Repito, si Edward fuera mio, no lo compartiría con nadie...
Cap. 2 La solución perfecta.
¿Cuánto tiempo había pasado desde que escuché las palabras de Edward?, "Estoy enamorado" y "de Tanya", se repetían en mi cabeza una y otra vez. Edward y yo conocíamos a Tanya desde que íbamos en el jardín de infancia. Y nunca, en ningún momento había llegado a notar ninguna clase de interés particular por parte de Edward.
-¡Di algo!- me dijo de repente Edward, sacándome de mi ensoñación. Ver el reloj en el salpicadero del coche, hizo que me diera cuenta que en realidad habían pasado solo un par de minutos desde la última vez que uno de los dos habló. Pensaba que había pasado más tiempo, mi mente empezó a volar de tal manera que había perdido por completo la noción del tiempo.
-Vaya- fue lo único que logré decirle, antes de que pasaran otros dos minutos para que pudiera recuperar una vez más la voz- ¿Desde hace cuánto tiempo?- le pregunté curiosa.
-Más o menos desde los trece- me susurró
¡¿Cuatro años?!, Edward llevaba cuatro años pensando de una manera diferente sobre una de las mejores amigas de su hermana, y no me había dicho nada. Eso me dolió un poco, se supone que esas son la clase de cosas que se cuentan los mejores amigos, ¿cierto?
-Si que lo has ocultado bien- me cumplimenté- ¿Se lo has dicho a alguien?- necesitaba saber a quien le había tenido la suficiente confianza como para decirle una cosa así.
-No, ahora que lo pienso bien, ésta la primera vez que lo digo en voz alta
-¿Y Por qué?- ahora mi pregunta era de clara confusión, ¿Cómo se podía guardar algo así por tanto tiempo, sin hablarlo con nadie?
-Cualquiera se hubiera reído en mi cara, vamos, Edward "el bicho raro" Cullen, interesado en Tanya Denali, una de las chicas más populares del instituto, si el único motivo por el cual me hablaba era porque soy el hermano de Alice, y ahora que ya no son más amigas, seguro que ni se acordara que existo.
-¡Yo no soy cualquiera Edward!, de verdad que me duele que yo no supiera nada de ésto si se supone que era tu mejor amiga. Si incl...
-Aun lo sigues siendo, Bella- me interrumpió.
-A mi ya no me lo parece tanto- le solté- ¿Que no me tenias confianza suficiente, o me considerabas como los otros idiotas de Forks si pensabas que yo también me iba a reír?
-No es eso, es solo...- pero se quedó callado sin contestarme.
-¿Es solo qué?, porque yo si confiaba en ti, esos meses que estaba coladita por Mike Newton a los once, antes de darme cuenta que era un idiota él también. TÚ fuiste el primero en saberlo.- le reproché.
-Lo sé.- pero no me dijo nada más, y una vez se había quedado callado. Hasta que no pude soporta más el silencio.
-Mira Edward. La verdad es que en éste momento no tengo ganas que seguir hablando contigo. Además, tengo que ir a hacerle la cena a Charlie. Hablamos mañana en el cole, ¿vale?
-No, Bella espera- me dijo tratando de impedir que bajara de su Volvo. Pero no tenia más ganas de hablar por hoy.
-Hasta mañana Edward- fue la única respuesta que fui capaz de darle.
Me sentí fatal en el mismísimo momento en el cerré la puerta de mi casa detrás de mi. Me había comportado como una niñata mimada, y lo sabia. Pero no lo pude evitar, me sentía de verdad herida. Sabia perfectamente que para mañana se me habría pasado todo. Pero en éste momento no quería saber absolutamente nada de Edward Cullen.
Además, odiaba admitir que una pequeña parte de mi también estaba celosa. Edward y yo siempre lo habíamos hecho todo juntos, y me dolía pensar que él había probado desde hace tiempo la sensación de estar enamorado, y mi no corazón aun seguida sin saber que se experimenta con un sentimiento tan noble.
Empecé a preparar la cena, y tan sumida estaba en mis pensamientos que no me di cuenta que ya Charlie había vuelto a casa, hasta que no lo escuché gritándole al televisor, porque algún jugador del partido que estaba viendo, había fallado.
-Hola papá- le dije, una vez que ya había terminado de poner la mesa, y le iba a avisar que la cena ya estaba lista.
-Ah, hola Bells. Te saludé al llegar, pero estabas tan concentrada que ni lo notaste.
-Lo siento. Tenia otras cosas por la cabeza. Por cierto ya está la cena.
-Voy para allá- le levantó del sillón y se sentó conmigo en la mesa- Por cierto ¿cómo te fue en el primer día de clase?
-Bien- le mascullé. No tenia intensiones de hablar de lo que había ocurrido, y mucho menos con Charlie, conociéndolo bien, era muy capaz de ponerse de la parte de Edward, como siempre.
Una vez que habíamos acabado con la cena, y los platos ya estaban todos limpios, subí para darme una buena ducha que me relajara, si, eso era lo que necesitaba. Cuando ya estaba saliendo del baño, y empezaba a secarme el cabello mojado con la toalla, escuché a Charlie que me llamaba desde la base de las escaleras...
-Bells, teléfono para ti, es Edward
-Dile que no quiero hablar con él- le grité, sintiendo como el enfado se acumulaba una vez más en mis músculos, aun no se me había pasado, así que todavía no quería saber nada de él.
-¿Algo que tenga que saber?- me dijo Charlie, minutos más tarde cuando bajaba a la cocina a tomarme un vaso de leche.
-¿Sobre qué?- traté de hacerme la indiferente
-No funciona Bella, y lo sabes. ¿Qué fue lo que pasó entre Edward y tú?
-Cosas nuestras, Charlie. Dejalo estar que ahora no quiero hablar de él, ¿Si?. Hasta mañana.
-Está bien, hasta mañana hija- me dijo, mientras subía las escaleras hacia mi habitación.
Cuando me acosté en la cama esa noche, tenia la ligera sospecha de que no iba a dormir muy bien, o mejor dicho la culpa no me iba a hacer dormir. Pero eso era quedarse corta, porque no pegué ojo en toda la noche, aunque nunca había entendido esa expresión "pegar ojo", el ojo no se pega, los puedes volver a abrir nuevamente...
Me di una ligera palmada en la frente al darme cuenta de que estaba empezando a divagar nuevamente. Era un vicio terrible que tenia desde que era niña, y era algo que en lugar de desaparecer, había empeorado con los años. Era como la mala costumbre que tenia siempre de hablar antes de pensar. Edward se reía mucho de ésta tendencia con la que había nacido, quizás porque en eso él era todo lo contrario, su mente pensaba a una velocidad tan increíble, que tú sabia que a pesar de que habían pasado solo dos segundo desde que había escuchado la pregunta, la respuesta que te daba era analizada, de modo que siempre estaba seguro antes de contestar sobre lo que fuera.
Edward... volver a pensar en él a éstas horas de la mañana hizo que me sintiera verdaderamente mal. El enfado había pasado por completo a éste punto, dando paso a la culpa. Lo herí de una manera que de cierto no se merecía, pero ¿por qué no confió en mi?, si yo era, no, SOY su mejor amiga. Bueno de cualquier manera era algo que tenia que aclarar con él apenas lo viera.
Ésa noche lo había extrañado como nunca en mi vida. Estuve tentada de llamarlo una diez veces en el curso de toda la madrugada, pero mi orgullo siempre ganó. No que temiera despertarlo, más bien todo lo contrario, sabia que lo iba a conseguir despierto. Quizás esperando por mi llamada; Edward sufre desde pequeño de terribles periodos de insomnio, así que rara vez duerme más de cuatro horas cada noche, y cuando yo no puedo dormir, siempre le mando un mensaje para tener una charla nocturna de esas que tanto amamos.
Cuando ya llegaron las seis y media de la mañana, me di cuenta que de nada servia seguir en la cama tirada, no iba a recuperar una noche perdida de sueño, en media hora. Así que venciendo mi fuerte orgullo decidí que necesitaba hablar con Edward, y le mandé un mensaje a su celular, pidiéndole que me pasara buscando porque quería que habláramos antes del inicio de la lecciones. No pasaron ni dos segundos antes de que recibiera su respuesta, diciendo que estaría aquí a las ocho menos cuarto.
Seguí mi rutina de todas la mañanas para prepararme, y antes de darme cuenta, ya era hora de salir de casa. Y como suponía me conseguí con el Volvo de Edward, y él dentro que me esperaba, con esa mirada suya tan penetrante, que te daba la impresión de que era capaz de ver dentro de tu alma.
Entré en el coche sintiéndome cada vez más avergonzada por mi comportamiento de ayer, pero en ese momento me sentí justificada. Lastima que ahora ya no tanto.
-Hola- le dije, tratando de conservar un poco de dignidad, y no queriendo mostrarle lo mal que me sentía
-Hola- me respondió él en ese susurro tímido, tan típico- Si quieres podemos empezar a hablar ya desde ahora. Todavía tenemos diez minutos, antes del inicio de la primera lección, y...
-No vamos a ir a la primera lección- le interrumpí- tenemos álgebra a la primera hora juntos, y honestamente no veo de qué manera nos puede servir ir a cualquiera de los dos. No van a explicar nada que tú no sepas ya, y yo no me esteraré jamás de nada de lo que expliquen, así que tanto vale que usemos éste tiempo en algo más provechoso.
-Está bien- fue la única respuesta que me dio, junto con un asentimiento de la cabeza.- ¿A dónde vamos?- me preguntó después de un minuto de silencio.
-Quiero ir a un lugar en el que estemos solos- le dije- no me gustaría la interrupción de nadie. O que alguien viera que nos estamos saltando la primera hora.
-Podríamos ir a mi casa- sugirió- está tan alejada que muy poca gente sabe su ubicación exacta, y mis padres ya han salido a trabajar.
Estuve de inmediato de acuerdo con su idea, y a los cinco minutos nos encontrábamos ya fuera de la mansión de los Cullen. Me encantaba ésta casa, era mi segundo hogar, y habían días en los que incluso pasaba más tiempo aquí, que en mi casa. Vi que Edward estaba por abrir la puerta principal, cuando por mi mente pasó una idea que me gustó más que hablar en su sala de estar.
-Espera Edward, vamos mejor a la casa del árbol
Una vez más, él solo me asistió, mientras rodeamos la casa, para ir al jardín posterior. Un enorme roble dominaba el lugar, y sobre éste estaba la casa que habían construido Carlisle y Charlie para el quinto cumpleaños de Edward, dada la afición que él tenia por subirse a los arboles de pequeño. Y que después de eso se había convertido en nuestro lugar.
Una vez que ya estábamos instalados en nuestra preciada casita, que sin duda ahora se nos hacia mucho más pequeña, respecto a como la veíamos años atrás. Sentí que ya era momento de empezar a hablar. Mi conciencia me lo pedía a los gritos.
-Edward, ayer me sentí terriblemente traicionada- empecé introduciendo mi discurso, pero Edward me interrumpió apenas terminada la primera frase.
-Lo siento- se apresuró en decirme- he sido un completo idiota, tenias razón ayer.
-Edward, ¿me quieres dejar acabar?- él solo calló la boca ante mis protestas- estaba diciendo que es cierto que ayer pensaba que tenia todas las razones al sentirme herida. Pero hoy me doy cuenta que me he comportado como una idiota mala amiga, al no entenderte.
-No, Bella. El mal amigo he sido yo. Tenia que haber confiado en ti. Quiero decir, no tengo absolutamente ningún motivo para no hacerlo. Eres mi mejor amiga. Casi mi hermana - sentía como mis labios se curvaban en una enorme sonrisa, siempre necesitaré a Edward en mi vida, y saber que el sentimiento era reciproco, me proporcionaba una extraña tranquilidad- Pero lo que ayer no te pude decir, es que tenia miedo, tengo miedo. Yo soy muy poca cosa para ella, y todos lo van a pensar así.
Sentí algo en mi pecho que se comprimía, y no tardé mucho en entender que se trataba de dolor. Pobre Edward, toda una vida siendo marginado por la mayoría de sus coetáneos, hicieron que al final se terminara creyendo lo que sus compañeros le decían
-Muy bien, alto allí Edward, para el carro por dos segundos. -le pedí, levantando las palmas de las manos para que detuviera su monologo- Porque de lo contrario voy a desviarme del tema sobre todo lo que me gustaría decirte.
-Como si fuera la gran cosa, lo haces siempre- murmuró, aun sabiendo que yo seria capaz de escucharlo, estando en el espacio tan reducido en el que nos encontrábamos
-Voy a fingir que no he oído nada, por tu proprio bien- le dije, tratando de poner mi mirada más amenazadora.- Pero a lo que iba. Primero ¿hemos hecho las paces?, cierto. Quiero decir yo te he pedido disculpas y tú las has acertado, ¿verdad?.
-Así es, y yo te las he pedido a ti.
-No hacían falta, de verdad. Pero para que te quedes más tranquilo, está bien. Las acepto.
-Perfecto, entonces amigos como siempre- me dijo, tendiéndome el meñique, en esa forma que teníamos nosotros de sellar un pacto, o de pedirnos disculpas, como en éste caso.
-Claro, amigos como siempre- le dije, entrelazando mi proprio meñique con el suyo. -Y segundo ¿Qué te hace pensar que "eres muy poca cosa"? No quiero ni pensar en como reaccionarían Esme y Carlisle si te escucharan decir eso. Espera que aun no termino- le dije, cuando noté que abría la boca para interrumpirme.- La verdad es que yo creo que debería ser todo el contrario. Cualquier chica en el mundo debería agradecerle al cielo que se fijara en ti, y honestamente creo que la mayoría son muy poca cosa para ti. Y en ésto tengo yo razón, reconozco que me equivoco mucho, pero no ahora.
Después de mi comentario, Edward me regaló esa hermosa sonrisa torcida, que según me contaba Esme, hizo que Edward hubiera conquistado a todos los adultos a su alrededor desde que era pequeño. Me encantaba como se le iluminaba el rostro cuando sonreía de esa manera.
-Eres la mejor hermana mayor que se puede tener. - me dijo pasando su brazo sobre mi espalda, y acercándose para darme un beso en mejilla- siempre has sido demasiado sobre protectora conmigo.
-Es que te lo mereces- le dije, mientras recostaba mi cabeza sobre el brazo de Edward, y cerraba los ojos, disfrutando del momento.
- Si claro- me dijo sarcástico, pero no me dio tiempo a replicar, que exclamó- Nos tenemos que ir, ya faltan 20 minutos para el inicio de la segunda hora, ¿o es que también te quieres saltar ésta?
-No, por supuesto que no. Ya lo aclaramos todos, además tengo literatura a la segunda hora, y es mi materia preferida.
Bajamos de la casa del árbol, y cuando ya íbamos de camino al cole, en el Volvo de Edward. Un nuevo sentimiento de curiosidad me invadió.
-¿Y qué piensas hacer?- le pregunté a Edward.
-¿Sobre qué?
-Sobre Tanya. ¿Sobre qué más puede ser?
-Nada. ¿Qué quieres que haga?- eso no me gustaba, pero Edward continuó hablando, sin darme la oportunidad de interrumpir- Ella jamás me hará caso. Así que me tendré que conformar con decir "Es mejor haber amado y perdido, que no haber amado jamás". Además ya dentro de menos de un año terminará la tortura que se llama instituto, y nos iremos a la universidad, seguro que para entonces ya la habré olvidado, y si tengo un poco de suerte no la volveré a ver en mucho tiempo. Además no sé si te acuerdas que es con Jacob Black que está ella, él fácilmente suelta una presa, o por lo menos eso mismo lo oí decir una vez.
Lo dejé estar, pero solo por el momento. Sabia muy bien que cuando Edward tenia esa clase de mirada, nada seria capaz de hacerlo cambiar de opinión, pero seria solo por el momento. Porque ya cambiaría yo toda ésta situación, tenia que hacerlo. Era la felicidad de Edward la que estaba en juego.
Edward y yo nos despedimos al entrar en el instituto, visto que por el momento ya no teníamos más clases juntos hasta biología, y antes de eso nos veríamos a la hora de comida.
-¿Donde habéis estado?- me dijo Alice, apenas vio que me sentaba junto a ella en el banco que compartíamos en la lección de literatura.
-¿Perdón?- fue la única respuesta inocente que pude darle. Y ¿ahora que le iba a decir? Alice es peor que el teniente Colombo cuando quiere saber algo, no te deja en paz, insiste, insiste e insiste hasta que se lo digas. Como en el capitulo ese en el que la culpable había asesinado a su marido y el teniente fingió... Oh vamos Bella ¿otra vez?
-Ya supe por Jessica que tanto tú como Edward no habéis asistido a la primera hora. Y quiero saber que fue lo hicieron.
-Eh... nada. Solo nos fuimos a hablar. Tuvimos una discusión ayer, y ésta mañana hicimos las paces- decidí que lo mejor era contarle la verdad, o por lo menos parte de ella. Nunca se me ha dado muy bien eso de mentir, así que siempre que había algo que quería ocultar, me era siempre más fácil no enredarme con mis historias si me atenía a la vedad todo cuanto me fuera posible.
-¿Sobre qué?- me dijo, entrecerrado los ojos, lanzándome una mirada muy perspicaz.
-Eso no te lo puedo decir, y antes de que me lances tu miraba de corderillo degollado, y advierto que no va a funcionar ésta vez. Mi lealtad hacia tu hermano es superior a cualquier mirada que puedas lanzarme- me sentí muy orgullosa de mi diciendo esas palabras, siempre me ha sido imposible resistir a esa mirada que te pone Alice cuando quiere algo, y ella lo sabia. Pero supongo que ésta vez tenia una motivación más fuerte.
-Muy bien- gruñó- pero sabes que tarde o temprano lo voy a descubrir.
-Si, eso no lo dudo- y era la verdad- pero no será por mi.
Por suerte la llegada del profesor me salvó de seguir con ésta conversación, y a Alice no le quedó otra que pensar en otra manera para obtener la información que estaba buscando.
La mañana se me pasó más rápido de lo que me esperaba, mi mente giraba solo entorno a un solo argumento. Por mucho que podía perder el hilo de mi largo dilema. Al final todo me llevaba siempre a la misma cuestión : ¿Qué podía hacer para ayudar a Edward.?
Si un hada se me hubiera aparecido en éstos momentos diciéndome que me consederia un deseo, el que yo quisiera, sin duda le pediría que Edward lograra estar con la persona que él quisiera. No lograba entender por qué era precisamente Tanya la persona con la que quería estar; seguía pensando que él era mucho que ella. Pero es cierto que al corazón no se manda.
¡Eso era!, tenia que conseguir que Edward conquistara a Tanya, él sin duda se merecía estar con la persona que deseara. Y yo lo iba a ayudar. Era sin duda la solución perfecta.
Para cuando había tomado mi decisión, ya era la hora de la comida. Y me dirigía junto con Rosalie y Emmett a la cafetería.
-Muy bien, ¿quien de los dos quiere ser el primero en decirnos por que no habéis asistido a la primera hora.- nos dijo Alice a Edward y a mi, a un cierto punto en el que los seis nos habíamos quedado en silencio.
-¿Es eso cierto, Eddie?- le dijo Emmett a su hermano, intentando imitar un tono de reproche. Había visto esa mirada antes, era la mirada que se iluminaba ante la perspectiva de chantajear a su hermano.
-Vamos a ver, primero no me llames Eddie. Y seg- pero no puedo terminar que Emmett lo interrumpió.
-¿Y que me vas a hacer si te llamo así, Eddie?, a que no sabes lo que se me acaba de ocurrir. Te podría llamar como yo quiera, y no veo que puedes hacer tú, visto que yo le diría a mama' y papa' lo de tu escapadita de esta mañana. Vamos a ver que dirán si saben que el niñito de casa ha faltado a una clase sin que ellos lo supieran.
-Ay Emmett, si quieres hacer esa clase de cosas no avises antes- le dijo con esa sonrisa de superioridad, que solo con nosotros mostraba- yo tengo un expediente completamente limpio, fácil se me podría perdonar algo así; a diferencia de otros. ¿Que crees que pensarían mama' y papa' si vieran la foto de lo que estabas haciendo el verano pasado en la fiesta de cumpleaños de Rosalie y Jasper?
-Me dijiste que habías tirado la foto en la que se veía que estaba bebiendo una cerveza- dijo Emmett, sorprendido. La sangre se le había ido de la cara, ante la idea de que sus padres pudieran descubrir éste pequeño detalle.
- La foto si, pero los negativos están seguros. Pensé que uno nunca sabe cuando puede necesitar esa clase de cosas, y pues no me equivoque'.
Sentí lastima por Emmett y estuve tentada de decirle que los negativos estaban en mi casa, pero después me di cuenta que Edward tenia razón, nunca sabría cuando los podría necesitar.
-Esta' bien- le dijo Emmett mohíno- tú ganas.- Y la sonrisa de Edward creció una mas.
-Pero eso no contesta a mi pregunta- replico' Alice- aun no se' por cual motivo habéis faltado a la primera hora. Se' solo que necesitaban hablar, pero no se' sobre que'.
-Y no lo sabrás nunca- le respondió Edward con el mismo tono que había usado con su hermano- y tanto para que lo sepas, de ti también tengo algo que seguro que no quieres que Carlisle y Esme sepan- le dijo enigmático.
Sabia perfectamente que de ella si que no tenia nada, pero eso Alice no lo sabia, así que por que no aprovechar. Podría siempre usar el mismo método la próxima vez que Alice quisiera hacer otra salida de compras.
-Esto no se queda así, Edward Anthony Cullen.
-Oh si, yo creo que si. Sobre todo porque ya hay que volver a clases; en tres, dos... uno- dijo mientras sonaba la campana que indicaba el inicio de la siguiente lección. Biología, la otra materia que compartíamos Edward y yo.
Pero no me había dado cuenta ayer, de que en ésta clase también estaban Tanya y Jacob. Notar los ojos de Edward que se opacaban al verlos me molesto', sobre todo considerando el buen humor que había tenido durante la conversación con sus hermanos.
Cogí un pedazo de papel de mi libreta, y empece a escribir en él. El profesor ya había llegado, así que nada de hablar. Pero bueno, que tu mejor amigo sea el mejor alumno del instituto (y modestamente tú no te quedaras atrás), sin duda en casos como éstos se vuelve a tu favor, el sr Banner nunca se preocupaba en verificar que Edward y yo estuvieramos haciendo nuestro trabajo.
En cuanto finalice' mi mensaje de lo pase' a Edward para que lo leyera.
Tengo un plan- le había escrito
Vi que escribió una respuesta, y me paso' el papel de vuelta.
¿Sobre que?
Sobre Tanya- le dije.
Edward frunció el entrecejo al leer mi mensaje, y escribió una rápida respuesta.
¿Quieres dejarlo ya?
No, no lo voy a hacer, porque se' que lo voy a lograr.
-¿Lograr que?- me pregunto' en un susurro, sin poder esperar el tiempo que pudiera tardar escribiendo.
-Voy a lograr que Tanya Denali se enamore de ti.
Continuara'...
Ya saben lo que hay que hacer ;)
