

- Mira niña, yo soy tu abogado te guste o no. Sin mi no puedes hacer nada, ni siquiera tienes derecho a desistir de mí. Y yo no lo haré por una cuestión de honor. – Dijo el hombre. – Y como es lógico, la primera impresión de una defendida o defendido ante su abogado en un caso de juicio penal es que es culpable.

- ¿Así que esto lo hace por una cuestión de honor eh? – Dijo la chica sonriendo sarcásticamente. – Es decir… no le importa si yo salgo en libertad o quedo aquí dentro ¿verdad?

- No. Tengo que defenderte y en caso de que seas culpable o inocente intentar sacarte de aquí para que puedas retomar tu vida anterior.

- ¿Mi vida anterior? – Dijo Sakura mirando hacia arriba y una triste risa acompañó a la frase. – Nunca voy a poder recuperar mi vida anterior señor Li. – Dijo la chica utilizando por primera vez el apellido de su abogado. – Nunca… ¿sabe por que? Yo tenia todo antes de caer aquí, tuve todo en mis manos, si quería la luna, tenía la luna, mi familia es una de las mas prestigiosas de Japón gracias a la industria tecnológica, pero mi padre murió en un desafortunado accidente aéreo y mi madre se casó con un tipo que intentaba abusar de mi, siempre me acosaba, llegaba borracho a casa, siempre. Mi madre perdió todo, quedamos en la calle de un día para el otro y el dinero que mi padre dejo para mi no lo podíamos utilizar hasta que yo no cumpliera 21 años. Lamentablemente mi madre murió extrañamente, nunca supe porque. Mi tía Yukian nunca fue capaz de darnos una mano, nos abandonó. Quedé sola con mi padrastro zafando de que me violara gracias a que el alcohol no le permitía usar toda su fuerza. Un día llegó a nuestro intento de casa y lo encuentro bañado en sangre, intenté ver que le pasaba y ví el puñal incrustado en su pecho, tenía 24 puñaladas y yo tomé el puñal con mis manos y…. y… - Pero la chica no pudo terminar de hablar, se miraba las manos y un ataque le agarró, comenzó a llorar desesperadamente frente al abogado quien la miraba sin saber que hacer. No se esperaba una confesión como aquella.

Syaoran se levantó y fue hacia al lado de su defendida y le puso una mano en el hombro, pero al ver que su cuerpo temblaba, necesitó abrazarla para que se tranquilizara, para darle contención. Nunca en sus tres años de profesión había consolado a un cliente, eso debía ser porque nunca le había tocado un cliente menor de edad… una chiquilla.

- Tranquila. – Dijo el hombre dándole unas palmadas, con la voz mas comprensible que pudo salirle... o al menos intentó que le saliera.

Sakura siguió llorando un rato hasta que se tranquilizó y se secó las lágrimas con su uniforme. El abogado la miraba desconcertado, nunca había visto a alguien desmoronarse de ese modo frente a él. Nunca vio el apoyo sentimental que podía necesitar una persona como Sakura; esa chica estaba completamente sola. Era terca, impulsiva e irónica, pero en el fondo sufría mucho, tenía un gran vacío, el cual empezaba con la muerte de su padre. ¿Que mas ocultaría Sakura Kinomoto? La protagonista del asesinato que en ese momento figuraba en todos los diarios de Japón.

- Muchas gracias, pero no necesito de la lástima de nadie… - Dijo la chica ácidamente.

- No es lástima, solo me sentí con el deber de darle mi apoyo.

- Ya le di las gracias abogado. – Dijo la chica volviendo a recomponerse del todo. Ni rastro quedaba de su llanto anterior.

- Prometo ayudarla Sakura.

- ¿Por una cuestión de honor? – Volvió a preguntar.

- Si, por mi honor como abogado y como hombre de ley. – Dijo el hombre dándole una sonrisa, la cual Sakura, por supuesto, no respondió.

- Supongo que no me quedará otra. – Dijo la chica suspirando.

- Bien señorita, un gusto haberla conocido. – Dijo el abogado sin hacer caso al comentario de la castaña y estirándole la mano para que la chica la aceptara.

- Supongo que igualmente. – Dijo la chica aceptando la mano del abogado.

Ambos se quedaron con la mano agarrada un rato. Sakura sintió la calidez de la mano de aquel hombre y sintió como se le erizaban los pelos de la nuca, se sonrojó bastante al notar su reacción ante el contacto de su piel pero giró su rostro para que Syaoran Li no lo notara, lo único que faltaba, que el idiota de su abogado pensara que a ella le gustaba, no, no él definitivamente no era la clase de espécimen humano por el cual ella moriría… aunque no pondría las manos en el fuego por esa afirmación.

Syaoran tuvo una sensación extraña en su mano al tomar la suave mano de Sakura Kinomoto. Miró directamente a los ojos de la castaña y sintió que sus mejillas ardían suavemente.

- Hasta luego Señorita Kinomoto. – Dijo el hombre rompiendo el contacto visual.

- Hasta la próxima, señor Li. – Dijo la chica sin entender ni jota de lo que estaba pasando por su cuerpo.

El hombre se dio vuelta y salió por la puerta que estaba tras él, vigilado por unos guardias. Sakura hizo lo mismo por otra puerta que fue por la que entró.

- Muy guapo 104. – Dijo la celadora que la había traído y la esperaba del otro lado de la puerta de la sala de visitas.

- Acostúmbrese, ese idiota es mi abogado. – Dijo Sakura caminando nuevamente hacia su habitación.

La celadora la miró extrañada, esa chica definitivamente tenía un problema, ¿Cómo no veía lo atractivo que era su abogado?

--

Syaoran salió del horrible reformatorio y fue hacia donde había dejado a su auto. Sacó la alarma del bolsillo y la desactivó para entrar. Se sentó y dio un fuerte portazo para luego encender el auto y salir a toda prisa de ese lugar.

Cuando estuvo en la ruta, puso algo de música para relajarse, estaba terriblemente estresado sin saber la causa, posiblemente era el tema de tener que lidiar con una adolescente trastornada y encima asesina, ja, podría terminar el mismo con un cuchillo en medio del esófago.
Iba tranquilizándose mientras volvía a entrar en la ciudad de Tokio después de cuarenta y cinco minutos de viaje sin tránsito alguno cuando su celular comenzó a sonar.

- ¿Hola? – Contestó de pésimo humor.

- Hola mi amor. – Dijo una voz femenina del otro lado.

- Narumi…. – Dijo Syaoran revoleando los ojos. - ¿Qué sucede?

- Nada, simplemente quería recordarte de la cena de hoy….

- Mph… no lo voy a olvidar, tranquila Naru. – Dijo el castaño entremedio de un suspiro.

- Eso espero mi amor. Te amo.

- Si, si, si. Yo también te amo mi vida. – Dijo Syaoran con una sonrisa más falsa que la nieve en África.

- Bueno, entonces nos vemos esta noche. Te amo, te amo. Chau. – Dijo la chica del otro lado del teléfono celular.

- Adiós… -Dijo el castaño cerrando la tapita de su celular.

--

Estaba ofuscada, no le caía para nada bien su estúpido abogado y la verdad, se estaba acostumbrando a su nuevo "modo de vida". Pero si esto seguía así, cuando fuera mayor de edad la trasladarían a una cárcel, y si eso donde estaba ahora era un reformatorio, no quería imaginarse lo que sería vivir en una cárcel…

De todos modos no tenía porque pagar por un crimen que no cometió. Pero eso implicaba ver a ese extraño abogado seguido, muy seguido… eso ya no le gustaba. Ese hombre era raro… va, quizás no, quizás eran solo imaginaciones de ella, pero la presencia de ese hombre producía algo extraño en ella. Algo le llamaba la atención de él, pero al mismo tiempo te atraía… realmente se estaba volviendo completamente y absolutamente loca.
Se pasó una mano por los cabellos castaños y suspiró. La verdad no le agradaba nada el frío que hacía en esa celda, tampoco le gustaba mucho que digamos la soledad con la que tenía que convivir a diario…

La misma mujer regordeta, que vio el día anterior, golpeó su puerta. La llamó para ir al patio, donde se suponía debía pasar la tarde haciendo ejercicio.
Se movió y lentamente fue caminando hacia el patio donde el sol abrasador casi la encegueció.
Caminó entre la tierra y el desprolijo pasto. Y ahí vio a la chica de piel blanca y ojos amatista sentada en un banco que había contra la pared.

- Hola. –Dijo la castaña a la muchacha.

- Hola. –Respondió la muchacha con una sonrisa.

- ¿Qué se supone que debemos hacer? - Preguntó Sakura.

- Supuestamente hacer ejercicio o lo que te plazca a la luz del sol. El gobierno no permite que las internadas estén las 24 horas del día a oscuras, dentro de un lugar donde ni se ve si es de día o de noche… - Dijo la chica. – De todos modos si al gobierno realmente le importara, debería hacer inspecciones de vez en cuando, aunque si vieran en el estado en que está todo esto… sancionarían el lugar… esto parece mas una cárcel que un reformatorio. – Dijo la chica mirando sus pies.

- Si, eso lo noté apenas entré. – Dijo Sakura mirando también sus zapatillas… hasta que se acercó rodando un balón de básquet a sus pies… lo que hizo que se acordara de sus épocas en el Instituto.

- Oye, pásame la pelota. – Dijo una voz frente a la chica, quien se fue acercando creando una sombra que tapó el sol que en ese momento pegaba de lleno a Sakura.

- ¿Puedo jugar? - Preguntó la castaña tomando el balón entre sus dos manos.

- Opa, se ve que eres nueva, pero en nuestro equipo que es el campeón no hay más lugar. – Dijo la chica intentando quitarle la pelota a Sakura.

- Te la devuelvo si me dejas jugar. – Dijo la castaña evitando muy hábilmente, que la chica le sacara el balón.

- Con que eso quieres eh… - Dijo la otra sonriendo de costado. – Bien, tienes que ganarme un partido.

- No tengo problema en eso. – Dijo Sakura poniéndose de pie.

Ambas chicas se acercaron a la descuidada cancha de básquet, cuyos aros metálicos estaban oxidados por la lluvia y el poco mantenimiento.

- ¡Escuchen bien pedazo de inútiles, dejen la cancha libre! – Gritó la chica que acompañaba a Sakura.

En seguida las mujeres que allí estaban salieron corriendo para dejar paso a Sakura y la otra chica.
Sakura tomó el balón entre sus manos y comenzó a hacer rebotar la pelota y golpearla con la palma de la mano.
Una chica que hacía de árbitro dio la señal y Sakura comenzó a moverse con sorprendente agilidad hasta encontrarse con la mujer de cabellos negros que le impedía el paso. De un rápido movimiento esquivó a la chica y metió la pelota en la cesta, produciendo el asombro en más de una.

- Eres buena chiquita. – Dijo la chica contrincante de Sakura con una sonrisa. – Pero no es suficiente.

- ¿Qué es lo suficiente para ti? – Preguntó la castaña mientras volvía a pasar habilidosamente al lado de la morocha.

Realmente Sakura tenía grandes dotes para los deportes. Tenía una habilidad natural única. Le ganó con mucha facilidad a la chica de cabellos negros quien la miró despectivamente sin todavía asumir su derrota.

- Bien, ganas, pero yo no pienso estar en el mismo equipo que tú. – Dijo la chica meneando su largo cabello negro.

- Puedo jugar yo sola y ganarle a tu equipo. – Desafió Sakura con una sonrisa socarrona.

La chica escupió a los pies de Sakura y la miró con los ojos clavados en los de ella.

- No me desafíes si sabes que es lo que te conviene.

- No te tengo miedo… - Respondió Sakura con la mirada mas fría y sobrante que le salió en ese momento.

- Pues deberías… - Remató la chica de cabellos negros como última palabra.

La chica le dio una última mirada a Sakura y se fue refunfuñando por todos lados. De verdad que era una chica extraña, y bastante conflictiva… y bueno, otra cosa no podía esperar de una chica que se crió, suponía, en un orfanato.

- ¿Por qué me dejaste sola mamá? – Preguntó la castaña mientras veía como el cielo se iba nublando. Seguramente esa noche llovería.

--

Al fin podía salir de su oficina y disfrutar de su tan anhelado viernes a la noche. Aunque ahora seguramente Narumi lo llamaría para cenar y pasar una noche de sexo interminable que lo dejaría exhausto hasta el sábado al mediodía. Aunque últimamente el sexo lo aburría, y no era que se estuviera volviendo gay ni mucho menos, sino, que no veía el sexo como la base de su vida, muy diferente de Eriol, quien sin una noche de sexo berrinchaba al día siguiente.

Con el pasar de los años se dio cuenta de que su relación no podía basarse solo en sexo, cenas, sexo, sexo, sexo y más sexo con cenas que superaban el precio estimado.
Y eso era precisamente lo que le aburría, pudría, cansaba y detestaba de Narumi.

El semáforo cambió a verde… verde… verde como los ojos de aquella chica… Sakura, la asesina de su padrastro. Sin saber como, a su mente vino el rostro angelical de aquella chica y sus hermosos ojos esmeraldas.

"Diablos Syaoran, creo que debiste pensarlo varias veces antes de elegir ser abogado, me obsesiono tanto con el trabajo que veo el rostro de mis clientes en todos lados".

Entre pensamiento y pensamiento llegó a su casa, donde encendió el noticiero y preparó una ducha tibia en la cual se metió y salió minutos después con el cabello mojado y una toalla blanca alrededor de su cadera.
El teléfono sonó, aunque sin siquiera contestar, ya sabía quien era.

- Hola…

- ¡Hola mi amor! ¿Ya has llegado a tu casa? – Preguntó una voz femenina del otro lado de la línea.

- Y… digamos que si me llamas a mi casa y te contesto es porque estoy en ella. – Dijo el castaño mientras bajaba el volumen de la tele.

- Bueno, no seas así conmigo. – Dijo Narumi con voz de gatita melosa. - ¿Me pasas a buscar?

- Si, justo me estaba bañando. Enseguida me cambio y te paso a buscar. – Dijo Syaoran. – Espérame lista.

- De acuerdo mi amor, nos vemos en unos minutos…

- Nos vemos Naru.

- Te amo.

- Si, yo también.

- Hasta ahora

- Chau Narumi…

Suspiró. Cuando quería esa chica podía sacarlo de sus cabales. Todavía no sabía que mierda le había visto a Narumi Kendo.

--

Otra vez esa comida horrorosa, otra vez las celadoras mirando a cada una de las internas mientras comían esa especie de sopa media extraña color grisácea con amarillo y un tomate en el medio. ¿Cómo mierda había terminado en un lugar como ese?

Luego la misma rutina. Las llevaban a un lugar a rezar de rodillas, como monjas, y ni siquiera sus celadoras eran monjas, pero bueno, cada lugar tenía sus cosas… ¿y si alguna chica era judía o musulmana? ¿Se cagaban en ella? ¿O la obligaban también a rezar? Esas preguntas idiotas que se le ocurrían en momentos inoportunos, y claro, con esa misa aburrida, como no irse por las ramas de sus pensamientos.
Se bañó en cinco minutos. Ya se estaba acostumbrando a eso de bañarse en tiempo record y ser la primera en llegar para tener agua calentita y crema de enjuague para su cabello; y lo más importante, lograr que con poquitito de shampoo el pelo le brillara como ceda.

- Minutos, como sangra la herida, se me pasa la vida gastando el reloj uho uho, minutos, son la morgue del tiempo…

- ¿Qué cantas? – Preguntó una suave voz a su derecha.

- Una canción… de Ricardo Arjona, un cantante latino, del otro lado del planeta.

La amatista la miró confundida.

- ¿No conoces a Ricardo Arjona?

- Mph… no. Ten en cuenta que hace mucho que no salgo de aquí y no nos dejan escuchar música…

- Lo siento, lo olvide. Pero pasa que olvido eso… - Dijo la castaña mientras se ponía una toalla gris y salía de los duchadores. – Te prometo que antes de que sagas de aquí te enseñaré quien es Ricardo Arjona.

- Ten por seguro que tú saldrás primero que yo. – Dijo la amatista mientras caminaba hacia fuera junto a Sakura.

Se fijó en su reloj, eran las diez de la noche… y estaba yendo a dormir a esa hora, un viernes en la noche. Y pensar que un año atrás salía con sus amigos, o su mamá estaba en casa junto a ella y compraban helado en verano o chocolates en invierno y pasaban la noche mirando una buena película de terror… como extrañaba eso. Sin darse cuenta, cerró sus ojos y se quedó completamente dormida.

--

Salió a las diez de la noche en punto para buscar a Narumi a su casa y luego ir a ese lujoso restaurante que a ella tanto le gustaba. ¿No podía tener unos gustos más sencillos? ¿Por qué siempre le gustaba ostentar?

- ¡Muchas gracias Syao! – Exclamó la chica mientras entraban en el lugar.

- Sabes que me gusta complacerte Narumi, pero hay veces que me gustaría ir a otros lugares que me gustan…

- Bueno amor, tenemos tiempo para ir a esos lugares que te gustan. – Dijo la chica mientras caminaba delante de él y buscaba una mesa que le gustara.

Se sentaron. Syaoran le corrió la silla, realmente era todo un caballero. Estaba vestido con un pantalón de vestir negro y una camisa azul oscuro que hacía resaltar sus ojos ambarinos y su cabello castaño chocolate. Ella estaba vestida con un vestido turquesa que remarcaba su largo cabello negro.
Curiosamente, el plato de ella salió sesenta dólares sin tener en cuenta la entrada, solo plato principal y postre. El de él salió cuarenta, mas la entrada veinte, en total ciento veinte dólares, en una maldita cena, y así era casi todos los días se semana, que dios se apiadara de él si quería que su sueldo le alcanzara sin utilizar el capital que pertenecía al bufete de abogados Li, obviamente, la mayor parte conseguida por él mismo.

- Vamos a mi casa Syao. – Dijo la chica guiñándole un ojo. – Mis padres se fueron a Cancún por este fin de semana.

- De acuerdo. – Dijo el castaño sin darle importancia. Si no era en la casa de ella, sería en su departamento, siempre igual.

Salieron del restaurante y empezó a llover, valla noche. Se metieron en el auto de Syaoran y pagaron al cuidador de autos del estacionamiento del restaurante.
Llegaron a la casa de ella. Las luces estaban apagadas. Sin saber como, ya se encontraba sin camisa y con Narumi totalmente regalada entre sus brazos. Le quitó el vestido a ella dejándola en ropa interior. Disfrutó de su cuerpo… pero no por mucho tiempo, porque ella ya estaba atacando a su amigo de abajo con sus manos. ¿Por qué tenía que ir tan rápido y no disfrutar de cada segundo dejando fluir las cosas tranquilamente?
Narumi lo tiró rápidamente de espaldas a la cama y se acostó sobre él quitándole los pantalones y el bóxer con los dientes.

- Vaya, vaya, ¿Qué tenemos aquí? – Preguntó con picardía mientras le acariciaba el pene erecto suavemente.

- Narumi…

La chica no tardó mucho más y se quitó la ropa interior quedando desnuda sobre él, que, al no ser de madera y sabiendo lo que su novia quería, la tomó de la cadera y la empujó hacia abajo penetrándola como muchas veces anteriores.
La chica aumentó la velocidad y ambos llegaron a un orgasmo quedando exhaustos en la cama de Narumi.

- Eres excelente Syao. – Dijo la chica suspirando.

- Gracias. – Dijo el chico mientras se daba vuelta y se ponía a dormir.

--

Dios, no podía dormir esa noche. Era un castigo, sentía los truenos de la tormenta que se había desatado sobre su cabeza, y lo peor de todo, es que justo la habitación de ella tenía una terrible gotera al lado de donde apoyaba su cabeza en la almohada; bueno, por suerte caía sobre el suelo y no sobre la almohada, pero de todos modos el ruido de las gotas al caer sobre el charquito la ponía histérica.
Se levantó y abrió lentamente la puerta de su celda buscando a una celadora para que le den un balde así ponerlo y que no se moje el suelo.

Encontró una celadora al final del pasillo y le dio un balde, el cual ella puso debajo de la gotera… terrible error. El ruido era peor. Se ve que esa noche estaba destinada a no dormir, así que como pudo se puso de costado y con la almohada de cubrió los oídos intentando dormir en esa incómoda situación, pero estaba tan cansada que en unos minutos pudo conciliar el sueño.

--

No podía tener tanta mala suerte, ese maldito trueno lo había despertado abruptamente de su increíble y relajante estado de inconciencia mental, en palabras mas comunes: el trueno lo levantó fuertemente de la cama no dejándolo dormir mas, e hizo que se diera cuenta que no era en su cama donde dormía, sino en la cama de Narumi.

Bueno, al principio era cerrar los ojos y descansar un rato, pero su querida, dulce e insoportable novia lo despertó para seguir con él una vez, y otra y así quedo, exhausto y con mucho sueño. Exactamente, él tenía ese pequeño problema, después del sexo tenía mucho sueño… y ese trueno lo despertó sin compasión después de que Narumi se encargara de dejarlo bien, pero bien relajadito. Oh si, tanto que la criticaba, era una maestra en ese sentido.

Miró el cuerpo tibio que dormía desnudo a su lado y sonrió. No era tan malo después de todo la compañía de esa chica, solo que su tarjeta terminaba roja después de una salida con ella… y que repetía demasiadas veces la palabra te amo y era algo pesada. Pero después de eso, todo bien. Lo que estaba seguro es que no era una chica del tipo de Narumi con la que quería vivir toda su vida.

Va, que mas daba, todavía no tenía ganas de pensar en eso, y con Narumi la pasaba bien, y esa noche, no tenía ganas de salir y manejar hasta su departamento, así que se levantó, hizo un poco de café Express en la maquinita de café, miró un poco de noticiero nocturno y regresó a la cama.
Ahora si podría dormir. La lluvia había cesado.


Elo!
Bueno, en este capítulo se han conocido los protagonistas de esta historia: Sakura y Syaoran :3
Pero no fue un comienzo muy bueno que digamos... ¿verdad? Igual no va a ser fácil... sobre todo para Syaoran, que es un hombre, que dentro de un tiempo, nos vamos a dar cuenta que no cree en el amor... y mucho menos en una relación que no esté basada solo en sexo, sexo y sexo. Y va a sufrir una contradiccion mental terrible... pobrecito, siempre lo hago sufrir u.u

Bueno, espero que les guste este capítulo. ¡¡Muchísimas gracias por los reviews en el capítulo anterior!! Calculo que les habrá llegado la respuesta a sus respectivos mails.. y a los que dejaron sus reviews sin mail ni nada... bueno, también les agradezco, y no les puedo responder porque hasta donde se va contra las normas responder en las notas de autor.

Y si... me encanta Arjona xD quizas queda re descolgado el comentario en el fic, pero justo escribía esa parte y recordé el tema "Minutos" así que por eso lo nombré.
Un beos enorme para todos :)

Y ahora si... adelantos del siguiente capítulo:

Syaoran miró con detención las marcas de cortes cicatrizados en sus muñecas y se las tomó bruscamente haciendo sonrojar a la castaña.

- ¿Qué mierda es eso? – Preguntó clavándole la mirada. - ¿Te automutilas? – Preguntó el hombre mirando preocupado a la chica.

- ¿Qué mierda te importa? – Respondió quitándole bruscamente su muñeca.

- Sakura… escucha, se que la muerte de tu padre, la muerte de tu madre y el asesinato de tu padrastro te ha pegado fuerte, pero…

- ¡Deja de meterte en mi vida! – Gritó desesperada la chica. – ¡Se que mi caso no te interesa porque no obtienes beneficio por ello, y se que no me crees inocente, estoy harta de tu farsa y de que me creas culpable todo el tiempo! - Explotó Sakura derramando lágrimas. - ¡No eres mas que un chico consentido que decidió ser abogado y nunca perdió nada en su vida, no entiendes nada!

- Sakura, escúchame bien…

- ¡No quiero escucharte Syaoran Li, déjame en paz, abandona el caso y deja que me quede toda mi vida en este reformatorio! – Dijo Sakura con ira. – No me interesa tu ayuda…

:O what happened?
Espero sus opiniones :)

Byee