Summary: ¿Cómo reacciona Remus al leer el nombre de Sirius Black en el Mapa del Merodeador?
Nota de la autora: Las palabras cursivas que están entre comillas indican pensamientos. Las palabras que son solo cursivas enfatizan una idea.
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Momentos
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II. El mapa del merodeador
—¡Lo sabía!—exclamó Remus golpeando suave y alegremente su escritorio con el puño derecho.
"Estaba convencido de que te ocultarías bajo la capa de invisibilidad de tu padre para salir de Hogwarts e irías a visitar a Hagrid antes de que su hipogrifo sea ejecutado. No ibas a quedarte tan tranquilo en el castillo, ¿verdad, Harry?" pensó Lupin mientras sonreía inclinándose sobre el Mapa del Merodeador que estaba completamente extendido sobre el escritorio.
"No, ¡claro que no ibas a quedarte en paz!… Eres igual a James. Y por lo que veo, Ron y Hermione no se podían quedar atrás" agregó para sí mismo examinando a las tres pequeñas y oscuras motitas de tinta que se movían apretujadamente en dirección a la cabaña de Hagrid. "Son unos buenos merodeadores, exactamente igual que James, Peter, Sirius y yo".
La sonrisa del joven profesor se hizo más amplia ante el recuerdo de aquellos años de colegio llenos de bromas, correrías y camaradería, pero al segundo siguiente Remus frunció marcadamente el entrecejo cuando el nombre de Sirius se quedó reverberando con insistencia dentro de su cabeza. Y es que entre aquellos recuerdos de amistad se colaron, inevitablemente, algunas memorias de cosas que Sirius y él vivieron como pareja: momentos en los que ambos se ocultaban bajo la capa de invisibilidad de James en cualquier rincón oscuro del colegio para darse los besos que no podían darse delante de los demás, o cuando se escabullían juntos, a instancias de Sirius, hasta la Casa de los Gritos en busca de una intimidad mucho más intensa que unos cuantos besos.
Tras cada memoria estaba la incitante y traviesa voz de Sirius llamándolo entre susurros, y Remus tuvo que sacudir la cabeza varias veces con fuerza para ahuyentarlos (a la voz y a los recuerdos) antes de que empezaran a hacer una mella profunda en él.
Dejó escapar un suspiro de alivio cuando al fin se esfumaron, y entonces pudo volver a concentrar toda su atención en el mapa justo a tiempo para ver desaparecer el rastro de los tres amigos en el umbral de la cabaña de Hagrid.
En ese momento levantó la mirada para ver a través de la ventana. Pronto oscurecería; Harry, Ron y Hermione tenían que estar del vuelta en el castillo antes de eso, así que, sentándose en la silla detrás de su escritorio, Remus se decidió a esperar su salida sin despegar los ojos del viejo pergamino.
Veinte minutos después las pequeñas motas de tinta, acompañadas de su respectivo nombre rotulado, aparecieron de nuevo. Sin embargo, nada, absolutamente nada, podría haber preparado a Remus Lupin para lo que vio.
Sobresaltado, se puso en pie, y con voz temblorosa dijo:
—¡¿Qué es esto?!... ¿Peter?... ¿Peter Pettigrew? No, n-no puede ser. Algo está mal, algo está muy mal con este viejo pergamino —murmuró, examinándolo más de cerca "Debe haberse estropeado después de tantos años y no está funcionando correctamente" pensó—... porque no puede ser posible que Peter Pettigrew aparezca en el mapa.
Aún no lograba recuperarse del gran impacto que le provocó ver el nombre de Peter Pettigrew impreso en el pergamino, cuando sintió que su corazón experimentaba una fuerte e intensa sacudida al darse cuenta de que otra mota, rotulada con el nombre de Sirius Black, se dirigía velozmente hacia Harry, Ron, Hermione y Peter e impactaba contra ellos.
Lupin sintió que el aire le faltaba. Para asegurarse de que no había algo mal con sus ojos acercó el mapa a su cara y volvió a leer el nombre de Black. Ni siquiera se percató del momento en que había saltado agitadamente de su silla derribándola en el proceso ni tampoco de la forma ansiosa en que tenía sujeto el mapa entre sus manos, arrugándolo. En ese instante solo tenía ojos para esa pequeña motita de tinta que llevaba a su lado el nombre de Sirius Black.
Lleno de ansiedad, Remus contempló que aquella oscura mota empezó a forcejear ferozmente con las otras cuatro motitas y, tras un par de segundos, vio que Sirius arrastraba a Ron y a Peter en dirección al Sauce Boxeador.
—¡SIRIUS, NO!—exclamó Lupin como si con sus palabras pudiera lograr que la negra motita que era Sirius Black volviera atrás y dejara tranquilos a los muchachos.
Sin detenerse a pensar, Remus soltó descuidadamente el mapa sobre el escritorio sin borrarlo siquiera y corrió hacia la puerta de su despacho llevando el nombre de Sirius Black grabado a fuego en cada resquicio de su mente.
Abrió la puerta y se precipitó sobre el pasillo. En su loca carrera por alcanzar el vestíbulo, trastabilló al bajar las escaleras (que en ese momento le parecieron infinitas) y resbaló chocando contra una de las armaduras que adornaban uno de los tantos descansos. Se puso en pie de inmediato y volvió a emprender la carrera ignorando por completo los gritos de Peeves, quien había salido disparado de la armadura y se burlaba de él a grito pelado diciendo:
—¡Locatis Lunático Lupin, Locatis Lunático Lupin corre como loco y llegarás a tu fin!
Las burlas de Peeves aún se escuchaban cuando Remus salió del castillo como una saeta.
Corriendo incansablemente se dirigió hacia la entrada del Sauce Boxeador. Al llegar allí buscó, desesperado, cualquier rama larga que le ayudara a inmovilizar las furiosas ramas del árbol.
Densas y oscuras nubes cubrían el cielo cuando al fin Lupin, con la respiración agitada y el corazón desbocado, encontró una rama rota, apretó con ella el nudo que congelaba el sauce y entró presuroso. Una vez dentro murmuró un rápido Lumus y comenzó a recorrer el pasadizo.
Varias ideas llenaban su confusa mente mientras intentaba moverse lo más rápido posible a través del estrecho corredor.
"¿Cómo era posible que Peter apareciera en el mapa si doce años atrás había sido asesinado por Sirius?"
"¿Qué significaba todo aquello?"
"¿Acaso había alguna posibilidad de que Sirius fuera inocente?"
Una fuerte emoción le llenó el pecho cuando pensó en ello.
"Sirius... ¿inocente?"
"Estás soñando de nuevo" se reprochó a sí mismo, luchando por matar esa luz de esperanza que no hacía más que darle falsas y dolorosas expectativas.
"Black no puede ser inocente. Por más que te esfuerces en querer creer lo contrario... Él era el guardián secreto de James y Lily" se recordó con amargura. "Además hubo testigos que lo vieron acabar con Peter".
El estrecho corredor se retorcía acortándose y alargándose a cada paso que daba, pero él no se detuvo a preocuparse por los continuos roces de la piedra contra su cuerpo. Inclinó un poco la cabeza para evitar que una roca que sobresalía del techo le diera de lleno, pero siguió su camino sin aflojar en nada su presuroso andar.
"Pero si Peter murió, entonces,... entonces, ¿por qué aparece su nombre en el mapa?" se cuestionaba "¿Por qué?"
Esa pregunta se repetía incansablemente en su cerebro como un bucle sin fin, y él, a pesar de toda su incertidumbre, se concentró en hallar una respuesta lógica.
Si el nombre de Peter aparecía plasmado en el mapa, eso sólo podía significar una cosa: Peter Pettigrew estaba vivo. Tenía que estarlo porque el mapa del merodeador no mentía. Nunca mentía.
"Sirius no le mató" pensó Lupin, y la esperanza volvió a surgir en su corazón.
Pero la contuvo recordándose a sí mismo que aún quedaba pendiente el asunto del guardián secreto. Porque, sí, era verdad que Sirius había jurado como guardián secreto de los Potter; el mismo Sirius se lo había asegurado una y otra vez con mucha insistencia, y el mismo Dumbledore había dado testimonio de ello.
Sin embargo, nadie mejor que él, que había vivido tanto a su lado, sabía que Sirius hubiera dado su vida antes que traicionar a su mejor amigo... O al menos el Sirius que él había conocido y amado habría muerto antes que permitir que Voldemort dañara a James y a su familia. Remus sabía que ese Sirius habría sido capaz de morir por sus amigos y hasta de matar por protegerlos si hubiera sido necesario. Sí, sabía que el Sirius a quien él había amado de una manera completamente irracional habría matado por ellos..., mas no a uno de ellos.
"No. Sirius no nos habría dañado jamás. A ninguno" concluyó más seguro que nunca. "Peter es la clave... Tiene que serlo".
Con ese pensamiento en mente, y con el corazón latiendo a mil por hora, Remus alcanzó al fin la salida del pasadizo.
En cuanto se halló de pie en el recibidor de La Casa de los Gritos dejó de pensar y empezó a recorrer la planta baja con pasos apresurados y la varita preparada buscando algún rastro de los chicos o de Sirius.
Estaba a punto de llamarlos a gritos cuando escuchó la voz de Hermione que, teñida de miedo y desesperación, gritaba:
—¡ESTAMOS AQUÍ ARRIBA! ¡SIRIUS BLACK! ¡DENSE PRISA!
Sirius Black.
Ese nombre resonó con fuerza en los oídos del licántropo y subió desesperadamente las escaleras siguiendo la voz de la chica que se perdía detrás de una puerta cerrada. Lanzando un hechizo, Remus abrió la puerta y al entrar en la habitación pudo ver a Ron, Hermione y Harry. Éste último apuntaba con su varita directamente al pecho de Sirius.
Al ver eso Lupin gritó:
—¡Expelliarmo!
Al instante las varitas de los chicos saltaron de sus manos, y Remus, atrapándolas todas con habilidad, se adentró en la habitación clavando sus ojos en Black.
Entre las penumbras del lugar Remus pudo ver que el rostro del animago no mostraba ninguna emoción; lucía pálido y demacrado.
Pero no ocurría lo mismo con sus ojos grises.
En el momento en que estos se encontraron con los ojos de Remus, un torbellino de sensaciones se revolvió dentro del hombre lobo. Aquellos ojos grises, en los que se había perdido multitud de veces cuando era solo un muchacho, casi habían perdido aquel brillo que solía estremecerlo, y se hallaban oscurecidos por una sombra melancólica y tétrica en la que el profesor pudo detectar el más puro vestigio de la estancia de Sirius en Azkaban.
Sin embargo, cuando Remus clavó sus ojos de miel en ellos pudo ver claramente todos los intensos sentimientos que subyacían detrás de aquella oscura sombra. Había soledad, temor y años de nostalgia pero también un profundo arrepentimiento. Y el escaso brillo que aún quedaba en ellos gritaba por el perdón y pedía la confianza de Remus.
Con una mirada, Sirius le estaba pidiendo que creyera en él sin reservas, como siempre había hecho. Y al perderse en aquellos ojos grises, Remus supo que creería en él sin importar que el mundo entero le gritara que ese hombre no era más que un traidor que no merecía la pena; creería en él dijera lo que dijera porque esa mirada le estaba gritando que él, Sirius, aún seguía siendo su Sirius. Roto y lastimado, y con doce años de encierro y soledad a cuestas, pero seguía siendo su Sirius.
El Sirius dispuesto a todo por sus amigos, el Sirius capaz hasta de matar por protegerlos, el Sirius de quien él se había enamorado perdidamente.
En ese momento, al comprender eso, Lupin estuvo seguro más que nunca de que tenía que haber otra explicación para lo que había ocurrido la noche en que James y Lily murieron.
Peter es la clave. Tiene que serlo se dijo nuevamente. Entonces, usando una voz extraña que temblaba de emoción contenida, Lupin preguntó:
—¿Dónde está, Sirius?
Muy despacio, Sirius levantó la mano y señaló a Ron.
Remus miró al chico y sus ojos se detuvieron en el pequeño bulto que Ron, con las manos arañadas y ensangrentadas, trataba de proteger.
La mascota de Ron es una rata... ¡Ese debe ser Peter!
Velozmente, los atónitos ojos de miel volvieron a fijarse en Sirius.
—Pero entonces… —murmuró Lupin, mirando tan intensamente a Black que parecía leer sus pensamientos— ¿por qué no se ha manifestado antes? A menos que… —de repente los ojos de Lupin se dilataron como si viera algo más allá de Black, algo que no podía ver ninguno de los presentes— … a menos que fuera él quien… a menos que te transmutaras… sin decírmelo…
Black volvió a mirar a Remus y, lentamente, sin apartar los hundidos ojos de Lupin, asintió con la cabeza.
Era suficiente. Remus no necesitaba saber absolutamente nada más. Sirius era inocente y eso, simplemente, lo cambiaba todo para Remus.
Ignorando completamente las preguntas de Harry, bajó la varita y, acercándose a Black, lo tomó de la mano para tirar de él e incorporarlo y para que el enorme gato color canela que le protegía cayera al suelo. Y entonces lo abrazó como solía hacerlo en el pasado, como si esos doce años de separación y dudas no hubieran existido, y claramente pudo sentir que el animago le correspondía de la misma manera; aferrándose a él con toda la fuerza de la que era capaz.
—Paddy…—musitó profundamente conmovido Remus al oído de Sirius mientras lo aferraba—, mi Paddy.
Sirius rozó con sus labios pálidos y resecos la oreja del profesor y, con una voz trémula, musitó:
—Moony… No sabes cuánto te he añorado, cariño.
Al escuchar que Sirius lo llamaba Moony, el corazón de Remus vibró lleno de emoción, haciéndolo sentir que volvía a ser el jovenzuelo que hacía ingeniosas bromas junto a sus queridos amigos en Hogwarts. Pero cuando escuchó esa voz rota llamándolo cariño, Remus sintió que su alma entera temblaba intensamente dentro de él, tan intensamente que, en ese mismo instante, la enorme tristeza que la ausencia de Sirius le había dejado sufrió una fractura irreparable. Fue tan intenso que todo lo que Remus quería era besar a Sirius. Anhelaba besarlo con todo su ser. Y lo habría besado en ese preciso instante si la aterrada voz de Hermione no lo hubiera vuelto a la realidad.
Tuvo que soltar a Sirius para poder girarse y encarar a la chica, pero cuando lo hizo se sentía un Remus distinto... Se sentía como si hubiera rejuvenecido doce años.
Aquí termina este "Momento". El siguiente va del posterior reencuentro de Sirius y Remus después del final de Harry Potter y el Prisionero de Azkaban.
Gracias por leer!
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