Dulces Tentaciones
Derechos de autor: Lía-sennenko. He cogido algunas ideas de su Fic ''Pídeme lo que quieras'' que es una adaptación de la trilogía de Megan Maxwell. Ya me entenderán cuando empiece de verdad la historia.
Contenido:+18 (Orgías, sexo…etcétera)
Capítulo 2
Tras la ''visita'' al instituto, no conseguí dormir absolutamente nada, todavía me venían las imágenes de Nathaniel embistiendo a Melody con toda su crueldad. Los suaves y excitantes gemidos que ella soltaba cada vez que la penetraba. Dios…Había sido verdaderamente excitante…Las cosas como son, nunca había hecho algo así…Jamás, nunca pensé que me llegaría masturbar con un amigo…Y sin embargo, lo había hecho…Pero eso no era lo peor. Lo peor es que, ahora, tumbada en mi cómoda cama, sentía como esta se humedecía. No pude evitar bajar delicadamente mi pantalón hasta el inicio de mis rodillas. Me sorprendí al notarme exageradamente mojada, el líquido humedecía mis dedos como si fuera agua, y cuando toqué con mis dedos mi sensible e hinchado clítoris…Ah, nunca había sentido tanto placer…Mi mano izquierda se posó en mi pecho derecho y comenzó a masajearlo lentamente mientras que, con mis dedos, estimulaba las partes más sensibles. Mis pezones estaban erectos, duros de pura excitación. Corría por mis venas como un veneno, y lo era, un veneno que te imposibilita parar.
Seguí jugueteando con mi cuerpo un poco más. Ahora, mis dedos se aventuraban en el interior de mis bragas, metiéndolos dentro y comenzando a tocarme. Mi vagina se contrajo a tal movimiento, y cuando introduje un dedo no pude evitar gemir de excitación. Era demasiado. El sudor caía lentamente por mi frente. Y el movimiento lento de mi mano cada vez iba más y más rápido hasta que obtuvo un ritmo frenético. Con cada movimiento, con cada gemido, sentía como el calor comenzaba a subir. Mi temperatura era más alta, como si estuviera ardiendo en fiebre y…Exploté. El orgasmo fue intenso, largo…Casi dolía. Mis manos se alejaron de mis pechos y consiguieron subir torpemente la ropa interior y el pantalón. Abrí lentamente mis ojos ya que los tenía cerrados y mi mirada se dirigió a la ventana. Mi cara ardió, literalmente…Un chico de pelo rojo me miraba provocativamente desde su balcón, que estaba al lado del mío.
-¿¡Cómo pudo ver eso!? ¡Tenía que ser una broma!-Gritaba para mí. La única luz que había era la de la luna y las estrellas, así que seguramente no había visto nada. Entonces…
Su mirada buscó la mía y, cuando la encontró, me dedicó una tierna y sensual sonrisa…
-Dios, espero no encontrármelo más-Pensé para mí. Me levanté rápidamente y corrí las cortinas. Ya tengo una nueva regla ''Jamás de los jamases, debo masturbarme en la habitación'' lo último me causó gracia, pero apenas y lo noté ya que estaba demasiado ocupada con mantener mi sonrojo a raya al igual que mi vergüenza.
-7:00 a.m-
Maldito despertador, ¿no podía quedarse calladito, verdad? Bueno, al menos, esta vez, lo ha pagado. Sí, lo he estampado contra la pared, y me he quedado muy a gusto conmigo misma. Se puede demostrar al verme la sonrisita que tengo ahora ^^
Me levanté torpemente y me vestí con una simple camiseta que hacía ver la parte baja de mi estomago con un pantalón corto vaquero y con cadenas. Unas botas de color negro hasta la rodilla y unos guantes de moto negros.
Mi madre, como siempre, me esperaba en el salón para llevarme al instituto, yo me negué, no estaba dispuesta a que me montara un numerito al ver a mis amigas. Cogí una tostada con mantequilla, cogí mi mochila y salí de allí.
Al otro lado de la puerta había un chico de pelo gris y otro de pelo rojo hablando…
-''¡Ostias! ¡Es el de ayer!''-Pensé.
Me moví hacia la derecha lentamente para evitar que me viesen ya que no habían detectado mi presencia. Pero posé mi pie en una piedra haciendo presión y, por consecuencia, un leve sonido salió desprendido de la roca. Los chicos voltearon la vista y me miraron. El chico de pelo gris se acercó al igual que el pelirrojo el cual tenía una sonrisa provocativa. Mis mejillas ya no estaban rosadas. Estaban como un tomate, directamente.
-H-Hola…-Dije apenada.-¿S-Sois n-nuevos en e-el b-b-barrio?-Tartamudeé. El pelirrojo soltó una risita.
-No sabía que las chicas de esta cuidad fueran tartamudas.-Se acercó a mí un poco pero yo retrocedí un paso.-¿Cómo te llamas, nena?-Preguntó mirándome.
-N-N-Natsuki…Y-Yo…-Intenté hablar pero el albino me interrumpió.
-Encantado Natsuki. Yo soy Lysandro, y este de aquí es mi primo, Castiel, te resultará molesto los primeros días pero después te caerá bien.-Sonrió. Miré al tal Castiel.
Se acercó levemente a mi oído y susurró:
-Ayer te veías muy provocativa, pero yo puedo darte más placer que tus dedos…-Susurró con seriedad en mi oreja. La piel de mi cuello se me erizó al sentir el leve contacto de su aliento. Acto seguido, Castiel se alejó de mí y comenzó a caminar. Lysandro me miró un tanto contrariado.
-¿Qué te ha dicho?-Preguntó acercándose a mí.
-N-No n-nada…¿No tienes que ir al instituto?-Pregunté. Era obvio la respuesta, ya que llevaba una mochila, aún así más vale preguntar que cagarla.
-Así es…¿Sabes dónde está Sweet Amoris?-Preguntó.
-Voy a ese instituto. Si quieres que te acompañe…-Dije eso y el chico me dedicó una tierna y profunda sonrisa. Comenzamos a caminar mientras hablábamos de cientos de cosas. Como por ejemplo de donde provenían, me resultó raro ya que venían de España, pero apenas se les notaba el acento, hablaban perfectamente francés.
Cuando llegamos al instituto nos dispersamos cada uno por su lado, a él le tocaba educación física y a mí ciencias, en resumen, un aburrimiento.
Me sorprendí cuando el dichoso pelirrojo se sentó a mi lado en la clase. No dije nada, pero por dentro lloraba y gritaba de rabia. No quería seguir con la ''conversación'' de hacia un rato. Cada vez que me miraba yo fingía estar mirando el libro a lo que él siempre soltaba una risita, o otras tantas simplemente lo evitaba con la mirada. Algo casi imposible ya que el muy…Agh, ya no sé ni cómo llamarle, el caso es que cuando menos me lo esperaba su mano recorrió toda mi pierna empezando por la rodillas hasta llegar al muslo. No podía gritar, ni si quiera podía decir nada. ¡Estábamos en clase! ¡Además de la bronca que me echaría el profesor! Solo lo dejé seguir, a lo que él sonrió provocativamente mordiéndose el labio inferior. Dios, si seguía haciendo eso me iba a calentar.
Su mano comenzó a subir más y más hasta que llegó a la parte interna del muslo. Muy cerca de mi feminidad. Pegué un brinco que él notó. Tuvo que aguantar una risita. Estaba a punto de decirle que parara cuando él mismo quitó su mano de mi pierna. Después se acercó a mi oído y susurró con descaro:
-Te voy a dar tanto placer que no querrás volver a clase...Espérame en la salida…-Susurró. Después pasó su lengua por cada centímetro de mi oreja y la metió dentro provocándome un leve gemido que afortunadamente nadie notó.
Mi sonrojo para esos momentos era extremo. Estaba roja, literalmente como un tomate. Ese chico me volvía loca con sus palabras aunque de verdad lo quería tirar por la ventana. ¿Acaso lo decía en serio? Sí, su cara pícara lo demostraba.
-En el fin de clases- (Lemon: No acto para menores...Es gracioso, contando con que yo misma tengo 15 años xD)
Las clases afortunadamente pasaron muy rápido ya que muchos profesores habían ido de excursión y, por tanto, no habían podido ir a clases. Ese era mi ''gran'' problema, el instituto estaba vacío, y ni si quiera Nathaniel se había quedado. Después de lo que Castiel me había dicho era normal sentirme nerviosa. Más sabiendo que era capad de cumplir su palabra…
Caminé por el estrecho y oscuro pasillo que separaba a los distintos módulos con la esperanza de no encontrarme con nadie ''desagradable'' pero para mi mala suerte cuando pasé al lado de una puerta de cristal esta se abrió de un tirón y una mano me empujó dentro. Estaba asustada, quería gritar, pero era inútil, como había dicho: No había nadie.
-Soy yo, enana.-Dijo una voz tranquilizadora en mi oído. Mi rostro se giró por pura intuición y lo vi a él. El pelirrojo. Me miraba con cara de picardía. Bajé mi rostro y…No tenía camiseta. Estaba completamente desnudo. Solo unos bóxers cubrían una pequeña parte de piel. De él sobresaltaba un bulto ¿acaso era…?
-Dios, chiquilla, no sabes cómo me pones.-Dijo seductoramente mientras posaba una mano mía en su gran bulto. Abrí mis ojos desmesuradamente y el tono carmín se empezaba a apoderar de mis mejillas.
-C-castiel.-Gemí cuando sus manos se posaron en mis pechos y los estrujaba. Los masajeaba con delicadeza y daba pequeños pero fuertes apretones que lograron encenderme. Me cogió en sus brazos y me sentó en la mesa del profesor, quitando antes los papeles, folios y demás cosas que me podían molestar. Acto seguido quitó mi camiseta sin ninguna dificultad mientras besaba lentamente mi cuello. De mis labios no paraban de salir gemidos que eran callados por sus labios cuando subía el rostro.
Aquel bulto cada vez crecía más y más, hasta tan punto en el que creí que se explotarían los bóxers. Estaba nerviosa, nunca había hecho algo así, me refiero tan apresurado. Pero me dejé llevar…
Bajé sus bóxers hasta sus rodillas y saqué su miembro, totalmente, era grande y grueso. La curiosidad me picaba, y cogiendo un poco de saliva de mi boca, empecé a masajear levemente el glande, con suavidad, para que sintiera placer. Él gimió y se arqueó hacia delante logrando que su miembro chocara con mis piernas, las cuales me vi obligada a separar cuando Castiel se acercó más a mí. Su miembro palpitaba, crecía, se hacía más grueso, y unas venas verdes y grandes comenzaron a aparecer en él. Lo estaba provocando, y…Me gustaba. Era genial el saber que provocas algo a otra persona con unas simples y fugaces caricias.
Él no perdía el tiempo. Sus manos habían encontrado mis pequeños y rosados pezones tan pronto como se había deshecho de mi sujetador. Estaban duros, rojos, de pura excitación.
Con sus dedos los estimulaba, los apretaba, los enroscaba y los acariciaba, con rudeza pero a la vez suavidad. Era una sensación profunda de placer. Su torso era sexy, comestible. Y eso era lo que hacía yo. Lo besaba, lo acariciaba, lo mordía, daba ligeros chupetones, logrando calentar más a Castiel.
Dio un último beso a mis pechos antes de agacharse de modo que mi intimidad, cubierta por el pantalón y la ropa interior, quedara en su boca.
Bajó mi pantalón y mi ropa interior. Me sentía tan expuesta…Pero no me quejé, lo único que salió de mi boca fue un gran gemido de placer cuando su boca atacó mi intimidad. Su lengua recorría su abertura una y otra vez, la repasaba, daba ligeros y profundos lametones, logrando mojarme más. Hacía movimientos circulares sobre mi clítoris, jugaba con él. Me excitaba. Me martirizó así por un momento hasta que, logrando ponerlo erecto, se alejó de mi clítoris y de su bolsillo sacó un pequeño instrumento de color rosa. Era ovalado con un pequeño bulto en la parte de abajo.
-Es un vibrador, tú relájate y déjamelo a mí.-Dijo seriamente. Me reacomodé de modo en que tuviera más accesibilidad a mí vagina. Cuando lo hice noté otra vez su lengua sobre mi punto más sensible salvo que esta vez la acompañaban dos dedos que se metieron dentro de mí logrando estirarme.
Entonces oí…¿Una vibración? Sí, estaba segura de que era eso, y me imaginé que era el vibrador. Sin ninguna duda. Ahora la vibración estaba en mis piernas subiendo poco a poco. Era excitante esa vibración sobre mi cuerpo.
Pegué un brinco, que fue acompañado con un gemido, cuando Castiel paseó aquel instrumento por mi vagina. Temblé cuando la pasó sobre mi clítoris. Me estimulaba, me acariciaba, me excitaba.
Lo alejó en un momento y volvió a acariciarme con sus dedos por mi hendidura. Acercó otra vez el vibrador y, mientras adentraba sus dedos en mí, comenzó otra vez la vibración, salvo que esta vez era más fuerte.
Un calorcillo se empezaba apoderar de mi cuerpo. Y con un gemido que estoy segura de que lo oyó hasta mi madre (Dios no lo quiera) me dejé llevar. Ahora si podía decir qué era el verdadero placer.
-Mmmm…Me encanta tu sabor, pequeña.-Se acercó a mí rozando su miembro con la entrada de mi vagina, que la esperaba ansiosa.-Pero me gusta más esto…-Y, con una estocada fuerte, me penetró. Enterré mis uñas en su espalada. Había sido muy rudo pero a la vez fue muy excitante y placentero. Comenzó a moverse rápido logrando que sus caderas chocaran fuertemente contra mi clítoris produciéndome una descarga de placer absoluto.
Sentí que otro orgasmo se acercaba así que arqueé la espalda y, cuando Castiel me besó, dejó escapar su esencia dentro de mí al igual que yo.
-Wow…No ha estado mal, pequeña.-Me dio un fugaz beso en los labios.-Podríamos repetirlo más seguido.
-No lo dudes, pelirrojo.-Ante mi respuesta, Castiel se sonrojó levemente pero lo disimuló con esa sonrisita de él.
-Ven esta noche a mi casa…-Susurró mientras se ponía los pantalones y salía. Yo me quedé allí un poco más analizando los pros y los contras.
Fin
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Atte:Natsuki007
Agreguen al juego de corazón de melón esta amiga: Andreita005
